El señor del bigote

Últimamente me prodigo por aquí menos que nada. No es por falta de ganas. No tengo tiempo y eso que esto no ha hecho más empezar. A esto se le llama verano y al final el verano es sinónimo de vacaciones. Y si ellos están de vacaciones, yo trabajo. En la calle, me refiero, pues la verdad es que me cuesta demasiado, desastre, estar sin trabajar. Y si trabajo guiando, lógico, no escribo y parece que no estoy. Pero lo paso bien, y también mal. A veces me gustaría tener memoria de elefante –¿alguien sabe de dónde ha salido esta tontería de la memoria del elefante?– para no olvidar las risas y los lloros que me echo trabajando. Escribirlo aquí sería una buena manera de no olvidar, o de superar, según el caso, pero no siempre las manos me alcanzar a teclear cuando regreso molido. Otras noches me frena la vergüenza; me siento observado. Ayer reí. Recogí a un grupo de argentinos de lo mejor, una pareja de novios en luna de miel –¿alguién sabe de dónde narices viene lo de la luna de miel?–. De hecho, llevo unas semanas recogiendo argentinos. Y eso es garantía de animación y filosofía. En fin, los de ahora son unos porteños entrañables, más de buena onda que de filosofía, a los que estoy teniendo la suerte de acompañar durante toda la semana. Noté el primer día en la primera recogida en hotel que él me miró en el primer instante de arriba abajo, medio raro. Dejé de notarlo al poco por lo que no le di más importancia. Ayer, ya con la confianza me reconocía el asunto. Muy bueno: resulta que después de habernos cruzado decenas de correos electrónicos durante meses él había terminado por ponerme una cara y unos ojos y no eran precisamente los míos. De ahí la sorpresa al encontrarse al falso Jordi. ¿Qué cara? Pues la de un señor bávaro con su cerveza en la mano, su bigote, su chaleco, su sombrero, su lederhose… Alguno dirá, ¿y a santo de qué? Pues sí, amigos, mucha lógica tenía el pobre de mi bostero. Y sí queréis averiguarlo, solamente tenéis que hacer clic en este enlace. Os remitirá a la portada de Bayern a medida (para más señas mi empresa y la prestataria de servicios a nuestra joven matrimonio). Por cierto, es la segunda vez que me pasa: lo de que me confunden con el del bigote, simple reclamo publicitario (le pedimos permiso para tomarle la foto en su día). Habrá que ir pensando en renovar la portada de la web.

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