¡Viva la solidaridad internacional! … y la gente que hace cosas

Pese a no poder acudir a la presentación, esta semana pude contactar con el historiador alcoyano Àngel Beneito, que acaba de publicar un segundo libro sobre el Hospital Sueco-Noruego que se montó en la ciudad durante la Guerra Civil española.

Me fascina lo que el pueblo escandinavo hizo por el mío en la guerra, y me encanta conocer detalles gracias a un historiador local, que resulta ser un hombre alto y apacible al que recuerdo como vecino y, lo más importante, como profe. Sí, a Àngel Beneito lo recuerdo a duras penas en mi primer curso de secundaria, batallando contra viento y marea para captar un ápice de nuestra atención, pero especialmente por despertar mi interés por la Geografía en el último curso de bachillerato, en el Instituto Andreu Sempere de Alcoy.

Después de toda la vida enseñando, no sé si mi profesor ha dejado de pelear cada día la batalla de las aulas, aunque por lo que veo no ha dejado de trabajar. Espero poder hacerme con un ejemplar de su libro. Éste es el reportaje que escribí para EL MUNDO, todavía desde Munich (sí, pido perdón). Las fotos me las pasó el mismo Àngel:


Alcoy rememora la solidaridad escandinava

Tras poner el foco sobre lo que fue el Hospital Sueco Noruego de Alcoy con un primer libro en 2004, el historiador alcoyano Ángel Beneito -esta vez acompañado por el nórdico Jon Olav Myklebust- profundiza en el tema con una segunda obra.

En un sentido acto celebrado esta semana, Ángel Beneito y Jon Olav Myklebust presentaban en Alcoy el libro Escandinavos en Alcoi: solidaridad internacional en tiempo de guerra, precisamente en el edificio Viaducto del campus de la UPV, el mismo inmueble que aún por estrenar se convirtió en hospital de sangre en la primavera de 1937, en plena Guerra Civil, gracias a la aportación de fondos y personal sanitario escandinavo.

A diferencia del primer libro, más genérico, el de ahora se basa en “las memorias y vivencias que escribieron tres médicos noruegos que estuvieron en el hospital” alcoyano, tal y como explica el coautor. También se construye a partir de la correspondencia con el Comité de Ayuda que permitió la puesta en marcha del hospital y del diario del director médico.

Unos testimonios inéditos, de vital importancia para comprender lo que realmente significó el Hospital Sueco Noruego, tanto para la población civil y los soldados locales, como para el personal escandinavo desplazado.

“Los informes, las cartas y el diario que el director médico del hospital escribió durante su estancia en Alcoy han puesto al descubierto la parte más humana de esta historia de solidaridad”, señala el propio autor, cuya obra se completa a partir de abundante material gráfico, en algunos casos inédito.

Con la publicación de esta obra, basada en otra eminentemente científica editada en inglés en 2009 gracias a la colaboración bilateral, Alcoy recupera un pedacito de historia, a la vez que estrecha sus lazos de unión con el pueblo escandinavo.

No en vano, la presentación del libro estuvo acompañada de un simbólico pero emotivo acto en el antiguo hospital: la reposición de algunos rótulos que rememoran la solidaridad escandinava para con Alcoy. El de ¡Viva la solidaridad internacional! preside desde esta semana el salón de actos de la escuela universitaria.

Además, el acto contó con la participación de algunas personalidades significativas. Es el caso de Paco Aura -combatiente republicano y alcoyano superviviente del campo de concentración de Mauthausen- o Pilar Pastor -enfermera del entonces hospital de sangre. También tomaron parte los cónsules generales de Noruega y Suecia en Alicante, así como representantes de las comunidades escandinavas en la provincia y algunos invitados llegados a propósito desde el norte de Europa.

El Hospital Sueco Noruego de Alcoy
Tras el inicio de la Guerra Civil española en 1936, se formaron comités de ayuda a la España republicana, tanto en Suecia como en Noruega. El movimiento de solidaridad escandinava movilizó a sindicatos, partidos políticos e incluso entidades cívicas o religiosas.

Con las recaudaciones compraron medicinas, ropa y alimentos que fueron enviadas a España con el fin de socorrer a la población civil. Asimismo, en la primavera de 1937 decidieron montar un hospital de sangre con 100 camas de capacidad, con la condición de que fuese en un lugar alejado de los frentes de combate.

La entonces ministra de Sanidad de la República, Federica Montseny, les ofreció la sede de la Escuela Industrial de Alcoy, un edificio civil todavía por inaugurar y en una localidad estratégica de importancia relativa, aunque alejada de los combates.

La expedición escandinava estuvo formada por unas 30 personas que trabajaron en Alcoy por unos meses, hasta su retirada y la asunción del hospital por personal español. Durante el tiempo que estuvieron en la ciudad, atendieron a 1.224 pacientes, de los cuales solamente siete murieron.

Al marcharse, dejaron el hospital de sangre -para entonces con casi 1.000 camas- en manos del prestigioso doctor Manuel Bastos Ansart, pasando a denominarse Hospital Militar Base. Estuvo en activo hasta octubre de 1938, cuando fue bombardeado. Unos meses más tarde y con el fin de la contienda, paso a funcionar como prisión y no fue hasta 1943 cuando el edificio llegó a manos del Ministerio de Educación para convertirse en aquello para lo que realmente nació: Escuela Industrial.

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