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#rutaBayern: Rothenburg en silencio

Rothenburg en silencio (I)

Rothenburg en silencio (I)

Afuera había mucho ruido. Alboroto forastero. Sonido ensordecedor. Yo era ruido, por lo que no podía evitar sentirme molesto en medio de aquel escenario en forma de plaza empedrada. Solamente los tres puestecillos en el centro de la plaza, en sábado de mercado, conseguían equilibrar algo la situación. En una de estas tiendas, los espárragos blancos, gigantescos, todavía mojados en manos de la vendedora, una mujerona rubia, oriunda y oronda ella, de manos duras y rostro castigado por la vida en el campo, eran seguramente el mejor espectáculo que uno podía admirar. El resto, además, era muy complicado de desentrañar. Por eso, decidí salir pitando de aquella empedrada. Abrí la puerta del edificio más bonito de todos los que vi, el ayuntamiento, precioso palacio renacentista que durante siglos ha sido testigo en primera persona del encumbramiento y posterior caída a los infiernos del lugar. Al otro lado de la puerta, de pronto, dejaron de chirriarme los oídos. Qué descanso. Incluso el sentimiento de culpabilidad, que un rato antes me había estado embargando los pensamientos, quedó anestesiado casi por completo. Por fin, pude observar con serenidad, a través de las vidrieras, aquellos bellos edificios de la calle que, teniendo ante mis ojos, no había conseguido captar hasta el momento. Observar a través de los cristales, en silencio, me hizo sentir como si hubiese sido engullido por una gigantesca botella de vidrio, algo atrapado, pero extrañamente liberado de interferencias. A salvo. Lo primero que hice fue subir por la preciosa escalera en forma de caracol, de piedra noble y vieja, que apareció ante mi. Cuatro o cinco pisos más arriba, el ascenso terminó abruptamente con la irrupción de una puerta con un letrero que decía: “A la torre”. Portón adentro, una enorme sala diáfana revelaba algunos de los secretos del palacio centenario, caso de las enormes vigas de madera sobre las que se sostenía todo. En uno de los costados de la habitación, una puertecilla invitaba a seguir trepando más allá del techo de la casa, en busca de la torre. Y qué manera de trepar. Para cuando me dí cuenta, no había marcha atrás. Los escalones se hicieron más y más estrechos, y la corona de aquella vieja atalaya de cincuenta metros parecía no llegar nunca. De subida, alguna pequeña apertura en la pared seguía regalándome la posibilidad de disfrutar del pueblo, un rato más, libre de interferencias. Por fin, aquella escalinata angosta desembocó en una minúscula salita en la que, no obstante, había lugar para colocar a una recaudadora. Algo de ruido, comprensible y lógico ruido. “Son dos euros”, dijo ella. Tras pasar por caja, los diez peldaños finales, como si del acceso a la escotilla de un submarino se tratara, me escupieron por fin sobre el cielo de Rothenburg. Una vez arriba, superado el cuello de la botella, obtuve como regalo una perspectiva diferente, omnisciente, de un pueblo a doscientos autobuses de asiáticos pegado. Allí no se escuchaba ruido alguno, ni siquiera las emisiones de la docena de vigilantes de la torre que tenía por compañeros, cámara réflex en mano, entorpecieron el espectáculo insonoro. Tejadillos a dos aguas, casonas de madera entrelazada, palacios de piedra, campanarios, torres, ríos, prados verdes y amarillos, primavera… Y silencio, pues allí arriba, por fortuna, todo seguía siendo placentero silencio.

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#rutaBayern: Algunos vestigios del complejo nazi de Obersalzberg (más allá del Nido del Águila)

Se estima en medio millón el volumen anual de turistas que peregrinan hasta lo alto de la montaña Kehlstein (1.834), en Berchtesgaden, para visitar el antiguo refugio de Adolf Hitler en los Alpes bávaros.

La antigua casa de té del führer o Nido del Águila, reconvertida hoy en restaurante y mirador, es el principal motivo de la mayoría de las visitas, llegadas de medio planeta, y el único elemento que se conserva intacto de cuantos configuraron el denominado complejo nazi de Obersalzberg. No obstante, existen otros interesantes y desconocidos vestigios de la urbanización del Partido Nazi en esta zona montañosa situada en Berchtesgaden, Baviera, a escasos kilómetros de Salzburgo.

Plano de situación del lugar. / DOKUMENTATION OBERSALZBERG

Plano de situación del lugar. / DOKUMENTATION OBERSALZBERG

Aunque casi nada queda de los cuatro chalés principales, el Berghof –la casa de montaña de Hitler– y los de Göring, Bormann y Speer, no son pocas las huellas visibles de la antigua urbanización en su conjunto. Ello, a pesar de la práctica destrucción por parte de los Aliados, durante la liberación en mayo de 1945, y las posteriores demoliciones de instalaciones a lo largo de los últimos años, ya con los terrenos en manos de las autoridades alemanas. El ejército de los Estados Unidos de América, por cierto, mantuvo una instalación militar activa y gestionó parte del complejo hasta el año 1995.

Hotel zum Türken y complejo de túneles
Abierto como alojamiento alpino en 1911, el hotel zum Türken se sitúa ya por encima de los 1.000 metros de altitud en la parte baja del complejo, justo unos pasos por debajo de la antigua casa de Hitler. Durante el tercer Reich, esta pensión fue adquirida forzosamente por los nazis, destinada a convertirse en acuartelamiento de la Reichssicherheitsdienst, fuerza de protección personal de Hitler integrada en las SS.

El hotel durante el Tercer Reich. /H. ZUM TÜRKEN

El hotel durante el Tercer Reich. /H. ZUM TÜRKEN

Parcialmente destruido durante la liberación, el vetusto alojamiento actual es prácticamente idéntico al preexistente. Aun así, lo más interesante del lugar es que proporciona el acceso al sistema de túneles que cosía el complejo por el subsuelo. En continuo proceso de deterioro, el acceso a los túneles y búnkeres está regulado por la familia propietaria del hotel y es posible desde el interior del mismo.

Únicamente quedan transitables un par de kilómetros de túneles, en diversos niveles bajo la montaña, estando el paso a algunas zonas cerrado por seguridad. A pesar de todo, es una visita altamente recomendable. También es posible ver las celdas de castigo construidas para los mismos guardias.

Centro de Interpretación
El centro de interpretación de Obersalzberg ofrece una interesante exposición sobre lo que fue aquel residencial durante el nazismo. Asimismo, se ubica en lo que anteriormente fue la Gästehaus Hoher Göll, una residencia de invitados pensada para acoger la visita de dignatarios internacionales.

Centro de Interpretación. /CC WIKIPEDIA

Centro de Interpretación. /CC WIKIPEDIA

El edificio está reconstruido, pero algunos elementos, como las arcadas y muros de la planta baja posterior, son originales.

Platterhof
En este lugar abrió en 1877 Mauritia, Moritz, Mayer una pensión con su mismo nombre. Cada vez más conocida en la zona, el establecimiento pasó a ser conocido como Platterhof, en referencia al personaje homónimo de la novela de Richard Voß, Zwei Menschen.

Manteniendo su denominación, durante el reich fue severamente modificado y ampliado. En principio había de servir como hotel común, aunque en la práctica se reservó a la alta sociedad y militares de alto rango.

Escapó de la destrucción en la guerra y tras la misma, siendo reconvertido en el hotel General Walker hasta que en el año 2000 fue demolido. En su lugar, se erige hoy un restaurante y una tienda de souvenirs, que no consiguen escapar del todo a su pasado, pues se conservan los muros y una enorme explanada usada como aparcamiento.

A unos metros se encuentra hoy el parking y oficina de tickets de los autobuses que suben hasta el Nido del Águila, en el lugar antes ocupado por los garajes del Platterhof. No muy lejos se ubicaba el cuartel de las SS, del que no queda rastro.

En primer término, barracas de las SS; en segundo, el Platterhof. /WEB

En primer término, barracas de las SS; en segundo, el Platterhof. /WEB

Otros
Son numerosos los edificios de rango menor que se han conservado hasta la actualidad. Es el caso de la Gusthof, una antigua granja por la que se pasa de camino, en la parte más baja del recinto. Hoy en día sirve al campo de golf de la zona, vinculado al lujoso hotel Intercontinental.

En el lugar donde se levanta el citado hotel, por cierto, hallaríamos la vivienda de Göring. Ni de esta casa ni del Berghof, la de Hitler y Eva Braun, se conservan marcas destacadas. El lugar exacto donde se hallaba el Berghof está ocupado hoy por un frondoso hayedo, a medio camino entre el hotel zum Türken y el parking en el Platterhof. Andando por el bosque se pueden contemplar algunos antiguos muros entre la maleza.

Intactas aunque fuera de foco permanecen varias construcciones vinculadas al arquitecto Albert Speer, ministro de Armamento y cuarto dirigente nazi en habitar una vivienda en Obersalzberg. Alejada del resto, se mantienen su antigua casa y su estudio, como propiedades privadas en la actualidad.

En Berchtesgaden pueblo no faltan los elementos de interés histórico vinculados al nazismo, como la estación de trenes o algunos murales que, eso sí, han sido retocados eliminando cualquier referencia al nazismo.

Finalmente, por supuesto que la estela del nazismo se sigue con mucha más facilidad transitando la carretera que sube hacia el Nido del Águila. Una vez se baja del autobús que la recorre, se mantienen intactos muchos elementos históricos más allá de la casa de té de la cima. Es el caso de la puerta de entrada de piedra o el ascensor de bronce construido en 1938 en el interior de la montaña.

*Nota para el viajero
La web del centro de documentación de Obersalzberg ofrece numerosa información sobre el recinto, así como el museo en sí mismo. A diferencia del Nido del Águila, que cierra de finales de octubre a mayo, este permanece abierto todo el año.

Por internet circulan numerosas fotografías antiguas sobre el complejo, aunque la web más completa seguramente sea la de Geoff Walden, denominada Third Reich Ruins. Las recopila junto a numerosa información en un libro a la venta en Amazon. Esta es la referencia: Geoff Walden. Hitler’s Berchtesgaden: A Guide to Third Reich Sites in the Berchtesgaden and Obersalzberg Area. Fonthill Media, 2014; formato eBook: Amazon (inglés).

Otra referencia interesante es el episodio Points, de la serie Band of Brothers. Mikael Salomon (director). 2001. HBO.

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#rutaBayern: Rothenburg ob der Tauber

Casas en Rothenburg ob der tauber

Casas en Rothenburg ob der tauber

Después de dos años de visitas intermitentes y mucha pereza, me decido por fin a anotar aquí algunos datos sobre Rothenburg ob der Tauber. Fantásticamente conservada y empaquetada para regalo en los catálogos de la mayoría de operadores turísticos que pasean sus autobuses por Alemania, lo cierto es que si le guardo bastante la distancia a Rothenburg es porque al pasearla suelo tener la sensación de estar transitando un parque temático: el de la ciudad medieval germana (casi) intacta, eso tan raro de ver en un país que ha sido protagonista de las dos guerras mundiales y experimentado por tanto en ver caer bombas sobre su patrimonio.

En realidad no es tan sencillo. Si bien las murallas y el intramuros parecen mantenerse hoy como hace medio milenio, no creo que sea solamente por haber quedado el recinto libre de munición en el 45, sino porque para entonces ya llevaba varios siglos fuera de combate.

Como sucede en otras plazas de Franconia, Rothenburg jugó por última vez un rol importante en la Guerra de los Treinta Años y lo hizo decantándose del costado de los protestantes. Y después, una vez tomada y sometida por los católicos, la condena al ostracismo con el fin de la violencia y el largo invierno, letargo centenario, de una ciudad que ni siquiera vio pasar por delante la Revolución Industrial, de camino a ninguna parte y lejos muy lejos como parece estar de todo.

Eso, hasta hace cuatro días, cuando empezaron a llegar masivamente los autobuses, descubierta Rothenburg y la Ruta Romántica para el turismo de masas y para el de ojos rasgados en particular. Autocares por cierto que desembarcan a diario por autopista, la 7 de Baviera, la cual ha convertido los 60 km desde Würzburgo o los 80 km desde Núremberg en un paseo, aunque los 220 km que la separan de Múnich siguen siendo más bien un tostón para los de la carretera; un mundo cuando no un imposible para los cuatro masoquistas que se plantan allí en ferrocarril desde la capital con la única opción de echar el día y volver.

Et voilà! He aquí una de las principales razones por las que no le tengo un especial cariño a Rothenburg: porque siempre que la visito lo hago en un absurdo tour de día, con salida y regreso a Múnich en una sola maratoniana jornada, que termina completando casi seis interminables horas de carretera para que un puñado de turistas superficiales puedan retroceder un ratito en el tiempo. Y tan contentos, se me comen un par de bolas de nieve, que no se me compren alguna figurita de decoración navideña en pleno mes de agosto, y a otra cosa mariposa. Palomeadores.

Nada que ver los que deciden pernoctar en Rothenburg o los atrevidos viajeros que se la transitan con sus bicis en el marco de la Ruta Romántica, itinerario bicicleteable de casi 500 kilómetros cruzando el oeste de Baviera de norte a sur y que tengo en el tintero. Mis respetos a estos.

Paseo 
Como recinto amurallado y ciudad pequeña que es, Rothenburg es muy fácil de recorrer caminando. Con un par de horas es suficiente para dar un paseo integral que difícilmente superará los 4 kilómetros, más que suficiente para caminar por completo el conjunto histórico. Más allá de este, son menos los elementos de interés en esta ciudad de unos 11.000 habitantes, la mitad de los que tenía en el siglo XV.

Una buena forma de traspasar la muralla es hacerlo por la Rödertor, aparcando el coche por ejemplo en el estacionamiento de Edeka ubicado frente a la misma. Se llega conduciendo por la Ansbacher Strasse hasta el final y doblando a la derecha ante el muro.

Esta torre del siglo XIII da acceso a la calle del mismo nombre, tratándose en este caso de la única zona de Rothenburg devastada durante la II Guerra Mundial, por un incomprensible bombardeo producido el 31 de marzo de 1945.

A los pocos metros se alcanza un segundo torreón, el de San Marcos. Este, del siglo XII, pertenece al primer recinto amurallado. Hoy en día hay un hotel en la casa adyacente, que proporciona una primera vista de postal gracias a la placeta y la fuente de Röder.

Fuente y arco de Röder

Fuente y arco de Röder

Hay decenas de fuentes en el interior del casco antiguo, cuya agua era canalizada de forma secreta desde manantiales de los alrededores, de tal forma que se garantizara el suministro del asentamiento fortificado. Hoy en día, las fuentes aparecen a menudo ornamentadas con flores.

Siguiendo derecho se alcanza en unos metros la plaza principal, la Marktplatz. Punto de mercado y centro neurálgico de Rothenburg ob der Tauber, es otro de los iconos locales.

Plaza del mercado

Plaza del mercado

Aquí se encuentran algunos de los principales edificios, como el Ayuntamiento. Se observa magníficamente desde el sur, con sus dos partes diferenciadas: la gótica (s. XIII) con la torre, hacia la Herrngasse, y la de estilo renacentista, que desemboca en la plaza (S. XVI) cubriendo por completo uno de sus laterales.

Otro elemento singular de la Markplatz es la Taberna de los Concejales, recientemente restaurada. Se la reconoce por sus relojes en la fachada y merece la pena aproximarse a las horas en punto, entre las 11 y las 15 horas, para disfrutar de la breve representación de la escena del Trago maestro.

Institucionalizado hasta convertirse en motivo de la principal festividad del municipio desde 1881, el Trago maestro representa un trascendental episodio histórico acontecido aquí en el marco de la Guerra de los Treinta Años. Tras sitiar la ciudad protestante durante unos días, el general de la liga católica Tilly conseguiría finalmente vencer la resistencia del pueblo y acceder a su interior. Según se representa, fue recibido por las autoridades locales en la taberna, quienes para tratar de aplacar su ira le ofrecieron un enorme vaso de vino de 3 litros y ¼. Este, al ver la gigantesca jarra de vino, habría comprometido las vidas de los gobernantes a que uno de ellos fuese capaz de beberse todo el contenido de un solo trago. El ex alcalde Nusch habría aceptado y conseguido tal reto, consiguiendo así el perdón de Tilly y los católicos.

Además de junto al reloj del edificio histórico, el Trago maestro se puede disfrutar en vivo y en directo varias veces al año, en Pentecostés, en julio y en septiembre. Gran parte de la población local se implica directamente en la escenificación.

Antes de salir de la plaza, merece la pena volver la vista para contemplar la preciosa fuente de San Jorge y las casas que la protegen: la Casa de baile y la Carnicería. Son dos muy buenos ejemplos de fachwerk, arquitectura típica germana a base de celosías de madera.

La cara norte del asentamiento acoge el antiguo barrio judío, la abadía, así como la iglesia principal: la Jakobskirche. Esta parroquia protestante fue construida previamente a la Reforma, entre 1311 y 1484. Es una construcción de tres naves de dimensiones razonables y que presenta una planta atípica. No dispone de fachada principal y se accede por uno de sus laterales, previo pago de un par de euros.

Si se atraviesa el callejón de la Iglesia en dirección sur se alcanza la calle señorial, la Herrngasse. Además de varios palacetes medievales y tiendas de souvenirs de todo tipo, encontramos aquí la iglesia de los Franciscanos. Si se baja toda la calle se llega a la puerta del castillo. Cruzándola entramos en los jardines del Alter Burg. Aquí son espectaculares las vistas panorámicas de Rothenburg, también del río Tauber y las laderas de la montaña frente al claustro de los franciscanos.

Una vista desde el Alter Burg

Una vista desde el Alter Burg

Estas laderas cubiertas de viñas (Weinsteg) son aconsejablemente paseables si se quiere proseguir en busca del barrio del Hospital. Al mismo también se puede llegar sin salir de la muralla por la Burggasse.

En caso de haber salido del muro, se accede de nuevo al recinto por la cuesta de la Kobolzeller Turm. Terminada la subida, se alcanza la placeta de Plönlein, seguramente la mas fotografiada de Rothenburg. Mirando al sur desde la misma se admiran dos puertas, la Kobolzeller y la de Stern.

Plönlein

Plönlein

Al cruzar la Sterngasse se accede al recinto del antiguo Hospital, un barrio en sí mismo que acoge un hospicio y otros edificios, protegido todo por un bastión. Aquí puede terminar el paseo por Rothenburg ob der Tauber, que en caso contrario puede proseguir callejeando un poco más sin un rumbo fijo.

Callejuela en Spital

Callejuela en Spital

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#rutaBayern: el Nido del Águila

Si hay un par de motivos por los que encuentro interesante una visita al Nido del Águila (en alemán, la Kehlsteinhaus) esos son la facilidad de acceso a un mirador alpino bastante decente, así como la proximidad de algunos lugares naturalmente fantásticos. Por lo demás, no me hace ninguna gracia la visita a una construcción nazi, la cual, por mucho que haya sido reconvertida, sigue significando lo que sigue significando.

Vista del refugio desde la parte alta del mirador

Vista del refugio desde la parte alta del mirador

Origen
La Kehlsteinhaus es un refugio de montaña situado en lo alto de la montaña Kehlstein (1.834 metros de altitud), a escasos kilómetros de la frontera entre Baviera y Austria por la zona de Salzburgo. Una zona, por cierto, hoy protegida en el marco del parque nacional de Berchtesgaden.

Aunque es cierto que las vistas de los Alpes bávaros y austriacos son magníficas, también lo es que la mayoría de sus visitantes acuden al lugar en busca de algo más. En concreto, en busca del célebre refugio de montaña de Hitler, un chalet inaccesible que le regaló el partido nazi por su 50 cumpleaños (1939) en la misma zona en que los dirigentes nazis disponían ya de una urbanización de recreo, el conocido como Berghof en Obersalzberg.

Cima

Cima

Según estimaciones oficiales, la cabaña se construyó durante trece meses, si bien se necesitó también la creación de una carretera y un espectacular ascensor que sube los últimos 124 metros por el interior de la roca. Los costes de la obra fueron muy elevados: más de 100 millones de euros al cambio actual y un mínimo de doce vidas humanas. Sobran las palabras.

El refugio de montaña, llamado a ser un espacio de confort para el führer, apenas se utilizó debido a la llegada de la guerra y a las preferencias del mismo Hitler.

Liberación
Si bien el Berghof fue bombardeado y destruido por las tropas aliadas, lo cierto es que no sucedió lo mismo con el refugio de montaña. Bautizado como Nido del Águila (Eagle’s Nest) por el general Eisenhower, las tropas aliadas lo alcanzaron en los primeros días de mayo de 1945. No obstante, la zona permaneció como un destacamento aliado hasta 1960, cuando fue devuelto a Baviera.

Naturaleza
Superado el morbo del lugar, lo cierto es que la visita permite acceder a un mirador espectacular frente a montañas de mayor envergadura, cuyas cimas rocosas cubiertas de nieve la mayor parte del año se disfrutan desde lo alto de Kehlstein.

Es el caso, por ejemplo, del majestuoso Watzmann o el precioso lago del Rey, el Königssee. De hecho, estas vistas son el único y verdadero motivo por el que recomendaría una visita. El espectacular ascensor de bronce, la chimenea de mármol regalo de Mussolini o la tortuosa y torturadora carretera de acceso me parecen más que prescindibles. Lo mismo me sucede con la cafetería del refugio: ni fu ni fa.

Las montañas y el lago

Las montañas y el lago

Eso sí, el viajero no debe olvidar que, abierto solamente en verano, el Nido del Águila suele figurar abarrotado de turistas llegados desde todo el planeta, especialmente en días soleados. El autobús y el pase, además, cuestan un dineral (para lo que se ofrece): 16,1 € a mayores de 14 años y 9,3 € a los menores.

Qué más hacer en la zona
Para justificar un viaje al Nido del Águila, al menos si se llega desde Múnich, hace falta algo más. Mis propuestas preferidas serían dar un paseo o bañarse en el Königssee, atravesar el Wimbachklamm, una pequeña garganta natural, o acercarse brevemente a Salzburgo. Claro, que para todos estos planes hace falta un vehículo privado, pues el acceso en transporte público a los mismos no resulta fácil.

Chimenea

Chimenea

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#rutaBayern: la Gruta de Venus en Linderhof

Detalle de Linderhof. /BaM

Interior de la gruta. /WIKIPEDIA CC

Mientras el palacio de Neuschwanstein sigue batiendo récords –en 2013 pasó de 1,4 a 1,5 millones de visitantes–, los otros palacios de Luis II en Baviera siguieron el camino contrario el pasado año. Sin desmerecer Herrenchiemsee, lo cierto es que le guardo un cariño especial al pequeño Linderhof.

linderhof_fachada500

Detalle de la fachada. /BaM

A rebufo de su vecino waltdisneyesco, Linderhof recibió durante el pasado 2013 la nada despreciable cifra de 426.396 visitantes. Aunque se trate del segundo palacio más visitado de Baviera, sus números son incomparables a los de Neuschwanstein y, por si fuera poco, parecen empequeñecer con el paso de los años –en 2012 perdió unos 10.000 visitantes en comparación con el año anterior; exactamente la misma cifra que ha cedido en el último año, dadas las 437.000 visitas de 2012–.

Teniendo en cuenta que le debo un texto al palacio en si mismo, que dejo para otro día, todavía me llama más la atención lo desapercibido que pasa uno de los elementos más singulares que alberga: la Gruta de Venus.

¿Gruta de Venus? En efecto, una caverna artificial inspirada en la ópera Tannhäuser de Richard Wagner, la cual se esconde en la ladera septentrional de los jardines. Un delirio de lugar que solamente abren unos meses al año y, lamentablemente, es visitado por una pequeña parte de los turistas que acuden a Linderhof –me baso para ello en mis estadísticas personales tras acompañar a viajeros entre dos y tres veces por semana hasta allí–.

Así las cosas, intento descifrar aquí un poco más la Gruta de Venus, con la esperanza de que algún viajero lea estas líneas y no dude en adentrarse en ella en su visita a Linderhof.

Construcción. Oculta en la ladera de los jardines septentrionales de palacio, la Gruta de Venus fue erigida entre 1877 y 1878, por orden directa del rey Luis II y bajo la dirección del escenógrafo August Dirigl. Considerada la cueva artificial más grande de Europa, su planta supera los 100 m2 y evoca el escenario del primer acto de la ópera de Wagner Tannhäuser, así como la Gruta Azul de Capri.

Se trata de una construcción sorprendente a la que no le faltan detalles. Sus estalactitas y estalagmitas están cuidadosamente elaboradas de tal forma que, en la oscuridad del lugar, parecen auténticas. Fue construida combinando yeso, alquitrán y hierro, si bien los accesos están hechos a base de piedra natural.

Exterior de la gruta. /DIEGO DELSO CC

Exterior de la gruta. /DIEGO DELSO CC

Particularidades y tecnología. El interior de la cavidad cuenta con un pequeño lago, así como con una cascada y un sistema de iluminación, todos ellos artificiales. En este sentido, cabe destacar que la Gruta de Venus de Linderhof supuso la primera gran instalación eléctrica de Baviera, inicialmente con luces en color rojo y azul, tratando de evocar en este caso la Gruta Azul de Capri.

También dispuso de siete calderas para la climatización interior del lugar, tanto en invierno como en verano. Estas permitían calentar el ambiente pero también el agua del lago, cuya temperatura se podía establecer por encima de los 30º.

Igualmente revolucionario resultaron otras aplicaciones del inmueble, como una máquina para la generación de olas artificiales en el agua o un aparato que proyectaba el arco iris en el ambiente.

Wagner. La gruta de Venus de Linderhof está inspirada en la ópera Tannhäuser de Richard Wagner. El pintor August von Heckel es el autor del mural que se aprecia detrás del estanque, Tannhäuser en Venus, en relación con la citada historia.

Asimismo, Luis II usó la gruta como lugar para escuchar música, para lo que disponía de un mirador sobre la misma. Los músicos, por su parte, tocaban junto al agua.

Por otro lado, el pequeño lago contaba con una barca similar a la utilizada en la ópera wagneriana Lohengrin.

Problemas de conservación y restauración. A las puertas de los Alpes, los problemas de mantenimiento del espacio surgieron desde bien temprano. En 1890 se construyó un tejado sobre la gruta, con el fin de evitar las filtraciones de agua que ponían en riesgo la construcción.

Filtraciones de agua, proveniente de lluvias o del deshielo invernal, que siguen amenazando la construcción en la actualidad. En los años 60 del siglo XX se pusieron las primeras telas y andamios en el interior, para garantizar la seguridad de los visitantes.

En los últimos años, la Administración bávara se ha puesto manos a la obra, iniciando un ambicioso proyecto de restauración y protección de la Gruta de Venus. Aunque las visitas permanecen activas, gran parte de la instalación permanece andamiada y se ha desviado parcialmente el recorrido turístico interior. A pesar de las restricciones, la visita resulta maravillosamente inspiradora, para lo que se necesita, eso sí, un mínimo de sensibilidad cultural.

Visitas. Los accesos están regulados y únicamente son factibles entre abril y octubre. Es posible entrar a la caverna usando la misma entrada al palacio, para lo que hay que desplazarse hasta la puerta siguiendo las indicaciones existentes en el jardín.

Las visitas son regulares, aproximadamente cada diez o quince minutos. Normalmente en inglés o en alemán, aunque a última hora de la tarde, si entramos solos, es factible conseguir un audio en español.

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#rutaBayern: Nördlingen y el cráter meteórico

El centro de Nördlingen

El centro de Nördlingen

Después de mucho leer, el otro día tuve al fin la oportunidad de pasear por las calles de Nördlingen, una de las ciudades más pintorescas de la Ruta Romántica a su paso por la Suabia bávara.

De manera similar a lo sucedido en Rothenburg ob der Tauber, parece ser que la Guerra de los Treinta Años fue determinante para el devenir de esta pequeña ciudad, anclada en el tiempo durante siglos –de ahí su casco histórico perfectamente conservado– hasta prácticamente nuestros días. En la actualidad, hay que remarcar, las cosas parecen haber cambiado y Nördlingen combina la tranquilidad de un pueblo con la prosperidad económica que se deja sentir en la Baviera contemporánea. Tiene 20.000 habitantes.

Muralla y centro
Resguardado en el interior de un recinto amurallado circular, el casco histórico de Nördlingen esconde varios palacetes medievales perfectamente conservados, así como numerosos ejemplos de arquitectura a base de celosías de madera, las típicas fachwerkhäuser alemanas.

Nördlingen desde el aire. /M. TOURISMUS

Nördlingen desde el aire. /M. TOURISMUS

A diferencia de lo que pasa en Rothenburg ob der Tauber, donde es más fácil cruzarse por la calle con un turista asiático que con un lugareño, en Nördlingen, a pesar del auge del turismo, se respira un aire bastante genuino. Algo que, en mi opinión, mejora la calidad de cualquier paseo urbano.

En nuestro caso nos quedamos con las ganas –a cambio paseamos por el sorprendente mercadillo dominical–, pero cuentan que subir al campanario de la iglesia luterana de San Jorge es un imprescindible, dadas las vistas que ofrece Daniel, sobrenombre de esta torre de 90 metros de alto que permite perfilar toda la comarca desde el aire.

Cráter
Precisamente ese perfil aéreo, cuya peculiaridad desconocía hasta la fecha, ha sido una de las sorpresas de la visita a esta pequeña ciudad suaba y sus alrededores.

Conocida como Ries de Nördlingen en función de la denominación otorgada por los romanos hace casi dos mil años, esta zona que comprende varios municipios en una superficie 1.800 km2 es en realidad una pequeña depresión en la llanura bávara.

En concreto, se trata de la formación resultante del impacto de un gran meteorito en la zona, hace 14,4 millones de años. Todavía hoy se aprecia con facilidad, tanto en la morfología del terreno como en los materiales de los que se compone, el gran cráter que es en si mismo el Ries.

Morfologia del Ries Nördlingen. /WEB

Morfologia del Ries Nördlingen. /WEB

Diferentes partes del Ries. /GEOPARK

Diferentes partes del Ries. /GEOPARK

En la ciudad de Nördlingen se encuentra el Rieskrater Museum, mientras que el Geopark Ries, con sede en Donauwörth, informa de las actividades posibles en la zona a colación del cráter meteórico más grande de Europa.

Por otro lado, en el apartado de historia me resultó especialmente curioso conocer la  participación de las tropas españolas en una importante batalla allí acontecida, en tiempos de Felipe IV durante la Guerra de los Treinta Años. Pero esto último lo dejo para otra entrega.

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#rutaBayern: Walhalla, el Partenó de Baviera

Un dels monuments més sorprenents de Baviera, relativament desconegut, és el denominat Walhalla, un temple neoclàssic a la vora del Danubi destinat a convertir-se en un saló de la fama de personatges germànics. Impulsat per Lluís I i projectat pel seu arquitecte predilecte Leo von Klenze, el Walhalla és una rèplica del Partenó d’Atenes, temple dòric sostingut per 52 columnes tot i que construït dos mil i pico anys més tard. El temple descansa sobre un promontori a només uns metres del riu Danubi, uns deu quilòmetres al sur de Ratisbona. Amb una escultura de Lluís I presidint la sala, acull els bustos de més de cent personalitats germàniques –incloent austríacs o txecs– amb algunes incorporacions contemporànies com ara Einstein o Sophie Scholl. En imatges:

Walhalla

Walhalla

Detall de la façana al riu

Detall de la façana al riu

Walhalla amb l'escala d'accés des del Danubi

Walhalla amb l’escala d’accés des del Danubi

Bustos

Bustos

Vista interior

Vista interior

*Nota per al viatger
A l’estiu és possible viatjar des de Ratisbona pel riu Danubi en vaixell, mentre que en temporada baixa només és accessible per carretera, per al que cal superar Ratisbona en direcció est per a desviar-se en Donaustauf i seguir les indicacions cap a Walhalla. L’entrada general costa 4 euros i el monument és visitable cada dia, tot i que amb horaris reduïts en hivern.

Web del Walhalla i info de com arribar-hi.

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#rutaBayern: Patrimonio de la Humanidad en Baviera

Es lógico que Baviera, siendo el estado federado más grande de Alemania, sea el que más elementos declarados como Patrimonio de la Humanidad acoja. En total son siete los edificios o bienes declarados por la UNESCO como tal y, aunque las comparaciones están de más, las cifras son muy similares a las de regiones españolas de tamaño parecido, como Cataluña o Andalucía.

Como curiosidad, aunque somos muchos más los que vivimos en el sur de Baviera, sometidos a menudo por el magnetismo de los Alpes, lo cierto es que la inmensa mayoría de estos elementos declarados y protegidos como patrimonio universal andan precisamente en el otro extremo, pasando inadvertidos o bien en las llanuras del Alto Palatinado o en Franconia.

En fin, este es el listado del Patrimonio de la Humanidad en Baviera:

La Residencia de Wurzburgo
Declarada en 1981, es el elemento patrimonial que inaugura la lista. Hoy en día parte de la red pública de palacios bávaros, la Residencia de la ciudad francona de Wurzburgo (un antiguo principado eclesiástico como lo fueron Salzburgo o Bamberg) data del siglo XVIII, como uno de los mejores ejemplos de arquitectura barroca que se conservan en Europa. Como sucede en Dresde, el centro histórico de Wurzburgo (Residencia incluida) fue total e indiscriminadamente bombardeado por los aliados en la primavera de 1945. Oficialmente, la reconstrucción de la Residencia costó más de 20 millones de euros y estuvo finalizada en 1987. Hoy nadie lo diría.

www.residenz-wuerzburg.de

Residencia de Wurzburgo. /BAYERISCHES SCHLÖSSVERWALTUNG A. BRANDL

Residencia de Wurzburgo. /BAYERISCHES SCHLÖSSVERWALTUNG A. BRANDL

La iglesia de la pradera: Wieskirche
El único miembro de la lista, o casi, enmarcado en los Alpes bávaros, la Wieskirche es un tesoro barroco ubicado en las praderas de Steingaden, punto de peregrinación católica que desembocó en la construcción de esta magnífica iglesia. Obra de los hermanos Zimmermann, aparece de la nada al desviarnos unos metros conduciendo por la carretera secundaria St2059 en dirección a las montañas de Allgäu. El verdadero impacto se produce, en todo caso, una vez abrimos la puertas y pasamos al interior del templo. Es Patrimonio de la Humanidad desde 1983.

www.wieskirche.de

Fresco en la Wieskirche. /CC ALLIE CAULFIELD

Fresco en la Wieskirche. /CC ALLIE CAULFIELD

Centro histórico de Bamberg
La también francona Bamberg, es hoy una tranquila y pequeña ciudad de 70.000 habitantes que apenas ha crecido en el último siglo, la cual sin embargo conserva un espléndido casco histórico que delata su importancia a lo largo del segundo milenio (la mayor parte del cual fue un principado eclesiástico). Fue protegido en 1995.

www.stadt.bamberg.de

Antiguo Ayuntamiento de Bamberg. /CC BERNT ROSTAD

Antiguo Ayuntamiento de Bamberg. /CC BERNT ROSTAD

Los confines del Imperio romano
En el año 2005, la UNESCO incluyó en su lista patrimonial los antiguos confines del Imperio romano por tierras germanas. Esto es: una línea de 500 kilómetros al sur del país que atraviesa parcialmente los territorios bávaros, por ejemplo en la zona del parque natural de Altmühltal. Se conservan depósitos militares o torres de vigilancia de la época romana.

www.limesstrasse.dewww.deutsche-limeskommission.dewww.naturpark-altmuehltal.de

Lindes del Imperio romano en Germania. /WEB

Lindes del Imperio romano en Germania. /WEB

Centro histórico de Ratisbona
Con su puente de piedra sobre el río Danubio y la catedral por bandera, Ratisbona presume de ser una de las ciudades más antiguas de Baviera (plaza romana) y la única que conserva su casco histórico medieval prácticamente intacto. La UNESCO la incorporó a su lista en el año 2006, especialmente por la importancia medieval del lugar y la conservación del patrimonio.

www.regensburg.de

Centro histórico de Ratisbona

Centro histórico de Ratisbona

Los palafitos prehistóricos de los Alpes
Aunque normalmente tendemos a asociar a zonas marítimas o tropicales las casas y cabañas de madera asentadas sobre pilares clavados en el agua, lo cierto es que la zona de los Alpes y en concreto Baviera son el hogar de estas construcciones típicas desde hace milenios. En 2011 la UNESCO protegió 111 palafitos históricos construidos sobre lagos en seis países europeos alpinos, tres de los cuales se encuentran en Baviera (en Landsberg y Starnberg).

www.unesco-weltkulturerbe-pfahlbauten.de

Palafitos históricos en el lago Constanza (en el lado de Baden-Württemberg. /CC HELMUTHESS

Palafitos históricos en el lago Constanza (en el lado de Baden-Württemberg. /CC HELMUTHESS

La Ópera del Margrave de Bayreuth
La última en sumarse a la lista, en 2012, es la ópera barroca del Margrave, en la ciudad francona de Bayreuth. Este espléndido teatro es uno de los pocos espacios barrocos similares que se conservan intactos, como el caso del Teatro de Cuvilliés de Múnich. Data de mediados del siglo XVIII y no debe de confundirse con el denominado Teatro de los Festivales de la misma ciudad, impulsado a finales del siglo XIX por el rey Luis II exclusivamente para acoger representaciones de Richard Wagner.

www.bayreuth-wilhelmine.de/deutsch/opernh/index.htm

*Nota para el viajero
Todos los elementos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en Baviera se pueden consultar en la página web del Ministerio bávaro de Arte o bien en la web alemana de la propia UNESCO.

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#rutaBayern: el museo Audi

Aunque no sea un gran aficionado al mundo del motor, desde mi llegada a Múnich he visto como se ha ido despertando mi curiosidad por la industria automovilística. Supongo que si me hubiese mudado a Fuerteventura hubiese acabado interesándome por tomar el sol, el surf o el submarinismo. Tengo claro que voy a terminar visitando, o al menos ese es mi deseo, los museos de las cuatro grandes marcas de coches que aún exhiben músculo en el sur del país. Esto es (por ventas en los primeros meses de 2013): BMW, Audi, Mercedes y Porsche.

'Uno de tantos' aparcado a la puerta del Audi Forum

‘Uno de tantos’ aparcado a la puerta del Audi Forum

Lo paradójico es que, pese a vivir a unos pasos del cuartel general de Bayerische Motoren Werke (BMW) e incluso haber pisado y fotografiado el recinto en numerosas ocasiones, el primero de los museos que he visitado a fondo es el de Audi, en Ingolstadt. Fue hace unos días, tras la segunda visita a esta pequeña ciudad industrial de la Alta Baviera en la que un cartel que indicaba Audi Forum despertó definitivamente mi curiosidad.

Uno se pasea por Ingolstadt y tiene la sensación de hacerlo por un inmenso concesionario de Audi al aire libre. No es de extrañar, si tenemos en cuenta que la planta y las instalaciones centrales de la compañía emplean a más de 35.000 personas en esta ciudad que ronda los 128.000 habitantes. No se cuántos miembros de la clase pasiva tienen en Ingolstadt, pero serán muy pocas las familias allí que no cuenten con uno de sus miembros trabajando, directa o indirectamente, para Audi.

Como soy bastante ignorante en el asunto, lo cierto es que entré en el denominado Audi Forum –en el que encontramos la planta, el complejo de oficinas, pero también una zona para visitantes con concesionario, área de restauración y el museo de la casa– tratando de buscar respuestas en clave bávara para conocer el origen de la marca de los cuatro anillos.

Nada más lejos de la realidad: ni la marca de los cuatro anillos nace como una sola marca, sino como la unión de cuatro –a las que se sumará otra empresa, NSU, en 1969–; ni el origen de la misma lo encontramos en Ingolstadt, ni siquiera en la hoy próspera Baviera.

Nacimiento de Auto Union. /WEB

Nacimiento de Auto Union. /WEB

El principio de los principios de Audi se llama August Horch, que en 1899 empezó con un taller de automoción en Colonia. No le gustó el devenir de su propia compañía, al señor Horch, por lo que una década más tarde decidiría emprender una segunda aventura, en este caso con la nueva Audi en la ciudad sajona de Zwickau. Audi, cuyo nombre responde a un intento de trasladar al latín su propio apellido –que significa oír–.

Pero tampoco deberían de llevarse tan mal, pues en 1932 ambas casas participaron de la fusión que dio nombre a la denominada Auto Union AG, o la creación de la marca de los cuatro anillos. Tanto aquella Audi como Horch, DKW y Wanderer, se integraron en este grupo reconocible por su actual logotipo, si bien siguieron desarrollando sus propias líneas de trabajo, productos o incluso mantuvieron sus distintivos y personalidad. Así, Horch se dedicaba a los vehículos de gama alta, DKW fabricaba motocicletas y coches de gama baja, mientras que Wanderer se centró en la media.

Un coche muy especial: Horch histórico rescatado hace unos años en Texas

Un coche muy especial: Horch histórico rescatado hace unos años en Texas

Más paradojas, tras la Segunda Guerra Mundial las dependencias principales del grupo en Sajonia –o lo que quedó de ellas– quedaron enmarcadas en la RDA y lo que algún día había sido un complejo destinado a la creación de autos exclusivos pasó a dedicarse precisamente a todo lo contrario: la construcción de un automóvil popular y accesible a todos los públicos, el Trabant.

Y entonces, ¿qué pinta Ingolstadt en todo esto? Hasta el estallido de la guerra, esta pequeña ciudad acogió una de las plantas de Auto Union, siendo elegida como cuartel general tras la refundación en 1949.

Es en la mitad del siglo XX cuando Auto Union realmente toma fuerza internacional, tanto en la concepción de autos de alta gama como de deportivos y para competición, alcanzando posiciones de liderazgo en competiciones especializadas y acercándose a ello en el mercado. No en vano, en el primer semestre de 2013 vendió 780.000 unidades, muchos de los cuales siguen fabricándose en la misma Ingosltadt, junto al museo que da cuenta de todo ello.

Pareja de 'audis', mítica línea deportiva de los 80

Pareja de ‘audis’, mítica línea deportiva de los 80

'Audis' de competición

‘Audis’ de competición

Por añadir, lo único que realmente conocía antes de entrar allí: que desde 1969 y tras la incorporación de una quinta marca a Audi –NSU–, esta forma parte del Grupo Volkswagen. Durante algún tiempo trasladó su sede a las inmediaciones de Stuttgart, para regresar finalmente a la Alta Baviera donde se erige el mencionado complejo.

Nota para el viajero
*La entrada al museo Audi, en un acristalado edifico redondo, cuesta únicamente dos euros. Los más ávidos de información se pueden sumar a uno de los tours, por cuatro euros para adultos, que tienen lugar a diario en alemán e inglés –en este caso de lunes a viernes a las 14:15 horas–.

Asimismo, existe la posibilidad de realizar tours personalizados según demanda, así como de visitar la planta de producción. En este caso, la entrada cuesta siete euros, la mitad para estudiantes y menores de edad, con varias visitas al día. La de inglés comienza a las 11:30 horas. Todas son solamente en días laborables.

Además de explicaciones históricas, la exposición del museo está dividida en tres alturas que se recorren cronológicamente de arriba abajo. Se exponen unos 80 coches y motocicletas correspondientes a las cinco marcas históricas de Audi. Junto a máquinas muy antiguas encontramos algunos de los coches más románticos de la casa, deportivos de los 80 o incluso modelos de alta competición como los empleados en las 24 Horas de Le Mans.

En este documento en pdf (en inglés), aparece toda la información sobre horarios, tours, accesos, etcétera.

*Por otro lado, a los interesados en el tema les recomiendo sin duda la lectura de este post de 2011, titulado Viaje al centro del automóvil II. Museo Audi y Audi Forum en Ingolstadt y publicado en el blog ¿Dónde está el depósito? Ofrece abundante información de interés, sobre el museo, desde el punto de vista técnico y sentimental. Otro artículo interesante en español sobre Audi es el publicado en 2009 por el suplemento de motor del periódico EL MUNDO (Un ejercicio de constante superación).

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#rutaBayern: Herrenchiemsee, el desconocido

Hace algún tiempo que vengo pensando en darle forma concreta a los posts que publico sobre Baviera en el Quadern. Ni me caben en Muniqueando por formato, ni tampoco tengo la más mínima intención de empezar con un tercer blog, en clave bávara, así es que he decidido crear la etiqueta #rutaBayern bajo la cual espero ir posteando todos aquellos comentarios de viajes sobre Baviera que me salgan al paso.

A diferencia de Muniqueando (bastante más rígido en la forma), me apetece aquí combinar textos completos y posibles reseñas de excursiones con meras opiniones, fotos sueltas y anécdotas de viajes, a mi aire según el día y tan caóticamente planteados como el cuaderno reclama.

En cualquier caso, y pese a que he reordenado todos los escritos anteriores sobre viajes en Baviera bajo el paraguas #rutaBayern, estreno categoría/etiqueta con un texto acerca del palacio de Herrenchiemsee: el tercero en discordia, el pequeño Versalles, el carísimo, el inacabado, el que está en una isla, el último de los grandes palacios proyectados por el rey Luis II de Baviera.

herrenchiemsee_exterior

Schloss Herrenchiemsee desde el exterior

¿Qué eso de Herrenchiemsee? Para empezar esa sería una pregunta lógica, más aún si tenemos en cuenta que se trata del palacio menos conocido, por lo menos fuera de Alemania, de los construidos por Luis II, el mal llamado Rey loco. O, como mínimo y eso es seguro, se trata del menos visitado de sus tres castillos: el mismo Herrenchiemsee, el pequeño Linderhof y el celebérrimo Neuschwanstein. Según publica la Administración de los palacios públicos bávaros en su último informe, 411.000 visitantes pasaron por Herrenchiemsee a lo largo de 2012, por los casi 437.000 de Linderhof y el millón y medio de viajeros que compraron una entrada para Neuschwanstein.

Ya sabemos que los números de visitantes no son comparables con los del Nuevo Cisne de Piedra, pero… ¿y en lo demás? Bajo mi punto de vista y aquí sí que me mojo y no poco, Herrenchiemsee seguramente sea la mansión más bonita de las tres citadas, entendida en toda su dimensión, que empieza tan pronto uno pone el pie en el barco en el puerto de Prien am Chiemsee.

Fuera de contexto histórico como no podía ser de otra manera, el palacio de Herrenchiemsee es un intento de reproducir el de Versalles en el corazón de una pequeña isla de 238 hectáreas en medio del lago Chiem. Iniciado en 1878, el visitante encuentra únicamente el cuerpo central del inmueble previsto, que quedó inacabado y paralizado a la muerte del rey Luis II en la primavera de 1886.

En cualquier caso, ocho años de obras fueron suficientes para invertir el doble de dinero que en la construcción de Neuschwanstein y Linderhof juntos, principalmente dado el uso de materiales nobles que van desde el abundante mármol a la porcelana más sofisticada o el oro. Increíble es el Salón de los Espejos, que incluso supera en metraje al original parisino del que tomó inspiración.

Sobre los jardines, lamentablemente se pudo terminar solamente una pequeña parte de lo proyectado, lo que se resume en un paseo central que segmenta la isla en dos, tanto a espaldas como por delante del palacio. Eso no impide que la pequeña Herreninsel ofrezca al visitante agradables paseos por el bosque, a los que se puede sumar la visita a una antigua abadía de monjes agustinos –incluida en el precio de la entrada a Herrenchiemsee–.

Plano de situación de la Herreninsel

Plano de situación de la Herreninsel

Y si tan bonito es Herrenchiemsee, ¿por qué una mayoría abrumadora prefiere Neuschwanstein?
Hay que reconocer en todo caso que al palacio de Herrenchiemsee lo esconden un lago tan amistoso en verano como áspero en invierno, además de una densísima malla de árboles que reducen considerablemente su notoriedad e impacto visual.

Por el contrario, el más popular castillo de Neuschwanstein, mostrado en su interior con muy poco esmero, tiene un par de puntos fuertes que dejan KO a cualquier competidor que se atreva con las odiosas comparaciones. Quizás los más fuertes son: por un lado, el mito de la inspiración de Walt Disney en este lugar para su posterior diseño; por otro lado, la vista única que nos regala el puente de María. Con esos dos argumentos y una portada en la Lonely Planet basta para que millones de personas se decanten del costado del palacio del cisne. Comprensible.

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Portada de la guía Lonely Planet sobre Múnich, Baviera y la Selva Negra

¿Cómo funciona una excursión de día a Herrenchiemsee?
En fin, tampoco se trata de competir, lo mejor sería que el viajero que se pasa por Baviera tuviese tiempo suficiente para ver todos los palacios de Luis II –no habría que olvidar Linderhof ni su gruta– y muchos otros repartidos por todo el Estado.

Los que tienen la fortuna de dejarse caer por el Chiemsee, pueden disfrutar de otras pequeñas atracciones, ideales tanto para senderistas como para viajeros en familia. A los primeros les recomendaría tratar de recorrer una parte del litoral del lago –ojo, tiene una superficie total de 80 km2– o incluso probar de sumarse a alguna actividad deportiva –desde una ruta en bici de alquiler a un paseo en kayak o un curso de windsurf– ; a los segundos, les diría que empiecen por tomar el simpático tren de vapor que desde 1887 une la estación de trenes de Prien con el muelle del pueblo, del que parten la inmensa mayoría de barcos que se dirigen a Herrenchiemsee.

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Tren histórico de vapor entre la estación de trenes de Prien y su muelle

No debería de faltar en la hoja de ruta de ambos colectivos un paseo, si puede ser a primera o última hora del día mejor, por la minúscula Fraueninsel. Este segundo islote, el de las mujeres, es en realidad el pueblo más pequeño de Baviera con sus 15 hectáreas de terreno y sus 300 habitantes, de los cuales un 10% son monjas benedictinas.

fraueninsel

La Fraueninsel desde el barco

Fantástico el paseo por la isla, la visita a la abadía benedictina cuyo origen data del siglo VIII y no peor la opción de degustar un plato de pescado del lago en uno de sus restaurantes. En cualquier caso, nada es comparable a la opción de pasar la noche en una de las pocas casas de huéspedes de la isla, aunque esta opción que nos permite conocer la verdadera realidad del lugar únicamente está al alcance de unos pocos –los que dispongan de un bien tan preciado como el tiempo–.

En mi caso, la última visita a Herrenchiemsee fue con un grupo de turistas en pleno mes de agosto. A pesar de la tormenta que nos cogió en la cola para el ferry de regreso a Prien am Chiemsee, disfrutamos el día como enanos. Yo el primero.

Más información:

Web oficial de Herrenchiemsee. Incluye un pdf informativo en español con horarios y precios.

Web de Chiemsee Schifffahrt, que gestiona los trayectos en barco en el lago Chiem. Incluye horarios y precios.

Sobre cómo llegar a Prien am Chiemsee, desde Múnich puede accederse fácilmente en tren. Todos los regionales que van de Múnich a Salzburgo paran en la ciudad, con frecuencia de paso cada 60 minutos durante la mayor parte del día. El Bayern Ticket es válido, lo que garantiza precios excelentes –un máximo de 38 euros para grupos de hasta cinco personas–. Por carretera, la autopista de Salzburgo (Autopista 8) pasa a unos metros escasos del lago.

En cuánto a dónde comer, es posible hacerlo tanto en la Fraueninsel, donde la oferta de restaurantes bávaros es de media docena, o bien en la Herreninsel. Hay un único restaurante, con unas vistas excelentes sobre el lago, una comida más que aceptable y unos precios razonables.

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