El taxista ful

Sucede algunas veces que cargas una película en tu ordenador por obligación, casi por no hacerle el feo al amigo de turno que te la ha recomendado. Por esto y por aburrimiento, más que por convencimiento, nos pusimos a ver anoche El taxista ful. Tremenda sorpresa y agradable. Seis años tiene ya este montaje en forma de documental falso que a mi me llega tarde, más vale tarde que nunca. Pepe Rovira, el taxista de palo, ni era ni es ni será taxista. Poco importa, lo suyo en la ficción es como el Dinero Gratis, que hay quien lo exige, y punto, a sabiendas de que no se lo van a dar. Cuestión de actitud. De actitudes y de dos mundos casi antagónicos que se tocan habla, a ratos susurra, El taxista ful. Una película seguramente pensada para adoctrinar, más que para cualquier otra cosa, y que sin embargo lo hace con una gracia insólita. En fin, será porque, igual es cierto, estamos todos los de abajo más cerca los unos de los otros de lo que nos pensamos; o será porque El taxista llega para “agujerear la realidad y romper muros”, como dice Rovira. El caso es que agujerear, agujerea. Y además lo hace con tino, sutilmente. Más que un ful, un título imprescindible disfrazado de obra menor.

El taxista ful from Juan Perez on Vimeo.

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