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Núremberg bien vale un paseo (o más de uno)
Hay quien la conoce por los congresos del NSDAP en los días previos a la Segunda Guerra Mundial, o bien por los juicios allí celebrados tras la contienda, pero Núremberg es mucho más que eso. A pesar de haber quedado destruido en un 90% tras los injustos bombardeos de 1945, el centro histórico nuremburgués ha conseguido resucitar hoy milagrosamente, hasta el punto de trasladarnos por momentos a la Edad Media, los tiempos del Sacro Imperio Romano Germánico en los que la ciudad franca fue una importante plaza. No en vano, el centro histórico de Núremberg es uno de los más grandes de Alemania, rodeado por una gigantesca muralla del siglo XIV y asentado a los pies de lo que un día fuera castillo imperial germano. Museos, construcciones medievales y algunos elementos gastronómicos con marca propia, son algunos de los principales atractivos de la ciudad, que brilla con luz propia durante diciembre, época de los Mercados de Navidad.
(A la crónica de mi primera visita, he querido darle forma de postal.)
Amiga Catharina!
hoy he tenido un primer encuentro fortuito con tu ciudad de adopción, Núremberg. Lamentablemente la excursión solo ha dado para unas horas, pero ya te digo que no será la última. Esperaba encontrarme con una ciudad gris, quizá insulsa tras la reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial, pero me he llevado una agradable sorpresa. De hecho, no he sentido la necesidad de visitar siquiera el centro de documentación sobre los congresos del partido nazi, tan a gusto como me sentía paseando por el centro histórico. Quizá sea el otoño y sus colores, pero la sensación fue de serenidad y confort total. Sendas peatonales por todas partes, muros adentro, y olores entremezclados en plena calle, a menudo contradictorios – desde las típicas y menudas salchichas locales a las castañas asadas de la época-. Genial también el mercado central al aire libre, con sus toldos rojos y blancos cubriendo la plaza del mismo nombre. Cuantas calabazas estos días…
Por cierto, me alcanzó para tocar tres veces el anillo oculto en la Fuente hermosa, veremos si se cumple mi deseo. Tras visitar las iglesias de San Lorenzo y San Sebaldo, el resto de la mañana lo invertimos en callejear por la ciudad amurallada, una buena opción que nos permitió descubrir algunas callejuelas encantadoras con sus tiendecillas y puestos, muchos de ellos dedicados a la venta de dulces típicos y galletas de jengibre.
Queda pendiente para la próxima visita el interior del castillo imperial, la Casa de Durero y alguna otra cosa. Me encantaría hacerla coincidir con el Adviento, pues he leído sobre los fantásticos mercados navideños de la ciudad. Un abrazo muy fuerte y cuídate. Nos vemos, ojalá, en Núremberg.
Más información:
Toda la información sobre los museos de la ciudad está en inglés en la web de Museos de Núremberg: http://www.museums.nuremberg.de
En inglés también existe una versión de la web municipal de Turismo: http://www.nuernberg.de
Para información sobre la ciudad en español, una opción es consultar en la comunidad en facebook de Españoles en Núremberg
En prensa, el artículo de EL PAÍS Núremberg, la ciudad herida (El Viajero, OCT 3 2003) da algunas pistas para dar un paseo agradable. No periodístico pero muy interesante es el post Núremberg, la ciudad más alemana de Alemania, en el blog de la escritora Natalia Corbillón
Coses que hauries de saber abans d’anar a Neuschwanstein
Si estàs pensant en escapar-te al castell de Neuschwanstein als Alps de Baviera, t’interessa saber:
No, el castell no és un edifici medieval. Ja ho diu la Viquipèdia i -òbviament- té raó, Neuschwanstein, o el Nou Cigne de Pedra, va ser construït en 17 anys, entre 1869 i 1886. A la mort del rei Lluís II de Baviera, mal anomenat Rei Boig i impulsor de l’obra, no havia estat acabat del tot. Això no suposaria cap entrebanc per a convertir amb el temps aquest monument en un dels més visitants d’Alemanya, amb vora dos milions de visitants a l’interior cada any.
Com que hi ha tanta gent que vol entrar al castell, i aquest és el que és, les visites a l’interior són extremadament ràpides. Menys en anglès i en alemany, en la resta d’idiomes totes les visites interiors es fan amb audioguia en l’idioma que un tria, es vaja o no acompanyat d’un guia de viatge. A hores d’ara, sóc un d’eixos i confirme que la visita més llaga a dins amb viatgers l’he feta en uns 75 minuts -30 en la part d’audioguia i uns 45 en les poques habitacions visitables restants i les dos botigues d’obligada visita-.
Amb la mort prematura del rei, i abans del final de les obres de portes endins, el palau va obrir com atractiu turístic ja en 1886. Potser pel fet que no estava acabat de tot només ensenyen al turista una quinzena de sales, més o menys nobles i entre les que trobem les més interessants, això sí, com ara la sala del Tron, la de Festes o l’apartament del rei.
És cert, ara per ara i fins 2013 el castell està parcialment cobert de bastides. Sí, andamis. Però la cosa podria haver estat pitjor, fa uns mesos les obres de neteja de la façana ho cobrien quasi tot -en la tardor de 2012, només hi ha coberta la part posterior i part d’un lateral-.
Si arribem allà en autobús o cotxe, haurem d’aparcar obligatòriament a Hohenschwangau. És a dir, a uns 800 metres d’altitud. Ens restarà doncs, completar una pujada d’uns 40 minuts a peu fins el pont de Maria -on tenim les millors vistes de Neuschwanstein-, el que suposa salvar un desnivell superior als 200 metres. Això es pot recórrer a peu o bé en autobús o mitjans de transport alternatiu.
En aquestos mesos d’anar per allà pràcticament cada setmana, he escoltat i he vist moltes reaccions al castell, per part dels meus acompanyants. Entre les més curioses: “este paio -Lluís II- fou el precursor del cartró-pedra”, “no estava boig, simplement fou el Michael Jackson del segle XIX”, “senzillament kitsch”, “hui he conegut el primer parc temàtic de la història” o “és lògic que Walt Disney volguera un castell com aquest per a ell”. Totes més o menys encertades.
Amb tot, si després de llegir aquest article injustament dissuasiu, encara tens ganes de visitar el castell, també has de saber: està enclavant en un paratge alpí impressionant, idíl·lic; Allgäu és una regió bavaresa preciosa, un entorn rural rematat de llacs i muntanyes; dins del seu context històric com és el final del segle XIX, Neuschwanstein és un edifici arquitectònicament molt interessant; tot plegat, construcció i rei, sorgeixen en un moment històric decisiu per al futur de Baviera i Alemanya en general; tot i un cert aïllament, les comunicacions són bones -especialment des de Munic- i n’hi ha una gran oferta de serveis per a conèixer aquest i altres castells de Lluís II.
Diario de Oktoberfest (IV): curiosidades y consejos varios
Después de 15 días casi extenuantes, para Múnich y para cualquier ciudad que se preste a algo tan gordo, hoy termina Oktoberfest. En un rato, me voy a despedirlo, pero antes quería comentar algunas anécdotas que he ido descifrando sobre la marcha:
Beber, beber, beber. Hace unos días ya comenté que la Oktober conmemora la boda real entre Luis I y Teresa de Sajonia, así como que recibe a más de seis millones de personas en un par de semanas. Mi segunda edición del festival me permite constatar –y advertir a los románticos- que es una fiesta para beber, beber y beber. Olvidémonos de bailes tradicionales, de saborear la mejor gastronomía típica de Baviera, etc. Bailar se puede bailar, nadie nos mirará mal; comer se puede comer, y además únicamente bávaro; pero la cerveza es el elemento sobre el que gira todo, sin edulcorantes.
La feria. Si tuviera que ponerle un complemento a la birra, además de los Trachten, ese serían las atracciones de feria. Un viajero español me dijo el otro día, de paseo por el Wiesn: “Mira, si disparan con la escopeta. Como en la feria de mi pueblo hace 30 años”. Es verdad, los participantes de la Fiesta de la cerveza van a la feria, prueban puntería, hacen pruebas de fuerza, les compran piruletas a sus seres queridos, suben a la noria o al tren de la bruja y otras cosas por el estilo. Mi viajero añadió: “Ahora en cualquier punta de España tenemos un parque temático con pistolas láser para disparar y montañas rusas que les dan mil patadas”. Efectivamente, quizá podríamos decir en este apartado que los bávaros y las bávaras se conforman con poco. Así nos luce el pelo a nosotros, los de la escopeta láser, y así les luce a ellos.
Trachten. Cuando llegué a Múnich, me prometí que nunca me compraría un Lederhose. Me equivocaba, ha pasado un curso y ya he estrenado el mío. La inmensa mayoría de los habitantes de esta ciudad que nos pasamos por Theresienwiese lo hacemos luciendo un Dirndl o un Lederhose –bueno, algunos, lucir no lucimos-. Me comentan, fuentes tan fidedignas como mi adorable ex vecina, que esto no siempre fue así. Antaño, los Trachten los llevaba la gente de pueblo y por supuesto ninguna chicha de bien osaba lucir uno que dejase al aire sus rodillas. Hoy las cosas son muy diferentes, tenemos Dirndl de falda larga, corta y extremadamente corta, o Ledehose para hombres, para mujeres, para mujeres que se sienten hombres, de colores, etc. ¿Qué será lo próximo? Que se lo pregunten a la industria de la moda, que ha puesto sus ojos sobre este mercado.
Corazones de jengibre, pinzas o fotografías. El negocio del souvenir aquí es, como no, gigantesco. Los corazones de jengibre están por todas partes. Todavía hoy son comestibles aunque me atrevería a decir que cada día son menos apetitosos. El mensaje que llevan incrustado es variable y coquetea con lo cursi en plan: te quiero, mi pequeña princesa o mi corazón.
Lo de las pinzas es otra historia, nos las venden en las carpas grabadas con nuestro nombre, y aunque a menudo acaban adornando algún escote, deberían servir para diferenciar nuestra cerveza del resto. Sí, son pinzas de madera de las de toda la vida, las de tender.
Y lo de las fotos, como en cualquier otra gran fiesta: primero nos fotografían sin preguntar, luego quieren que encima compremos las imágenes.
Demasiada gente, demasiado caro. También lo dije el otro día, prohibido ir a Oktoberfest pasadas las 11 de la mañana de un día festivo o de fin de semana. El resultado lo reitero: no se puede entrar a la carpa porqué está cerrada. Overbooking, saturación, llamadlo como queráis. Entre semana, la cosa cambia un poco, pero me da la sensación que cada año la evolución es a peor. Alternativas que se me ocurren a bote pronto para poder coger una mesa en Oktoberfest: ir por las mañanas en días laborables, preferiblemente de lunes a jueves; si vamos en fin de semana, plantarnos allí incluso antes de la hora de apertura (9 de la mañana); y la mejor, meterse en Internet casi un año antes del próximo Oktoberfest y reservar una mesa donde nos apetezca.
El tema de los precios, irritante. Si nos atendemos a la hemeroteca, el precio de la cerveza ha crecido un 40% en el último lustro. Este 2012 hemos pagado el litro entre 9 y 9,5 euros, lo que se transforma en 10 tras la pertinente propina. Si esto sigue así, mi consejo será: pasaros por Oktoberfest un rato, tomaros una y salir pitando en busca de un lugar en el que se pueda beber y comer a un precio decente. Para que visualicéis: jarra de cerveza de 1l + medio pollo en una carpa del Oktober, 20 euros; lo mismo en cualquier cervecería de Múnich, bien pagado, 15 euros.
¿Por qué las camareras tienen prisa? Esta es una pregunta que seguro os habéis hecho, los que habéis estado dentro de una carpa en un día concurrido. Las camareras y camareros que trabajan en Oktoberfest son revendedores. Esto significa que cuando encargamos nuestras bebidas van a una barra de servicio, pagan por adelantado la bebida que van a servir, cargan en la barra y nos la sirven a nosotros. Trabajan por cuenta propia como comisionistas y su negocio reside en la comisión que tienen por venta de cerveza o comida y la propina. Por eso las podemos encontrar obsesionadas con que vayamos bebiendo, ya que les va el sueldo – a más cervezas vendidas, más ingresos-. Y de ahí también la importancia de la propina, que se terminarán cobrando por las buenas o por las malas.
Diario de Oktoberfest (III): los fines de semana
Este fin de semana hemos recibido visita, en pleno Oktoberfest y, visto lo visto, sospechas confirmadas: al Oktoberfest si se le puede huir en fin de semana, mejor. Es lo que tiene recoger a siete millones de visitantes en 15 días, en un recinto con catorce carpas y capacidad máxima para 104.000 personas. Vamos, que no cabemos todos.
Por si fuese poco, el segundo fin de semana del festival es el bien llamado, para suerte de unos cuantos y para desgracia de muchos otros, fin de semana italiano. ¿Qué cómo va eso? Pues si bebe molto como siempre y si parla italiano como nunca, que ya es decir.
En nuestro caso, la experiencia nos dicta que sábado y domingo, tanto en el fin de semana italiano como en los otros dos, las carpas quedan saturadas –y cerradas a cal y canto por la gente de seguridad- a partir de mediodía y hasta hora de cierre. Para coger un buen lugar por tanto no queda otra que madrugar o tragarse una cola interminable. O eso, o dejar la visita al Wiesn para el lunes. Así es que ya sabéis, luego no digáis que no estabais avisados.
Diario de Oktoberfest (I): “O’zapft is!”
“El barril está abierto!”, grita el Alcalde, otra vez. Me recuerda a mi Rita, en plan “Senyor pirotècnic, pot començar la mascletà”. Solo luego de la frasecilla hecha del burgomaestre, a mediodía, la cerveza empieza a correr a chorros en el Oktoberfest. Seis millones de bebedores y bebedoras, que se chupan, usando jerga local, sus más de siete millones de litros de cerveza. Que se lo digan a las camareras, que los cargan, los descargan, los cobran y se ganan las propinas. A nueve y medio el litro que circulan, este año el redondeo les acorta precisamente eso, la propina – quien paga más de diez euros por un trago, por largo que sea!-. De éstas y de los setenta céntimos que se ganan por maß vendido viven algunas servidoras todo el año, por lo que no debe de ser grave.
Aunque esto no ha hecho más que empezar, se presiente lo agotador que puede llegar a ser. Lo confirman las mantas térmicas tapando a unos pocos desalmados y las camillas de urgencias correteando por el Wiesn a última hora del primer día. Yo cuento cinco atendidos, coqueteando con el coma etílico, en media hora. Siempre hay quien afronta esta historia sobrado de sed y falto de frente.
De vuelta a la fiesta. Es domingo, segundo día, y la mañana se presenta soleada aunque más bien tibia. Mariola, de Dirndl vino y rosa, preciosa. Y fresca, en el sentido matinal de la palabra, que no se malinterprete un escote de nada. Día de desfile en Theresienwiese y hora de entrar a fondo. En las carpas y en la malta. Aún no son las nueve y nos aguarda la cola en la puerta de la Winzerer Fähndl. Por ejemplo. La elección corre a cuenta de nuestros anfitriones, algunos más que eso. Los amigos de Perlach.
Una jornada festiva y muchos litros por delante. Se van bebiendo con alegría, con y sin música. A cada rato más apretados. Aprietan los bebedores y las vendedoras. Éstas últimas son como los alicatadores, los que hubo un día en mi pueblo, que trabajan a destajo. Por eso no se encantan. O le dan vidilla o no cobran.
Otras dolencias tienen, o mejor dicho tendrán, los que se plantan encima de la mesa reclamando la atención de los otros 10.000 del bar. Quieren unos segundos de gloria; a cambio ofrecen un trago hasta el final. Un hidalgo de los de toda la vida, pero de 1.000 mililitros. Suena a velocidad, a competición. Peligro, por tanto.
Peligro tiene el payaso que se ha echado a la garganta seis jarras en unas pocas horas, un par de ellas precisamente de hidalgo. Palmas ahora, esperemos que no haga falta reanimarlo en un rato. Pero Wiesn es mucho más y no es justo que yo, que me lo bebo, lo abra en canal. Hay quien bebe con gracia.
Nosotros, los nuestros, somos lentos pero seguros. Sin sobresaltos. Nos hemos plantado en mediodía y no nos hemos enterado. Pero lo dice el reloj. Es hora de codillo, de pollo asado, un plato de pasta bávara o de lo que sea, que no va a ser bueno, bonito, barato. Llenar para seguir absorbiendo. O no. Para el debut, más que suficiente. O sea, que toca retirada antes de empezar el tercer litro.
Salimos a la calle. El sol deslumbra, el pantaloncillo de Baviera pesa más de la cuenta y los calcetines, de lana, pican por primera vez. Molestan incluso los tirantes. Hora de desbeber, que diría la cursi de mi antigua profesora. Ya tardaba en incluir el comentario en la crónica. ¿Acaso alguien dudaba de lo que se mea en la fiesta de la cerveza?
Cae la tarde. No lo parece, pero hace frío, por eso hace tiempo que descartaron octubre. Der Herbst en Múnich no es la tardor en la plaza de toros de Valencia. Tenemos suerte de que nos abrigue la masa del domingo. No somos de feria, ni de corazones en la solapa. Tampoco de rosas o de alhajas, menos si van a precio de oro. Ale pues, dirección al metro, volvemos a casa.
Tras la ducha, sensaciones extrañas en torno al Oktoberfest, en mi primer día. Este lunes sería incapaz de repetir, a riesgo de morir de empacho. En lo etílico y en lo metafísico. En cambio, me apresuro a revisar frente al ordenador las instantáneas tomadas hace un rato en las entrañas de la catedral de lo kitsch, a la vez que me sorprendo tarareando algunos de sus hits, léase Fiesta mexicana o Viva Colonia. Imposible de descifrar lo que me sucede doctor, si bien imagino que lo que me atrae como un imán es lo mismo que me repele. En plan Benidorm. Un oxímoron, que diría el sabio. Cosas raras, que diría una madre. Imposible, que diría el listo. Pero cierto, añado. ¿A santo de qué sino me ha comprado un Lederhose?
Un abrazo desde el Zugspitze
Patri y Hugo (29/01/2012):
os escribo esta breve postal desde el cielo de Alemania, es decir, desde el Zugspitze. 2.962 metros para la montaña más alta del país, en la cara norte de los Alpes, que curiosamente son algunos menos que los de los picos más elevados de Sierra Nevada o los Pirineos.
El día es frío, normal, el cielo está cubierto y nieva ligeramente. Intuyo que estaremos próximos a los 10 grados negativos, si bien la nieve está fantástica y se disfruta mucho con el esquí, sin apenas hielo ni ventisca. Las pistas, una gozada, la mayoría de ellas entre bosques al estar situadas a altitudes relativamente bajas. Eso sí, ya nos habían avisado, pero como uno de los centros de recreo de Alemania que es, la estación está relativamente saturada de visitantes, especialmente porqué es sábado y se celebra una prueba del Campeonato del Mundo de Esquí, en Garmisch. En fin, eso es todo por ahora. La tía Mariola y yo os mandamos muchos besos y muchos ánimos. Esperamos veros pronto, quizá esquiando, aquí o allí.
Sed buenos!
Sobre l’accés a Garmisch-Zugspitze:
A menys de 100 quilòmetres de distància de Munic, Garmisch-Zugspitze és un lloc especialment concorregut tant en estiu com en hivern. En temporada d’esquí, hi ha dos dominis esquiables diferents, el de Garmisch Classic (a menor altura, amb més quilòmetres de pistes) i el de Zugspitze (al glaciar). Per accedir des de la ciutat, nosaltres vàrem optar per un tiquet combinat de tren més forfait, tot per menys de 40 euros. El ferrocarril arriba a les portes de les mateixes estacions d’esquí, amb preus en tots els casos per davall de 50 euros per un dia (inclós el forfait i el transport des de Munic i tornada). La pàgina oficial del ferrocarrils alemanys informa de les ofertes disponibles (Garmischer Ski-Ticket).
‘Weihnachtsmarkt’ a Salzburg (i Munic)
(18/12/2011) Estimada germana,
t’escric esta breu postal des de Salzburg, on hem vingut a passar el diumenge. Per molt que la vam visitar en estiu, aquell dia l’estada va quedar en no res, ja que vàrem coincidir amb una tromba d’aigua enorme. Hui tot ha sigut completament diferent. Sí, fa molt de fred, estem per davall de zero graus i de tant en tant les boires porten algunes volves de neu, que més que preocupar-nos ens animen l’excursió. Ja sabíem de la bellesa de Salzburg per la seua ubicació i pel seu patrimoni històric, però hui, en ple desembre, hem gaudit especialment amb el mercat de Nadal, que ocupa un parell de places al centre històric.
Estic del tot convençut que vos haguera encantat passar el matí amb nosaltres, ací i hui, rodejats com estem per un ambient nadalenc i tirolés tan especial. Este mercadet, com els que hi ha a Munic, el munten cada Advent i està salpicat de parades on comprar artesania i elements de decoració nadalencs.
També hi ha a la venda arbres de Nadal i molts llocs per a menjar alguna cosa típica al carrer – et pots imaginar, llonganisses, creïlles farcides, Bretzel o dolços. Per a posar a to el cos, la majoria de la gent, com també hem fet nosaltres, substitueix la cervesa pel Glühwein, vi calent amb espècies.
Just acabem de dinar, ho hem fet al temps que escoltàvem cantar un cor de cambra a les portes de la catedral. Ens queda un colp de vi calent mentre vos escric estes línies i ara mateix començarem la retirada, ens espera el tren de retorn cap a Munic ens uns minuts. Un bes i un abraç molt fort a tothom, ens veiem en uns dies per a celebrar junts el Nadal.
Més informació (sobre els mercats de Nadal a Munic)
Al llarg dels últims dies hem visitat pràcticament tots els Weihnachtsmarkt o mercats nadalencs que hi ha a Munic. En realitat tots no perquè n’hi ha un a cada barri, però hem passejat pels del centre i els més populars. Entre ells, com no, el Christkindlmarkt a Marienplatz i els voltants.
Ja ens havien advertit, però és del tot cert que desembre és un dels millors moments de l’any per a fer una escapada a Munic. Els mercadets del carrer li donen una vida impensable (amb el fred que fa) i l’ambient nadalenc al centre té un caliu especial, tan solemnes com són els bavaresos. Llàstima que la majoria d’aquestos mercadets només es poden visitar abans de Nadal i no durant les vacances -de fet, en orige es deien mercats d’Advent.
La pàgina oficial turística de Munic ofereix informació detellada (en anglés i alemany) sobre els mercats de Nadal que hi ha a la ciutat. També la podeu trobar en espanyol, organitzada de forma senzilla i clara, en aquest post al blog Una española en Munich: Weihnachtsmarkt / Christkindlmarkt en Múnich (DES 3 2010).
Finalment, n’hi ha desenes de vídeos a internet dels mercadets muniquesos. Aquest és un dels institucionals, d’aquest 2011:


























