#rutaBayern: Cinco razones por las que Neuschwanstein no es el mejor lugar para personas de movilidad reducida

Arranca la temporada y regreso al mítico palacio de Neuschwanstein. Después de dos meses de parón ya son tres viajes en unos días. En fin, al grano, lo que me cuece por dentro, y después de afrontar un grupo especial el otro día, es lo mal montado que lo tienen para las personas de movilidad reducida. No es falta de preparación, ¿es falta de ganas? ¿un problema de rentabilidad (de este tipo de público, que consume más tiempo y espacio en un lugar en el que no hay ni tiempo ni espacio)? Sea cómo sea, esto es lo que hay y lo que, creo, debería de saber una persona con problemas de movilidad, ligeros o severos, antes de plantearse ir al palacio de Neuschwanstein y visitarlo por dentro:

1. Acceder hasta el castillo no es sencillo. El tráfico rodado está cerrado en la zona de Hohenschwangau, donde se encuentra el palacio, desde unos 2 kilómetros antes de alcanzar el monumento. Además, el acceso es por un camino cuesta arriba. Hay que subir, por tanto, 1,5 kilómetros hasta la puerta, que son otros mil metros si se quiere visitar el mirador del puente de María, el que ofrece la vista mítica. Unos 20 minutos caminando para una persona en buena condición física.
Como alternativa, en primavera y verano hay un servicio de traslado en autobús público que cuesta 2 euros pero que no reserva entradas. Esto es: hay que hacer cola, de media hora a una hora, y luego hay que caminar igualmente unos mil metros, pues nos deja en el mirador del puente, no en la puerta de Neuschwanstein. Los buses van abarrotados.
Segunda alternativa: subir en carro, que tampoco nos deja en la puerta. Cuesta seis euros por trayecto, hay colas y, lo peor, los pobres caballos (dos por carro) cargan con hasta trece personas, dirigidos por personal local de lo más desagradable. hay que advertirlo.

2. Moverse por dentro del castillo no es más sencillo. Las personas que acrediten una discapacidad y se registren previamente pueden usar el ascensor para llegar a las salas nobles; el resto, no, aunque tengan problemas de movilidad. Por tanto, hay que subir y bajar muchas, muchas, muchas, escaleras. Cinco pisos para arriba y otros tantos para abajo. De los de antes.

3. Mucha prisa y poco espacio. Las visitas se organizan en grupos de unas 50 personas que acceden al palacio cada cinco minutos. Por tanto, cada turista recorre la decena de salas nobles con audioguía en unos 30 minutos, siempre acompañado por una marea de viajeros y flanqueado, por delante y detrás, por otros grupos. No hay libertad de movimientos, no se puede ir despacio, no queda mucho hueco para moverse por las estancias… No es cómodo, hablando claro.
Por cierto, si una persona con problemas de movilidad se retrasa en la subida al palacio por lo que sea, como cualquier otra, se queda sin entrar, pues las entradas van numeradas y con horario exacto de acceso. Si llegas tarde, te quedas fuera.

4. La naturaleza es caprichosa y el lugar no está 100% preparado para afrontarla. Por muy domesticado que esté el paraje, estamos a las puertas de los Alpes. Esto es sinónimo de nieve y hielo una parte importante del invierno y de lluvias fuertes en cualquier momento del resto del año. Si vas en enero, será difícil moverse con libertad por la mayoría de caminos, pues simplemente limpian el tramo principal hasta la puerta; si vas en verano, igual te coge una tromba de agua y te la comes. No hay casetas, ascensores, sistemas de evacuación… en el camino que va entre Hohenschwangau y el palacio de Neuschwanstein.

5. Digan lo que digan desde la administración, en líneas generales el palacio no pone facilidades a este tipo de visitantes. Algunos datos sueltos: en todo el monumento solamente se dispone de un aseo adaptado a personas de movilidad reducida, a pesar de lo difícil que puede resultar para personas en silla de ruedas, por ejemplo, cambiar de piso; el descuento en el precio de la entrada es de un solo euro, a pesar de las dificultades; si no te apuntas con antelación, presentando carnet que acredite discapacidad, no puedes usar el ascensor.

En resumen, no seré yo quien le diga a una persona en silla de ruedas, o que simplemente tenga problemas para caminar, que no vaya a Neuschwanstein, pero al menos que sepa a lo que se enfrenta. Porque, a pesar de todo, la condenada vista desde el puente puede seguir siendo un motivo suficientemente importante como para acudir.

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