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Sigue creciendo el turismo español en Múnich… pero retrocede el internacional

Turismo de Múnich acaba de publicar las cifras de turistas y pernoctaciones registradas (en alojamientos turísticos oficiales) en la ciudad durante 2016. A simple vista, hay dos datos reveladores: uno para los que nos dedicamos al turismo en la ciudad, en general; otro para los que lo hacemos enfocados al mercado en español, en particular.

Turismo internacional

De entrada, el año pasado la Oficina de Turismo registró 7 042 487 turistas en Múnich. Esto supone un crecimiento del 1,3% respecto al año anterior (2015), y un récord histórico, pues es la primera vez que se sobrepasa la barrera de los siete millones de turistas.

Dicho así, la música suena muy bien, aunque estos números son engañosos, y es necesario rascar un poco más en los datos presentados para comprender la situación real. De los más de siete millones, 3,9 millones fueron visitantes alemanes y 3,1 millones fueron internacionales. Es precisamente una subida en turismo doméstico, que realiza estancias más cortas, donde Múnich ha conseguido sus mejores resultados (crece un 4,4% respecto al año anterior). En cambio, el turismo internacional ha descendido de forma razonable durante los últimos 12 meses, en concreto un 2,4%.

Por esta razón, las cifras de pernoctaciones en hotelería no son positivas, sino que lucen en rojo respecto a 2015. Han caído ligeramente, un 0,1%, pero han caído. Y a pesar de la cascada de aperturas de nuevos hoteles (que abaratan o moderan precios) y el desembarco de aerolíneas de bajo coste en el aeropuerto (en los últimos dos años: Norwegian, Transavia, Volotea…). En total, el año pasado tuvieron lugar 14 041 090 pernoctaciones en establecimientos muniqueses.

Asimismo, hay otros indicadores que deberían de, como mínimo, ser tenidos en cuenta: Oktoberfest, por ejemplo, encadenó en su última edición una serie de tres años con descenso de visitantes, registrando su peor cifra desde, atención, 2001. Unos 5,6 millones de visitantes pasaron a beber cerveza por el festival, que son muchos muchísimos, y muchos muchísimos menos que los 6,9 millones que participaron en Oktoberfest en 2011. Ni un atisbo de autocrítica desde Ayuntamiento y organización, por cierto. Parece que el negocio no se resiente (principalmente repercutiendo los descensos de público con subidas descomunales en el precio de la cerveza sobre el que sigue fiel al festival; personalmente, no me parece una buena estrategia a largo plazo).

Finalmente, las cifras de turistas en Múnich empeoran si las comparamos con la tendencia seguida por Berlín, capital política y, a día de hoy, capital turística indiscutible de Alemania. En 2016 y según cifras oficiales, allí recibieron 12,7 millones de visitantes y registraron 31 millones de pernoctaciones en hotelería. Ahí es nada (nos doblan).

A modo de resumen, tampoco nos volvamos locos, pues el debate de cantidad o calidad existe, y tiene mucha lógica. Que les pregunten a los vecinos de según que barrios de Barcelona (32 millones de visitantes en 2016), a los venecianos (22 millones anuales), a los vecinos de Praga… y de tantas otras ciudades saturadas, literalmente devoradas por el mismo sector que les da de comer. Cautela.

Turismo en español

Lo que no se termina de comprender es la poca atención que, bajo mi punto de vista, siguen prestando al mercado hispano, desde la esfera pública y, especialmente (e incomprensiblemente), desde la privada, en el sector turístico muniqués. Vayamos con un par de cifras.

Acabamos de comprobar que el turismo internacional y las pernoctaciones decaen en Múnich ciudad. Pues bien, si nos centramos en el mercado hispano, la realidad es totalmente diferente.

España

Las llegadas de turistas españoles a Múnich siguen creciendo a buen ritmo. En 2016, lo hicieron un 3%. Vinieron 131 632 españoles, o al menos esos son los que se registraron por parte de Turismo. Y pernoctaron 277 869 veces, un 1,6% más que en 2015. Son el 4,1% del turismo total de la ciudad, y (como en 2015), el octavo mercado, tras Estados Unidos (378 000 turistas), Reino Unido (248 000), Italia (240 000), Suiza (233 000), Austria (213 000), estados árabes del Golfo Pérsico (200 000) y China (141 000).

Tres apuntes inconexos:

  1. Sí, llegan más turistas españoles a Múnich que turistas franceses (107 000) o rusos (109 000).
  2. Todo esto, en un contexto en el que las llegadas de emigrantes españoles a Alemania se han, como poco y a la espera de datos exactos, enfriado.
  3. El mercado en español, por mucho que estas mentes germanas no terminan de entender, no es España.

América

Vayamos entonces con el mercado hispanoamericano, aquí las cifras son apasionantes. Lamentablemente, ni la Oficina de Turismo parece haber comprendido el fenómeno. Así que no hay cifras por países, sino globales de la región. De momento, solamente sabemos que llegaron unos 15 000 centroamericanos (México?) el año pasado. Son un 16,6% más que un ejercicio antes. Sobre Sudamérica, sin Brasil, los registros hablan de 29 000 turistas. Son un 17,9% más que en 2015. Ahí lo dejo (crecimientos de dos dígitos en un contexto de retroceso del sector a nivel local; aquí hay mucho margen para seguir creciendo).

Así pues, si sumamos los diferentes países que componen el mercado en español, nos acercamos a los 180 000 turistas, muy cerca de lo que supone el mercado chino o árabe. Vale que, seguramente, los hispanos gastamos bastante menos que los árabes, que los chinos o los rusos, pero seguimos esperando las muestras de respeto y la atención que, se puede observar, se presta a todos estos mercados. Es decir, que igual si nos acarician el lomo acabamos consumiendo un poco más (y aquí perdonadme, españoles, pero hablo de América).

Léase, a modo de resumen final: letreros comerciales en chino, árabe o ruso empiezan a ser visibles en algunos escaparates del centro de Múnich, no así en español. Por no hablar del sector hostelero, a años luz de lo que se espera de ellos. Menús en restaurantes traducidos al francés, por ejemplo, a patadas. Al español, siga buscando. Tampoco se libra la hotelería. Quitando algunas excepciones honrosas (hoteles españoles, como los Eurostars o los NH), rara es la recepción de hotel en la que se presta atención en español de forma regular. No estoy diciendo que en todos los restaurantes de la ciudad deba haber carta en español, ni que en todos los hoteles atiendan en nuestro idioma, pero un simple acercamiento al mercado sería más que positivo. Especialmente en un destino que quiere convertirse en referencia internacional a nivel comercial, estilo de vida u ocio urbano para viajeros con nivel cultural y poder adquisitivo medio-alto. Si la idea es que el turista venga a Múnich a algo más que ver el palacio de Neuschwanstein y ponerse morado de cervezas, empecemos por ponerles las cosas fáciles. Que digo yo.

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Diario de Oktoberfest (XII): Menos visitantes, menos consumo… ¿Cuestión de bolsillo?

Acaba el Oktoberfest y llega el primer balance. Los datos son de la oficina de prensa local, así que mejor darlos por válidos, que no por buenos. Y no es que no sean buenos, simplemente es que son peores. Son los menos buenos, de hecho, de los últimos seis años. Esto es: en 2015 se han contabilizado 5,9 de visitantes al festival durante los dieciséis días de duración. En 2014, el Oktoberfest de Múnich registró 6,3 millones de visitantes, que a su vez supuso un descenso en las cifras de asistentes respecto a los tres años anteriores. En 2011, se registró la cifra récord de 6,9 millones. Esta es de hecho la primera vez desde 2009 que no se alcanza la cifra de seis millones de visitantes. Significativo. En cuanto a datos de consumo de cerveza, más de lo mismo: esta vez se han consumido 7,3 millones de litros. Son muchos, cierto, pero son 400 000 litros menos que en la pasada edición. En fin, sin entrar a fondo en el tema (por ejemplo: mesas vacías en las tardes de entre semana, colas y empujones en fin de semana, más extranjeros y menos locales…), a la vista de todos está que el precio de la cerveza sigue creciendo imparable, mientras el festival en sí mismo parece haber frenado en seco su progresión. Igual deberían de hacérselo mirar…

Pis. Segunda parte

Guiller, te informo detalladamente con la esperanza de que entiendas mejor aquello que te dije la última noche por teléfono. Lo del pis. El asunto es simple: B ofrece un servicio. A se interesa por el servicio. A expone algunas necesidades previamente a la contratación del servicio que ofrece B. B accede verbalmente a satisfacer esas necesidades, antes de consumar acuerdo alguno. A se pone muy contento. A acepta las condiciones de B. Pasa un mes. B redacta un contrato de prestación de servicios. A lo firma. Al firmar, A se interesa por el tema de reconocer sus necesidades específicas, las aceptadas verbalmente de forma previa, por escrito. B intenta esquivar el tema. A necesita un papel que certifique lo suyo; no caben regates. B, entonces, le da alguna pequeña y falsa esperanza a A: “igual haciendo esta u otra gestión, no sé…”. A es tan tonto que sigue interesado en B. A se pone en marcha con nuevas gestiones a varias bandas, tratando de resolver el conflicto. B, al ver que A es tan tozudo y no se rinde nunca, le dice finalmente a A que era broma (pesada), que ni reconoce sus necesidades por escrito ni lo va a hacer. Ni hoy, ni mañana. Dicho de otra forma, B le dice a A que se joda. A es una joven pareja que espera convertirse pronto en una familia de tres. B es una inmobiliaria en manos de un gigantesco grupo inversor con cientos de propiedades en la ciudad de Múnich. El servicio que ofrece B es un inmueble, o vivienda, lo del derecho universal a la vivienda y tal. Dejémonos de tonterías, B es una máquina de hacer billetes a razón de diecisiete euros por metro cuadrado –es el precio medio del alquiler a día de hoy en Múnich–, con miles de metros cuadrados en la cartera. B no tiene alma. El certificado que necesita A no es en realidad ningún certificado en el sentido oficial de la palabra, puede ser un folio sucio, incluso el típico papelote que acaba manchado con aceite tras su paso por la cocina. O el de los tachones. O un escrito a mano. Y con faltas de ortografía. Un papelón, vamos. Sin repercusiones financieras. Da igual. El gabinete de abogados de B dice: “Quizás A es en realidad un cabroncete con piel de cordero e intenta algún día en el futuro lejano dar por culo con su papel aceitoso”. Prohibido estampar la firma de B en ningún otro lugar que no sea el contrato oficial de alquiler, pues. Las cartas están sobre la mesa: en realidad, para B, A no es una joven familia tipo tratando de abrirse paso en la ciudad; A es un grano en el culo. Un furúnculo en el ano, ausländer y freiberuflich. O dicho con la elegancia de la que ahora quisiera prescindir: “Hoy os va bien chavales, ¿y mañana?… no moveremos un dedo por vosotros”. B, especialmente servicios jurídicos de B, lo tiene claro: A no interesa nada. Putos servicios jurídicos de gentes sin alma. B, por cierto, ofrece posada (falsa compasión) a A, pero sin el dichoso papel. No han entendido nada. A, sin el maldito documento firmado por este B u otro sujeto que cumpla la misma función inmobiliaria, pierde su licencia. ¿Qué papel, hombre ya? Qué sí, que me explico: el papel por escrito por el que tanto batalla A lo necesita para trabajar/vivir. Es en realidad un documento que avale ante la autoridad local del transporte que dispone de una plaza de garaje donde guardar su vehículo profesional. Que no aparca en la calle, vamos. Hoy A tiene un certificado como ese que avala que vive y aparca en un domicilio en Múnich. Qué no es tan difícil, macho. Nueva aclaración: ¿Qué licencia? A es un profesional de muchas cosas, también del transporte de pasajeros. Para poder desarrollar su trabajo como tal, A tiene una licencia muy costosa, muy jodida, que es muy complicado todo esto. ¿Y? A B se la sopla la vida de A, que no me cuente usted cuentos, como si canta por bulerías, baila flamenco, o vive debajo de un puente. Es lo que hay. A siente que B le ha meado en la cara. Sí, madre, pis, de esto va el asunto. Nos han meado y, no sé si es peor o mejor, pero lo han hecho sin anestesia; no nos dijeron en ningún momento que llovía, nos explicaron abiertamente que nos estaban meando en la cara. Y se quedaron tan panchos. Así que A regresa de nuevo, y ya van mil y una, a la casilla de salida. Y sigue buscando pis/piso, pero esta vez sin que le meen encima, a ser posible. Por cierto, para que no temas, madre, que sé que eres de naturaleza asustadiza. A es feliz, muy feliz. De hecho, A ha decidido esquivar a B y semejantes durante los próximos meses. No sé si lo conseguiremos. A todo esto, B sigue haciendo billetes, con la bragueta desabrochada.

#rutaBayern: Neuschwanstein al límite (y más allá)

Todos tenemos una gota que colma el vaso, un punto de saturación, el hasta aquí llegó la nieve (perdón, por el localismo). A Neuschwanstein ya hace años que le llegó el momento, pero lo de este verano no tiene nombre. El agua del vaso colmado sobresale desde hace meses y no hay quien contenga el reventón. Ya no es que los profesionales tengamos que reservar las entradas con casi un mes de antelación, si queremos garantía de éxito en nuestras intenciones; ya no es que los viajeros individuales tengan que hacer interminables colas para, muchas veces, quedarse con las ganas de acceder al monumento; ya no es que los lugareños no den abasto con los servicios de transporte público para subir al castillo; ya no es que el trato en el interior del palacio deje mucho que desear; ya no es que las visitas interiores sean relámpago; ya no es que hayan cerrado por seguridad el desfiladero de Pöllat, y así llevamos un año; ya no es, y esta si que es gorda, que el 3 de agosto vayan a cerrar el puente de María, casi diría principal atractivo del lugar, al no poder garantizar la seguridad tampoco en la plataforma; ya no es la mala gastronomía y los servicios abarratados de Hohenschwangau; ya no es, el a menudo molesto, turismo de cámara barata al cuello y chanclas con calcetines; ya no son los ríos de chinos… Es simplemente todo y nada. Es que literalmente, no cabemos. Y o alguien coge el toro por los cuernos, o las consecuencias se presentan impredecibles.

Más posts sobre viajes en Baviera en:

rutaBayern

Rayos y truenos

En Múnich, y para nada me disgusta, la meteorología nunca se anda con medias tintas. Si se nos postra una ola de calor, lo notas; si llueve, te empapas; si nos alcanza la tempestad, te enteras. La pasada noche, y no exagero, hemos vuelto abruptamente a la primavera alpina, viniendo del calor sofocante como veníamos, con una tormenta eléctricamente increíble (así lo cuenta la prensa local). A eso de las cinco de la mañana era completamente de día, más de día que ahora, con decenas de rayos y truenos sobrevolando mis pensamientos oníricos de madrugada. Y los de todo el vecindario. A las ocho de la mañana nada queda de aquellos pensares, ni de los truenos, ni tampoco de los pasados días de cielo azul y sol radiante. Simplemente, hemos vuelto a la normalidad de golpe y porrazo. Feliz semana.

Palomeadores

paloma

Dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua que palomear es andar a la caza de palomas. O dedicarse un buen rato a cuidarlas. A mi la expresión palomeador me trae al pensamiento un tipo más bien palomo, en busca de palomos varios. O al novio de Paloma, al que se la palomea. No me toques las palomas que me conozco. Pues va a ser que no. El otro día conocí a unos palomeadores y no van por ahí precisamente los tiros. ¿Tiros? Cazadores de todo menos de palomas. Pobres animales. Lo dicho, los palomeadores que yo conozco son por lo general tipos agraciados que salen a la calle, que se montan en un avión o se suben en un tren,  preferiblemente en preferente, sin saber exactamente dónde, cuándo ni cómo se caga la paloma. ¿A qué sabe la mierda de pájaro? Al palomeador plim, el sabor, cuando se ha palomeado la historia. ¿Que qué? Hablo de lo de tomarse la foto y subirla a Instagram. Y adjuntar la nota mental: “palomeado”. Hay de ellos, palomeros, que si se comen un plato de salchichas bávaras con mostaza dulce no lo saborean sino que lo anotan en su agenda y al llegar a casa, muy muy lejos, lo comparten con su red de contactos a la hora del té. “Palomeado”. A algunos, si visitan un monumento lo que les interesa primordialmente es marcarse un selfie de dos pares de narices y subirlo a la nube enseguidita. Qué grandes tienen algunos las narices… en los autoretratos, proclamo. ¿Una visita interior? Chorradas. Por mucho que le pregunten a su guía: ¿Oye, y esto? ¿Y lo cuálo? ¿Entonces el rey estaba loco o era un palomo cojo? Uno les responde de oficio a sabiendas de que el discurso caerá pronto en saco roto. Entonces vuelven a la carga. Que para eso pagamos releñe. Preguntar es lo importante.  Y de regreso a la propia morada poder proclamar, a lo palomeador: “Me lo dijo mi guía”. Sigamos: “que qué más nos queda por hacer. Cojamos la agenda y chequeemos”. El teléfono inteligente indica que hay que ir aquí, allí y al más allá. Vamos pues, el oráculo ha hablado.  Y al final del camino, cuando la billetera arde en llamas y la agenda aparece llena de palomas, uno le pregunta al palomeador. “Oigan, ¿les ha gustado la visita?”. Y éste contesta, cómo no, tal cual marcan los cánones: “Ha sido preciosa. Eso sí, no sería necesario repetirla, ya lo palomeamos todo”. Pueden irse a casa tranquilos pues, con los deberes hechos,  y empezar a preparar su próxima aventura y su correspondiente listado de tareas pendientes para poder disfrutarla entonces con la conciencia tranquila.

El señor del bigote

Últimamente me prodigo por aquí menos que nada. No es por falta de ganas. No tengo tiempo y eso que esto no ha hecho más empezar. A esto se le llama verano y al final el verano es sinónimo de vacaciones. Y si ellos están de vacaciones, yo trabajo. En la calle, me refiero, pues la verdad es que me cuesta demasiado, desastre, estar sin trabajar. Y si trabajo guiando, lógico, no escribo y parece que no estoy. Pero lo paso bien, y también mal. A veces me gustaría tener memoria de elefante –¿alguien sabe de dónde ha salido esta tontería de la memoria del elefante?– para no olvidar las risas y los lloros que me echo trabajando. Escribirlo aquí sería una buena manera de no olvidar, o de superar, según el caso, pero no siempre las manos me alcanzar a teclear cuando regreso molido. Otras noches me frena la vergüenza; me siento observado. Ayer reí. Recogí a un grupo de argentinos de lo mejor, una pareja de novios en luna de miel –¿alguién sabe de dónde narices viene lo de la luna de miel?–. De hecho, llevo unas semanas recogiendo argentinos. Y eso es garantía de animación y filosofía. En fin, los de ahora son unos porteños entrañables, más de buena onda que de filosofía, a los que estoy teniendo la suerte de acompañar durante toda la semana. Noté el primer día en la primera recogida en hotel que él me miró en el primer instante de arriba abajo, medio raro. Dejé de notarlo al poco por lo que no le di más importancia. Ayer, ya con la confianza me reconocía el asunto. Muy bueno: resulta que después de habernos cruzado decenas de correos electrónicos durante meses él había terminado por ponerme una cara y unos ojos y no eran precisamente los míos. De ahí la sorpresa al encontrarse al falso Jordi. ¿Qué cara? Pues la de un señor bávaro con su cerveza en la mano, su bigote, su chaleco, su sombrero, su lederhose… Alguno dirá, ¿y a santo de qué? Pues sí, amigos, mucha lógica tenía el pobre de mi bostero. Y sí queréis averiguarlo, solamente tenéis que hacer clic en este enlace. Os remitirá a la portada de Bayern a medida (para más señas mi empresa y la prestataria de servicios a nuestra joven matrimonio). Por cierto, es la segunda vez que me pasa: lo de que me confunden con el del bigote, simple reclamo publicitario (le pedimos permiso para tomarle la foto en su día). Habrá que ir pensando en renovar la portada de la web.

Diari de mercadets de Nadal (III): primer dia

Este diluns 25 de novembre ha arribat enguany el Nadal a Munic. Ni diumenge, ni dimarts, darrer dilluns abans que comence l’Advent i per última vegada en sa vida, diria, l’alcalde Christian Ude s’ha deixat veure a la balconada de l’Ajuntament al vespre per a anunciar l’inici del Christkindlmarkt, el mercadet de Nadal a Marienplatz. Just en acabar el soroll, han caigut els primers flocs de neu. És com si l’hivern haguera volgut esperar als mercadets. Cap a les vuit del vespre, tranquil·litat al carrer, música de fons tocada per algun músic congelat, ha començat finalment a nevar, suaument, per primera vegada. A Marienplatz, el mercat romania tranquil en el primera dia, sense turistes, només uns quants impacients bevent vi calent orgullosos del seu poble, de la seua plaça, del seu arbre de Nadal… De moment només hi ha oberts els mercats de Marienplatz i la Residenz, durant la setmana ho faran la resta. I la neu, que deixa un lleuger senyal als carrers este dimarts al matí, segur anirà incorporant-se durant la setmana.

L'Ajuntament

L’Ajuntament

Mercadet a la Residenz

Mercadet a la Residenz

Marienplatz, primer dia a la nit

Marienplatz, primer dia a la nit

El Nadal ha arribat

El Nadal ha arribat

*Nota per al viatger
Tota la informació dels mercadets de Nadal a Munic via Muniqueando

Quadern: Diari de mercadets de Nadal (II): un dia a Salzburg

Quadern: Diario de mercadillos de Navidad (I): refunfuñando

Cuenta atrás para el libro (9). La portada

Terminar de cerrar el libro se me está haciendo eterno. Leerlo y releerlo una y otra vez en busca de erratas, los últimos retoques a las fotografías, los colores… todo supone un esfuerzo titánico, especialmente porque no tengo un editor detrás que se haya encargado de la maqueta, del diseño, la corrección, la edición gráfica… Hubiera sido genial, pero no ha sido. Especialmente complicado me está resultando escoger una portada. Hay dos o tres imágenes del interior de la guía que estoy seguro funcionarían bien como portada, pero tengo la sensación de haberlas visto ya publicadas en muchos otros libros. No se si de forma acertada o no, pero he decidido salirme por la tangente y concebir una portada tipográfica. Esto es: una carátula sin imagen y jugando con la tipografía y los colores que uso en el libro. Teniendo en cuenta que no me manejo con seguridad en el complicado mundo del diseño, simplemente he tratado de conseguir un resultado digno y acorde con mi manera de entender toda esta película. Os dejo el resultado, que a estas horas no me atrevo a considerar como algo definitivo.

Posiblemente, la portada

Posiblemente, la portada

Más de esto:

20130618. Compte enrere per al llibre (10). Llibre, quin llibre?

Entrevista

Sí, mama, encara no he fet res de bo en Alemanya i ja em fan entrevistes. Encara que siga per a dir bobaes i romanços, que saps que tinc corda. Et passe l’enllaç per si vols redescobrir la meua història (rellegint un sempre troba coses noves, fins i tot dins de casa): Experiencia de un periodista en Munich, Alemania. (Grande, Cristina Rico)