Bangkok. Primeras impresiones

A pesar de que sabía a lo que venía, de la preparación mental y esas cosas; de haber leído mil y un blogs de viajes y visto tropocientos reportajes de TV sobre Tailandia, la realidad siempre termina por imponerse, sin entender de manuales de consulta. Así, la sensación a nuestro aterrizaje en Bangkok ha sido de desorientación total, por momentos rayando la frustración -sentimiento por otra parte obligado en cualquier viaje que se precie-. Es lo que tiene el no poder leer ni siquiera los carteles -por mucho que los acompañen normalmente de traducción al inglés- o que te aborden sin parar toda clase de personitas sonrientes, a las cuatro de la madrugada, para ofrecerte mil y un servicios, que además son todos menos el que andas buscando y no encuentras. Al final, y después de varias vueltas en círculo por el aeropuerto y de estar a punto de errar el tiro, hemos dado en el clavo y hemos conseguido embarcarnos en el autobús gratuito en dirección al segundo aeropuerto de Bangkok. El pasarse por Don Muang Airport ha sido porque a última hora hemos cambiado de planes y optado por subir a Chiang Mai en avión. Por un tema de cansancio, pero sin descuidar por ello la economía. Y es que, a parte de canjear un trayecto de diez horas en bus por uno de 1,5 en avión, lo hemos hecho pagando solamente unos 25 euros de más entre Mariola y yo. 75 euros nos han costado en total los dos billetes, mientras que el enlace en bus entre aeropuertos nos ha salido gratis. La culpa de todo la tiene el Ryanair de turno, una aerolínea de nombre Nokair -menos conocida que Air Asia, pero algo más barata-. Eso sí, a diferencia de Ryanair, estas chicas de amarillo -color de la ropa- que se parten el culo de la risa cuando te despachan, nos han dejado facturar gratis 15 kg por persona, nos han facilitado una wifi de acceso libre junto a la puerta de embarque y nos han tratado como personas. Así que, señores de Ryanair, aprendan por favor. En fin, empiezo a bostezar. Tras unas 30 horas de camino y el cuerpo atolondrado por los cambios de hora, me pirro por coger una cama. A ver si hay suerte y arreglamos rápido el asunto al llegar a Chiang Mai.

La segunda parte del post la anoto recién levantado de la siesta, desde el hotel en Chiang Mai y ya recuperado. Solamente añadir que hemos tenido un vuelo sin sobresaltos, en un moderno Boeing 737 con aperitivo de cortesía incluido. Las primeras horas aquí las hemos aprovechado viendo algunas cosas sencillamente maravillosas, pero eso lo dejo para otro día. Para acabar, un último comentario: esto cambiará seguro al llegar a las áreas más rurales, por ahora está lleno de wifis por todas las partes. Muchas de ellas gratis. De ahí que me veáis tan parlanchín.

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2 comments

  1. jose

    Disfrutad de otro mundo y volved con las pilas cargadas suele ser un precio asequible para este largo camino de “competencia incompetente”. Un abrazo, amigo.

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