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Trueque germano

Son las cinco de la tarde y octubre parece agosto cuando agosto pareció octubre. Aunque somos cuatro gatos para entrar, esperamos pacientemente nuestra llamada para visitar un palacete de Luis II en Baviera. Hace sol, aunque esta mañana ha diluviado. Entre los guías turísticos del lugar, los que nos aguardan, advino a una a la que ya tengo fichada: se trata de la oronda italiana de lengua viperina. Un éxito asegurado. “Ciao bello! ¿cómo estás?”, me recita. Le digo que bien pero no consigo pasar de ahí. Corta tajante: “Menudo día, es llover y llenarse esto de alemanes. Si llueve, toca cultura. Y parece que para ellos esto es cultura. No conocen Italia! Son tan simples! Tan previsibles! No los soporto. Menos mal que en media hora me voy a casa a poner los pies en alto. Ah, yo lo tengo claro, en adelante hago como ellos: el zeit es geld y yo a las seis en punto salgo corriendo de aquí. Ni un segundo más!”. Nos quedamos todos boquiabiertos, y no por lo bien que habla español, que también, por como mueve la lengua esa mujer. Qué gran diva, una primadonna. La tarde avanza, el palacio se visita, la anécdota queda atrás y antes de llegar a casa todavía tenemos tiempo de parar un par de veces. En estas, aparcamos la furgoneta en la zona azul de algún pueblo alpino camino de Múnich, y seguimos marcha. Salgo del coche y me dirijo a la máquina de tickets para pagar los tres euros mínimos a que me obliga. No alcanzo, pues antes de insertar la primera moneda en el aparato un señor me intercepta a gritos desde la otra punta del parking. “Halten Sie! Halten Sie!”, dice. Al principio tengo la sensación de que me pide que me aleje de la máquina porque está maldita, luego veo que lo que quiere es hablar conmigo antes del pago y al final descubro que porta un ticket de aparcamiento en la mano. Sí señor! Para que luego nos quejemos de los alemanes, que caballero tan nett, que se ha molestado en recorrer veinte metros para regalarme su ticket de la zona azul antes de irse a su casa. Oye, que tres euros son tres euros! Que majo, de verdad… Medio acalorado nos aborda por fin. Para entonces ya hemos radiografiado su vida: parece un bávaro de clase media-alta, acomodado; con una berlina alemana que bien soñarían la mayoría de los españolitos; bien acompañado de una señora elegante, o al menos todo lo que un germano del sur puede llegar a ser; es risueño, parece contento, como si su misión en esta vida de prejubilado que lleva fuera ayudar al prójimo y una de sus aficiones regalar tickets de parking para que otros puedan ahorrar unos eurillos. La escena es en alemán, pero la traduzco para comprensión general: “¿Hola qué tal está usted?”, me dice. “Yo bien, ¿Y usted?”, le respondo. “Pues ya me voy a casa y he visto que usted tiene que pagar el aparcamiento. Yo he pagado cuatro euros por todo el día pero si usted quiere mi billete se lo vendo por dos euros”, me remata. Literalmente. Cuesta recuperarse con diligencia ante semejante broma, pero no queda otra: “Por supuesto que se lo compro, deme”. “Gran idea, se acaba de ahorrar usted un euro y yo dos”. Esto último es de mi cosecha, qué menos que imaginar tal jugada. Antes de cerrar la escena del truque uno de los viajeros de la excursión practica la sana reflexión colectiva en voz alta. “Ahora entiendo lo de la italiana de antes, con eso de que para los alemanes el zeit (tiempo) es geld (dinero). De hecho, parece que para ellos todo tiene un coste”. Otra viajera aporta un nuevo dato al análisis: “Muy cutre“. Amén.

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Andechs: cultura, natura i cervesa (de la bona)

Diumenge passat vam tindre l’oportunitat finalment d’escapar-nos al monestir d’Andechs, una excursió que teníem pendent des que vam vindre a viure a Munic. Aquesta abadia rococó situada en un promontori sobre el llac Ammer és preciosa als ulls de qualsevol, creient o no creient, ara bé, jo tinc que confessar que el que a mi més m’atreia era tastar la seua cervesa artesanal. Fantàstica. I a la taverna hi havia un ambient saníssim i genuïnament bavarés. El que no m’esperava era l’excursió entre el bosc per a pujar a Andechs des del poble de Herrsching, on ens va deixar el tren. Ho he detallat tot a Muniqueando.

Pujada a Andechs

Pujada a Andechs

Mentirijillas (o la verdad sobre esas inscripciones en tiza tan comunes en Baviera)

Uno de esos raros apuntes, en la puerta de una iglesia de Freising

Me pongo colorado, solamente de pensar en ello. Hace un par de meses, quizá tres, una turista que llevaba en uno de mis grupos me preguntó por el significado concreto de unas anotaciones en tiza que se repetían en numerosas puertas del centro de Múnich. Confieso, no tenía ni puñetera idea sobre aquello, pero recordé al instante el dudoso –ahora lo veo así- consejo que me dio una vez un compañero más experimentado: “Nunca digas no lo sé”. De esto, de qué contestar cuando te preguntan algo que no sabes, ya pienso otro lunes por donde salir; ahora me voy directo a la pregunta concreta de aquel día y a mi respuesta. “Lo tengo que confirmar, pero un guía muniqués me explicó que se trata de inscripciones que realizan técnicos de los servicios públicos de la ciudad, al revisar las fincas”. O esto o algo por el estilo contesté. No tengo por costumbre mentir a los viajeros que acompaño, de hecho no sé si lo he vuelto a hacer, aunque ese día cayó una y gorda, pues lo que en realidad debería haberle contestado a la chavala era: “Mira, lo siento, pero me coges en bolas”. Ha llovido a mares desde aquella mañana pero hoy me he tropezado por casualidad con otro de esos misteriosos letreros, en una excursión con Mariola a Freising. Ha sido a la puerta de varias iglesias y casas antiguas del centro histórico. Supongo que con el mogollón del verano entonces no presté la debida atención al tema de las pintadas, pero este domingo no me he podido resistir y me he puesto a investigar como mandan los cánones: Wikipedia en pantalla. Tratándose de la Baviera católica no es extraña la verdad del asunto del revisor del fincas (y me vuelvo sonrojar), si bien una vez conocida reconozco que no ha sido el final esperado –yo lo hubiera apostado todo a los técnicos del Ayuntamiento dejando marcas-. A lo mejor en mi pueblo estos epígrafes podrían ser cosa de un quinqui en función de si el edificio señalado estuviese listo para robo o no, pero aquí esas historias y a estas alturas, no suceden. Según la Wikipedia, que tiene nombre de chiste pero es una enciclopedia de lo más cojonuda –no hagáis caso de los que reniegan de ella como fuente, se la repasan en la intimidad-, estos graffiti en tiza vienen a colación de la celebración cristiana de la Epifanía, en la noche del 5 de enero. Según parece –ahora me queda la confirmación carnal vía preguntarle a una monja-, los niños de Baviera, imagino que los más beatos, salen a la calle esa tarde cantando villancicos acompañados de sus seres queridos. En algunos casos además recogen caramelos, regalos o ropa usada para las personas desfavorecidas –los pobres de toda la vida-, en lo que es una de tantas campañas puerta a puerta. Estos cantores de villancicos que emulan a los tres magos, conocidos los primeros como Sternsinger, terminan de echar la tarde cometiendo una bendita fechoría. Bendita fechoría porque sus pintadas, que van en tiza, son en realidad apuntes de religión. La inscripción en las puertas es siempre la misma, o casi, con algunas variaciones según el pueblo y el año. El mensaje suele ser 20 + C + M + B + 12 (ó, 13, 14…) y en realidad hace referencia al año de la marca (por ejemplo, 2012) y las iniciales de Christus Mansionem Benedicat (Dios Bendiga esta Casa). Casualidad o no, estas tres iniciales coinciden con las de los tres magos en latín: Caspar, Melchior et Baltassar. Una vez bendecida la vivienda en al día de la Epifanía, se deja la pintada en la fachada durante tiempo indefinido para que se consuma con el paso del tiempo, la lluvia, etc. Visto lo visto, queda resuelto el enigma de las pintadas con un desenlace a la altura de esta tierra tan cristiana. En lo que a mi respecta, solo cabe esperar que por una casualidad de la vida mi viajera termine leyendo este artículo, conozca la verdad y acepte mis disculpas. Como diría Juan Carlos, “no lo volveré a hacer” (lo de colarle mentirijillas al personal).

Más información:

Conocida la historia, veo que corren por la red unos pocos posts cristianos sobre el tema. Al menos uno en español:  Una antigua costumbre para la Epifanía

Núremberg bien vale un paseo (o más de uno)

Hay quien la conoce por los congresos del NSDAP en los días previos a la Segunda Guerra Mundial, o bien por los juicios allí celebrados tras la contienda, pero Núremberg es mucho más que eso. A pesar de haber quedado destruido en un 90% tras los injustos bombardeos de 1945, el centro histórico nuremburgués ha conseguido resucitar hoy milagrosamente, hasta el punto de trasladarnos por momentos a la Edad Media, los tiempos del Sacro Imperio Romano Germánico en los que la ciudad franca fue una importante plaza. No en vano, el centro histórico de Núremberg es uno de los más grandes de Alemania, rodeado por una gigantesca muralla del siglo XIV y asentado a los pies de lo que un día fuera castillo imperial germano. Museos, construcciones medievales y algunos elementos gastronómicos con marca propia, son algunos de los principales atractivos de la ciudad, que brilla con luz propia durante diciembre, época de los Mercados de Navidad.

(A la crónica de mi primera visita, he querido darle forma de postal.)

Amiga Catharina!

hoy he tenido un primer encuentro fortuito con tu ciudad de adopción, Núremberg. Lamentablemente la excursión solo ha dado para unas horas, pero ya te digo que no será la última. Esperaba encontrarme con una ciudad gris, quizá insulsa tras la reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial, pero me he llevado una agradable sorpresa. De hecho, no he sentido la necesidad de visitar siquiera el centro de documentación sobre los congresos del partido nazi, tan a gusto como me sentía paseando por el centro histórico. Quizá sea el otoño y sus colores, pero la sensación fue de serenidad y confort total. Sendas peatonales por todas partes, muros adentro, y olores entremezclados en plena calle, a menudo contradictorios – desde las típicas y menudas salchichas locales a las castañas asadas de la época-. Genial también el mercado central al aire libre, con sus toldos rojos y blancos cubriendo la plaza del mismo nombre. Cuantas calabazas estos días…

Por cierto, me alcanzó para tocar tres veces el anillo oculto en la Fuente hermosa, veremos si se cumple mi deseo. Tras visitar las iglesias de San Lorenzo y San Sebaldo, el resto de la mañana lo invertimos en callejear por la ciudad amurallada, una buena opción que nos permitió descubrir algunas callejuelas encantadoras con sus tiendecillas y puestos, muchos de ellos dedicados a la venta de dulces típicos y galletas de jengibre.

Queda pendiente para la próxima visita el interior del castillo imperial, la Casa de Durero y alguna otra cosa. Me encantaría hacerla coincidir con el Adviento, pues he leído sobre los fantásticos mercados navideños de la ciudad. Un abrazo muy fuerte y cuídate. Nos vemos, ojalá, en Núremberg.

Más información:

Toda la información sobre los museos de la ciudad está en inglés en la web de Museos de Núremberg: http://www.museums.nuremberg.de

En inglés también existe una versión de la web municipal de Turismo: http://www.nuernberg.de

Para información sobre la ciudad en español, una opción es consultar en la comunidad en facebook de Españoles en Núremberg

En prensa, el artículo de EL PAÍS Núremberg, la ciudad herida (El Viajero, OCT 3 2003) da algunas pistas para dar un paseo agradable. No periodístico pero muy interesante es el post Núremberg, la ciudad más alemana de Alemania, en el blog de la escritora Natalia Corbillón

Coses que hauries de saber abans d’anar a Neuschwanstein

Si estàs pensant en escapar-te al castell de Neuschwanstein als Alps de Baviera, t’interessa saber:

No, el castell no és un edifici medieval. Ja ho diu la Viquipèdia i -òbviament- té raó, Neuschwanstein, o el Nou Cigne de Pedra, va ser construït en 17 anys, entre 1869 i 1886. A la mort del rei Lluís II de Baviera, mal anomenat Rei Boig i impulsor de l’obra, no havia estat acabat del tot. Això no suposaria cap entrebanc per a convertir amb el temps aquest monument en un dels més visitants d’Alemanya, amb vora dos milions de visitants a l’interior cada any.

Com que hi ha tanta gent que vol entrar al castell, i aquest és el que és, les visites a l’interior són extremadament ràpides. Menys en anglès i en alemany, en la resta d’idiomes totes les visites interiors es fan amb audioguia en l’idioma que un tria, es vaja o no acompanyat d’un guia de viatge. A hores d’ara, sóc un d’eixos i confirme que la visita més llaga a dins amb viatgers l’he feta en uns 75 minuts -30 en la part d’audioguia i uns 45 en les poques habitacions visitables restants i les dos botigues d’obligada visita-.

Amb la mort prematura del rei, i abans del final de les obres de portes endins, el palau va obrir com atractiu turístic ja en 1886. Potser pel fet que no estava acabat de tot només ensenyen al turista una quinzena de sales, més o menys nobles i entre les que trobem les més interessants, això sí, com ara la sala del Tron, la de Festes o l’apartament del rei.

És cert, ara per ara i fins 2013 el castell està parcialment cobert de bastides. Sí, andamis. Però la cosa podria haver estat pitjor, fa uns mesos les obres de neteja de la façana ho cobrien quasi tot -en la tardor de 2012, només hi ha coberta la part posterior i part d’un lateral-.

Si arribem allà en autobús o cotxe, haurem d’aparcar obligatòriament a Hohenschwangau. És a dir, a uns 800 metres d’altitud. Ens restarà doncs, completar una pujada d’uns 40 minuts a peu fins el pont de Maria -on tenim les millors vistes de Neuschwanstein-, el que suposa salvar un desnivell superior als 200 metres. Això es pot recórrer a peu o bé en autobús o mitjans de transport alternatiu.

En aquestos mesos d’anar per allà pràcticament cada setmana, he escoltat i he vist moltes reaccions al castell, per part dels meus acompanyants. Entre les més curioses: “este paio -Lluís II- fou el precursor del cartró-pedra”, “no estava boig, simplement fou el Michael Jackson del segle XIX”, “senzillament kitsch”, “hui he conegut el primer parc temàtic de la història” o “és lògic que Walt Disney volguera un castell com aquest per a ell”. Totes més o menys encertades.

Amb tot, si després de llegir aquest article injustament dissuasiu, encara tens ganes de visitar el castell, també has de saber: està enclavant en un paratge alpí impressionant, idíl·lic; Allgäu és una regió bavaresa preciosa, un entorn rural rematat de llacs i muntanyes; dins del seu context històric com és el final del segle XIX, Neuschwanstein és un edifici arquitectònicament molt interessant; tot plegat, construcció i rei, sorgeixen en un moment històric decisiu per al futur de Baviera i Alemanya en general; tot i un cert aïllament, les comunicacions són bones -especialment des de Munic- i n’hi ha una gran oferta de serveis per a conèixer aquest i altres castells de Lluís II.

Una bogeria

L’altre dia algú em va dir per primera vegada a la vida: “Ho sentim molt, però dones el perfil”. No sé parar quiet un moment, sempre tractant d’emprendre alguna cosa, pel que a mi les llargues me les solen donar, no poques vegades, en forma de palmadeta en l’esquena, de silenci absolut o bé mitjançant el clàssic “fa molt bona pinta el que ens proposes, ja et diem alguna cosa”. Literalment, aquesta última parrafada significa: “No tinc collons de dir-te a la cara que no, ho faré per correu electrònic, o bé ja et telefonarà amb el nanai la meua secretària”. Me la conec. Ara bé, el “no dones el perfil” no l’havia tastat mai. Se’m va quedar cara de tonto, ja que la senyora Goppel, que no es va atrevir a dir-m’ho als ulls, no sabrà mai si és possible que done la talla o no per a la seua oferta. No sap el que es perd, o el que es guanya, no en va voler saber res i prou. Ni preguntar, ni escoltar, ni mirar… Com allò del doctor Gudden, el dia que li va dir per carta a Lluis que estava com una cabra, i per tant devia morir. Ni tan sols el va auscultar. Va tancar els ulls i avant. És o no una bogeria?

Postal 2.0 desde el Biergarten:

Queridos @maurosolbes y @aaron_mira:

Cuenta Joaquín Sabina, ya hace años, que solo en Antón Martín hay más bares que en toda Noruega. No podría decir lo mismo de Múnich, mi hogar a los 30 y el lugar donde aprendí –estoy aprendiendo- la importancia de la cerveza para un vida plena. Aquí vamos sensacionalmente bien en materia de cervecerías, tabernas, restaurantes y, por supuesto, jardines de cerveza. En uno de estos estaba yo @muniqueando el otro día cuando me crucé con un click bávaro, uno de esos con los que os pasáis el día jugueteando a estas alturas de la vida. Por si no me creéis, os adjunto la fotografía en la que podéis comprobar que nos tomamos una caña juntos. Obviamente, una caña de litro, o Maß, cómo se hacen llamar en Baviera. Por cierto el click, como buen bávaro, me explicó que los alemanes van a la caza de los checos, en busca del récord mundial en cuanto a consumo de cerveza por cápita. Por ahora, están en nada más que 130 litros de cerveza por habitante al año. O sea, más de uno cada tres días. No os digo más, tenéis que venir a tomaros conmigo un par de ellas. Por cierto, hoy volverán a correr a raudales, las Helles, con esto de que viene el sol… y el Bayern se juega su quinta Copa de Europa en casa.

Cabotada en ‘Nachmittag’

Inspirada en Los lunes al sol… vos deixe la versió bavaresa, antagònica, en format fotografia. Becadeta en ple mercat central en el primer divendres de l’any amb sol i temperatura agradable. Que no falte la llana, ni un bon mostatxo. Això sí, la pausa curteta i justet després de la wurst i la cervesa. O siga cinc minutets de sol i a currar wieder.

(I per als nostàlgics, la versió ibèrica…)