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Gorizia: con un pie en Italia y el otro en Eslovenia (literalmente)

Además de pasarlo fenomenal entre amigos, disfrutar del sol, el vino y soberbios condumios varios, este fin de semana hemos tenido la oportunidad de conocer otra pequeña historia de esas que te dejan un rato absorto, mudo, tratando de averiguar sin éxito el alcance real de ese vocablo llamado frontera que tan espinoso se puso en según qué barrios de Europa al término de la Segunda Guerra Mundial. Con esto del sueño acumulado, el medio catarro y la razonable resaca que me acompaña este lunes de retorno, se me ocurre solamente tratar de explicarme brevemente y dejar cuatro fotos que me han parecido muy curiosas.

Perteneciente al Imperio Austrohúngaro hasta la Primera Guerra Mundial, la ciudad de Gorizia se incorporó por primera vez a Italia tras la contienda, así como los territorios mayoritariamente de habla eslovena de sus montañas circundantes. En liza durante la Segunda Guerra Mundial, entre partisanos yugoslavos y el bando fascista, el mismo casco urbano de Gorizia pasó a delimitar la frontera entre Italia y Yugoslavia a partir de 1947. Desde ese momento uno de sus barrios –ahora Nova Gorica–, donde se hallaba la estación de trenes septentrional, quedó enclavado en Eslovenia, mientras el resto de la ciudad se mantuvo en la República Italiana. Un paso fronterizo más o menos férreo y una estúpida valla separaron ambos lados de los lindes, restringiendo la circulación a las personas que durante siglos habían formado parte de una misma cosa. No fue hasta 2004, con la entrada de la Eslovenia independiente en la Unión Europea, casi quince años después de la caída del Muro de Berlín, que se derribó la inmensa mayoría de este murete y se permitió el libre movimiento de personas, vecinos, hermanos, viajeros… Ayer domingo, a mediodía, mientras alguna viejecita tomaba el sol del lado esloveno y un par de chavales malgastaban la insípida mañana del festivo al otro lado, nosotros nos dejamos caer por el lugar. La Piazza della Transalpina para unos, la Evropski Trg, para los otros. Por suerte, donde hoy día vas y te tomas la foto. Y nada más.

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Donde Italia y Eslovenia se encuentran, en el pueblo de Gorizia

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gorizia_transalpina-lutman La plaza y la estación, tras la división. /WEB

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La plaza, cuando la valla. / Messaggero Veneto

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Fuera valla (2004). / Messaggero Veneto

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Los alcaldes de ambas Gorizias rememoraron juntos la entrada de Eslovenia en la UE. / Messaggero Veneto

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Lo que queda de valla, recuerdo

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La frontera, a lado y lado del pueblo. /WEB

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Los especuladores contra el Muro de Berlín

No hace falta vivir en Berlín para saber que esta fantástica capital que tenemos hace bastante tiempo que ha entrado en una vorágine de especulación inmobiliaria que, pasando por encima de la crisis, pinta peor que mal. En fin, el tema de los precios se está poniendo feo en toda Alemania, aunque lo que hoy me ha tocado la moral haya sido leer en la prensa que a una parte de la East Side Gallery le podrían quedar las horas contadas. Para los que no habéis estado en Berlín o para los que tenéis la memoria floja: pedazo de monumento y de historia viva, más bien agonizante a la vista de los acontecimientos, de la Europa del siglo XX. 1,3 kilómetros de grafitis que simplemente serían algo bonito si no fuera porque están estampados sobre la piel de hormigón misma que partió la ciudad de Berlín durante casi 30 ominosos años. Tan ruines como la avaricia inmobiliaria, que no entiende de historias ni de sentimientos. Si no, de que se les iba a ocurrir a los de siempre ahora lo de tirar una parte de este Muro de Berlín que nunca debió ser construido y que hoy, convertido en museo viviente al aire libre, debería de ser un intocable. Y por un pedazo de habichuelas, pellizco suculento en forma de 36 apartamentos de lujo que no es más que pan para hoy y hambre para mañana. Directamente, ojala este lunes escuche en el Tagesschau que los de la inmobiliaria se han quedado con las ganas de hincarle el diente el muro -gracias como siempre al activismo de unos cuantos-. Para eso, y no para lo otro, me vine yo a este país.

Grafiti en la East Side Gallery de Berlín

Grafiti en la East Side Gallery de Berlín

Un trozo de la East Side Gallery en Berlín

Un trozo de la East Side Gallery en Berlín