Chiang Mai (1). Mercados

Tras dos días en Chiang Mai, segunda ciudad de Tailandia, os escribo subido a un autobús camino de Chiang Rai -tres horas muertas en la carretera para recorrer unos 180 km-. Estamos relativamente frescos, todavía empezando, por lo que todo nos produce un gran impacto, así es que trataré de centrarme en un par de aspectos. El primero, los mercados; el segundo, las excursiones de día completo, vendidas con el nombre de trekking.

Mercados. Mercado nocturno de los domingos
Mariola, generalmente más avispada que yo, sabía lo que se llevaba entre las manos. De ella fue la idea de llegar a Chiang Mai en domingo, en busca del famoso mercado nocturno que se celebra ese día. Habrá quien lo encuentre demasiado turístico, pero sin duda sigue mereciendo la pena. Cientos de puestos callejeros en el corazón de la ciudad, que se convierte en un auténtico hormiguero hasta casi la medianoche -a estas alturas de año oscurece súbitamente sobre las seis-. Algunos son de comida, pero muchos más se dedican a comerciar con artesanía, ropa, recuerdos o arte. También abren algunos templos de la zona, mientras que no son pocos los lugareños que aprovechan la situación para montar algún tipo de show callejero. A sabiendas de que nos queda mucho camino, como para cargar aún más las mochilas, no pudimos evitar hacer algunas compras: unos pantalones bombachos para Mariola, unas chanclas, un par de cuadernos de notas artesanales y unas bolsitas de tela. Diría, tirando por lo alto, que invertimos unos 10 euros, en total, antes de retirarnos a nuestra Guest House con el fin de fiesta.

Mercado de la puerta de Chiang Mai
Previamente a la visita del mercadillo nocturno, todavía a mediodía, tuvimos la oportunidad de ver uno de los mercados de alimentación de la ciudad, el del centro histórico. Sé que lo de ayer solamente fue una primera toma de contacto, que no es nada para lo que queda por venir, pero no por ello quedé menos impresionado. Era mi primera vez en Asia, la primera vez que veía y olía algo parecido, más allá de los reportajes de la tele, y eso es mucho para el paladar acomodado de un europeo medio. Podría hablar de lo de los bichitos fritos -de gambas a insectos pasando por saltamontes y otras cosas por el estilo- o de las sopas, de la peste que suelta el arroz hervido cuando lo conservan embolsado, pero esas cosas únicamente despertaron mi curiosidad. Lo que difícilmente olvidaré son otras sensaciones. El olor, camino de la putrefacción, de la sección de carne cruda, es un buen ejemplo. Mariola dice que allí no había nada putrefacto, que era cosa de la sangre seca, de la ausencia total de neveras, o bien de las mismas vísceras y órganos vitales de los animales a la venta. Cierto. Junto a estas paradas, se agolpaban los restaurantes improvisados, así como tiendas que nada tenían que ver con la venta de la carne, algunas de ellas de piezas de tela. Impactante también el color de las frutas y verduras o los señores -por lo general descalzos- acostados en las mismas bancadas en las que venden sus productos, al final ya de su jornada de trabajo. En fin, ya lo veis, podría consumir todo este trayecto en bus, con sus tres horas, describiendo sensaciones difíciles de explicar, por no tener referencias en nuestro imaginario colectivo. Tampoco es plan de angustiar innecesariamente a nadie. Para no inducir a error, simplemente añadiré que, en realidad, quedamos fascinados.

Para acabar dos apuntes: en primer lugar, solo tuvimos dos pinceladas de los mercados de Chiang Mai, ya que hay un mercado de abastos en cada barrio. El principal está en la zona este, fuera del recinto amurallado del centro y junto al río. No muy lejos anda un bazar nocturno, menor que el mercadillo de domingo, que abre todas las noches. En segundo lugar, en nuestro caso llegar domingo fue un acierto pero no nos hubiese venido mal tener una reserva previa para el alojamiento, ya que no fue tan sencillo encontrar Guest House. Muchas de ellas, las mejor valoradas en internet, ya estaban completas.

Ah, ¿lo del trekking? Está noche os pongo un post desde el hostel. En este momento estamos a punto de apearnos en nuestro destino.

Ahí van unas fotos relacionadas, las que me deja cargar el iPad:

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