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El metro de Múnich: Marienplatz

Hace algún tiempo que descubrí que el metro setentón de Múnich amaga en realidad una cuidada estética futurista. En este sentido, uno de mis pasillos preferidos es el de la estación central de Marienplatz. Como tantos miles de personas, he pasado durante meses por aquí, casi a diario, y confieso que durante mucho tiempo me pareció un lugar vulgar. Está claro que tenía los ojos cerrados.

Hora punta en la estación de metro de Marienplatz en Múnich

Hora punta en la estación de metro de Marienplatz en Múnich

Estación de metro de Marienplatz en Múnich

Estación de metro de Marienplatz en Múnich

Regreso al futuro en un vagón de metro

La primera vez que subí al metro en Múnich experimenté la extraña sensación de haberme colado por un agujero negro para retroceder varias décadas en el tiempo. Concretamente, aquello fue un viaje a los 70 subido en aquel tren de vagones familiares. Lo que más me impactó, fuerte olor a zotal aparte, fueron los otrora confortables asientos de polipiel azul oscurecidos por el paso de los años y los restos de mil y una batallas impregnando todo el sufrido suelo. La iluminación de neón amarillento y los mensajes monótonos emitidos analógicamente a través de la megafonía de los coches –el típico Bitte züruck bleiben-, colaboraron a edificar aquella atmósfera arcaica con la que me he ido familiarizando con el paso del tiempo. Incluso las estaciones más antiguas, con sus azulejos de colores, parecían contagiarse del ambiente en ocasiones a medio camino entre La naranja mecánica y Vente a Alemania Pepe. Con los reiterados viajes subterráneos a través de esta ciudad, he ido conociendo la inmensa mayoría de estaciones, las líneas nuevas y los trenes modernos que se siguen combinando con los viejunos, los de mi trayecto iniciático, ambos modelos carrozados de azul y flanqueados por la figura tradicionalista del Münchner Kindl. He aprendido a apreciar el ruido de los vagones, que si se escucha es más por el silencio sepulcral que suele acompañar al pasaje que por razones supuestamente de desfase tecnológico. Y, para propia sorpresa, he comprendido, a base de abrir bien los ojos, que el metro de esta ciudad en versión Múnich 72 es en realidad más vanguardista de lo que puede parecer a simple vista. Quizá sea una modernidad desconocida hasta ahora para mi, basada en el principio de no tocar lo que funciona, pero modernidad al fin y al cabo. Por si fuera poco, la semana pasada descubrí estas magníficas fotografías del muniqués Nick Frank sobre el U-Bahn y no pude resistir la tentación de salir en busca de algunas fotocopias. No me gusta prácticamente ninguna de las mías, adjunto simplemente las tres que menos me desagradan.