Hué o la posibilidad recorrer una ciudad imperial a tu aire

Pensaba que no llegaría el día pero finalmente puedo afirmar que hemos visitado una ciudad vietnamita con toda la tranquilidad del mundo, para nada colapsada, ni mucho menos de turistas. Llegamos a Hué casi por casualidad, empujados a última hora por las reseñas favorables de las guías y por algunos comentarios de blogueros -los siempre fiables Vietnamitas en Madrid o el Pachinko-. Ahora, cuando salimos en autobús camino de la vecina Hoi an, puedo asegurar que ha merecido la pena esta parada. Ha sido solamente día y medio, el tiempo justo para quedarse maravillado con las pagodas y las tumbas reales a orillas del río del Perfume, así como con la fantástica ciudadela. Una fortificación dentro de otra, moldeada a lo largo del siglo XIX por los emperadores de la dinastía Nguyen, que trasladaron la capital vietnamita hasta Hué -aquí permaneció hasta 1945-. En nuestro caso, reconozco que hemos tenido además suerte en la visita: nos ha acompañado un tiempo buenísimo y hemos tropezado con un hotel familiar y confortable a precio irrisorio -hablamos de 12 euros con desayuno en la habitación superior-. En el mismo hotel alquilamos un par de bicis con las que salimos de la ciudad en busca de las famosas tumbas imperiales, unos impresionantes complejos funerarios que combinan bosque, jardines, lagos, templos, patios y esculturas en honor a los Nguyen allí soterrados. Solamente visitamos el interior de un par de estos cementerios, que nos dejaron anonadados tanto por su espectacularidad como por el hecho de que los recorrimos prácticamente en solitario. El segundo de ellos, la tumba de Minh Mang, es seguramente el más agradable de visitar -al menos así fue en nuestro caso-, ya que está suficientemente alejado de la ciudad -unos 10 km- como para que la visita sea en calma absoluta. Por sí fuera poco, el trayecto en bici fue, aunque algo cansado, una experiencia totalmente recomendable, entre campos de arroz, bosques y caminos salpicados de casas en los que los lugareños hacen su vida tranquilamente. Más allá de las tumbas, Hué dispone de algunas pagodas bien conservadas, un buen enclave a orillas del río o una zona de ocio relativamente animada. Pero por encima de todo, su centro histórico amurallado. En el interior de este cuadrante que nos recordó al de Chiang Mai, encontramos una segunda fortificación: el recinto imperial. Este complejo nobiliario, residencia y palacio de gobierno de una dinastía, nos ha ocupado toda la mañana de hoy. Por mi parte, son los cuatro euros mejor invertidos en la visita de un monumento durante este viaje. A pesar de que fue destruido durante la Guerra, los trabajos de restauración de este lugar Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO -lo es la ciudad en si- están empezando a dar sus frutos. Geniales los patios, el teatro real, el recuperado templo de To Mieu, las villas, las arcadas y elementos de ornamentación, y solamente lastimosas las ruinas de una parte. Una vez más, estupenda la sensación de visitar un tesoro a tus anchas -hoy había algo más de turistas, quizás unos pocos cientos a primera hora de la mañana esparcidos por un recinto de varios kilómetros cuadrados-. Nada que añadir, como veis, hemos quedado encantados.

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Recinto imperial en Hué

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Recinto imperial en Hué

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Tumba de Minh Mang

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Tumba de Minh Mang

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Detalle en la tumba de Minh Mang

Finalmente, un video caserillo y con una resolución regular, sobre el paseo en bici. En realidad, fue mucho más plácido, pero las imágenes son del centro de Hué. Aunque no es el caos de Hanoi, sigue siendo Vietnam…

En bicicleta por Hué from Jordi Orts on Vimeo.

Nota para el viajero
*Las tumbas reales aparecen en todas las guías, lo que no cuentan es que no están demasiado señalizadas, por lo que las más alejadas de la ciudad no resultan fáciles de encontrar al viajero que se acerca por su cuenta. En este caso, es posible hacerlo en moto o bici de alquiler. Para nosotros fue toda una experiencia, con un trayecto total de 30 km, durante todo el día y visitando dos pagodas y el interior de dos tumbas. Pagamos dos dólares por cada bici y un par de dólares más, en total, a los lugareños que se suelen inventar aparcamientos a las puertas de cada monumento. Es un timo, pero no conviene jugársela. Si no apetecen riesgos ni actividad física, se pueden visitar con un guía o acompañados por un motorista local. También en barco por el río, aunque luego hay que caminar bastante, o bien por carretera pagando un tour en autobús con un guía. En cualquier caso, lo peor es que cada tumba tiene una entrada separada, con precios que van de los 2 a los 4 euros en cada caso. Como indican los libros, todos los complejos son únicos pero repiten el mismo patrón, por lo que no es imprescindible visitarlos todos para formarse una idea global. Algunos están cerrados por obras de rehabilitación.

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