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#rutaBayern: Neuschwanstein al límite (y más allá)

Todos tenemos una gota que colma el vaso, un punto de saturación, el hasta aquí llegó la nieve (perdón, por el localismo). A Neuschwanstein ya hace años que le llegó el momento, pero lo de este verano no tiene nombre. El agua del vaso colmado sobresale desde hace meses y no hay quien contenga el reventón. Ya no es que los profesionales tengamos que reservar las entradas con casi un mes de antelación, si queremos garantía de éxito en nuestras intenciones; ya no es que los viajeros individuales tengan que hacer interminables colas para, muchas veces, quedarse con las ganas de acceder al monumento; ya no es que los lugareños no den abasto con los servicios de transporte público para subir al castillo; ya no es que el trato en el interior del palacio deje mucho que desear; ya no es que las visitas interiores sean relámpago; ya no es que hayan cerrado por seguridad el desfiladero de Pöllat, y así llevamos un año; ya no es, y esta si que es gorda, que el 3 de agosto vayan a cerrar el puente de María, casi diría principal atractivo del lugar, al no poder garantizar la seguridad tampoco en la plataforma; ya no es la mala gastronomía y los servicios abarratados de Hohenschwangau; ya no es, el a menudo molesto, turismo de cámara barata al cuello y chanclas con calcetines; ya no son los ríos de chinos… Es simplemente todo y nada. Es que literalmente, no cabemos. Y o alguien coge el toro por los cuernos, o las consecuencias se presentan impredecibles.

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#rutaBayern: Cinco razones por las que Neuschwanstein no es el mejor lugar para personas de movilidad reducida

Arranca la temporada y regreso al mítico palacio de Neuschwanstein. Después de dos meses de parón ya son tres viajes en unos días. En fin, al grano, lo que me cuece por dentro, y después de afrontar un grupo especial el otro día, es lo mal montado que lo tienen para las personas de movilidad reducida. No es falta de preparación, ¿es falta de ganas? ¿un problema de rentabilidad (de este tipo de público, que consume más tiempo y espacio en un lugar en el que no hay ni tiempo ni espacio)? Sea cómo sea, esto es lo que hay y lo que, creo, debería de saber una persona con problemas de movilidad, ligeros o severos, antes de plantearse ir al palacio de Neuschwanstein y visitarlo por dentro:

1. Acceder hasta el castillo no es sencillo. El tráfico rodado está cerrado en la zona de Hohenschwangau, donde se encuentra el palacio, desde unos 2 kilómetros antes de alcanzar el monumento. Además, el acceso es por un camino cuesta arriba. Hay que subir, por tanto, 1,5 kilómetros hasta la puerta, que son otros mil metros si se quiere visitar el mirador del puente de María, el que ofrece la vista mítica. Unos 20 minutos caminando para una persona en buena condición física.
Como alternativa, en primavera y verano hay un servicio de traslado en autobús público que cuesta 2 euros pero que no reserva entradas. Esto es: hay que hacer cola, de media hora a una hora, y luego hay que caminar igualmente unos mil metros, pues nos deja en el mirador del puente, no en la puerta de Neuschwanstein. Los buses van abarrotados.
Segunda alternativa: subir en carro, que tampoco nos deja en la puerta. Cuesta seis euros por trayecto, hay colas y, lo peor, los pobres caballos (dos por carro) cargan con hasta trece personas, dirigidos por personal local de lo más desagradable. hay que advertirlo.

2. Moverse por dentro del castillo no es más sencillo. Las personas que acrediten una discapacidad y se registren previamente pueden usar el ascensor para llegar a las salas nobles; el resto, no, aunque tengan problemas de movilidad. Por tanto, hay que subir y bajar muchas, muchas, muchas, escaleras. Cinco pisos para arriba y otros tantos para abajo. De los de antes.

3. Mucha prisa y poco espacio. Las visitas se organizan en grupos de unas 50 personas que acceden al palacio cada cinco minutos. Por tanto, cada turista recorre la decena de salas nobles con audioguía en unos 30 minutos, siempre acompañado por una marea de viajeros y flanqueado, por delante y detrás, por otros grupos. No hay libertad de movimientos, no se puede ir despacio, no queda mucho hueco para moverse por las estancias… No es cómodo, hablando claro.
Por cierto, si una persona con problemas de movilidad se retrasa en la subida al palacio por lo que sea, como cualquier otra, se queda sin entrar, pues las entradas van numeradas y con horario exacto de acceso. Si llegas tarde, te quedas fuera.

4. La naturaleza es caprichosa y el lugar no está 100% preparado para afrontarla. Por muy domesticado que esté el paraje, estamos a las puertas de los Alpes. Esto es sinónimo de nieve y hielo una parte importante del invierno y de lluvias fuertes en cualquier momento del resto del año. Si vas en enero, será difícil moverse con libertad por la mayoría de caminos, pues simplemente limpian el tramo principal hasta la puerta; si vas en verano, igual te coge una tromba de agua y te la comes. No hay casetas, ascensores, sistemas de evacuación… en el camino que va entre Hohenschwangau y el palacio de Neuschwanstein.

5. Digan lo que digan desde la administración, en líneas generales el palacio no pone facilidades a este tipo de visitantes. Algunos datos sueltos: en todo el monumento solamente se dispone de un aseo adaptado a personas de movilidad reducida, a pesar de lo difícil que puede resultar para personas en silla de ruedas, por ejemplo, cambiar de piso; el descuento en el precio de la entrada es de un solo euro, a pesar de las dificultades; si no te apuntas con antelación, presentando carnet que acredite discapacidad, no puedes usar el ascensor.

En resumen, no seré yo quien le diga a una persona en silla de ruedas, o que simplemente tenga problemas para caminar, que no vaya a Neuschwanstein, pero al menos que sepa a lo que se enfrenta. Porque, a pesar de todo, la condenada vista desde el puente puede seguir siendo un motivo suficientemente importante como para acudir.

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Més fotos de Neuschwanstein (nevat)

Estic perdent el compte de les vegades que he mencionat el Palau de Neuschwanstein en aquest Quadern. Ja ho he dit, no m’agrada tant, fins i tot el trobe kitsch. Ara bé, no veges com està deixat caure. I com es deixa fotografiar, per exemple un dia de neu de desembre.

Panoràmica de Neuschwanstein des del pont de Maria

Panoràmica de Neuschwanstein des del pont de Maria

Panoràmica de Neuschwanstein

Panoràmica de Neuschwanstein

Hohenschwangau nevat

Hohenschwangau nevat

 

Carretera romàntica a NSS

Carretera romàntica a NSS

Coses que hauries de saber abans d’anar a Neuschwanstein

Si estàs pensant en escapar-te al castell de Neuschwanstein als Alps de Baviera, t’interessa saber:

No, el castell no és un edifici medieval. Ja ho diu la Viquipèdia i -òbviament- té raó, Neuschwanstein, o el Nou Cigne de Pedra, va ser construït en 17 anys, entre 1869 i 1886. A la mort del rei Lluís II de Baviera, mal anomenat Rei Boig i impulsor de l’obra, no havia estat acabat del tot. Això no suposaria cap entrebanc per a convertir amb el temps aquest monument en un dels més visitants d’Alemanya, amb vora dos milions de visitants a l’interior cada any.

Com que hi ha tanta gent que vol entrar al castell, i aquest és el que és, les visites a l’interior són extremadament ràpides. Menys en anglès i en alemany, en la resta d’idiomes totes les visites interiors es fan amb audioguia en l’idioma que un tria, es vaja o no acompanyat d’un guia de viatge. A hores d’ara, sóc un d’eixos i confirme que la visita més llaga a dins amb viatgers l’he feta en uns 75 minuts -30 en la part d’audioguia i uns 45 en les poques habitacions visitables restants i les dos botigues d’obligada visita-.

Amb la mort prematura del rei, i abans del final de les obres de portes endins, el palau va obrir com atractiu turístic ja en 1886. Potser pel fet que no estava acabat de tot només ensenyen al turista una quinzena de sales, més o menys nobles i entre les que trobem les més interessants, això sí, com ara la sala del Tron, la de Festes o l’apartament del rei.

És cert, ara per ara i fins 2013 el castell està parcialment cobert de bastides. Sí, andamis. Però la cosa podria haver estat pitjor, fa uns mesos les obres de neteja de la façana ho cobrien quasi tot -en la tardor de 2012, només hi ha coberta la part posterior i part d’un lateral-.

Si arribem allà en autobús o cotxe, haurem d’aparcar obligatòriament a Hohenschwangau. És a dir, a uns 800 metres d’altitud. Ens restarà doncs, completar una pujada d’uns 40 minuts a peu fins el pont de Maria -on tenim les millors vistes de Neuschwanstein-, el que suposa salvar un desnivell superior als 200 metres. Això es pot recórrer a peu o bé en autobús o mitjans de transport alternatiu.

En aquestos mesos d’anar per allà pràcticament cada setmana, he escoltat i he vist moltes reaccions al castell, per part dels meus acompanyants. Entre les més curioses: “este paio -Lluís II- fou el precursor del cartró-pedra”, “no estava boig, simplement fou el Michael Jackson del segle XIX”, “senzillament kitsch”, “hui he conegut el primer parc temàtic de la història” o “és lògic que Walt Disney volguera un castell com aquest per a ell”. Totes més o menys encertades.

Amb tot, si després de llegir aquest article injustament dissuasiu, encara tens ganes de visitar el castell, també has de saber: està enclavant en un paratge alpí impressionant, idíl·lic; Allgäu és una regió bavaresa preciosa, un entorn rural rematat de llacs i muntanyes; dins del seu context històric com és el final del segle XIX, Neuschwanstein és un edifici arquitectònicament molt interessant; tot plegat, construcció i rei, sorgeixen en un moment històric decisiu per al futur de Baviera i Alemanya en general; tot i un cert aïllament, les comunicacions són bones -especialment des de Munic- i n’hi ha una gran oferta de serveis per a conèixer aquest i altres castells de Lluís II.

Sigue creciendo el turismo español en Múnich… pero retrocede el internacional

Turismo de Múnich acaba de publicar las cifras de turistas y pernoctaciones registradas (en alojamientos turísticos oficiales) en la ciudad durante 2016. A simple vista, hay dos datos reveladores: uno para los que nos dedicamos al turismo en la ciudad, en general; otro para los que lo hacemos enfocados al mercado en español, en particular.

Turismo internacional

De entrada, el año pasado la Oficina de Turismo registró 7 042 487 turistas en Múnich. Esto supone un crecimiento del 1,3% respecto al año anterior (2015), y un récord histórico, pues es la primera vez que se sobrepasa la barrera de los siete millones de turistas.

Dicho así, la música suena muy bien, aunque estos números son engañosos, y es necesario rascar un poco más en los datos presentados para comprender la situación real. De los más de siete millones, 3,9 millones fueron visitantes alemanes y 3,1 millones fueron internacionales. Es precisamente una subida en turismo doméstico, que realiza estancias más cortas, donde Múnich ha conseguido sus mejores resultados (crece un 4,4% respecto al año anterior). En cambio, el turismo internacional ha descendido de forma razonable durante los últimos 12 meses, en concreto un 2,4%.

Por esta razón, las cifras de pernoctaciones en hotelería no son positivas, sino que lucen en rojo respecto a 2015. Han caído ligeramente, un 0,1%, pero han caído. Y a pesar de la cascada de aperturas de nuevos hoteles (que abaratan o moderan precios) y el desembarco de aerolíneas de bajo coste en el aeropuerto (en los últimos dos años: Norwegian, Transavia, Volotea…). En total, el año pasado tuvieron lugar 14 041 090 pernoctaciones en establecimientos muniqueses.

Asimismo, hay otros indicadores que deberían de, como mínimo, ser tenidos en cuenta: Oktoberfest, por ejemplo, encadenó en su última edición una serie de tres años con descenso de visitantes, registrando su peor cifra desde, atención, 2001. Unos 5,6 millones de visitantes pasaron a beber cerveza por el festival, que son muchos muchísimos, y muchos muchísimos menos que los 6,9 millones que participaron en Oktoberfest en 2011. Ni un atisbo de autocrítica desde Ayuntamiento y organización, por cierto. Parece que el negocio no se resiente (principalmente repercutiendo los descensos de público con subidas descomunales en el precio de la cerveza sobre el que sigue fiel al festival; personalmente, no me parece una buena estrategia a largo plazo).

Finalmente, las cifras de turistas en Múnich empeoran si las comparamos con la tendencia seguida por Berlín, capital política y, a día de hoy, capital turística indiscutible de Alemania. En 2016 y según cifras oficiales, allí recibieron 12,7 millones de visitantes y registraron 31 millones de pernoctaciones en hotelería. Ahí es nada (nos doblan).

A modo de resumen, tampoco nos volvamos locos, pues el debate de cantidad o calidad existe, y tiene mucha lógica. Que les pregunten a los vecinos de según que barrios de Barcelona (32 millones de visitantes en 2016), a los venecianos (22 millones anuales), a los vecinos de Praga… y de tantas otras ciudades saturadas, literalmente devoradas por el mismo sector que les da de comer. Cautela.

Turismo en español

Lo que no se termina de comprender es la poca atención que, bajo mi punto de vista, siguen prestando al mercado hispano, desde la esfera pública y, especialmente (e incomprensiblemente), desde la privada, en el sector turístico muniqués. Vayamos con un par de cifras.

Acabamos de comprobar que el turismo internacional y las pernoctaciones decaen en Múnich ciudad. Pues bien, si nos centramos en el mercado hispano, la realidad es totalmente diferente.

España

Las llegadas de turistas españoles a Múnich siguen creciendo a buen ritmo. En 2016, lo hicieron un 3%. Vinieron 131 632 españoles, o al menos esos son los que se registraron por parte de Turismo. Y pernoctaron 277 869 veces, un 1,6% más que en 2015. Son el 4,1% del turismo total de la ciudad, y (como en 2015), el octavo mercado, tras Estados Unidos (378 000 turistas), Reino Unido (248 000), Italia (240 000), Suiza (233 000), Austria (213 000), estados árabes del Golfo Pérsico (200 000) y China (141 000).

Tres apuntes inconexos:

  1. Sí, llegan más turistas españoles a Múnich que turistas franceses (107 000) o rusos (109 000).
  2. Todo esto, en un contexto en el que las llegadas de emigrantes españoles a Alemania se han, como poco y a la espera de datos exactos, enfriado.
  3. El mercado en español, por mucho que estas mentes germanas no terminan de entender, no es España.

América

Vayamos entonces con el mercado hispanoamericano, aquí las cifras son apasionantes. Lamentablemente, ni la Oficina de Turismo parece haber comprendido el fenómeno. Así que no hay cifras por países, sino globales de la región. De momento, solamente sabemos que llegaron unos 15 000 centroamericanos (México?) el año pasado. Son un 16,6% más que un ejercicio antes. Sobre Sudamérica, sin Brasil, los registros hablan de 29 000 turistas. Son un 17,9% más que en 2015. Ahí lo dejo (crecimientos de dos dígitos en un contexto de retroceso del sector a nivel local; aquí hay mucho margen para seguir creciendo).

Así pues, si sumamos los diferentes países que componen el mercado en español, nos acercamos a los 180 000 turistas, muy cerca de lo que supone el mercado chino o árabe. Vale que, seguramente, los hispanos gastamos bastante menos que los árabes, que los chinos o los rusos, pero seguimos esperando las muestras de respeto y la atención que, se puede observar, se presta a todos estos mercados. Es decir, que igual si nos acarician el lomo acabamos consumiendo un poco más (y aquí perdonadme, españoles, pero hablo de América).

Léase, a modo de resumen final: letreros comerciales en chino, árabe o ruso empiezan a ser visibles en algunos escaparates del centro de Múnich, no así en español. Por no hablar del sector hostelero, a años luz de lo que se espera de ellos. Menús en restaurantes traducidos al francés, por ejemplo, a patadas. Al español, siga buscando. Tampoco se libra la hotelería. Quitando algunas excepciones honrosas (hoteles españoles, como los Eurostars o los NH), rara es la recepción de hotel en la que se presta atención en español de forma regular. No estoy diciendo que en todos los restaurantes de la ciudad deba haber carta en español, ni que en todos los hoteles atiendan en nuestro idioma, pero un simple acercamiento al mercado sería más que positivo. Especialmente en un destino que quiere convertirse en referencia internacional a nivel comercial, estilo de vida u ocio urbano para viajeros con nivel cultural y poder adquisitivo medio-alto. Si la idea es que el turista venga a Múnich a algo más que ver el palacio de Neuschwanstein y ponerse morado de cervezas, empecemos por ponerles las cosas fáciles. Que digo yo.

Diario de Oktoberfest (IX): otra crónica insensata para empezar

Ya van tres otoños contando la misma historia, así es que este año había pensado en dejarlo correr. Imposible. Llevo dos días tarareando cancioncitas de música schlager sin poder hacer nada por remediarlo, las fotos de camisas cuadradas y aparatosos balcones inundan mi perfil de facebook y, por si fuera poco, al whatsapp me están llegando las últimas noticias del Wiesn, a lo que respondo finalmente abalanzándome sobre el teclado. La crónica majadera del primer fin de semana de Oktoberfest, pues, se me hace de nuevo inevitable. Empecemos:

Balconazo o 'viel Holz vor der Hütte'. /WEB

La Ramona de Jürgen Drews: balconazo o ‘viel Holz vor der Hütte’. /WEB

Son las nueve de la mañana del sábado 20 de septiembre y este año ha tocado agua. Menuda tromba cayó anoche, viernes, en la previa. Nos cogió infraganti, tratando de celebrar los últimos coletazos del verano sentados en un biergarten. Hoy las cosas no pintan mejor, cielo gris y agua a trompicones que impacta con fuerza sobre el parabrisas del autobús. De momento somos dos, el chófer y yo, y nos vamos a alguna parte de las afueras de Múnich a buscar a un respetable grupo de 25 peruanos.

Un rato más tarde desembarcamos todos en la céntrica plaza de la Ópera. Supuestamente íbamos tranquilamente a ver el carillón, pero es bajar del microbio y ponerse a diluviar. Primera desbandada y dos docenas de señores y señoras que no tienen la más puñetera idea de dónde se encuentran desparramándose en busca de un quiosquito en el que comprar un paraguas, de un toldo bajo el que amagarse o, sí señor, de la primera foto del viaje. Adoro este trabajo.

Por suerte, aunque no sin algunas tensiones y subidas de tensión, nos reencontramos entre la muchedumbre de la plaza de María, todos sanos y salvos, pues la lluvia por lo general no hiere, solo moja. Poco a poco remite la tormenta, los pajaritos cantan, las nubes se levantan.

Para entonces ya es mediodía y a un par de kilómetros de distancia, en una carpa abarrotada de sedientos bebedores de cerveza, el inexperto alcalde Dieter Reiter se estrena en el arte de abrir barriles de cerveza mazo en mano. Por la noche veré la repetición por la tele y pensaré: qué poca gracia tienes burgomaestre!

Dieter Reiter, más tieso que un garrote en su primer 'O'zapft is!' . /WEB

Dieter Reiter, más tieso que un garrote en su primer ‘O’zapft is!’ . /WEB

Primera hora de la tarde y la sosería del regidor queda totalmente en segundo plano. Leed sino las noticias frescas que nos llegan, mientras, por cierto, yo voy terminando la tarea con mis peruanos en algún lugar de la Mancha. Abendzeitung: Samstag, 14:05 Uhr: Die erste Bierleiche. O lo que es lo mismo: el primer subnormal en agarrarse una cogorza descomunal en Oktoberfest consigue entrar en coma etílico a las dos de la tarde, tan solo dos horas después de la inauguración. Enhorabuena chaval.

Camilleros en Oktoberfest o el taxi de los ciegos

Camilleros en Oktoberfest o el taxi de los ciegos

No quiero ponerme melancólico otra vez con el tema camilleros, vomitadores y demás, que el asco y el morbo entorno al Wiesn me gustan más que a un tonto los palotes.

Bueno sí, una cançoneta i se’n anem: son las siete, se acerca la noche y alguien llama a Urgencias avisando de que hay una chavala en pelotas bañándose en el Isar. Borracha perdida, termina a la deriva. En helicóptero la sacan del agua. Francesa tenía que ser.

A estas horas paseo por fin por el Wiesn, entre empujones, grandes emociones y carpas cerradas a nuevos visitantes por sobresaturación. También borrachos, quizás por eso decido evadirme y subir a las alturas. Desde arriba, las cosas se ven mucho mejor. Creo que por hoy es suficiente.

Descansito de camareros

Descansito de camareros

Completo

Completo

Domingo 21. Maldición! Son las siete de la mañana, la lluvia ha vuelto a la ciudad y mi despertador está sonando, mientras Mariola duerme a pierna suelta. Qué suerte! O qué mala suerte, según se mire. Es el día del desfile grande en Oktoberfest. Lo de los 9.000 vestidos con trajes regionales ya lo he contado también, pero cuánto daría por darle a ese replay hoy y no al otro.

Va a ser que no. Me visto rápido y salgo escopetado en dirección al hotel donde aguardan puntuales los peruanos. Hoy toca… castillos! ¿Que qué castillos? Menos recochineo.

El día, en buena compañía, pasa volando y mientras decenas de miles de personas vuelven a revivir en Múnich la boda de Luis I de Baviera, yo simplemente vuelvo a conmemorar en los Alpes bávaros la historia de Luis II, el nieto díscolo. ¿Loco o cuerdo? ¿Suicidio o asesinato? ¿Homo o hetero? ¿Castillo o palacio? ¿Schnitzel o spätzle? Esto último me lo pregunto a mi mismo, ya sentado a la mesa.

Qué mal que se come por cierto en el Hotel Müller de Hohenschwangau. Y peor trato, servicio regular y unas ínfulas desbordadas que me ponen de los nervios. Menos mal que no me toca pagar la cuenta.

A todo esto, a la mesa de al lado se nos ha sentado el luchador mexicano, un colgado del DF que ha venido a ver Neuschwanstein con su tracht particular. Esto no es Oktoberfest, pero en según que asuntos se le parece.

luchador_mexicano_NSS

Muy ‘colgao’, no pude evitar tomarle una foto

Quizás animada por el atrezzo, mi compañera de mesa se desmelena y me remite a su receta maestra. Yo solo quería una small talk sobre gastronomía peruana, mistura, ceviche y esas cosas, y sin comerlo ni beberlo aquí estoy introduciéndome en el desconocido mundo del arroz a la pepsicola. Manda güevos, que diría aquel.

Con la barriga llena subimos al autobús, se me duermen la siesta y diría que hasta yo mismo prosigo lo que queda de día soñando despierto. Mi siguiente recuerdo es a las nueve de la noche. Llego a casa como salí: montado en bici, solo que empapado y afónico trece horas después. Veo al fondo el resplandor de las luces del festival. Es como si hubiese estado todo el día allí, pero sin haber estado.

Oda al souvenir

 

El pato del rey Luis II, ¿era necesario?

El pato del rey Luis II, ¿era necesario?

(Soy un poeta tan efímero como penoso; si no lo escribía reventaba)

Qué de puta madre eres souvenir,
llavero, postal o imán para nevera,
casi diría que sin ti el turista no puede vivir;
lo de puta madre es un decir, una manera,
pues con ganas eres, cabrón, hortera.

Misterioso, extraño, éxito el tuyo,
como pocos productos inservible,
ante el que yo incluso soy un capullo;
en efecto, para mi es indescriptible,
la tontería que te convierte en imprescindible.

Hoy mismo he estado en el castillo,
con un grupo de Costa Rica,
al que has pasado el cepillo;
han parado en cada tiendecica
y en todas han comprado una cosica.

Menuda parida, me ha dicho el chófer,
después de veros comprar tanta tontería;
es increíble a nuestro parecer,
para qué narices queréis esa armería,
pues con tanta parida no tendréis lugar en la estantería.

Y nada más, más que negocio,
de lo cutre, lo cañí y lo innecesario,
ante el que hemos malgastado medio día de ocio:
ahora compro un cisne ahora un dinosaurio;
aún se ríen en China, fabricantes, de mi calvario.

(Ojalá caiga este texto en manos de mi apreciado grupo de Costa Rica, pues, aunque os pueda parecer extraño, os lo he escrito con todo el cariño del mundo.)

#rutaBayern: la Gruta de Venus en Linderhof

Detalle de Linderhof. /BaM

Interior de la gruta. /WIKIPEDIA CC

Mientras el palacio de Neuschwanstein sigue batiendo récords –en 2013 pasó de 1,4 a 1,5 millones de visitantes–, los otros palacios de Luis II en Baviera siguieron el camino contrario el pasado año. Sin desmerecer Herrenchiemsee, lo cierto es que le guardo un cariño especial al pequeño Linderhof.

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Detalle de la fachada. /BaM

A rebufo de su vecino waltdisneyesco, Linderhof recibió durante el pasado 2013 la nada despreciable cifra de 426.396 visitantes. Aunque se trate del segundo palacio más visitado de Baviera, sus números son incomparables a los de Neuschwanstein y, por si fuera poco, parecen empequeñecer con el paso de los años –en 2012 perdió unos 10.000 visitantes en comparación con el año anterior; exactamente la misma cifra que ha cedido en el último año, dadas las 437.000 visitas de 2012–.

Teniendo en cuenta que le debo un texto al palacio en si mismo, que dejo para otro día, todavía me llama más la atención lo desapercibido que pasa uno de los elementos más singulares que alberga: la Gruta de Venus.

¿Gruta de Venus? En efecto, una caverna artificial inspirada en la ópera Tannhäuser de Richard Wagner, la cual se esconde en la ladera septentrional de los jardines. Un delirio de lugar que solamente abren unos meses al año y, lamentablemente, es visitado por una pequeña parte de los turistas que acuden a Linderhof –me baso para ello en mis estadísticas personales tras acompañar a viajeros entre dos y tres veces por semana hasta allí–.

Así las cosas, intento descifrar aquí un poco más la Gruta de Venus, con la esperanza de que algún viajero lea estas líneas y no dude en adentrarse en ella en su visita a Linderhof.

Construcción. Oculta en la ladera de los jardines septentrionales de palacio, la Gruta de Venus fue erigida entre 1877 y 1878, por orden directa del rey Luis II y bajo la dirección del escenógrafo August Dirigl. Considerada la cueva artificial más grande de Europa, su planta supera los 100 m2 y evoca el escenario del primer acto de la ópera de Wagner Tannhäuser, así como la Gruta Azul de Capri.

Se trata de una construcción sorprendente a la que no le faltan detalles. Sus estalactitas y estalagmitas están cuidadosamente elaboradas de tal forma que, en la oscuridad del lugar, parecen auténticas. Fue construida combinando yeso, alquitrán y hierro, si bien los accesos están hechos a base de piedra natural.

Exterior de la gruta. /DIEGO DELSO CC

Exterior de la gruta. /DIEGO DELSO CC

Particularidades y tecnología. El interior de la cavidad cuenta con un pequeño lago, así como con una cascada y un sistema de iluminación, todos ellos artificiales. En este sentido, cabe destacar que la Gruta de Venus de Linderhof supuso la primera gran instalación eléctrica de Baviera, inicialmente con luces en color rojo y azul, tratando de evocar en este caso la Gruta Azul de Capri.

También dispuso de siete calderas para la climatización interior del lugar, tanto en invierno como en verano. Estas permitían calentar el ambiente pero también el agua del lago, cuya temperatura se podía establecer por encima de los 30º.

Igualmente revolucionario resultaron otras aplicaciones del inmueble, como una máquina para la generación de olas artificiales en el agua o un aparato que proyectaba el arco iris en el ambiente.

Wagner. La gruta de Venus de Linderhof está inspirada en la ópera Tannhäuser de Richard Wagner. El pintor August von Heckel es el autor del mural que se aprecia detrás del estanque, Tannhäuser en Venus, en relación con la citada historia.

Asimismo, Luis II usó la gruta como lugar para escuchar música, para lo que disponía de un mirador sobre la misma. Los músicos, por su parte, tocaban junto al agua.

Por otro lado, el pequeño lago contaba con una barca similar a la utilizada en la ópera wagneriana Lohengrin.

Problemas de conservación y restauración. A las puertas de los Alpes, los problemas de mantenimiento del espacio surgieron desde bien temprano. En 1890 se construyó un tejado sobre la gruta, con el fin de evitar las filtraciones de agua que ponían en riesgo la construcción.

Filtraciones de agua, proveniente de lluvias o del deshielo invernal, que siguen amenazando la construcción en la actualidad. En los años 60 del siglo XX se pusieron las primeras telas y andamios en el interior, para garantizar la seguridad de los visitantes.

En los últimos años, la Administración bávara se ha puesto manos a la obra, iniciando un ambicioso proyecto de restauración y protección de la Gruta de Venus. Aunque las visitas permanecen activas, gran parte de la instalación permanece andamiada y se ha desviado parcialmente el recorrido turístico interior. A pesar de las restricciones, la visita resulta maravillosamente inspiradora, para lo que se necesita, eso sí, un mínimo de sensibilidad cultural.

Visitas. Los accesos están regulados y únicamente son factibles entre abril y octubre. Es posible entrar a la caverna usando la misma entrada al palacio, para lo que hay que desplazarse hasta la puerta siguiendo las indicaciones existentes en el jardín.

Las visitas son regulares, aproximadamente cada diez o quince minutos. Normalmente en inglés o en alemán, aunque a última hora de la tarde, si entramos solos, es factible conseguir un audio en español.

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#rutaBayern: hivern/primavera

Té nassos la cosa que aquest hivern estranyament calent només haja nevat tres dies com aquell que diu, a Munic, i que dos dels quals hagen sigut fora de l’hivern natural. Primer al desembre; ara quan suposadament comença la primavera. A la ciutat la nevada ha sigut no res; però la cosa canvia cap a les muntanyes. No em canse de fotografiar el castell de Neuschwanstein, i menys si me’l trobe amb mig metre de neu acabada de caure.

Quatre flocs de neu a destemps

Quatre flocs de neu a destemps

NSS nevat en primavera

NSS nevat en primavera

Neu als boscos de Hohenschwangau

Neu als boscos de Hohenschwangau

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#rutaBayern: últim bany a l’Alpsee

Tot i que sembla que queden un parell de dies d’estiu per davant, aquesta és una recomanació que arriba fora de temporada. He caigut hui mateix, després de prendre un dels últims banys a l’Alpsee aquest 2013, sinó l’últim. No era la primera vegada, però he aprofitat la pausa del migdia al tour a Neuschwanstein per a prendre un relaxant bany. A diferència d’altres dies, hui ho he confessat als viatgers que m’acompanyaven i un d’ells m’ha dit: “Ja ens podies haver avisat, si arribem a saber que ací es podia prendre el bany ens haguérem apuntat”. I tenia raó, no està suficientment venut per al viatger, però la veritat és que l’Alpsee de Füssen, només a uns metres del castell de Neuschwanstein, és un lloc fantàstic tant per a banyar-se com per a fer una passejada. La majoria dels turistes no hi tenen ocasió, però fins i tot disposa d’una –allunyada– zona habilitada amb gespa per a prendre el bany i escales per a entrar a l’aigua. També vestidors i serveis, i un bar, amb entrada de 2,5 euros. Els que volen simplement refrescar-se de bades també ho poden fer, com jo mateix, que hui m’he banyat a la vora mateix de Hohenschwangau –a l’agost hi ha massa gent però hui eren mitja dotzena de persones fora de l’aigua i dos bojos, entre ells jo mateix, nadant–. Tot i la gran quantitat de gent que hi passa, cal dir que aquest llac que fa dos quilòmetres de llarg ofereix una aigua tan neta com freda. Com que el terra és de pedra, a més, la sensació de claredat és total. No és el llac més tranquil de Baviera, ni el més especial, però és una opció preferent i desaprofitada per als visitants al castell, que no són pocs. Per això mateix, avisats esteu.

Vista de l'Alpsee amb les muntanyes de fons

Vista de l’Alpsee amb les muntanyes de fons

L'Alpsee a l'esquerra i el Schwansee a la dreta

L’Alpsee a l’esquerra i el Schwansee a la dreta

L'Alpsee i el castell de Hohenschwangau

L’Alpsee i el castell de Hohenschwangau

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