Transporte en Camboya. De autobuses, agencias de viajes y precios

He titulado este post Transporte en Camboya, aunque el título podría hacer mención perfectamente a Laos o Vietnam. Simplemente pretendo con este texto compartir mi experiencia personal, que obviamente es insuficiente para un juicio de valor completo, pero es totalmente verídica. Podría comentar el estado de las carreteras, los maravillosos paisajes, las sonrisas gratuitas, aunque voy a ser totalmente pragmático y a centrarme exclusivamente en los precios del transporte público por carretera. A base de escuchar historias y leer consejos en las guías de viajes, poco a poco vas endureciendo la piel en una carrera de fondo como es un viaje por libre en el sudeste asiático. Los primeros días, contratas los trayectos en transporte público sin especial preocupación por los precios, pues todo por lo general te parece correcto y, por qué no reconocerlo, barato. Con el tiempo, vas descubriendo nuevas alternativas, los célebres autobuses abiertos que se contratan a última hora en los cafés para mochileros. Vas jugando con los precios y, quizás tras una mala experiencia, te acomodas. Entonces decides delegar en tu hotel o Guest House la reserva de los tickets de autobús y, finalmente, -ese fue nuestro caso-, descubres que no te puedes fiar de nadie y te cabreas. Finalmente, te vuelves selectivo, y desconfiado -a veces demasiado y tampoco es bueno-. En fin, voy a tratar se algo más visual, o este post pensado como ayuda a viajeros será tan críptico como la mayoría de los que arrojo en el cuaderno.

1. Para empezar, es muy raro encontrar un agencia de viajes que refleje el precio de un servicio en su escaparate o en la publicidad de la empresa. Ya lo has leído en otros blogs y es verdad, pregunta precios en varias empresas, compara y, cuando lo tengas muy claro, contrata. Es engorroso, pero si no quieres que te tomen en el pelo, tómate tu tiempo.

2. No te fíes de la primera agencia de viajes que encuentres. Ni de la segunda. Por mucho que te atienda una señora de lo más entrañable. En Siem reap, por ejemplo, nos ofrecieron el viaje a Bangkok por nueve, diez y hasta quince dólares, en tres sitios diferentes. Optamos por lo intermedio, la agencia de los diez dólares. Al llegar la segunda vez al mismo lugar, la mañana siguiente, el precio era de doce dólares. Les comentamos que unas horas antes nos habían intentado vender lo mismo por menos dinero y se disculparon por el malentendido. Precio final, diez dólares.

3. No delegues en tu hotel estas cosas. Nosotros, en un día de esos de pereza, llegamos a pagar 16 dólares por el trayecto entre Saigón y Phnom Penh. Contratamos en el hotel porque nos pareció un lugar serio y de confianza y los precios venían en el flyer. Nuestra idea era coger un servicio VIP, un bus de esos en los que viajas semi tumbado, y como tal reservamos pasajes -el prospecto traía el precio y fotos-. Tras la recogida en el hotel y al llegar a la estación, descubrimos que el bus era el más viejo de todos y que existía un folleto idéntico al nuestro para contratar lo mismo por diez dólares. Casi la mitad.

4. Creo que ha quedado bastante claro, pero pagar más no siempre significa viajar mejor. Tampoco lo contrario, si quieres algo bueno lo tendrás que pagar. Antes de dar el paso, vuelve a leer el punto número 1.

Eso sí, una vez subido al autobús, tras la inevitable pregunta interior del tipo “¿y éste de al lado, cuánto habrá pagado?”, nada que reprocharle en líneas generales el servicio de transporte público en Camboya. Lo que tienen te lo ofrecen, pagues lo que pagues.

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