Diario de mudanza (V): de segunda mano

El calendario se ha comido un mes enterito desde que nos mudamos y parece que empezamos a digerirlo. Aunque la mudanza daría para un libro de los gordos, voy cerrando el serial. Antes, confirmar que el modo ahorro se ha quedado conectado en nuestras vidas pese al cambio de aires y a que, según parece, la economía familiar empieza a dejar atrás los números rojos. Y es que una cosa es que hayamos abandonado las lechugas de oferta o las conservas paupérrimas de marca blanco nuclear y otra muy distinta es pagar un céntimo de más, gratuitamente. Supongo que nos estamos alemanizando, quizá siempre fuimos un poco de esta pasta, pero el caso es que la guinda del pastel que es nuestro pequeño Wohnung la estamos intentando colocar a través del mercado online de segunda mano. Vía Quoka y antes de aterrizar aquí se sacaría ya Mariola de la chistera un colchón de viscoelástica, lo más de lo más, por 190 euros. Más de lo mismo para la compra del microondas, hace unos días, a 25 chapas. El primero se lo compramos a un mariquita que abandonaba Múnich a toda prisa, muy a su pesar. Pero no tingues manies mare, el amigo nos vendió un colchón, más que impecable, espectacular. 900 euros nos hubiera costado la pieza, de pagar con la Master Card en una colchonería. El segundo, nos lo mercamos en el barrio mismo y al recogerlo a domicilio solamente le faltaban los plásticos al aparato, para estrenarlo. Vendido flamante después de la censura en la oficina a las ondas electromagnéticas, imagino que por parte de algún jefe con sobredosis de sesiones de yoga. En esas estamos Guiller, esperando algún mercadillo interesante para intentar el remate final a nuestro flamante apartamento, semi nuevo.

One comment

  1. admin

    Nota del Defensor del lector (mientras llega y no, yo mismo): Tras el aluvión de quejas recibidas por nuestros lectores (en concreto, dos, ambas muy discretas) en referencia al uso del término “mariquita” en nuestro artículo Diario de mudanza (V): de segunda mano, censuramos la actuación de nuestro redactor y le recomendamos que en adelante emplee expresiones más adecuadas cuando se refiera a temas que puedan ser objeto de polémica. El mencionado caso es un claro ejemplo de lo citado, en el que la expresión “mariquita” debería haber sido sustituida por otra más fidedigna y exenta de posibles connotaciones negativas, como por ejemplo “un habitante del barrio gay de la ciudad”. Por eso pedimos perdón a los lector@s que se hayan podido sentir ofendidos por nuestro post y emplazamos al mariconazo/cabronazo que configura la redacción de este Quadren a no volver a emplearse en términos parecidos.

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