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Hoi an. Unes imatges i més

Són les dotze de la nit passades i ací estic jo, estirat damunt del llit a un hotel a Saigón. Mort de son i fregit, a tocar dels 30 graus com estem, i gràcies. Amb esta calor, impossible concentrar-me com per a contar res interessant sobre els dos darrers dies de viatge, de visita a Hoi an. Així les coses, el millor serà que adjunte unes imatges comentades:

Patrimoni de la Humanitat
Hoi an és una ciutat costanera de 120.000 habitants al centre de Vietnam. Des del segle XV que és un destacat port del sud-est d’Àsia, transitat per europeus, xinesos o japonesos. El seu centre històric es conserva en molt bones condicions, el que li ha valgut la declaració de Patrimoni Històric de la Humanitat. És un plaer recórrer els seus carrerons i visitar alguns dels seus antics tallers, sales de reunions de les congregacions xineses, viles de comerciants o museus. Per a facilitar la visita disposen d’un tiquet combinat que permet entrar a cinc punts d’interés -a escollir- per uns quatre euros. No tot és perfecte, a vegades hi ha la sensació al passejar que tot allò tan bonic que es veu és una postura, com si tot estigues amanit per al turisme.

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Casa al centre de Hoi an, Patrimoni de la Humanitat

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Detall al pati d’una casa antiga de Hoi an

Pont japonés
Entre els elements d’interés de Hoi an, destaca l’anomenat Pont japonés de la ciutat. Aquest petit pont cubert és originari del segle XVI i uneix dos antics barris separats per un canal. Incorpora un petit temple budista.

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Pont japonés de Hoi an

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Sastreria a Hoi an

300 sastres
Des de fa uns anys, Hoi an s’han especialitzat en la confecció de trajes i vestits a mida, així com sabates. S’estima que hi ha més de 300 sastres a la ciutat, que et fan una peça de roba personalitzada, a un preu a convenir, en només unes hores. Sincerament, molt curiós, però es nota que este tema se’ls en ha anat de mare, pel que més val rumiar-s’ho bé abans de fer-se res. Això sí, té el seu morbo.
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Camps als afores

Platja i camps d’arròs
És molt senzill moure’s en bicicleta per Hoi an, el que paga la pena per a visitar les viles de la rodalia -especialment Thanh ha, especialitzada en treballs ceràmics-, per a acostar-se a la platja o passejar pels camps d’arròs. La platja està a uns quatre quilòmetres, res, i és allargada i tranquila, tot i que no és cap paradís. Els camps, un espectacle per a la vista.

Anècdota: esquitxats al restaurant
Pel que fa als restaurants, Mariola diu que estem gafats en este viatge. “Dóna el mateix que triem el millor restaurant, igual ens entra una rata a sopar que el veí ens bossa als peus”. No és cap conya. Això és el que ens va passar anit al Cargo Club, un restaurant de categoria al que vam anar en busca de peix i marisc. Ens van tractar de cine -especialment després de l’incident-, el menjar estava boníssim i no va resultar car -25 euros en total, plat de marisc i peix a la graella, verdures a la planxa, lasanya de verdures, begudes, cafès i tiramisú-. De fet, més enllà de l’anècdota diria que Hoi an ha estat un dels llocs on millor hem menjat en el que portem de viatge.

Nota per al viatger
*Nosaltres vàrem estar dos nits a Hoi an, temps més que suficient per a veure el centre i els voltants, també per a gaudir de la gastronomia local i per a fer-se un vestit a mida. Hi ha l’opció de fer excursions pels voltants, algunes interessants, si es disposa de més temps. Com Luang Prabang, em va semblar un lloc apetitós on és fàcil sentir-se còmode. En el nostre cas vam arribar en bus des de Hué -quatre hores-, per a marxar en avió a través de l’aeroport de Danang -a 25 km-.

Hué o la posibilidad recorrer una ciudad imperial a tu aire

Pensaba que no llegaría el día pero finalmente puedo afirmar que hemos visitado una ciudad vietnamita con toda la tranquilidad del mundo, para nada colapsada, ni mucho menos de turistas. Llegamos a Hué casi por casualidad, empujados a última hora por las reseñas favorables de las guías y por algunos comentarios de blogueros -los siempre fiables Vietnamitas en Madrid o el Pachinko-. Ahora, cuando salimos en autobús camino de la vecina Hoi an, puedo asegurar que ha merecido la pena esta parada. Ha sido solamente día y medio, el tiempo justo para quedarse maravillado con las pagodas y las tumbas reales a orillas del río del Perfume, así como con la fantástica ciudadela. Una fortificación dentro de otra, moldeada a lo largo del siglo XIX por los emperadores de la dinastía Nguyen, que trasladaron la capital vietnamita hasta Hué -aquí permaneció hasta 1945-. En nuestro caso, reconozco que hemos tenido además suerte en la visita: nos ha acompañado un tiempo buenísimo y hemos tropezado con un hotel familiar y confortable a precio irrisorio -hablamos de 12 euros con desayuno en la habitación superior-. En el mismo hotel alquilamos un par de bicis con las que salimos de la ciudad en busca de las famosas tumbas imperiales, unos impresionantes complejos funerarios que combinan bosque, jardines, lagos, templos, patios y esculturas en honor a los Nguyen allí soterrados. Solamente visitamos el interior de un par de estos cementerios, que nos dejaron anonadados tanto por su espectacularidad como por el hecho de que los recorrimos prácticamente en solitario. El segundo de ellos, la tumba de Minh Mang, es seguramente el más agradable de visitar -al menos así fue en nuestro caso-, ya que está suficientemente alejado de la ciudad -unos 10 km- como para que la visita sea en calma absoluta. Por sí fuera poco, el trayecto en bici fue, aunque algo cansado, una experiencia totalmente recomendable, entre campos de arroz, bosques y caminos salpicados de casas en los que los lugareños hacen su vida tranquilamente. Más allá de las tumbas, Hué dispone de algunas pagodas bien conservadas, un buen enclave a orillas del río o una zona de ocio relativamente animada. Pero por encima de todo, su centro histórico amurallado. En el interior de este cuadrante que nos recordó al de Chiang Mai, encontramos una segunda fortificación: el recinto imperial. Este complejo nobiliario, residencia y palacio de gobierno de una dinastía, nos ha ocupado toda la mañana de hoy. Por mi parte, son los cuatro euros mejor invertidos en la visita de un monumento durante este viaje. A pesar de que fue destruido durante la Guerra, los trabajos de restauración de este lugar Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO -lo es la ciudad en si- están empezando a dar sus frutos. Geniales los patios, el teatro real, el recuperado templo de To Mieu, las villas, las arcadas y elementos de ornamentación, y solamente lastimosas las ruinas de una parte. Una vez más, estupenda la sensación de visitar un tesoro a tus anchas -hoy había algo más de turistas, quizás unos pocos cientos a primera hora de la mañana esparcidos por un recinto de varios kilómetros cuadrados-. Nada que añadir, como veis, hemos quedado encantados.

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Recinto imperial en Hué

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Recinto imperial en Hué

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Tumba de Minh Mang

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Tumba de Minh Mang

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Detalle en la tumba de Minh Mang

Finalmente, un video caserillo y con una resolución regular, sobre el paseo en bici. En realidad, fue mucho más plácido, pero las imágenes son del centro de Hué. Aunque no es el caos de Hanoi, sigue siendo Vietnam…

En bicicleta por Hué from Jordi Orts on Vimeo.

Nota para el viajero
*Las tumbas reales aparecen en todas las guías, lo que no cuentan es que no están demasiado señalizadas, por lo que las más alejadas de la ciudad no resultan fáciles de encontrar al viajero que se acerca por su cuenta. En este caso, es posible hacerlo en moto o bici de alquiler. Para nosotros fue toda una experiencia, con un trayecto total de 30 km, durante todo el día y visitando dos pagodas y el interior de dos tumbas. Pagamos dos dólares por cada bici y un par de dólares más, en total, a los lugareños que se suelen inventar aparcamientos a las puertas de cada monumento. Es un timo, pero no conviene jugársela. Si no apetecen riesgos ni actividad física, se pueden visitar con un guía o acompañados por un motorista local. También en barco por el río, aunque luego hay que caminar bastante, o bien por carretera pagando un tour en autobús con un guía. En cualquier caso, lo peor es que cada tumba tiene una entrada separada, con precios que van de los 2 a los 4 euros en cada caso. Como indican los libros, todos los complejos son únicos pero repiten el mismo patrón, por lo que no es imprescindible visitarlos todos para formarse una idea global. Algunos están cerrados por obras de rehabilitación.