Category: Vivir en Múnich

Munic: Cap d’Any en blanc

Els torrons estan a la panxa, la família queda a lluny una vegada més i reprenem la marxa a Munic. Abans de Nadal hom parlava del mes de desembre més càlid que es recorda; el cas és que ha estat tornar i començar a caure la neu. El 28 a la nit esperàven 13 graus baix zero i des d’aleshores, tot i que les temperatures han anat recuperant-se, no ha deixat de nevar.

Trineus al parc anglès

Trineus al parc anglès

Passejada

Passejada

Surfistes

Surfistes

Ciclista al parc

Ciclista al parc

Corredors

Corredors

Esquí al parc

Esquí al parc

Snowboard

Snowboard

Servus

Servus

La bici

La bici

“Hemos ampliado nuestra misión sin descuidar actividades anteriores”

Me avisan de importantes novedades en el Cervantes de Múnich: por un lado han recuperado la figura del director; por otro van a empezar a ofrecer cursos de alemán para hispanohablantes. Así es que no lo dudo, les pido una entrevista, me la dan y la vuelco en el Quadern:

Ferran, en las escaleras del Instituto

Ferran, en las escaleras del Instituto

Aunque desde dentro no se perciba exactamente así, algo se mueve en el Instituto Cervantes de Múnich. Tras unos meses de gestión teledirigida en tiempos de recortes, el centro recupera la figura del director a la par que intenta transitar por nuevas sendas, hasta ahora desconocidas para el organismo. Inaugurado en el año 1956 y auspiciado por la infanta Pilar de Baviera, el Cervantes muniqués, por entonces Instituto Español de Cultura de Múnich –hasta 1994–, atesora medio siglo de interacción con la sociedad bávara. “La misión era abrir la cultura española al pueblo alemán, despertar el interés por nuestra cultura allí donde no lo había”. El que habla es un viejo conocido de la casa, Ferran Ferrando (Albocásser , 1960), antiguo director de la entidad entre 2002 y 2007 que ha recuperado este puesto tras su paso por la sede de Estocolmo y un lustro como responsable de la Escuela de Lenguas de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Hijo de emigrantes españoles, Ferrando llegó a Alemania con cinco años y cursó sus estudios en las universidades de Göttingen y Montpellier, obteniendo el doctorado en Filología por la Universidad de Bremen. Jovial, accesible, casi diría desenfadado, nos sentamos a charlar un rato en su despacho, y empezamos por comentar el cambio de rumbo que, da la sensación, ha empezado a tomar el Cervantes de Múnich, por ejemplo en cuanto a su relación con la comunidad española aquí residente. “Es cierto que la programación ha estado dirigida principalmente al público alemán, pero los residentes españoles siempre han encontrado actividades atractivas en el centro, como visitas de escritores famosos o ciclos de cine”, comenta al respecto. A juicio de Ferrando, el Cervantes ha jugado un papel importante en la aproximación entre Alemania y España, el que tocaba, durante décadas. “La cultura es la primera puerta que se abre entre dos pueblos que quieren estrechar relaciones. Luego vienen los negocios”, explica. Regresando a la vinculación con las comunidades españolas e iberoamericanas presentes desde hace años en Múnich, pero no especialmente en el Cervantes, Ferran Ferrando ofrece su propia visión: “Siempre hemos colaborado y hemos dado difusión a sus actividades, pero para ser parte del tejido cultural de la ciudad hay que cooperar con instituciones como Muffathalle, Gasteig y el Museo del Cine, y hay que orientar la programación hacia la sensibilidad de una ciudadanía, que en Múnich es muy culta y abierta al mundo.” Hace referencia a la Amerika Haus, al Institut Français, pero también a entidades puramente germanas como la Literaturhaus, pues la programación del Cervantes pone especial énfasis en la literatura. El director recuerda como en los años 90, cuando ya formaba parte del centro como gestor cultural, se les llamó la atención desde el área municipal de Cultura, al percibir que no cobraran por la entrada a sus actividades. “Y empezamos a hacerlo, para convertirnos en un actor más de la escena local”. Los tiempos han cambiado: mientras la comunidad alemana prosigue con su acercamiento al universo hispano, lo cierto es que hordas de españoles vuelven a invadir la República Federal en un movimiento similar al que aconteciera en los años 60 del siglo pasado. En el caso de Múnich, el censo arroja cifras demoledoras: hace solo unos años apenas había 3.500, mientras que en la actualidad somos unos 7.300, los españoles empadronados según cifras oficiales de la Administración local (31/12/2013). Muchos de ellos son ingenieros, informáticos, investigadores u otros técnicos, menos emigrantes (a esta ciudad) están vinculados al mundo de las letras o la cultura, la inmensa mayoría son profesionales universitarios llegados en los últimos cinco años en busca de una oportunidad laboral que en España no existe. A estos precisamente se dirige la última propuesta del Instituto Cervantes, pues en un movimiento inédito van a empezar a impartir clases de alemán, sí de alemán, a partir de enero de 2015. Atrás quedan los discursos oficiales en los que se aseguraba que la entidad estaba aquí para acercar el español a los teutones, lo que ha mantenido a los españoles más o menos alejados de la casa. Ferran Ferrando no niega el nuevo rol, aunque le incomode la idea de que esto supone un cambio radical. Una “ampliación de nuestra misión sin descuidar nuestras actividades anteriores”, matiza. “La situación ha cambiado. Ha llegado una generación nueva de españoles y percibimos que han cambiado las necesidades”. Y agrega que no solamente pretenden reclamar la atención de los estudiantes de alemán, sino que también buscan el contacto con la comunidad de artistas hispanos aquí afincada, así como de otros grupos profesionales organizados y a tener en cuenta en Baviera como la comunidad científica. De momento han empezado por acoger este otoño el congreso de la CERFA, la Sociedad de Científicos Españoles en la República Federal Alemana, y han iniciado la cooperación con el organismo Kompetenzteam Kultur- und Kreativwirtschaft, que ayuda a jóvenes creadores a encontrar su espacio. Regresando a los cursos de alemán, Ferran Ferrando reconoce la preexistencia de una “amplia oferta” de formación en Múnich, si bien destaca que “no existe una oferta curricular global dirigida específicamente a la comunidad hispanohablante. “Lo que proponemos son cursos adaptados al ritmo y a las particularidades de los hispanohablantes al momento de aprender el alemán.”. Un paso adelante pues, en el Instituto Cervantes de Múnich, esa histórica institución que lleva una vida tratando de introducir las culturas hispánicas en el corazón de Baviera y que, por primera vez, parece haber descubierto que no basta con ser centro de excelencia en la enseñanza de nuestras lenguas, ni bastión cultural en tierras extranjeras, sino que existen otras posibilidades a explorar en el siglo XXI. Mucho más que el palacete de la rojigualda.

Múnich, hogar de mujeres extraordinarias

Ilustración del libro. /IVÁN DEL RÍO

Ilustración del libro. /IVÁN DEL RÍO

La Librería Española de Múnich acoge este sábado 13 de diciembre la presentación del libro La Liga de las Mujeres Extraordinarias, una obra gráfica dirigida al público infantil y juvenil, impulsada por el ilustrador Iván del Río y que recoge los relatos vitales de 30 mujeres clave a lo largo de la historia.

El proyecto, financiado exitosamente a través de Verkami –consiguió más de 14.000 euros para la edición–, está ilustrado por Del Río que ha contado no obstante con la colaboración de 30 mujeres, las cuales han escrito cada uno de los relatos en poco menos de 1.000 palabras. Como particularidad, las autoras de los textos son personas cercanas al impulsor del proyecto, “y cada una de ellas tiene una vinculación profesional o emotiva con el personaje histórico femenino asignado”.

Y ahí reside la principal relación de Múnich con la iniciativa, que cuenta con la Librería Española entre sus colaboradores y la muniquesa María Piulestán entre las autoras. Madre por partida doble y afincada en la ciudad desde hace años, María Piulestán (Cádiz) es licenciada en Filología Alemana por la Universidad de Sevilla. Trabaja en la traducción y edición de textos, así como en la creación de material didáctico.

A María pertenece el relato de Sacajawea, la mujer indígena que guió a la mítica expedición de Lewis y Clark hacia el salvaje oeste de los Estados Unidos de América. El viaje se prolongó entre 1804 y 1806, partiendo de Dakota del Norte hasta la costa de Oregón.

Aunque su dedicación principal no sea la de guía, lo cierto es que María Piulestán lleva años haciéndolo de forma desinteresada. Especialmente orientando a través de internet a familias con niños que visitan Múnich, pues es la autora del blog Ser una mamá española en Múnich. En este espacio ha venido recomendado durante años todo tipo de actividades a realizar en familia en la ciudad. También restaurantes, espacios de ocio o escuelas, en este caso para las familias españolas que han ido llegando en los últimos tiempos.

María Piulestán será la responsable de la presentación del libro, este sábado 13 de diciembre a las 16:30 horas, en un acto abierto en el que se podrán adquirir ejemplares.

Más información:

Espacio en Verkami del proyecto

eldiario.es (06/08/2014): La historia que escribieron ellas

L’últim dia de la tardor

El calendari assenyala, ací i allà, que la primavera entra el 21 de març, però hom a Baviera sap que fins que no entra el mes de maig igual en tenim que no. Ara bé, en arribar el primer del cinquè mes del calendari, mentre mig mon ret homenatge als màrtirs de Chicago, aquesta gent treu la pólvora, la cervesa i la música al carrer i celebra pagada que d’ençà d’aquell dia tot mou. Hui he tingut una sensació molt pareguda. Ja sé que resta un mes exacte per a que arribe l’hivern, però en realitat podem donar la tardor per exhaurida. Al principi del tot les primeres fulles groguenques van començar a caure al terra, allà per l’agost. Al setembre, les taronges i les vermelles anaven totes barrejades i cada dia n’hi havia més al terra. Ara fa un mes, per l’octubre, les clarors als arbres eren ja tan grans que si plovia no n’hi havia forma d’evitar banyar-se. Nevar no ha caigut un floc de neu, però. Al carrer, les fulles grogues, les vermelles i les marrons anaven amuntonant-se dia a dia sense que ningú fera res per arreplegar-les. N’hi havia tantes, ja al novembre, que fins i tot resultava perillós circular amb la bicicleta per segons quines arberedes. Hui però, han vingut dos desenes d’operaris dels serveis de neteja al barri i amb tot un munt de màquines ho han netejat tot. Primer han agranat els carrers, després han anat fent muntons, més tard ho han recollit tot plegat i només al final han arruixat. En acabar la feina els he vist mirar cap al cel i trobar allò que cercaven. Els til·lers del nostre carrer, els faigs del d’enfront i els freixes de més enllà, tan se val, no n’hi ha cap arbre que conserve una quantitat de fulla suficient com per a considerar-la una amenaça. La propera vegada que passen aquestos senyors de manteniment pel carrer serà per a retirar la neu i sembrar-ho tot d’incòmodes pedres. Pot que hui no haja començat encara l’hivern, però sense dubte la tardor ha arribat al seu fi. Ni que siga al nostre davant.

¿Es que todas me caen a mi?

Hoy me han vuelto a multar. La Polizei. Otra vez con la bicicleta. Es cierto que ruedo y ruedo por las calles de Múnich, pero… hace meses que dejé de arrancar, por el carril bici, con el semáforo de peatones en rojo; años que ya no escucho música mientras pedaleo; ahora me bajo del biciclo en las zonas peatonales. Aún así esta mañana me han pillado sobre ruedas mirando el correo electrónico en el teléfono móvil. Y zasca! Por poner en riesgo la circulación del barrio –con esto de ir a una mano–. O por listillo. O porque aquí también hay que hacer caja. Veinticinco eurillos, por pronto pago. Más bien euracos. Eurillos son los que salen de las tarjetas black, las que paga Clavijo; si salen de bolsillo propio son eurazos. ¿A qué sí Marcos? Me han cogido de buen humor. Indocumentado como iba me han tenido un rato comprobando datos y me han dado el sermón de rigor, los señores de verde, si bien puedo presumir y presumo que esta vez no ha salido ni una queja de mi boca. Impasible. Consciente de la imprudencia cometida –joder me están domesticando–. A cambio, he estado pensando todo el rato de espera en los cientos de ciclistas con los que me cruzo al día por esta ciudad: en el que habla por el móvil mientras conduce; en el que se salta los semáforos –de peatones– en las calles con poco tráfico; en el que anda por el carril bici en sentido contrario, etcétera. El otro día me crucé a un tipo que andaba en bici y portaba una caja de cerveza ¡todo a la vez! Sin manos, claro. Mi pregunta en ese lapso hasta la entrega del premio era: ¿a todos ellos también les parará tanto la policía como a mi o lo nuestro es especial? Espero que así sea, no soportaría ser un fulano cualquiera. Como si de una premonición se tratara, por cierto, esta mañana, antes de salir de casa, he decidido sabiamente hacerlo sin suprimir mi oscura barba de cuatro días. No hay multa sin pelambrera. No se disfruta igual, si uno no duda al ser sancionado en estos lares de si lo paran por turquillo o no. Pues eso mismo, que lo dudo. En fin, con todo el proceso masticado tranquilamente en mi interior y la falla bien explicada por parte del madero, la multa está en la saca. Tot ben senzill i ben alegre. Otra más para la colección. Avisada estás, nena.

Cinc motius pels quals els muniquesos adoren l’Augustiner

(Este texto está publicado en castellano en el magazine digital Dahoam. Léelo aquí)

Com si d’una filla mimada es tractara, gràcies a un enorme suport local la cervesa Augustiner de Munic ha aconseguit forjar un sòlid model d’èxit sense abandonar el seu caràcter d’empresa familiar. Ni tan solament realitza publicitat.

La botella màgica

La botella màgica

No és una de les grans cerveseres del món al segle XXI, ni tampoc d’Europa. Ni tan sols és especialment coneguda fora de Baviera. La seua aurèola de fama sembla dissipar-se fins i tot més enllà dels confins de l’àrea metropolitana de Munic, la qual cosa no impedeix que Augustiner-Bräu Wagner KG, o simplement Augustiner, siga la cervesa amb major recorregut i èxit en el panorama muniqués actual.

De fet, malgrat el seu caràcter eminentment local i de comptar amb una gamma limitada de productes –la clàssica helles, la refinada Edelstoff o una weiss que no gaudeix de tanta fama com altres cerveses de blat–, ha aconseguit colar-se en primera línia de mercat, pel que fa a les sis grans de Munic. S’estima la seua producció en poc menys d’1,5 milions d’hectolitres a l’any, sobre un total de sis milions en la ciutat. A tot Alemanya, en els últims anys la fabricació ha caigut fins als 94 milions anuals, repartida entre un total d’1.319 productors.

Amb prou faenes inverteix Augustiner grans recursos en màrqueting, evitant les campanyes publicitàries en mitjans de comunicació o altres suports. A diferència dels competidors, no compta amb eslògan propi –qui no recorda els mítics “gut, besser, Paulaner” o “lass dir raten, trink Spaten”–, ni tampoc amb una imatge corporativa adaptada als temps d’ara.

I no sembla fer-li falta, doncs els joves muniquesos segueixen penjats a dia de hui de la botella gruixuda de color marró, la qual passegen per la ciutat, freqüentment oberta, com si d’un símbol de pertinença a una tribu es tractara.

I per què? Ací algunes claus de l’èxit d’Augustiner:

Sentit de pertinença i proximitat
Al costat de la Hofbräu München, l’Augustiner és hui l’única de les sis grans muniqueses que segueix en mans de capital local. Allò de l’HB és clar com l’aigua, ja que es tracta d’una empresa de titularitat estatal, cobrant més mèrit potser el d’Augustiner.

Augustiner-Bräu Wagner KG, una societat comanditària, va ser adquirida per la família Wagner en el segle XIX, romanent actualment en la gestió, que ha sigut professionalitzada i oberta a nous socis. En qualsevol cas, l’empresa arrencada pels monjos agustins al segle XIV es manté en mans locals, una cosa que, si atenem les xifres, ha estat especialment apreciada per la massa social bavaresa.

Per contra, els altres estendards regionals han caigut en les xarxes d’enormes conglomerats de producció a nivell mundial. Paulaner i Hacker-Pschorr s’integren al holding de l’holandesa Heineken (posseeix el 49% de les accions), mentre que Spaten-Löwenbrau-Franziskaner són part del gegant belga-brasiler AB InBev.

Resultat: si bé és cert que per exemple Paulaner és l’única muniquesa que es fa un lloc al top ten de les indústries de cervesa alemanyes, amb més de 2,3 milions d’hectolitres de producció anual, el seu èxit internacional sembla inversament proporcional a l’estima que obté entre els seus conciutadans. Per contra, les tavernes d’agustina semblen aflorar pertot arreu.

Història
No cal oblidar que l’Augustiner és la cervesa més antiga de les sis que es produeixen hui a Munic, remuntant-se l’origen de la seua elaboració a l’any 1328. La mateixa marca s’encarrega de fer-ho públic i notori, doncs presumeix orgullosa d’aquesta data tant en la retolació de les seues ampolles com en el seu logotip corporatiu, el qual llueix, per exemple, en la immensa majoria de gots amb els quals es dispensa. Els clients també semblen haver captat el missatge.

Preu
Sempre amb els peus al terra, l’èxit comercial de l’Augustiner no els ha suposat canvis en els seus plantejaments comercials i la seua línia de preus ajustats. Tant en el supermercat com, generalment, en biergarten o cerveseries.

En el súper no sol passar dels 75 cèntims botella de mig litre –i és fàcil trobar-la més barata–, generalment per sota dels preus de Paulaner o Hacker-Pschorr; de cara als jardins de cervesa o restaurants, l’Augustiner sol trobar-se en llocs d’estil tradicional amb una gamma de preu moderat i rarament en restaurants de gamma alta.

Fins i tot en Oktoberfest, la seua carpa acumula diversos anys dispensant la birra més barata. Aquest 2014 fou una de les poques que no va passar la barrera dels deu euros per litre.

Presència
Si parlem de locals i de biergärten, les dades tornen a somriure-li a la marca. Segons la web oficial de la casa, són uns 70 els restaurants tradicionals i cerveseries –gaststätten– de Munic que dispensen en exclusiva la seua cervesa, a més de molts altres pubs, cafès, pizzeries o jardins de cervesa.

Una dada sobre els jardins, els dos més grans de la ciutat: el de Hirschgarten i el de Augustinerkeller ofereixen en exclusiva Augustiner. El primer està considerat el més gran d’Europa, amb una capacitat superior a 7.500 persones; el segon, propietat de l’empresa, no es queda arrere ja que compta amb 5.000.

Màrqueting
És curiós, però sense dubtes la continuïtat d’una mateixa línia comercial i de màrqueting des de fa anys, per austeres que siguen, sembla haver sigut la millor propaganda per a Augustiner.

El seu logo de tipografia noucentista, la seua etiqueta recarregada en la qual no cap una agulla o la seua botella gruixuda de color marró, tot bastant retro, fan del producte quelcom fàcil de reconèixer.

És més, semblen transmetre a la meravella tots els atributs ací descrits, aconseguint un efecte positiu en una amalgama eclèctica de clients: des del senyor bavarés a la cinquantena al xaval que es passeja en lederhose, arreplegant pel camí a muniquesos orgullosos de tota classe o fins i tot hipsters de mentalitat cosmopolita. Tots ells bevent gustosos de la mateixa botella.

El primer fred

Si Diumenge de Rams sempre ha estat en ma vida el dia d’estrenar roba de cara a la primavera, per la fira de Tots Sants és quan s’ha de treure l’abric de l’armari. Veig però que a casa ja fa uns anys que estan, a estes hores, més bé per baixar a Sant Joan a prendre el sol que no per passejar per Mariola en busca d’esclata-sangs. A Munic, enguany no ens ha tocat nevada a l’octubre, però el temps sembla haver canviat definitivament. Fa una setmana estàvem al llac prenent el sol; portem tres dies de pluja, fred, aire i temperatures per davall de deu graus. Gonçal. Un fred que pela, que sento al cos mentre dubte si encendre la calefacció i que, demà, mai se sap. Les fulles segueixen caient dels arbres però, mentre nosaltres ja hem tret les bufandes sense esperar a la fira de Tots Sants.

Tardor

Seca i assolellada, aquesta tardor avança al temps que les fulles seques ho envaeixen tot. A Munic, ningú no les arreplega i no ho faran mentre no siga un treball definitiu. N’estic convençut, ja ho he vist. A la muntanya, les fagedes van de verd a groc i de groc a vermell, tot un espectacle. Un espectacle que tot i que també he contemplat mil una vegades encara no he avorrit. Com? I si queda alguna estona lliure: una passejada pel bosc, humit, fresc, per ara farcit de fongs mentre s’acosta el fred i la neu. Quina llàstima que no sóc capaç de trobar-ne ni un, de bolet, dels que llençaria a la paella amb total tranquil·litat.

El parc

El parc

El castell

El castell

Reig de fageda

Reig de fageda

Diari d’Oktoberfest (X): el club dels 100

Una imatge del Club dels 100 per Oktoberfest. /WEB

Una imatge del Club dels 100 per Oktoberfest. /WEB

A primers de setmana algú em va mencionar el Club dels 100 a l’Oktoberfest. Aquell bon amic m’explicava que n’hi ha que competeixen durant els setze dies que dura el festival de la cervesa a Munic, amb la idea de beure’s 100 litres de birra en eixes dues setmanes. Es tractaria suposadament d’una agrupació secreta de la que, lògicament si atenem al qualificatiu, no he trobat escrita una sola coma ni tan sols a internet.

Sincerament, i després de parlar amb més d’un puntal en la matèria, no trobe cap indici seriós que em faça pensar que hi ha res de veritat en aquest suposat club. Un grup que, posats a imaginar, implicaria la despesa de 1.000 euros només en cerveses i en dues setmanes.

D’això mateix, del fet que n’hi ha es gasta un jornal durant l’Oktoberfest, no tinc dubtes però. I no només els turistes, que són els que paguen estos dies 300 euros per una habitació doble en un hotel de mala mort.

En qualsevol cas, allò més curiós ha sigut comprovar l’existència, ara sí que sí, d’un altre Club dels 100 entorn a l’Oktoberfest. Podríem definir-la de totes totes com una colla de penjats amb ànim suïcida i que atempta radicalment contra la salut pròpia, la qual ajunta als afores de Munic a desenes de neozelandesos i australians, principalment, un dia abans que comence el festival.

La gràcia: beure’s en aquest cas 100 colps de cervesa i altres licors en només 100 minuts. I menjar-se pel camí alguna que altra marranada. La beguda es serveix a dojo i dóna igual que arribe a la gola directament d’una llauna, en un got, una sabata o amb una màniga de regar. Allò que importa realment és l’espectacle i el que menys que al final de la festa hom urgisca un hospital. Així són alguns joves del nou mon.

Com que no he participat mai del Club del 100, i espere no tindre l’honor de trobar-me’ls en la vida, he rascat un parell de vídeos i imatges per internet, a més d’algunes notícies publicades en diversos mitjans de les antípodes (tant a Austràlia com a Nova Zelanda).

Entre els clips de vídeo més curiosos, hi ha un que no només filtra algunes imatges de l’Oktoberfest, sinó que fa una repassada del Van Tour que completen força joves australs cada estiu. Es tracta d’una volta salvatge per Europa en furgones de lloguer que dura tres mesos i que els suposa anar de país en país, de festa en festa, de pet en pet. A que no esbrineu on comença? A Pamplona, per San Fermí.

(Els sanfermins al minut 1 del vídeo)

100 club shock-ya-mentry from peter on Vimeo.

Diario de Oktoberfest (IX): otra crónica insensata para empezar

Ya van tres otoños contando la misma historia, así es que este año había pensado en dejarlo correr. Imposible. Llevo dos días tarareando cancioncitas de música schlager sin poder hacer nada por remediarlo, las fotos de camisas cuadradas y aparatosos balcones inundan mi perfil de facebook y, por si fuera poco, al whatsapp me están llegando las últimas noticias del Wiesn, a lo que respondo finalmente abalanzándome sobre el teclado. La crónica majadera del primer fin de semana de Oktoberfest, pues, se me hace de nuevo inevitable. Empecemos:

Balconazo o 'viel Holz vor der Hütte'. /WEB

La Ramona de Jürgen Drews: balconazo o ‘viel Holz vor der Hütte’. /WEB

Son las nueve de la mañana del sábado 20 de septiembre y este año ha tocado agua. Menuda tromba cayó anoche, viernes, en la previa. Nos cogió infraganti, tratando de celebrar los últimos coletazos del verano sentados en un biergarten. Hoy las cosas no pintan mejor, cielo gris y agua a trompicones que impacta con fuerza sobre el parabrisas del autobús. De momento somos dos, el chófer y yo, y nos vamos a alguna parte de las afueras de Múnich a buscar a un respetable grupo de 25 peruanos.

Un rato más tarde desembarcamos todos en la céntrica plaza de la Ópera. Supuestamente íbamos tranquilamente a ver el carillón, pero es bajar del microbio y ponerse a diluviar. Primera desbandada y dos docenas de señores y señoras que no tienen la más puñetera idea de dónde se encuentran desparramándose en busca de un quiosquito en el que comprar un paraguas, de un toldo bajo el que amagarse o, sí señor, de la primera foto del viaje. Adoro este trabajo.

Por suerte, aunque no sin algunas tensiones y subidas de tensión, nos reencontramos entre la muchedumbre de la plaza de María, todos sanos y salvos, pues la lluvia por lo general no hiere, solo moja. Poco a poco remite la tormenta, los pajaritos cantan, las nubes se levantan.

Para entonces ya es mediodía y a un par de kilómetros de distancia, en una carpa abarrotada de sedientos bebedores de cerveza, el inexperto alcalde Dieter Reiter se estrena en el arte de abrir barriles de cerveza mazo en mano. Por la noche veré la repetición por la tele y pensaré: qué poca gracia tienes burgomaestre!

Dieter Reiter, más tieso que un garrote en su primer 'O'zapft is!' . /WEB

Dieter Reiter, más tieso que un garrote en su primer ‘O’zapft is!’ . /WEB

Primera hora de la tarde y la sosería del regidor queda totalmente en segundo plano. Leed sino las noticias frescas que nos llegan, mientras, por cierto, yo voy terminando la tarea con mis peruanos en algún lugar de la Mancha. Abendzeitung: Samstag, 14:05 Uhr: Die erste Bierleiche. O lo que es lo mismo: el primer subnormal en agarrarse una cogorza descomunal en Oktoberfest consigue entrar en coma etílico a las dos de la tarde, tan solo dos horas después de la inauguración. Enhorabuena chaval.

Camilleros en Oktoberfest o el taxi de los ciegos

Camilleros en Oktoberfest o el taxi de los ciegos

No quiero ponerme melancólico otra vez con el tema camilleros, vomitadores y demás, que el asco y el morbo entorno al Wiesn me gustan más que a un tonto los palotes.

Bueno sí, una cançoneta i se’n anem: son las siete, se acerca la noche y alguien llama a Urgencias avisando de que hay una chavala en pelotas bañándose en el Isar. Borracha perdida, termina a la deriva. En helicóptero la sacan del agua. Francesa tenía que ser.

A estas horas paseo por fin por el Wiesn, entre empujones, grandes emociones y carpas cerradas a nuevos visitantes por sobresaturación. También borrachos, quizás por eso decido evadirme y subir a las alturas. Desde arriba, las cosas se ven mucho mejor. Creo que por hoy es suficiente.

Descansito de camareros

Descansito de camareros

Completo

Completo

Domingo 21. Maldición! Son las siete de la mañana, la lluvia ha vuelto a la ciudad y mi despertador está sonando, mientras Mariola duerme a pierna suelta. Qué suerte! O qué mala suerte, según se mire. Es el día del desfile grande en Oktoberfest. Lo de los 9.000 vestidos con trajes regionales ya lo he contado también, pero cuánto daría por darle a ese replay hoy y no al otro.

Va a ser que no. Me visto rápido y salgo escopetado en dirección al hotel donde aguardan puntuales los peruanos. Hoy toca… castillos! ¿Que qué castillos? Menos recochineo.

El día, en buena compañía, pasa volando y mientras decenas de miles de personas vuelven a revivir en Múnich la boda de Luis I de Baviera, yo simplemente vuelvo a conmemorar en los Alpes bávaros la historia de Luis II, el nieto díscolo. ¿Loco o cuerdo? ¿Suicidio o asesinato? ¿Homo o hetero? ¿Castillo o palacio? ¿Schnitzel o spätzle? Esto último me lo pregunto a mi mismo, ya sentado a la mesa.

Qué mal que se come por cierto en el Hotel Müller de Hohenschwangau. Y peor trato, servicio regular y unas ínfulas desbordadas que me ponen de los nervios. Menos mal que no me toca pagar la cuenta.

A todo esto, a la mesa de al lado se nos ha sentado el luchador mexicano, un colgado del DF que ha venido a ver Neuschwanstein con su tracht particular. Esto no es Oktoberfest, pero en según que asuntos se le parece.

luchador_mexicano_NSS

Muy ‘colgao’, no pude evitar tomarle una foto

Quizás animada por el atrezzo, mi compañera de mesa se desmelena y me remite a su receta maestra. Yo solo quería una small talk sobre gastronomía peruana, mistura, ceviche y esas cosas, y sin comerlo ni beberlo aquí estoy introduciéndome en el desconocido mundo del arroz a la pepsicola. Manda güevos, que diría aquel.

Con la barriga llena subimos al autobús, se me duermen la siesta y diría que hasta yo mismo prosigo lo que queda de día soñando despierto. Mi siguiente recuerdo es a las nueve de la noche. Llego a casa como salí: montado en bici, solo que empapado y afónico trece horas después. Veo al fondo el resplandor de las luces del festival. Es como si hubiese estado todo el día allí, pero sin haber estado.