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Salzburgo: tres miradores

Estos días de mercadillos navideños he tenido la oportunidad de volver a recorrer los dos montículos que envuelven Salzburgo, con sus tres miradores. No me han descubierto nada nuevo, pero me han recordado que unos son mejor que otros (según qué busquemos).

Fortaleza de Hohensalzburg

Vista desde la fortaleza. /SALZBURG FESTUNG

Vista desde la fortaleza. /SALZBURG FESTUNG

La mayoría de viajeros que persiguen una panorámica de Salzburgo desde las alturas suben aquí. Bajo mi punto de vista, si lo que queremos es inmortalizar la ciudad de la sal en toda su dimensión, es un gran error. Subir a la fortaleza a hacer fotos desde las alturas nos excluye del campo de visión uno de los elementos más singulares de Salzburgo: el mismo castillo, pues fotografiando desde este nunca lo vamos a poder tomar.

Además, es el único de los tres miradores al que no se puede subir si no se paga. Algo más de once euros si ascendemos en el cremallera y ocho si lo hacemos a pie. Eso sí, el precio incluye la entrada a las dependencias de la fortificación medieval, que con sus casi mil años de historia bien merece un paseo.

Si lo que se pretende es visitar el fortín por dentro o disfrutar de los Alpes, al otro lado de la ciudad, entonces sí merece la pena y mucho pasar por caja.

Para usar el ferrocarril hay que tomar el camino que sube al Mönchberg desde Kapitelplatz. A los pocos metros aparece la estación. Los que suban caminando han de seguir por la misma vía hacia arriba hasta la puerta del bastión.

www.salzburg-burgen.at/en

Museo de Arte Contemporáneo

Vista desde el museo

Vista desde el museo

Lo de este mirador próximo al de la fortaleza, en el mismo Mönchberg, es una solución intermedia. Los más perezosos pueden alcanzarlo sin esfuerzo, previo pago de 3,4 euros por un ticket de subida y bajada en ascensor, mientras que los que gustan del esfuerzo pueden encaramarse libremente a pie.

Las vistas son fantásticas, con la ciudad histórica de Salzburgo a nuestros pies y Hohensalzburg al fondo, flanqueándola. De fondo el río Salzach y el Kapuzinerberg.

Si nos quedamos con ganas y disponemos de mucho tiempo, se puede visitar el museo local de arte contemporáneo –Museum der Moderne–, pues esta azotea es en realidad su terraza. Si tenemos solamente algo de tiempo, se puede descender caminando a través de la montaña y la antigua muralla.

Para llegar hasta el ascensor desde el centro hay que cruzar toda la Getreidegasse, calle principal del Altstadt, e ir en busca luego de la Gstättengasse. Una gran puerta en la roca nos avisa del acceso al museo y con ello al balcón panorámico. A pie, se llega por la abadía de los agustinos en el oeste o bien, más rápido, subiendo las escaleras que parten desde las casas de los festivales.

www.salzburg.info/de/anreise_verkehr/oeffentlicher_verkehr/moenchsberg_aufzug

Kapuzinerberg

Vista desde la montaña de los capuchinos

Vista desde la montaña de los capuchinos

En realidad Salzburgo estuvo dotada de dos fortificaciones, una a cada lado del río. En el extremo norte se halla la segunda de las mismas, abadía a su vez de los capuchinos.

Para alcanzarla, y las magníficas vistas que regala, hay que salir del centro, cruzar el río y seguir por la Linzer Gasse. A las primeras de cambio nos aborda un arco y una empinadísima cuesta, la que nos conduce a nuestro destino. No hay otra vía.

Una vez arriba, bajo mi punto de vista, la vista panorámica más completa de Salzburgo, con el centro histórico íntegro, tras el sinuoso Salzach y con la fortaleza y el Mönchsberg en segundo plano. Al fondo, los Alpes. Es decir, todo.

Como contra, el sol de cara nos dificulta tomar la foto desde aquí durante las horas de más luz.

www.salzburg.info/en/sights/nature_in_the_city_of_salzburg/mountains_in_the_city_of_salzburg/kapuzinerberg

La ola de surf en el canal… Alm de Salzburgo

A base de volver y volver (por razones de trabajo), me estoy empezando a poner a fondo con Salzburgo. Hay mucho camino por recorrer y prefiero hacerlo a mi aire. El otro día, releyendo el libro 111 Orte in Salzburg, die man gesehen haben muss (111 lugares de Salzburgo que deben ser vistos) algo me llamó especialmente la atención.

Siguiendo la estela de una de las atracciones turísticas más curiosas y celebradas de la pariente mayor que es Múnich, recomendaban una visita al canal Alm para conocer la ola de Salzburgo y su grupo de surferos. Como no venía indicada la dirección, ese mismo día y en mi tiempo libre me acerqué a la oficina de turismo en busca de información sobre la ola del canal Alm, la Almwelle.

Lo más divertido fue comprobar que en la oficina de turismo no sabían de qué les hablaba! Al preguntarle, la dependienta primero se rió, luego tecleó en el buscador de su PC y al final se quedó con la boca abierta: en efecto, desde 2011 existe una ola de surf en Salzburgo que, por lo que parece, no conocen (muchos) ni en su pueblo. Más tarde he podido saber, por cierto, que la ola cuenta con el patrocinio del mismo Ayuntamiento.

Tras abortar la visita aquel primer día, en mi siguiente excursión de domingo a la ciudad y dado el paseo de rigor entre iglesias barrocas y chocolatinas con la cara de Mozart, ayer aproveché una vez más las tres horas de tiempo muerto en Salzburgo para introducirme un poco más. Como hacía sol, me puse manos a la obra y crucé el centro histórico, Nonntal y Gneis. A cinco kilómetros del Altstadt resultó estar la jodida!

De hecho, la encontré por casualidad, después de pasear y cansarme de hacerlo junto al precioso Almkanal. Por el camino, preciosas casas unifamiliares con sus jardines, encasilladas entre el prado y el mismo canal de aguas cristalinas. De fondo, majestuoso el Untersberg y los que le siguen (Alpes) camino de Berchtesgaden.

Unas señoras octogenarias en paseo vespertino, curiosamente fueron las que me terminaron de indicar la ubicación concreta de la ola. A ellas les pregunté por la posibilidad de bañarse en el Alm en verano y confirmaron que, no solo es posible nadar, sino que también hay quien hace surf. No andaba lejos de ello.

Al final, no se si por el inusual buen clima de esta última semana de octubre pero terminé encontrando a un grupo de media docena de chavales surfeando ante la mirada de unos pocos curiosos. Sinceramente, no pensaba ver a nadie en el lugar, por lo que llegué desprovisto de cámara. Los grabé un rato con el iPad y tomé un par de instantáneas con mi viejo teléfono.

Uno de los chicos me comentó que son un grupo de varias decenas de personas y que en verano han llegado a juntarse allí un centenar con la idea de pasar un buen rato y refrescarse. Cuanto menos, curioso.

Almwelle

Almwelle

*Nota para el viajero:
La ubicación exacta de la Almwelle es el Heinrich-Meder-Weg, en el distrito salzburgués de Gneis, al sur. Para llegar desde el centro hay que seguir la Berchtesgadner Strasse hasta los límites de la ciudad en dirección Eichet. En la Weidenstrasse hay que girar a la derecha. La distancia del centro histórico es de 5 km aprox. Esta es su web: www.almwelle.com. Normalmente está mucho menos concurrida que la ola del Eisbach en Múnich, por lo que no hay garantía de encontrar surferos.

La carretera alpina del Grossglockner

El Grossglockner y el Pasterze, tal y cómo los conocimos nosotros

El Grossglockner y el Pasterze, tal y cómo los conocimos nosotros

En 1856, con 26 años, el emperador austriaco Francisco José tuvo el antojo de conocer en persona el glaciar de Pasterze, entonces y hoy el más grande de su país, a los pies del Grossglockner, a su vez la montaña más alta de Austria con sus 3.798 metros de altitud sobre el nivel del mar. A nosotros, se nos ocurrió la misma idea, el fin de semana pasado. Llegamos algo tarde, lo sé. Pero hay cosas que no dependen de uno mismo. Es lo que hay.

Datei:Pasterze Grossglockner.jpg

El Pasterze, en 1935. / SALZBURGWIKI

Además, arribamos al final del verano, y no de un verano cualquiera, del más caluroso que se recuerda, aquí y allí. Hoy, a 31 de agosto, ya son 29 las mañanas de este verano en que la estación meteorológica del aeropuerto de Salzburgo, referencia en la zona, ha superado los 30 grados centígrados. Salz-bur-go, que no Busot. Tela.

Así las cosas, avistar el lugar –en concreto, desde la plataforma situada a 2369 m– fue una cosa maravillosa, aunque no pude evitar sentir envidia, al pensar en el paisaje, seguro que más glacial y refrescante, que debió contemplar Francisco José en aquel septiembre del 56.

Más de diez metros de largo, dicen, decrece cada año el Pasterze, que a día de hoy tiene una longitud aproximada de ocho kilómetros. Habrá que volver, quizás en un par de veranos o tres. Antes de que sea demasiado tarde.

Francisco José, por cierto, subió a pie desde el vecino pueblo de Heiligenblut, unos pocos kilómetros más a bajo, cosido al valle, ya en la región de Carintia. Hace muchos años que lo de subir caminando ya no es una obligación, sino una cuestión de placer. Nosotros, dado nuestro estado actual y pese a lo que siempre nos ha pedido el cuerpo, nos tuvimos que conformar en esta ocasión con llevar a cabo una aproximación motorizada. Valió la pena.

No solo disfrutamos en primer plano del Grossglockner y del glaciar, la zona actualmente conocida como Kaiser-Franz-Josefs-Höhe, sino de los 47,8 kilómetros que la carretera alpina del Grossglockner (oficialmente, Grossglockner Hochalpenstrasse) ofrece en total.

Aunque parece ser que el paso de montaña actual, a 2500 metros, ya era transitado desde antes del año de la picor, fue hacia 1920, ya en los días de los primeros vehículos a motor, cuando se proyectó una ambiciosa carretera para cruzar de un lado a otro. Se inauguró en 1935 y hoy seguramente sea una de las vías alpinas más populares.

Deliciosa carretera, con los principales picos del Hohe Tauern de fondo

Deliciosa carretera, con los principales picos del Hohe Tauern de fondo

La carretera, cuyo peaje cuesta 35 euros para los coches y 25 para las motos, arranca por el norte en el pueblecito de Bruck, a tiro de piedra de Zell am See en la región de Salzburger Land, y desemboca en el mencionado Heiligenblut, en el estado de Carintia, en un estrecho valle camino del Tirol del Este.

Se dice que más de un cuarto de millón de vehículos a motor transitan cada primavera y verano por el lugar –abre de principios de mayo a finales de octubre–. No sé si son los que más a gusto la suben, pero unos que saborean cada curva, hasta alcanzar el paso de la Hochtor a 2500 metros, son los de las motos. También los de los descapotables, muchos de ellos bronceados de nacimiento; otros, meros aficionados al motor clásico y el juego de tuercas. Qué coches tan bonitos todos… Un gran respeto, por otro lado, me merecen los ciclistas que suben y bajan, que también son muchos. Y mucha pereza, me dan, los del autobús y el señor que, cuando bajan del auto, se pone al frente con la banderita y los pone a todos en fila micrófono en mano.

Nosotros, esta vez, fuimos de los del montón: cómodos en la furgo contemplando el paisaje de locura. Hasta 30 tresmiles se divisan desde el mirador situado en el Edelweiss-Spitze.

Para cuando nos dimos cuenta, y sin parar en ninguno de los centros de interpretación y naturaleza que salpican el recorrido –todos de entrada libre–, nos habíamos comido medio día, entre foto y foto. Así que decidimos bajarnos para casa, justo cuando el sol más picaba y el tráfico empezaba a convertirse en un problema.

Una vez abajo, llenamos la barriga y dedicamos la tarde a dar un pequeño paseo por el valle contiguo, el de Rauris. Para entonces el rugido de los motores había desaparecido por completo, dejando paso a los gruñidos de unas cuantas vacas sueltas y el omnipresente chasquido de las aguas en su caída desde las cimas hasta las profundidades de los valles. Todo sin salir del parque nacional del Hohe Tauern. En Rauris, sí, tal y como lo dejó en su día Francisco José.

*Nota para el viajero
Todos los detalles de horarios y precios sobre la carretera alpina están en su web oficial: www.grossglockner.at

#rutaBayern: Algunos vestigios del complejo nazi de Obersalzberg (más allá del Nido del Águila)

Se estima en medio millón el volumen anual de turistas que peregrinan hasta lo alto de la montaña Kehlstein (1.834), en Berchtesgaden, para visitar el antiguo refugio de Adolf Hitler en los Alpes bávaros.

La antigua casa de té del führer o Nido del Águila, reconvertida hoy en restaurante y mirador, es el principal motivo de la mayoría de las visitas, llegadas de medio planeta, y el único elemento que se conserva intacto de cuantos configuraron el denominado complejo nazi de Obersalzberg. No obstante, existen otros interesantes y desconocidos vestigios de la urbanización del Partido Nazi en esta zona montañosa situada en Berchtesgaden, Baviera, a escasos kilómetros de Salzburgo.

Plano de situación del lugar. / DOKUMENTATION OBERSALZBERG

Plano de situación del lugar. / DOKUMENTATION OBERSALZBERG

Aunque casi nada queda de los cuatro chalés principales, el Berghof –la casa de montaña de Hitler– y los de Göring, Bormann y Speer, no son pocas las huellas visibles de la antigua urbanización en su conjunto. Ello, a pesar de la práctica destrucción por parte de los Aliados, durante la liberación en mayo de 1945, y las posteriores demoliciones de instalaciones a lo largo de los últimos años, ya con los terrenos en manos de las autoridades alemanas. El ejército de los Estados Unidos de América, por cierto, mantuvo una instalación militar activa y gestionó parte del complejo hasta el año 1995.

Hotel zum Türken y complejo de túneles
Abierto como alojamiento alpino en 1911, el hotel zum Türken se sitúa ya por encima de los 1.000 metros de altitud en la parte baja del complejo, justo unos pasos por debajo de la antigua casa de Hitler. Durante el tercer Reich, esta pensión fue adquirida forzosamente por los nazis, destinada a convertirse en acuartelamiento de la Reichssicherheitsdienst, fuerza de protección personal de Hitler integrada en las SS.

El hotel durante el Tercer Reich. /H. ZUM TÜRKEN

El hotel durante el Tercer Reich. /H. ZUM TÜRKEN

Parcialmente destruido durante la liberación, el vetusto alojamiento actual es prácticamente idéntico al preexistente. Aun así, lo más interesante del lugar es que proporciona el acceso al sistema de túneles que cosía el complejo por el subsuelo. En continuo proceso de deterioro, el acceso a los túneles y búnkeres está regulado por la familia propietaria del hotel y es posible desde el interior del mismo.

Únicamente quedan transitables un par de kilómetros de túneles, en diversos niveles bajo la montaña, estando el paso a algunas zonas cerrado por seguridad. A pesar de todo, es una visita altamente recomendable. También es posible ver las celdas de castigo construidas para los mismos guardias.

Centro de Interpretación
El centro de interpretación de Obersalzberg ofrece una interesante exposición sobre lo que fue aquel residencial durante el nazismo. Asimismo, se ubica en lo que anteriormente fue la Gästehaus Hoher Göll, una residencia de invitados pensada para acoger la visita de dignatarios internacionales.

Centro de Interpretación. /CC WIKIPEDIA

Centro de Interpretación. /CC WIKIPEDIA

El edificio está reconstruido, pero algunos elementos, como las arcadas y muros de la planta baja posterior, son originales.

Platterhof
En este lugar abrió en 1877 Mauritia, Moritz, Mayer una pensión con su mismo nombre. Cada vez más conocida en la zona, el establecimiento pasó a ser conocido como Platterhof, en referencia al personaje homónimo de la novela de Richard Voß, Zwei Menschen.

Manteniendo su denominación, durante el reich fue severamente modificado y ampliado. En principio había de servir como hotel común, aunque en la práctica se reservó a la alta sociedad y militares de alto rango.

Escapó de la destrucción en la guerra y tras la misma, siendo reconvertido en el hotel General Walker hasta que en el año 2000 fue demolido. En su lugar, se erige hoy un restaurante y una tienda de souvenirs, que no consiguen escapar del todo a su pasado, pues se conservan los muros y una enorme explanada usada como aparcamiento.

A unos metros se encuentra hoy el parking y oficina de tickets de los autobuses que suben hasta el Nido del Águila, en el lugar antes ocupado por los garajes del Platterhof. No muy lejos se ubicaba el cuartel de las SS, del que no queda rastro.

En primer término, barracas de las SS; en segundo, el Platterhof. /WEB

En primer término, barracas de las SS; en segundo, el Platterhof. /WEB

Otros
Son numerosos los edificios de rango menor que se han conservado hasta la actualidad. Es el caso de la Gusthof, una antigua granja por la que se pasa de camino, en la parte más baja del recinto. Hoy en día sirve al campo de golf de la zona, vinculado al lujoso hotel Intercontinental.

En el lugar donde se levanta el citado hotel, por cierto, hallaríamos la vivienda de Göring. Ni de esta casa ni del Berghof, la de Hitler y Eva Braun, se conservan marcas destacadas. El lugar exacto donde se hallaba el Berghof está ocupado hoy por un frondoso hayedo, a medio camino entre el hotel zum Türken y el parking en el Platterhof. Andando por el bosque se pueden contemplar algunos antiguos muros entre la maleza.

Intactas aunque fuera de foco permanecen varias construcciones vinculadas al arquitecto Albert Speer, ministro de Armamento y cuarto dirigente nazi en habitar una vivienda en Obersalzberg. Alejada del resto, se mantienen su antigua casa y su estudio, como propiedades privadas en la actualidad.

En Berchtesgaden pueblo no faltan los elementos de interés histórico vinculados al nazismo, como la estación de trenes o algunos murales que, eso sí, han sido retocados eliminando cualquier referencia al nazismo.

Finalmente, por supuesto que la estela del nazismo se sigue con mucha más facilidad transitando la carretera que sube hacia el Nido del Águila. Una vez se baja del autobús que la recorre, se mantienen intactos muchos elementos históricos más allá de la casa de té de la cima. Es el caso de la puerta de entrada de piedra o el ascensor de bronce construido en 1938 en el interior de la montaña.

*Nota para el viajero
La web del centro de documentación de Obersalzberg ofrece numerosa información sobre el recinto, así como el museo en sí mismo. A diferencia del Nido del Águila, que cierra de finales de octubre a mayo, este permanece abierto todo el año.

Por internet circulan numerosas fotografías antiguas sobre el complejo, aunque la web más completa seguramente sea la de Geoff Walden, denominada Third Reich Ruins. Las recopila junto a numerosa información en un libro a la venta en Amazon. Esta es la referencia: Geoff Walden. Hitler’s Berchtesgaden: A Guide to Third Reich Sites in the Berchtesgaden and Obersalzberg Area. Fonthill Media, 2014; formato eBook: Amazon (inglés).

Otra referencia interesante es el episodio Points, de la serie Band of Brothers. Mikael Salomon (director). 2001. HBO.

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#rutaBayern: el Nido del Águila

Si hay un par de motivos por los que encuentro interesante una visita al Nido del Águila (en alemán, la Kehlsteinhaus) esos son la facilidad de acceso a un mirador alpino bastante decente, así como la proximidad de algunos lugares naturalmente fantásticos. Por lo demás, no me hace ninguna gracia la visita a una construcción nazi, la cual, por mucho que haya sido reconvertida, sigue significando lo que sigue significando.

Vista del refugio desde la parte alta del mirador

Vista del refugio desde la parte alta del mirador

Origen
La Kehlsteinhaus es un refugio de montaña situado en lo alto de la montaña Kehlstein (1.834 metros de altitud), a escasos kilómetros de la frontera entre Baviera y Austria por la zona de Salzburgo. Una zona, por cierto, hoy protegida en el marco del parque nacional de Berchtesgaden.

Aunque es cierto que las vistas de los Alpes bávaros y austriacos son magníficas, también lo es que la mayoría de sus visitantes acuden al lugar en busca de algo más. En concreto, en busca del célebre refugio de montaña de Hitler, un chalet inaccesible que le regaló el partido nazi por su 50 cumpleaños (1939) en la misma zona en que los dirigentes nazis disponían ya de una urbanización de recreo, el conocido como Berghof en Obersalzberg.

Cima

Cima

Según estimaciones oficiales, la cabaña se construyó durante trece meses, si bien se necesitó también la creación de una carretera y un espectacular ascensor que sube los últimos 124 metros por el interior de la roca. Los costes de la obra fueron muy elevados: más de 100 millones de euros al cambio actual y un mínimo de doce vidas humanas. Sobran las palabras.

El refugio de montaña, llamado a ser un espacio de confort para el führer, apenas se utilizó debido a la llegada de la guerra y a las preferencias del mismo Hitler.

Liberación
Si bien el Berghof fue bombardeado y destruido por las tropas aliadas, lo cierto es que no sucedió lo mismo con el refugio de montaña. Bautizado como Nido del Águila (Eagle’s Nest) por el general Eisenhower, las tropas aliadas lo alcanzaron en los primeros días de mayo de 1945. No obstante, la zona permaneció como un destacamento aliado hasta 1960, cuando fue devuelto a Baviera.

Naturaleza
Superado el morbo del lugar, lo cierto es que la visita permite acceder a un mirador espectacular frente a montañas de mayor envergadura, cuyas cimas rocosas cubiertas de nieve la mayor parte del año se disfrutan desde lo alto de Kehlstein.

Es el caso, por ejemplo, del majestuoso Watzmann o el precioso lago del Rey, el Königssee. De hecho, estas vistas son el único y verdadero motivo por el que recomendaría una visita. El espectacular ascensor de bronce, la chimenea de mármol regalo de Mussolini o la tortuosa y torturadora carretera de acceso me parecen más que prescindibles. Lo mismo me sucede con la cafetería del refugio: ni fu ni fa.

Las montañas y el lago

Las montañas y el lago

Eso sí, el viajero no debe olvidar que, abierto solamente en verano, el Nido del Águila suele figurar abarrotado de turistas llegados desde todo el planeta, especialmente en días soleados. El autobús y el pase, además, cuestan un dineral (para lo que se ofrece): 16,1 € a mayores de 14 años y 9,3 € a los menores.

Qué más hacer en la zona
Para justificar un viaje al Nido del Águila, al menos si se llega desde Múnich, hace falta algo más. Mis propuestas preferidas serían dar un paseo o bañarse en el Königssee, atravesar el Wimbachklamm, una pequeña garganta natural, o acercarse brevemente a Salzburgo. Claro, que para todos estos planes hace falta un vehículo privado, pues el acceso en transporte público a los mismos no resulta fácil.

Chimenea

Chimenea

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‘Schwarzwas’?

Seré breve. No hay tiempo que perder. El próximo ten sale en unos minutos. Regreso temporal al tren. Prefiero el volante. Ayer la excursión fue a Salzburgo. Día de primavera, temperaturas agradables, gente de la que se deja acompañar. Un poco de Radius. Con la suerte de cara. Con algunos matices. Soy monotema, pero empiezo a estar cansado de toda esta mierda. Por si no lo había dicho antes: la Policía germana es racista, clasista… como tantas. Freilassing es un nombre de frontera que tengo grabado a fuego en la memoria. Es el pueblo donde la frontera ya no existe, entre Austria y Alemania. Sobre el papel. Es mentira. Es decir, en realidad, sí que hay frontera. Una línea invisible, patrullada por unos señores disfrazados de pueblo llano que deambulan por los pasillos de los ferrocarriles de cercanías que cruzan de lado a lado. Ayer me tocó el que juega a hacerse el simpático. Pasean todo el tren en silencio, como quien busca asiento, sonríen a las señoras bávaras de cardado inequívoco, gente de bien, hasta que llegan a mi. Policía. Control rutinario. Documentación, por favor. Son las palabras mágicas. Me las sé de memoria. Ayer me volvió a tocar. Estoy harto de que seáis tan racistas, amigos. No tengo nada que temer, lo cual no alivia el hastío. Tras comprobar entre ristias el documento de identidad siguen la marcha. Hasta que encuentran al siguiente barbudo, latino o persona de color. Nunca se sabe si somos de fiar o no. El excelente viaje de ayer no lo oscureció el de la placa oculta. Segundos incómodos en una jornada plácida. Ni tampoco el gilipollas de turno en la ciudad de la sal. “Este chico está guiando en negro”. La respuesta me salió del alma: “En schwarzwas?”. Se tragó las palabras. Me cogió con la autorización ministerial para guiar en Salzburgo, flamante, en la mano. “Que tengan un buen día”, fue lo último que nos dijo. Y se marchó con el rabo entre las piernas.

#rutaBayern: Patrimonio de la Humanidad en Baviera

Es lógico que Baviera, siendo el estado federado más grande de Alemania, sea el que más elementos declarados como Patrimonio de la Humanidad acoja. En total son siete los edificios o bienes declarados por la UNESCO como tal y, aunque las comparaciones están de más, las cifras son muy similares a las de regiones españolas de tamaño parecido, como Cataluña o Andalucía.

Como curiosidad, aunque somos muchos más los que vivimos en el sur de Baviera, sometidos a menudo por el magnetismo de los Alpes, lo cierto es que la inmensa mayoría de estos elementos declarados y protegidos como patrimonio universal andan precisamente en el otro extremo, pasando inadvertidos o bien en las llanuras del Alto Palatinado o en Franconia.

En fin, este es el listado del Patrimonio de la Humanidad en Baviera:

La Residencia de Wurzburgo
Declarada en 1981, es el elemento patrimonial que inaugura la lista. Hoy en día parte de la red pública de palacios bávaros, la Residencia de la ciudad francona de Wurzburgo (un antiguo principado eclesiástico como lo fueron Salzburgo o Bamberg) data del siglo XVIII, como uno de los mejores ejemplos de arquitectura barroca que se conservan en Europa. Como sucede en Dresde, el centro histórico de Wurzburgo (Residencia incluida) fue total e indiscriminadamente bombardeado por los aliados en la primavera de 1945. Oficialmente, la reconstrucción de la Residencia costó más de 20 millones de euros y estuvo finalizada en 1987. Hoy nadie lo diría.

www.residenz-wuerzburg.de

Residencia de Wurzburgo. /BAYERISCHES SCHLÖSSVERWALTUNG A. BRANDL

Residencia de Wurzburgo. /BAYERISCHES SCHLÖSSVERWALTUNG A. BRANDL

La iglesia de la pradera: Wieskirche
El único miembro de la lista, o casi, enmarcado en los Alpes bávaros, la Wieskirche es un tesoro barroco ubicado en las praderas de Steingaden, punto de peregrinación católica que desembocó en la construcción de esta magnífica iglesia. Obra de los hermanos Zimmermann, aparece de la nada al desviarnos unos metros conduciendo por la carretera secundaria St2059 en dirección a las montañas de Allgäu. El verdadero impacto se produce, en todo caso, una vez abrimos la puertas y pasamos al interior del templo. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1983.

www.wieskirche.de

Fresco en la Wieskirche. /CC ALLIE CAULFIELD

Fresco en la Wieskirche. /CC ALLIE CAULFIELD

Centro histórico de Bamberg
La también francona Bamberg, es hoy una tranquila y pequeña ciudad de 70.000 habitantes que apenas ha crecido en el último siglo, la cual sin embargo conserva un espléndido casco histórico que delata su importancia a lo largo del segundo milenio (la mayor parte del cual fue un principado eclesiástico). Fue protegido en 1995.

www.stadt.bamberg.de

Antiguo Ayuntamiento de Bamberg. /CC BERNT ROSTAD

Antiguo Ayuntamiento de Bamberg. /CC BERNT ROSTAD

Los confines del Imperio romano
En el año 2005, la UNESCO incluyó en su lista patrimonial los antiguos confines del Imperio romano por tierras germanas. Esto es: una línea de 500 kilómetros al sur del país que atraviesa parcialmente los territorios bávaros, por ejemplo en la zona del parque natural de Altmühltal. Se conservan depósitos militares o torres de vigilancia de la época romana.

www.limesstrasse.dewww.deutsche-limeskommission.dewww.naturpark-altmuehltal.de

Lindes del Imperio romano en Germania. /WEB

Lindes del Imperio romano en Germania. /WEB

Centro histórico de Ratisbona
Con su puente de piedra sobre el río Danubio y la catedral por bandera, Ratisbona presume de ser una de las ciudades más antiguas de Baviera (plaza romana) y la única que conserva su casco histórico medieval prácticamente intacto. La UNESCO la incorporó a su lista en el año 2006, especialmente por la importancia medieval del lugar y la conservación del patrimonio.

www.regensburg.de

Centro histórico de Ratisbona

Centro histórico de Ratisbona

Los palafitos prehistóricos de los Alpes
Aunque normalmente tendemos a asociar a zonas marítimas o tropicales las casas y cabañas de madera asentadas sobre pilares clavados en el agua, lo cierto es que la zona de los Alpes y en concreto Baviera son el hogar de estas construcciones típicas desde hace milenios. En 2011 la UNESCO protegió 111 palafitos históricos construidos sobre lagos en seis países europeos alpinos, tres de los cuales se encuentran en Baviera (en Landsberg y Starnberg).

www.unesco-weltkulturerbe-pfahlbauten.de

Palafitos históricos en el lago Constanza (en el lado de Baden-Württemberg. /CC HELMUTHESS

Palafitos históricos en el lago Constanza (en el lado de Baden-Württemberg. /CC HELMUTHESS

La Ópera del Margrave de Bayreuth
La última en sumarse a la lista, en 2012, es la ópera barroca del Margrave, en la ciudad francona de Bayreuth. Este espléndido teatro es uno de los pocos espacios barrocos similares que se conservan intactos, como el caso del Teatro de Cuvilliés de Múnich. Data de mediados del siglo XVIII y no debe de confundirse con el denominado Teatro de los Festivales de la misma ciudad, impulsado a finales del siglo XIX por el rey Luis II exclusivamente para acoger representaciones de Richard Wagner.

www.bayreuth-wilhelmine.de/deutsch/opernh/index.htm

*Nota para el viajero
Todos los elementos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en Baviera se pueden consultar en la página web del Ministerio bávaro de Arte o bien en la web alemana de la propia UNESCO.

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Salzburg. El museu de la ciutat

Tot i ser una ciutat, i més encara al centre històric, abocada per complet al turisme, tinc la sensació que la majoria de visitants que passen per Salzburg ho fan amb la idea de passejar, comprar i, com a molt, visitar la catedral, la casa natal de Wolfang Amadeus Mozart i la fortalesa de Hohensalzburg. Segur que n’hi ha que arriben amb la idea de gaudir dels festivals de música, les antigues mines de sal, els llacs o els escenaris de la pel·lícula de Somriures i llàgrimes, però no abunden aquestos viatgers que hi volen anar més enllà. Ho tinc comprovat de fet, un parell de dies per setmana com passe per Salzburg.

En qualsevol cas i com que tinc temps, jo sí que m’he proposat escarbar-la i porte unes setmanes explorant aquells atractius de la ciutat que no arriben al turisme majoritari. Alguns d’ells sorprenentment, per tan cèntrics i a la mà del viatger com estan. L’altre dia fou el torn del museu de la ciutat, ubicat des de 2007 en la Nova Residència dels prínceps arquebisbes de la ciutat de la sal.

Nova Residència. /MUSEUM SALZBURG

Nova Residència. /MUSEUM SALZBURG

Tot i que vaig preguntar identificat com periodista, el cas és que no em van donar xifres de visitants al museu, pel que tinc que quedar-me amb que durant la visita a aquest espai que encara fa olor a nou no em vaig creuar amb més de cinc o sis persones, mentre el carrer anava ple de turistes asiàtics càmera de fotos en mà.

Una llàstima, perquè l’enfocament del museu em va semblar molt nítid, quasi diria una presa de contacte fonamental per a saber en realitat què va ser Salzburg durant els seus primers dies des que va encetar el comerç de la sal, què fou en l’Edat Mitjana i com ha esdevingut en el que és ara, a partir de la integració en l’Imperi Austrohongarès a l’any 1816.

Sobre aquestos darrers dos-cents anys, fantàstica la col·lecció de paisatges que mostren com la ciutat barroca va acabar convertint-se en una espècie de ciutat museu, idíl·lica, denominada com Arcàdia alpina.

Abans però fou destacada seu eclesiàstica i comercial, convertida en la Roma germana a partir dels segles XVI-XVII i amb un important grau d’autonomia dins del Sacre Imperi Romanogermànic fins la caiguda del mateix amb les guerres napoleòniques. Temps de prínceps arquebisbes i figures com la de Wolf Dietrich von Raitenau, en bona part impulsor de la ciutat barroca que hui és Salzburg.

Princeps arquebisbes, al museu

Princeps arquebisbes, al museu

Organitzada en tres pisos amb exposicions temporals i tot tipus d’objectes històrics, la Nova Residència acull a més un segon espai de museu dedicat a la peculiar obra panoràmica de Sattler, com també el carrilló, visitable una vegada al dia en grups organitzats.

*Nota per al viatger
El museu de la ciutat de Salzburg obri de dimarts a diumenge de 9 a 17 hores. El preu de l’entrada general és de set euros, tot i que hi ha diversos descomptes. Alguns festius especials roman tancat. Tanmateix, el museu panoràmic no està inclòs en el preu. Informació més detallada al web del museu, o bé a la pàgina web turística oficial.

Amb alguns xicotets matisos, aquest post en espanyol al blog Sombras de tinta fa una aproximació breu a la història de Salzburg: Historia de Salzburgo.

La miseria y la porquería se cruzan las miradas en presencia de la indiferencia

El callejón de Linz aparecía concurrido a media tarde. Una legión de señoras en la cincuentena, cabellos rubios, medias melenas, algunos abrigos de piel, correteaba de escaparate en escaparate mientras anochecía a toda prisa. Junto a una de estas glamorosas vidrieras yacía, sentado en el suelo, el tullido. Nadie sabe donde vive en realidad aquel desaseado hombrecillo, al que para mayor desdicha le falta una pierna, lo cierto es que es un habitual de esta zona de Salzburgo frecuentada por la gente acaudalada tan común en la ciudad de la sal. Allí, en su esquina que no es ninguna y lo son todas, acostumbra a pedir limosna, algo tan triste ayer como hoy por mucho que a la mayoría nos deje impasibles. Aquella tarde, en cambio, alguien reparó en su presencia en la calzada adoquinada. Ella, regordeta, enfermiza, con una fina pelambrera tan gris como cochina, ojos pequeños, mirada perdida, caminaba renqueante por el adyacente callejón de San Sebastián. Desde el interior de una pomposa tienda de vestidos tradicionales, dos dependientas advirtieron finalmente su abultada presencia a través del ventanal y parecieron quedar hipnotizadas, a la vez que horrorizadas, ante los andares de una criatura tan fea. Durante unos segundos, como yo mismo, siguieron impasibles el trayecto de la fémina con la única ayuda de sus miradas, sin moverse un milímetro de su confortable escenario. Cruzado el callejón, la rechoncha criatura asomó al fin por la calle principal, justo por la esquina escogida ese día por el pobre tullido, como si le fuese buscando. Para entonces sucedió lo inevitable y ambos cruzaron finalmente miradas: por un lado y sorprendido, él, un hombre desgraciado, pobre a rabiar, golpeado seguramente por alguna enfermedad y marginado hasta lo más bajo de la calle por esta cruel sociedad que empuja escaleras abajo a todo aquel que desentona; por otro ella, vieja, andrajosa, asquerosa incluso para el ser humano más sufrido. En verdad, ni un hombre tan acostumbrado a las penas como él pudo soportarla, por lo que en un acto tan reflejo como escasamente planificado aquella diezmada persona decidió pasar a la acción: agarró su vieja gorra cargada de pequeñas monedas y decidió golpearla con todas sus fuerzas a la altura de la cabeza. Zas!, se oyó fuertemente unos metros más allá al impactar finalmente el sombrero contra el suelo. Aquel instante lo tengo archivado en mi memoria, una imagen congelada en la que un sonido agudo metálico dio paso a un rosario de pequeñas y variadas monedas volando por los aires, la limosna de la gorra, que tras la imagen congelada volvió a resonar al impactar contra el suelo, finalmente desparramada por la calle para más desgracia del hombre desgraciado. No pude ver el desenlace de la escena, para entonces en realidad andaba demasiado lejos sumido en mi cómodo egoísmo como tantos otros. Pero no puedo dejar de imaginarlo en mi mente: el amargor de aquella persona, totalmente justificado, seguramente debió de dar al traste con el paseo urbano de aquella gigantesca rata que no encontró en la impoluta calle de Linz mejor rincón al que arrimarse. Perdón.

#rutaBayern: Herrenchiemsee, el desconocido

Hace algún tiempo que vengo pensando en darle forma concreta a los posts que publico sobre Baviera en el Quadern. Ni me caben en Muniqueando por formato, ni tampoco tengo la más mínima intención de empezar con un tercer blog, en clave bávara, así es que he decidido crear la etiqueta #rutaBayern bajo la cual espero ir posteando todos aquellos comentarios de viajes sobre Baviera que me salgan al paso.

A diferencia de Muniqueando (bastante más rígido en la forma), me apetece aquí combinar textos completos y posibles reseñas de excursiones con meras opiniones, fotos sueltas y anécdotas de viajes, a mi aire según el día y tan caóticamente planteados como el cuaderno reclama.

En cualquier caso, y pese a que he reordenado todos los escritos anteriores sobre viajes en Baviera bajo el paraguas #rutaBayern, estreno categoría/etiqueta con un texto acerca del palacio de Herrenchiemsee: el tercero en discordia, el pequeño Versalles, el carísimo, el inacabado, el que está en una isla, el último de los grandes palacios proyectados por el rey Luis II de Baviera.

herrenchiemsee_exterior

Schloss Herrenchiemsee desde el exterior

¿Qué eso de Herrenchiemsee? Para empezar esa sería una pregunta lógica, más aún si tenemos en cuenta que se trata del palacio menos conocido, por lo menos fuera de Alemania, de los construidos por Luis II, el mal llamado Rey loco. O, como mínimo y eso es seguro, se trata del menos visitado de sus tres castillos: el mismo Herrenchiemsee, el pequeño Linderhof y el celebérrimo Neuschwanstein. Según publica la Administración de los palacios públicos bávaros en su último informe, 411.000 visitantes pasaron por Herrenchiemsee a lo largo de 2012, por los casi 437.000 de Linderhof y el millón y medio de viajeros que compraron una entrada para Neuschwanstein.

Ya sabemos que los números de visitantes no son comparables con los del Nuevo Cisne de Piedra, pero… ¿y en lo demás? Bajo mi punto de vista y aquí sí que me mojo y no poco, Herrenchiemsee seguramente sea la mansión más bonita de las tres citadas, entendida en toda su dimensión, que empieza tan pronto uno pone el pie en el barco en el puerto de Prien am Chiemsee.

Fuera de contexto histórico como no podía ser de otra manera, el palacio de Herrenchiemsee es un intento de reproducir el de Versalles en el corazón de una pequeña isla de 238 hectáreas en medio del lago Chiem. Iniciado en 1878, el visitante encuentra únicamente el cuerpo central del inmueble previsto, que quedó inacabado y paralizado a la muerte del rey Luis II en la primavera de 1886.

En cualquier caso, ocho años de obras fueron suficientes para invertir el doble de dinero que en la construcción de Neuschwanstein y Linderhof juntos, principalmente dado el uso de materiales nobles que van desde el abundante mármol a la porcelana más sofisticada o el oro. Increíble es el Salón de los Espejos, que incluso supera en metraje al original parisino del que tomó inspiración.

Sobre los jardines, lamentablemente se pudo terminar solamente una pequeña parte de lo proyectado, lo que se resume en un paseo central que segmenta la isla en dos, tanto a espaldas como por delante del palacio. Eso no impide que la pequeña Herreninsel ofrezca al visitante agradables paseos por el bosque, a los que se puede sumar la visita a una antigua abadía de monjes agustinos –incluida en el precio de la entrada a Herrenchiemsee–.

Plano de situación de la Herreninsel

Plano de situación de la Herreninsel

Y si tan bonito es Herrenchiemsee, ¿por qué una mayoría abrumadora prefiere Neuschwanstein?
Hay que reconocer en todo caso que al palacio de Herrenchiemsee lo esconden un lago tan amistoso en verano como áspero en invierno, además de una densísima malla de árboles que reducen considerablemente su notoriedad e impacto visual.

Por el contrario, el más popular castillo de Neuschwanstein, mostrado en su interior con muy poco esmero, tiene un par de puntos fuertes que dejan KO a cualquier competidor que se atreva con las odiosas comparaciones. Quizás los más fuertes son: por un lado, el mito de la inspiración de Walt Disney en este lugar para su posterior diseño; por otro lado, la vista única que nos regala el puente de María. Con esos dos argumentos y una portada en la Lonely Planet basta para que millones de personas se decanten del costado del palacio del cisne. Comprensible.

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Portada de la guía Lonely Planet sobre Múnich, Baviera y la Selva Negra

¿Cómo funciona una excursión de día a Herrenchiemsee?
En fin, tampoco se trata de competir, lo mejor sería que el viajero que se pasa por Baviera tuviese tiempo suficiente para ver todos los palacios de Luis II –no habría que olvidar Linderhof ni su gruta– y muchos otros repartidos por todo el Estado.

Los que tienen la fortuna de dejarse caer por el Chiemsee, pueden disfrutar de otras pequeñas atracciones, ideales tanto para senderistas como para viajeros en familia. A los primeros les recomendaría tratar de recorrer una parte del litoral del lago –ojo, tiene una superficie total de 80 km2– o incluso probar de sumarse a alguna actividad deportiva –desde una ruta en bici de alquiler a un paseo en kayak o un curso de windsurf– ; a los segundos, les diría que empiecen por tomar el simpático tren de vapor que desde 1887 une la estación de trenes de Prien con el muelle del pueblo, del que parten la inmensa mayoría de barcos que se dirigen a Herrenchiemsee.

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Tren histórico de vapor entre la estación de trenes de Prien y su muelle

No debería de faltar en la hoja de ruta de ambos colectivos un paseo, si puede ser a primera o última hora del día mejor, por la minúscula Fraueninsel. Este segundo islote, el de las mujeres, es en realidad el pueblo más pequeño de Baviera con sus 15 hectáreas de terreno y sus 300 habitantes, de los cuales un 10% son monjas benedictinas.

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La Fraueninsel desde el barco

Fantástico el paseo por la isla, la visita a la abadía benedictina cuyo origen data del siglo VIII y no peor la opción de degustar un plato de pescado del lago en uno de sus restaurantes. En cualquier caso, nada es comparable a la opción de pasar la noche en una de las pocas casas de huéspedes de la isla, aunque esta opción que nos permite conocer la verdadera realidad del lugar únicamente está al alcance de unos pocos –los que dispongan de un bien tan preciado como el tiempo–.

En mi caso, la última visita a Herrenchiemsee fue con un grupo de turistas en pleno mes de agosto. A pesar de la tormenta que nos cogió en la cola para el ferry de regreso a Prien am Chiemsee, disfrutamos el día como enanos. Yo el primero.

Más información:

Web oficial de Herrenchiemsee. Incluye un pdf informativo en español con horarios y precios.

Web de Chiemsee Schifffahrt, que gestiona los trayectos en barco en el lago Chiem. Incluye horarios y precios.

Sobre cómo llegar a Prien am Chiemsee, desde Múnich puede accederse fácilmente en tren. Todos los regionales que van de Múnich a Salzburgo paran en la ciudad, con frecuencia de paso cada 60 minutos durante la mayor parte del día. El Bayern Ticket es válido, lo que garantiza precios excelentes –un máximo de 38 euros para grupos de hasta cinco personas–. Por carretera, la autopista de Salzburgo (Autopista 8) pasa a unos metros escasos del lago.

En cuánto a dónde comer, es posible hacerlo tanto en la Fraueninsel, donde la oferta de restaurantes bávaros es de media docena, o bien en la Herreninsel. Hay un único restaurante, con unas vistas excelentes sobre el lago, una comida más que aceptable y unos precios razonables.

Otros posts de viajes sobre Baviera en:

rutaBayern