Category: Viatges/ Viajes
Diario de Oktoberfest (IV): curiosidades y consejos varios
Después de 15 días casi extenuantes, para Múnich y para cualquier ciudad que se preste a algo tan gordo, hoy termina Oktoberfest. En un rato, me voy a despedirlo, pero antes quería comentar algunas anécdotas que he ido descifrando sobre la marcha:
Beber, beber, beber. Hace unos días ya comenté que la Oktober conmemora la boda real entre Luis I y Teresa de Sajonia, así como que recibe a más de seis millones de personas en un par de semanas. Mi segunda edición del festival me permite constatar –y advertir a los románticos- que es una fiesta para beber, beber y beber. Olvidémonos de bailes tradicionales, de saborear la mejor gastronomía típica de Baviera, etc. Bailar se puede bailar, nadie nos mirará mal; comer se puede comer, y además únicamente bávaro; pero la cerveza es el elemento sobre el que gira todo, sin edulcorantes.
La feria. Si tuviera que ponerle un complemento a la birra, además de los Trachten, ese serían las atracciones de feria. Un viajero español me dijo el otro día, de paseo por el Wiesn: “Mira, si disparan con la escopeta. Como en la feria de mi pueblo hace 30 años”. Es verdad, los participantes de la Fiesta de la cerveza van a la feria, prueban puntería, hacen pruebas de fuerza, les compran piruletas a sus seres queridos, suben a la noria o al tren de la bruja y otras cosas por el estilo. Mi viajero añadió: “Ahora en cualquier punta de España tenemos un parque temático con pistolas láser para disparar y montañas rusas que les dan mil patadas”. Efectivamente, quizá podríamos decir en este apartado que los bávaros y las bávaras se conforman con poco. Así nos luce el pelo a nosotros, los de la escopeta láser, y así les luce a ellos.
Trachten. Cuando llegué a Múnich, me prometí que nunca me compraría un Lederhose. Me equivocaba, ha pasado un curso y ya he estrenado el mío. La inmensa mayoría de los habitantes de esta ciudad que nos pasamos por Theresienwiese lo hacemos luciendo un Dirndl o un Lederhose –bueno, algunos, lucir no lucimos-. Me comentan, fuentes tan fidedignas como mi adorable ex vecina, que esto no siempre fue así. Antaño, los Trachten los llevaba la gente de pueblo y por supuesto ninguna chicha de bien osaba lucir uno que dejase al aire sus rodillas. Hoy las cosas son muy diferentes, tenemos Dirndl de falda larga, corta y extremadamente corta, o Ledehose para hombres, para mujeres, para mujeres que se sienten hombres, de colores, etc. ¿Qué será lo próximo? Que se lo pregunten a la industria de la moda, que ha puesto sus ojos sobre este mercado.
Corazones de jengibre, pinzas o fotografías. El negocio del souvenir aquí es, como no, gigantesco. Los corazones de jengibre están por todas partes. Todavía hoy son comestibles aunque me atrevería a decir que cada día son menos apetitosos. El mensaje que llevan incrustado es variable y coquetea con lo cursi en plan: te quiero, mi pequeña princesa o mi corazón.
Lo de las pinzas es otra historia, nos las venden en las carpas grabadas con nuestro nombre, y aunque a menudo acaban adornando algún escote, deberían servir para diferenciar nuestra cerveza del resto. Sí, son pinzas de madera de las de toda la vida, las de tender.
Y lo de las fotos, como en cualquier otra gran fiesta: primero nos fotografían sin preguntar, luego quieren que encima compremos las imágenes.
Demasiada gente, demasiado caro. También lo dije el otro día, prohibido ir a Oktoberfest pasadas las 11 de la mañana de un día festivo o de fin de semana. El resultado lo reitero: no se puede entrar a la carpa porqué está cerrada. Overbooking, saturación, llamadlo como queráis. Entre semana, la cosa cambia un poco, pero me da la sensación que cada año la evolución es a peor. Alternativas que se me ocurren a bote pronto para poder coger una mesa en Oktoberfest: ir por las mañanas en días laborables, preferiblemente de lunes a jueves; si vamos en fin de semana, plantarnos allí incluso antes de la hora de apertura (9 de la mañana); y la mejor, meterse en Internet casi un año antes del próximo Oktoberfest y reservar una mesa donde nos apetezca.
El tema de los precios, irritante. Si nos atendemos a la hemeroteca, el precio de la cerveza ha crecido un 40% en el último lustro. Este 2012 hemos pagado el litro entre 9 y 9,5 euros, lo que se transforma en 10 tras la pertinente propina. Si esto sigue así, mi consejo será: pasaros por Oktoberfest un rato, tomaros una y salir pitando en busca de un lugar en el que se pueda beber y comer a un precio decente. Para que visualicéis: jarra de cerveza de 1l + medio pollo en una carpa del Oktober, 20 euros; lo mismo en cualquier cervecería de Múnich, bien pagado, 15 euros.
¿Por qué las camareras tienen prisa? Esta es una pregunta que seguro os habéis hecho, los que habéis estado dentro de una carpa en un día concurrido. Las camareras y camareros que trabajan en Oktoberfest son revendedores. Esto significa que cuando encargamos nuestras bebidas van a una barra de servicio, pagan por adelantado la bebida que van a servir, cargan en la barra y nos la sirven a nosotros. Trabajan por cuenta propia como comisionistas y su negocio reside en la comisión que tienen por venta de cerveza o comida y la propina. Por eso las podemos encontrar obsesionadas con que vayamos bebiendo, ya que les va el sueldo – a más cervezas vendidas, más ingresos-. Y de ahí también la importancia de la propina, que se terminarán cobrando por las buenas o por las malas.
Diario de Oktoberfest (III): los fines de semana
Este fin de semana hemos recibido visita, en pleno Oktoberfest y, visto lo visto, sospechas confirmadas: al Oktoberfest si se le puede huir en fin de semana, mejor. Es lo que tiene recoger a siete millones de visitantes en 15 días, en un recinto con catorce carpas y capacidad máxima para 104.000 personas. Vamos, que no cabemos todos.
Por si fuese poco, el segundo fin de semana del festival es el bien llamado, para suerte de unos cuantos y para desgracia de muchos otros, fin de semana italiano. ¿Qué cómo va eso? Pues si bebe molto como siempre y si parla italiano como nunca, que ya es decir.
En nuestro caso, la experiencia nos dicta que sábado y domingo, tanto en el fin de semana italiano como en los otros dos, las carpas quedan saturadas –y cerradas a cal y canto por la gente de seguridad- a partir de mediodía y hasta hora de cierre. Para coger un buen lugar por tanto no queda otra que madrugar o tragarse una cola interminable. O eso, o dejar la visita al Wiesn para el lunes. Así es que ya sabéis, luego no digáis que no estabais avisados.
Diario de Oktoberfest (I): “O’zapft is!”
“El barril está abierto!”, grita el Alcalde, otra vez. Me recuerda a mi Rita, en plan “Senyor pirotècnic, pot començar la mascletà”. Solo luego de la frasecilla hecha del burgomaestre, a mediodía, la cerveza empieza a correr a chorros en el Oktoberfest. Seis millones de bebedores y bebedoras, que se chupan, usando jerga local, sus más de siete millones de litros de cerveza. Que se lo digan a las camareras, que los cargan, los descargan, los cobran y se ganan las propinas. A nueve y medio el litro que circulan, este año el redondeo les acorta precisamente eso, la propina – quien paga más de diez euros por un trago, por largo que sea!-. De éstas y de los setenta céntimos que se ganan por maß vendido viven algunas servidoras todo el año, por lo que no debe de ser grave.
Aunque esto no ha hecho más que empezar, se presiente lo agotador que puede llegar a ser. Lo confirman las mantas térmicas tapando a unos pocos desalmados y las camillas de urgencias correteando por el Wiesn a última hora del primer día. Yo cuento cinco atendidos, coqueteando con el coma etílico, en media hora. Siempre hay quien afronta esta historia sobrado de sed y falto de frente.
De vuelta a la fiesta. Es domingo, segundo día, y la mañana se presenta soleada aunque más bien tibia. Mariola, de Dirndl vino y rosa, preciosa. Y fresca, en el sentido matinal de la palabra, que no se malinterprete un escote de nada. Día de desfile en Theresienwiese y hora de entrar a fondo. En las carpas y en la malta. Aún no son las nueve y nos aguarda la cola en la puerta de la Winzerer Fähndl. Por ejemplo. La elección corre a cuenta de nuestros anfitriones, algunos más que eso. Los amigos de Perlach.
Una jornada festiva y muchos litros por delante. Se van bebiendo con alegría, con y sin música. A cada rato más apretados. Aprietan los bebedores y las vendedoras. Éstas últimas son como los alicatadores, los que hubo un día en mi pueblo, que trabajan a destajo. Por eso no se encantan. O le dan vidilla o no cobran.
Otras dolencias tienen, o mejor dicho tendrán, los que se plantan encima de la mesa reclamando la atención de los otros 10.000 del bar. Quieren unos segundos de gloria; a cambio ofrecen un trago hasta el final. Un hidalgo de los de toda la vida, pero de 1.000 mililitros. Suena a velocidad, a competición. Peligro, por tanto.
Peligro tiene el payaso que se ha echado a la garganta seis jarras en unas pocas horas, un par de ellas precisamente de hidalgo. Palmas ahora, esperemos que no haga falta reanimarlo en un rato. Pero Wiesn es mucho más y no es justo que yo, que me lo bebo, lo abra en canal. Hay quien bebe con gracia.
Nosotros, los nuestros, somos lentos pero seguros. Sin sobresaltos. Nos hemos plantado en mediodía y no nos hemos enterado. Pero lo dice el reloj. Es hora de codillo, de pollo asado, un plato de pasta bávara o de lo que sea, que no va a ser bueno, bonito, barato. Llenar para seguir absorbiendo. O no. Para el debut, más que suficiente. O sea, que toca retirada antes de empezar el tercer litro.
Salimos a la calle. El sol deslumbra, el pantaloncillo de Baviera pesa más de la cuenta y los calcetines, de lana, pican por primera vez. Molestan incluso los tirantes. Hora de desbeber, que diría la cursi de mi antigua profesora. Ya tardaba en incluir el comentario en la crónica. ¿Acaso alguien dudaba de lo que se mea en la fiesta de la cerveza?
Cae la tarde. No lo parece, pero hace frío, por eso hace tiempo que descartaron octubre. Der Herbst en Múnich no es la tardor en la plaza de toros de Valencia. Tenemos suerte de que nos abrigue la masa del domingo. No somos de feria, ni de corazones en la solapa. Tampoco de rosas o de alhajas, menos si van a precio de oro. Ale pues, dirección al metro, volvemos a casa.
Tras la ducha, sensaciones extrañas en torno al Oktoberfest, en mi primer día. Este lunes sería incapaz de repetir, a riesgo de morir de empacho. En lo etílico y en lo metafísico. En cambio, me apresuro a revisar frente al ordenador las instantáneas tomadas hace un rato en las entrañas de la catedral de lo kitsch, a la vez que me sorprendo tarareando algunos de sus hits, léase Fiesta mexicana o Viva Colonia. Imposible de descifrar lo que me sucede doctor, si bien imagino que lo que me atrae como un imán es lo mismo que me repele. En plan Benidorm. Un oxímoron, que diría el sabio. Cosas raras, que diría una madre. Imposible, que diría el listo. Pero cierto, añado. ¿A santo de qué sino me ha comprado un Lederhose?
De cardats
Ei Natx! Ja fa dies que hi pense. Si el meu amic estiguera per ací, se’n faria un fart. De fotografiar cardats, vull dir. Com tu, sempre he estat ben orgullós del cardat alcoià. Eixe pentinat old fashion que jo pensava havia inventat anys enrere un investigador d’origen alcoià per a donar-li cabuda a varies tones de confeti dins d’una sola cabellera. El monyo ideal per a anar a gaudir d’un sainet d’Armando Santacreu o per a vore baixar unes entradetes per Sant Nicolau. També per a buscar bolets per la Mariola i, ara en l’estiu, fins i tot per a prendre el bany en el Campello. Això sí, amb el cabet fora de l’aigua, que un cardat alcoià és de secà. En definitiva, “un vot assegurat”, que haguera dit en el seu dia el mateix Jordi Sedano. Bé amic, ara que m’he mudat a Baviera, he descobert que aquesta també és terra de permanents. N’hi ha senyora que les hi fuig, però les bavareses passats els 60 no se’n saben resistir. Com a a casa, tots els cardats són de tinte, encara que ací manen les rosses. Algunes l’adornen amb la roba tradicional dels Alps, l’arxifamós Dirndl. Eixos sí que són cardats, d’escàndol. També tenim el model extra de laca, tot i que encara no he pogut esbrinar si el gasto el fan amb la Nelly o tenen marca de la casa. I per a acabar, hi ha el model Europa de l’Est. Este és importat dels països veïns, clar, però també llueix amb molta gràcia pels carrers de Munic. Mentre vens i no vens a comprovar-ho amb els teus ulls, et deixe una foto que vaig fer l’altre dia, d’incògnit, a un cardat Made in Bayern en un mercadet de segona mà. Açò sí que és vintage i no les pijades que venen a les revistes de tendències, xato. Modernes, apunteu que tot arriba.
Postal 2.0 desde el Biergarten:
Queridos @maurosolbes y @aaron_mira:
Cuenta Joaquín Sabina, ya hace años, que solo en Antón Martín hay más bares que en toda Noruega. No podría decir lo mismo de Múnich, mi hogar a los 30 y el lugar donde aprendí –estoy aprendiendo- la importancia de la cerveza para un vida plena. Aquí vamos sensacionalmente bien en materia de cervecerías, tabernas, restaurantes y, por supuesto, jardines de cerveza. En uno de estos estaba yo @muniqueando el otro día cuando me crucé con un click bávaro, uno de esos con los que os pasáis el día jugueteando a estas alturas de la vida. Por si no me creéis, os adjunto la fotografía en la que podéis comprobar que nos tomamos una caña juntos. Obviamente, una caña de litro, o Maß, cómo se hacen llamar en Baviera. Por cierto el click, como buen bávaro, me explicó que los alemanes van a la caza de los checos, en busca del récord mundial en cuanto a consumo de cerveza por cápita. Por ahora, están en nada más que 130 litros de cerveza por habitante al año. O sea, más de uno cada tres días. No os digo más, tenéis que venir a tomaros conmigo un par de ellas. Por cierto, hoy volverán a correr a raudales, las Helles, con esto de que viene el sol… y el Bayern se juega su quinta Copa de Europa en casa.
Al (primer) castell de Disney!
Ei ‘Mascherano’!
Ja saps que no sóc massa ni de Disney ni de reis, però ací estic, al castell de Neuschwanstein, que per si fora poc és l’atracció turística més fotografiada de tot Alemanya i una de les més populars. Als peus dels Alps, i encara amb les últimes neus de l’hivern decorant el panorama, la visita era poc menys que imprescindible (ha estat la primera però sospite que no serà l’última). Llàstima que les fotografies han quedat més bé pobres… En fi, alles in Ordnung in Deutschland! Ja et conte mestre.
Informació per al viatger:
El castell de Neuscwanstein, literalment la Pedra de Cigne nova, és una fortalesa romàntica construïda a finals del segle XIX pel rei de Baviera Lluis II. Els interiors són d’estil neobizantí neogòtic, i es poden visitar cada dia. En tot cas, si el castell és una de les principals atraccions turístiques d’Alemanya, és per la seua ubicació quasi increïble, sobre un penyasegat tocant la mateixa cordillera dels Alps.
A només un centenar de quilòmetres de Munic, no massa més lluny de Zuric i a la vora de la frontera amb Àustria, cada dia rep la visita de milers de persones- unes 6.000 diàries en estiu-, la majoria d’elles en excursions organitzades. Radius Tours, amb la que treballe, organitza visites guiades des de Munic, cada dia en anglès i varies vegades a la setmana en espanyol.
Sobre el castell de Disney, Walt Disney s’hi va inspirar en Neuschwanstein per al seu popular castell que tothom coneix hui i que s’ha reproduït en els diferents parcs temàtics de la multinacional.
Pàgina oficial del castell, en espanyol: www.neuschwanstein.de/spanisch/visitante/index.htm
Pàgina del castell Hohenschwangau, el lloc on es va criar Lluis II a uns metres de Neuschwanstein: http://www.hohenschwangau.de
Un abrazo desde el Zugspitze
Patri y Hugo (29/01/2012):
os escribo esta breve postal desde el cielo de Alemania, es decir, desde el Zugspitze. 2.962 metros para la montaña más alta del país, en la cara norte de los Alpes, que curiosamente son algunos menos que los de los picos más elevados de Sierra Nevada o los Pirineos.
El día es frío, normal, el cielo está cubierto y nieva ligeramente. Intuyo que estaremos próximos a los 10 grados negativos, si bien la nieve está fantástica y se disfruta mucho con el esquí, sin apenas hielo ni ventisca. Las pistas, una gozada, la mayoría de ellas entre bosques al estar situadas a altitudes relativamente bajas. Eso sí, ya nos habían avisado, pero como uno de los centros de recreo de Alemania que es, la estación está relativamente saturada de visitantes, especialmente porqué es sábado y se celebra una prueba del Campeonato del Mundo de Esquí, en Garmisch. En fin, eso es todo por ahora. La tía Mariola y yo os mandamos muchos besos y muchos ánimos. Esperamos veros pronto, quizá esquiando, aquí o allí.
Sed buenos!
Sobre l’accés a Garmisch-Zugspitze:
A menys de 100 quilòmetres de distància de Munic, Garmisch-Zugspitze és un lloc especialment concorregut tant en estiu com en hivern. En temporada d’esquí, hi ha dos dominis esquiables diferents, el de Garmisch Classic (a menor altura, amb més quilòmetres de pistes) i el de Zugspitze (al glaciar). Per accedir des de la ciutat, nosaltres vàrem optar per un tiquet combinat de tren més forfait, tot per menys de 40 euros. El ferrocarril arriba a les portes de les mateixes estacions d’esquí, amb preus en tots els casos per davall de 50 euros per un dia (inclós el forfait i el transport des de Munic i tornada). La pàgina oficial del ferrocarrils alemanys informa de les ofertes disponibles (Garmischer Ski-Ticket).
‘Weihnachtsmarkt’ a Salzburg (i Munic)
(18/12/2011) Estimada germana,
t’escric esta breu postal des de Salzburg, on hem vingut a passar el diumenge. Per molt que la vam visitar en estiu, aquell dia l’estada va quedar en no res, ja que vàrem coincidir amb una tromba d’aigua enorme. Hui tot ha sigut completament diferent. Sí, fa molt de fred, estem per davall de zero graus i de tant en tant les boires porten algunes volves de neu, que més que preocupar-nos ens animen l’excursió. Ja sabíem de la bellesa de Salzburg per la seua ubicació i pel seu patrimoni històric, però hui, en ple desembre, hem gaudit especialment amb el mercat de Nadal, que ocupa un parell de places al centre històric.
Estic del tot convençut que vos haguera encantat passar el matí amb nosaltres, ací i hui, rodejats com estem per un ambient nadalenc i tirolés tan especial. Este mercadet, com els que hi ha a Munic, el munten cada Advent i està salpicat de parades on comprar artesania i elements de decoració nadalencs.
També hi ha a la venda arbres de Nadal i molts llocs per a menjar alguna cosa típica al carrer – et pots imaginar, llonganisses, creïlles farcides, Bretzel o dolços. Per a posar a to el cos, la majoria de la gent, com també hem fet nosaltres, substitueix la cervesa pel Glühwein, vi calent amb espècies.
Just acabem de dinar, ho hem fet al temps que escoltàvem cantar un cor de cambra a les portes de la catedral. Ens queda un colp de vi calent mentre vos escric estes línies i ara mateix començarem la retirada, ens espera el tren de retorn cap a Munic ens uns minuts. Un bes i un abraç molt fort a tothom, ens veiem en uns dies per a celebrar junts el Nadal.
Més informació (sobre els mercats de Nadal a Munic)
Al llarg dels últims dies hem visitat pràcticament tots els Weihnachtsmarkt o mercats nadalencs que hi ha a Munic. En realitat tots no perquè n’hi ha un a cada barri, però hem passejat pels del centre i els més populars. Entre ells, com no, el Christkindlmarkt a Marienplatz i els voltants.
Ja ens havien advertit, però és del tot cert que desembre és un dels millors moments de l’any per a fer una escapada a Munic. Els mercadets del carrer li donen una vida impensable (amb el fred que fa) i l’ambient nadalenc al centre té un caliu especial, tan solemnes com són els bavaresos. Llàstima que la majoria d’aquestos mercadets només es poden visitar abans de Nadal i no durant les vacances -de fet, en orige es deien mercats d’Advent.
La pàgina oficial turística de Munic ofereix informació detellada (en anglés i alemany) sobre els mercats de Nadal que hi ha a la ciutat. També la podeu trobar en espanyol, organitzada de forma senzilla i clara, en aquest post al blog Una española en Munich: Weihnachtsmarkt / Christkindlmarkt en Múnich (DES 3 2010).
Finalment, n’hi ha desenes de vídeos a internet dels mercadets muniquesos. Aquest és un dels institucionals, d’aquest 2011:
Al segle XVIII a dos hores de Times Square
Als pares (maig de 2011, des del segle XVIII),
estem només a una hora llarga de viatge des de Filadèlfia i a dos de Nova York, però, segons cap on mire, ningú no ho diria. El paisatge és amable, de enormes camps de conreu salpicats de granges i alguns petits pobles. El que descol·loca però, no és l’aspecte de les terres, sinó la forma en què una part de la societat local hi conviu.
Vos escric des del Comtat de Lancaster, que acull el segon assentament d’amish més gran dels Estats Units. Diuen que aquesta gent, que tracten de viure al marge dels avenços tecnològics i de forma molt semblant a com ho feien els seus avantpassats fa tres-cents anys, no és amiga dels turistes ni les càmeres fotogràfiques.
Personalment, m’ha paregut un lloc especialment tranquil i acollidor, amb una gent estranya però amistosa, supose que s’estan fent al turisme en la mesura que veuen els suposa ingressos econòmics importants sense haver de renunciar (massa) a les seues idees.
Ahir vàrem visitar la ciutat de Filadèlfia, una de les més antigues i primera capital del Estats Units. Té una càrrega històrica i sentimental indubtable, tenint en compte que allà els nord-americans van declarar la independència de la Gran Bretanya en 1776. Més enllà del romanticisme i el pes de la tradició que es nota en alguns elements del centre, em deixa la sensació de ser una ciutat certament provinciana, més del que esperava tenint en compte que és la sisena metròpoli més gran de tot el país. Serà que estic esperant el plat principal del viatge: Nova York.
Detalls per al viatger
Nosaltres vàrem arribar a Filadèlfia i el Comtat de Lancaster (Pennsilvània) des de Nova York, punt de partida i final del nostre viatge. El mitjà de transport escollit va ser el cotxe de lloguer i, girant la vista enrere, va ser un encert com la manera més ràpida, barata (érem quatre persones) i còmoda per a visitar la zona. Això sí, tot i que nosaltres no vam patir cap contratemps, és imprescindible comptar amb una bona assegurança que garantisca cobertura sanitària davant qualsevol incident.
Per a visitar Filadèlfia, on viuen un milió i mig de persones, va bé amb un dia o dos. És el temps que es necessita per a descobrir de primera mà la història de la indepència dels Estats Units, visitar el centre històric salpicat d’edificis amb tres i quatre segles d’antiguitat (una raresa, a Amèrica del Nord) i poca cosa més. A la nit hi ha ambient animat als districtes del centre, que és on hi ha tot allò que interessa a la majoria. Els preus són relativament moderats. Nosaltres ens vam allotjar al Radisson Plaza-Warwick Hotel, correcte però sense floritures. Sense dubte el millor és la ubicació.
Per als que tenen pressupost ajustat, com nosaltres, una bona opció per a menjar és fer una parada al Reading Terminal Market. En ple centre, perfecte per a dinar un entrepà, que pot ser el tradicional de vedella amb bajoca verda, o no.
De la comarca dels amish, l’entrada a les terres d’aquesta peculiar comunitat seria Gap i els pobles més curiosos als ulls del foraster són els petits nuclis de Paradise, Intercourse i Bird in Hand. En aquest darrer hi ha un gran espai comercial amish, directament dissenyat per al turista. Excessiu; si voleu entrar en contacte amb l’esperit autèntic d’aquesta gent, més val deixar-se dur tranquil·lament per les carreteres secundàries de la zona i aturar-se en qualsevol moment.
Per cert, que ningú no s’espere una bombolla de quàquers i anabaptistes que viuen completament aïllats. Això no existeix a Lancaster. Als pobles d’allà hi viu gent de tota classe, no falta l’electricitat, els cotxes ni les carreteres (per molt que hi hi ha qui no els fa servir).
Oktoberfest, millor amb cita prèvia
Impossible adjuntar-vos a esta postal la imatge d’una carpa amb 5.000 persones dins bevent cervesa i menjant llonganisses de Baviera. Simplement perquè hui ens ha resultat impossible ni tan sols clavar el cap en ninguna d’elles, i mira que n’hi ha, a l’Oktoberfest de Munic. En els dies de màxima afluència de gent, com hui, el recinte de Theresienwiese es satura de visitants abans de l’hora de dinar i l’accés a les carpes ja és pràcticament impossible per a la resta del dia. Així és que si feu pensament de vindre, imprescindible matinar (o reservar taula).
Nosaltres, a canvi hem anat a la cerveseria més gran de la ciutat, la Hofbraühaus, que és com una petita Oktoberfest de quatre plantes i oberta tot l’any. Estava un pelet menys saturada i les cerveses van a meitat de preu, pel que ens ha semblat una bona idea.
Vos convidem a tots els amics de la cervesa que gaudiu de l’Oktoberfest de 2012!
Més informació. La festa de la cervesa de Munic
L’Oktoberfest va nàixer a principis del segle XIX en Munic, on encara té lloc la festa de la cervesa més important del món. Dura entre setze i divuit dies i comença el tercer dissabte de setembre, pel que s’allarga fins els primers dies d’octubre.
Segons xifres oficials, l’Oktoberfest de Munic congrega cada any a uns sis milions de visitants en el recinte de Theresienwiese. Arriben a la ciutat tant de tot Alemanya com de la resta del món.
En total, participen mitja dotzena de cerveseres locals, que omplin el recinte de carpes i biergarten (descoberts) enormes amb capacitat per a entre 6.000 i 12.000 persones. A l’interior, unes grans taules de fusta on la gràcia està en seure a menjar garrons, xucrut, llonganisses, pollastres rostits i altres especialitats locals, però per damunt de tot, a beure cervesa. La serveixen en gerres de litre, al preu de 10 euros (9 més la propina). A banda de menjar i beure, a les carpes hi ha sempre un grup de música en directe, que interpreta música tradicional i tot allò que fa embogir al personal.
Hofbraü, Paulaner, Augustiner, Löwenbräu, Spaten–Franziskaner, Hacker… són les cases principals de cervesa a Munic (al seu torn referent de la cervesa alemanya) i les que organitzen el sarao. Per a poder tindre una taula amb seguretat en caps de setmana, millor reservar, sense dubtes. Pensava que no seria possible fer-ho amb temps i a distància, però sí n’hi ha facilitats a través del web oficial de l’Oktoberfest.
Per la nostra banda, l’hem visitada varies vegades aquest setembre (especialment Mariola), amb sort dispar pel que fa a les acumulacions de gent. N’hi ha fira i molts llocs de menjar a fora de les carpes, però la diversió està en la cervesa. Important, fes-se amb un vestit tradicional de Baviera, per a prendre part plenament de la festa.
Més enllaços d’interés
Web oficial de l’Oktoberfest de Munic
Web oficial de Turisme de Munic
Per a vore la festa de la cervesa de Munic en tota la seua dimensió, he escollit aquest post del Blog de fotografia La mesa de luz, publicat al diari Público: Chucrut, cerveza y escotes bávaros (SET 20 2010). Efectivament, allà també es va a lligar…
Pel que fa a l’allotjament, l’oferta hotelera és abundant. Munic és la ciutat més turística de tot Alemanya.







































