Múnich. 36 días después, vacíos

Lo primero que vimos al aterrizar

Lo primero que vimos al aterrizar

Ayer, cinco semanas y pico después de salir emocionados hacia Bangkok, regresamos por fin a casa. Tras 30 horas de ruta final con una escala de doce horas en Abu Dhabi y un cambio en las agujas del reloj que nos descolocó por completo, aterrizamos en el Franz Josef Strauss a las seis de la mañana. Todavía era de noche, teníamos un sueño bárbaro y ni siquiera una miserable cazadora o prenda seria de abrigo que ponernos. De ahí que tardáramos nada más que unos segundos en quedarnos literalmente de piedra, dada la nevada y los ocho grados bajos cero, cuarenta menos de los que nos despidieron en Tailandia, que nos estaban esperando. Ya lo habéis visto, los últimos días de este tremendo viaje nos han dejado secos, vacíos. En clave de blog, podría decir, sin texto. No ha sido nada grave, lógico cansancio que, 24 horas después, está completamente curado. O eso creo yo. El viaje ha sido increíble, casi diría por encima de unas expectativas ya de por sí altísimas. Hoy toca empezar la digestión, quizás paseando entre la nieve; mañana será hora de volver a la rutina. Aquí cierro pues el cuaderno de Viaje al sudeste asiático –me quedan un par de detalles, nada gordo-.

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