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¿Cuándo volveremos?

“¿Tenéis pensado volver algún día a casa? ¿Cuándo?”. Son dos en una, la pregunta del millón. La que nos repiten a los expatriados madres, tías, suegras, vecinos, abuelos, sobrinos, amigos o antiguos compañeros de pupitre vía facebook. Por ahora, lo más parecido a una respuesta para darles lo tenemos cada día en los periódicos, en los telediarios, en noticias y en gráficos como el de aquí abajo (publicado en ELPAÍS.com). Solo hay que mirarlo y lo veremos claro: mientras España se sitúe en la vanguardia a nivel planetario en decrecimiento económico (previsión de crecer un -1,3% también en 2013) va a ser que no. Hoy no; mañana (parece que) tampoco.

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¡Viva la solidaridad internacional! … y la gente que hace cosas

Pese a no poder acudir a la presentación, esta semana pude contactar con el historiador alcoyano Àngel Beneito, que acaba de publicar un segundo libro sobre el Hospital Sueco-Noruego que se montó en la ciudad durante la Guerra Civil española.

Me fascina lo que el pueblo escandinavo hizo por el mío en la guerra, y me encanta conocer detalles gracias a un historiador local, que resulta ser un hombre alto y apacible al que recuerdo como vecino y, lo más importante, como profe. Sí, a Àngel Beneito lo recuerdo a duras penas en mi primer curso de secundaria, batallando contra viento y marea para captar un ápice de nuestra atención, pero especialmente por despertar mi interés por la Geografía en el último curso de bachillerato, en el Instituto Andreu Sempere de Alcoy.

Después de toda la vida enseñando, no sé si mi profesor ha dejado de pelear cada día la batalla de las aulas, aunque por lo que veo no ha dejado de trabajar. Espero poder hacerme con un ejemplar de su libro. Éste es el reportaje que escribí para EL MUNDO, todavía desde Munich (sí, pido perdón). Las fotos me las pasó el mismo Àngel:


Alcoy rememora la solidaridad escandinava

Tras poner el foco sobre lo que fue el Hospital Sueco Noruego de Alcoy con un primer libro en 2004, el historiador alcoyano Ángel Beneito -esta vez acompañado por el nórdico Jon Olav Myklebust- profundiza en el tema con una segunda obra.

En un sentido acto celebrado esta semana, Ángel Beneito y Jon Olav Myklebust presentaban en Alcoy el libro Escandinavos en Alcoi: solidaridad internacional en tiempo de guerra, precisamente en el edificio Viaducto del campus de la UPV, el mismo inmueble que aún por estrenar se convirtió en hospital de sangre en la primavera de 1937, en plena Guerra Civil, gracias a la aportación de fondos y personal sanitario escandinavo.

A diferencia del primer libro, más genérico, el de ahora se basa en “las memorias y vivencias que escribieron tres médicos noruegos que estuvieron en el hospital” alcoyano, tal y como explica el coautor. También se construye a partir de la correspondencia con el Comité de Ayuda que permitió la puesta en marcha del hospital y del diario del director médico.

Unos testimonios inéditos, de vital importancia para comprender lo que realmente significó el Hospital Sueco Noruego, tanto para la población civil y los soldados locales, como para el personal escandinavo desplazado.

“Los informes, las cartas y el diario que el director médico del hospital escribió durante su estancia en Alcoy han puesto al descubierto la parte más humana de esta historia de solidaridad”, señala el propio autor, cuya obra se completa a partir de abundante material gráfico, en algunos casos inédito.

Con la publicación de esta obra, basada en otra eminentemente científica editada en inglés en 2009 gracias a la colaboración bilateral, Alcoy recupera un pedacito de historia, a la vez que estrecha sus lazos de unión con el pueblo escandinavo.

No en vano, la presentación del libro estuvo acompañada de un simbólico pero emotivo acto en el antiguo hospital: la reposición de algunos rótulos que rememoran la solidaridad escandinava para con Alcoy. El de ¡Viva la solidaridad internacional! preside desde esta semana el salón de actos de la escuela universitaria.

Además, el acto contó con la participación de algunas personalidades significativas. Es el caso de Paco Aura -combatiente republicano y alcoyano superviviente del campo de concentración de Mauthausen- o Pilar Pastor -enfermera del entonces hospital de sangre. También tomaron parte los cónsules generales de Noruega y Suecia en Alicante, así como representantes de las comunidades escandinavas en la provincia y algunos invitados llegados a propósito desde el norte de Europa.

El Hospital Sueco Noruego de Alcoy
Tras el inicio de la Guerra Civil española en 1936, se formaron comités de ayuda a la España republicana, tanto en Suecia como en Noruega. El movimiento de solidaridad escandinava movilizó a sindicatos, partidos políticos e incluso entidades cívicas o religiosas.

Con las recaudaciones compraron medicinas, ropa y alimentos que fueron enviadas a España con el fin de socorrer a la población civil. Asimismo, en la primavera de 1937 decidieron montar un hospital de sangre con 100 camas de capacidad, con la condición de que fuese en un lugar alejado de los frentes de combate.

La entonces ministra de Sanidad de la República, Federica Montseny, les ofreció la sede de la Escuela Industrial de Alcoy, un edificio civil todavía por inaugurar y en una localidad estratégica de importancia relativa, aunque alejada de los combates.

La expedición escandinava estuvo formada por unas 30 personas que trabajaron en Alcoy por unos meses, hasta su retirada y la asunción del hospital por personal español. Durante el tiempo que estuvieron en la ciudad, atendieron a 1.224 pacientes, de los cuales solamente siete murieron.

Al marcharse, dejaron el hospital de sangre -para entonces con casi 1.000 camas- en manos del prestigioso doctor Manuel Bastos Ansart, pasando a denominarse Hospital Militar Base. Estuvo en activo hasta octubre de 1938, cuando fue bombardeado. Unos meses más tarde y con el fin de la contienda, paso a funcionar como prisión y no fue hasta 1943 cuando el edificio llegó a manos del Ministerio de Educación para convertirse en aquello para lo que realmente nació: Escuela Industrial.

¿Qué es noticia y qué no?

Hoy nos hemos encontrado con una noticia por casualidad. Saliendo de una presentación en el campus de la Universidad en Alcoy a la que nos habían invitado a los medios locales, hemos tropezado con otra presentación, la de un proyecto de final de carrera, cuanto menos curioso.

El asunto tenía poca molla, simplemente era una colección de sombreros muy rockeros, realizados por una estudiante de Diseño Industrial. La presentación, entre amigos en la cafetería de la uni.

Pero lo hemos visto, el grupo de periodistas, y algunos hemos convertido lo simple en noticia. Por lo impactante de la imagen, por diferente, porqué los sombreros merecían la pena, porqué así lo hemos decidido los gatekeepers.

Pero, ¿qué hubiera pasado si no nos hubiésemos cruzado con los ocho sombreros? No habrían sido noticia y en su lugar la fotografía de mañana de algún medio local se hubiese dedicado seguramente a algún concejal de poca monda con ganas de figurar.

Paradójicamente, ahora que tenemos más herramientas que nunca para comunicar, que la audiencia crece, que estamos más preparados y la comunicación importa más, los periódicos se quedan sin papel, las redacciones sin personal y los medios nos semejamos cada día más los unos a los otros. Los periodistas ya no somos periodistas, somos maquetadotes, transcriptores, locutores… somos autómatas.

En fin, me he quedado tan mosca que he decidido no dar en ARAMULTIMÈDIA la (foto)noticia de los sombreros. Se la dejo a mi compañero Xavi Terol, que ha sido el primero en llegar. Yo rebuscaré en la calle alguna otra historia que merezca la pena contar, una de tantas y tantas que suceden a diario y se pierden sin que ninguno de nosotros se inmute lo más mínimo. Lo de dejársela a Xavi no es por solidaridad, es por cabreo, de ver lo petardos que somos a veces los periodistas.

Libro de cabezal

Todos tenemos o deberíamos tener un autor de cabecera, como Zapatero con Gamoneda o Esperanza Aguirre, que se pirra por Sara Mago. Yo todavía no he encontrado al mío, mientras tanto me conformo con tener un autor de cabezal.

Poca broma, desde que vivo como un single he recuperado la sana costumbre de irme a la cama acompañado de un libro. Eso sí, como llego al final del día muerto, lo que mejor me va es la filosofía en chándal, que es digestiva y alarga la vida, por esto de que te ríes. Es la filosofía de senil dion y La vida en chándal.

Si alguno de vosotros llega al final del día pelín quemado, hacedme caso, poneos cómodos y echadle cuento antes de cerrar los ojos.  Me ha costado elegir, pero al final he optado por recomendaros el último capítulo de la pequeña obra maestra de la que os hablo. Se titula Cuento en chándal (un poco barroco, ¿no crees Pau?)  y espero que lo disfrutéis. Allá va!


Si os ha gustado, os aviso de que podéis descargaros La vida en chándal completa, aunque en realidad sería mucho mejor si en vez de la descarga gratuita os da por la compra, que tampoco pasa nada. Ya me contaréis.