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Diario de Oktoberfest (XI): ojos que no ven corazón que no siente

Oktoberfest 2015: esto ya va

Oktoberfest 2015: esto ya va

La 182ª edición del Oktoberfest está en marcha. Y ya son cinco (las mías, claro está). Quedan pocas imágenes del festival que puedan sorprenderme a estas alturas, todo lo contrario que a la legión de asiáticos que correteaba ayer por la mañana por el Wiesn, disfrazados tod@s. Como la chica de la foto con su trofeo. Yo, fue sonar el petardo de las doce, abrirse los grifos de la birra y salir corriendo del lugar. No alcancé a ver el primer carrito de la cruz roja al rescate del primer coma etílico. Esta vez nuevo récord: 80 minutos desde la apertura del festival. En cualquier caso, la foto de este año va a ser muy difícil de tomar. Está en la estación central de trenes, donde van a coincidir los miles de oktoberfestivaleros y los casi 10 000 refugiados sirios e iraquíes que están desembarcando desde Austria al día. No sé si por el bien de unos o de otros, o por un tema de tapar vergüenzas, pero la estación está blindada: cerrada al tráfico rodado, los refugiados a buen recaudo (están en una zona aislada a la que se impide al paso), policía en cada esquina… Refugiados y borrachos, pues, raramente se cruzarán por la estación. Y mientras tanto, a cuatro calles, ya sin dolor ni remordimiento, corre la cerveza a mares. Para bien y para mal.

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Diario de Oktoberfest (IX): otra crónica insensata para empezar

Ya van tres otoños contando la misma historia, así es que este año había pensado en dejarlo correr. Imposible. Llevo dos días tarareando cancioncitas de música schlager sin poder hacer nada por remediarlo, las fotos de camisas cuadradas y aparatosos balcones inundan mi perfil de facebook y, por si fuera poco, al whatsapp me están llegando las últimas noticias del Wiesn, a lo que respondo finalmente abalanzándome sobre el teclado. La crónica majadera del primer fin de semana de Oktoberfest, pues, se me hace de nuevo inevitable. Empecemos:

Balconazo o 'viel Holz vor der Hütte'. /WEB

La Ramona de Jürgen Drews: balconazo o ‘viel Holz vor der Hütte’. /WEB

Son las nueve de la mañana del sábado 20 de septiembre y este año ha tocado agua. Menuda tromba cayó anoche, viernes, en la previa. Nos cogió infraganti, tratando de celebrar los últimos coletazos del verano sentados en un biergarten. Hoy las cosas no pintan mejor, cielo gris y agua a trompicones que impacta con fuerza sobre el parabrisas del autobús. De momento somos dos, el chófer y yo, y nos vamos a alguna parte de las afueras de Múnich a buscar a un respetable grupo de 25 peruanos.

Un rato más tarde desembarcamos todos en la céntrica plaza de la Ópera. Supuestamente íbamos tranquilamente a ver el carillón, pero es bajar del microbio y ponerse a diluviar. Primera desbandada y dos docenas de señores y señoras que no tienen la más puñetera idea de dónde se encuentran desparramándose en busca de un quiosquito en el que comprar un paraguas, de un toldo bajo el que amagarse o, sí señor, de la primera foto del viaje. Adoro este trabajo.

Por suerte, aunque no sin algunas tensiones y subidas de tensión, nos reencontramos entre la muchedumbre de la plaza de María, todos sanos y salvos, pues la lluvia por lo general no hiere, solo moja. Poco a poco remite la tormenta, los pajaritos cantan, las nubes se levantan.

Para entonces ya es mediodía y a un par de kilómetros de distancia, en una carpa abarrotada de sedientos bebedores de cerveza, el inexperto alcalde Dieter Reiter se estrena en el arte de abrir barriles de cerveza mazo en mano. Por la noche veré la repetición por la tele y pensaré: qué poca gracia tienes burgomaestre!

Dieter Reiter, más tieso que un garrote en su primer 'O'zapft is!' . /WEB

Dieter Reiter, más tieso que un garrote en su primer ‘O’zapft is!’ . /WEB

Primera hora de la tarde y la sosería del regidor queda totalmente en segundo plano. Leed sino las noticias frescas que nos llegan, mientras, por cierto, yo voy terminando la tarea con mis peruanos en algún lugar de la Mancha. Abendzeitung: Samstag, 14:05 Uhr: Die erste Bierleiche. O lo que es lo mismo: el primer subnormal en agarrarse una cogorza descomunal en Oktoberfest consigue entrar en coma etílico a las dos de la tarde, tan solo dos horas después de la inauguración. Enhorabuena chaval.

Camilleros en Oktoberfest o el taxi de los ciegos

Camilleros en Oktoberfest o el taxi de los ciegos

No quiero ponerme melancólico otra vez con el tema camilleros, vomitadores y demás, que el asco y el morbo entorno al Wiesn me gustan más que a un tonto los palotes.

Bueno sí, una cançoneta i se’n anem: son las siete, se acerca la noche y alguien llama a Urgencias avisando de que hay una chavala en pelotas bañándose en el Isar. Borracha perdida, termina a la deriva. En helicóptero la sacan del agua. Francesa tenía que ser.

A estas horas paseo por fin por el Wiesn, entre empujones, grandes emociones y carpas cerradas a nuevos visitantes por sobresaturación. También borrachos, quizás por eso decido evadirme y subir a las alturas. Desde arriba, las cosas se ven mucho mejor. Creo que por hoy es suficiente.

Descansito de camareros

Descansito de camareros

Completo

Completo

Domingo 21. Maldición! Son las siete de la mañana, la lluvia ha vuelto a la ciudad y mi despertador está sonando, mientras Mariola duerme a pierna suelta. Qué suerte! O qué mala suerte, según se mire. Es el día del desfile grande en Oktoberfest. Lo de los 9.000 vestidos con trajes regionales ya lo he contado también, pero cuánto daría por darle a ese replay hoy y no al otro.

Va a ser que no. Me visto rápido y salgo escopetado en dirección al hotel donde aguardan puntuales los peruanos. Hoy toca… castillos! ¿Que qué castillos? Menos recochineo.

El día, en buena compañía, pasa volando y mientras decenas de miles de personas vuelven a revivir en Múnich la boda de Luis I de Baviera, yo simplemente vuelvo a conmemorar en los Alpes bávaros la historia de Luis II, el nieto díscolo. ¿Loco o cuerdo? ¿Suicidio o asesinato? ¿Homo o hetero? ¿Castillo o palacio? ¿Schnitzel o spätzle? Esto último me lo pregunto a mi mismo, ya sentado a la mesa.

Qué mal que se come por cierto en el Hotel Müller de Hohenschwangau. Y peor trato, servicio regular y unas ínfulas desbordadas que me ponen de los nervios. Menos mal que no me toca pagar la cuenta.

A todo esto, a la mesa de al lado se nos ha sentado el luchador mexicano, un colgado del DF que ha venido a ver Neuschwanstein con su tracht particular. Esto no es Oktoberfest, pero en según que asuntos se le parece.

luchador_mexicano_NSS

Muy ‘colgao’, no pude evitar tomarle una foto

Quizás animada por el atrezzo, mi compañera de mesa se desmelena y me remite a su receta maestra. Yo solo quería una small talk sobre gastronomía peruana, mistura, ceviche y esas cosas, y sin comerlo ni beberlo aquí estoy introduciéndome en el desconocido mundo del arroz a la pepsicola. Manda güevos, que diría aquel.

Con la barriga llena subimos al autobús, se me duermen la siesta y diría que hasta yo mismo prosigo lo que queda de día soñando despierto. Mi siguiente recuerdo es a las nueve de la noche. Llego a casa como salí: montado en bici, solo que empapado y afónico trece horas después. Veo al fondo el resplandor de las luces del festival. Es como si hubiese estado todo el día allí, pero sin haber estado.

Diario de Oktoberfest (V): desfile de trajes

La carpa de Hofbräuhaus

La carpa de Hofbräuhaus

Mientras un señor con bigote cosía a martillazos el primer barril de cerveza, decenas de miles de personas esperaban impacientes a ponerse morados de cerveza y nosotros, sábado a mediodía, andábamos despistados por el centro histórico de la pequeña Ingolstadt. Ya de noche, eso sí, todavía tuvimos tiempo y fuerzas para darnos un primer paseo por el Wiesn. Lo del O’zapft is! ya está contado y de la incursión nocturna mejor ni hablar: pasear entre empujones, vómitos o equipos de reanimación cardiovascular no me parece nada glamoroso. El caso es que vengo bizarro y como tal el cuerpo me pide una crónica a la altura. Y sin tocarla. La gaita, digo –estoy con antibióticos–. A la faena: primer domingo de Oktoberfest que casi diría cobra más sentido que el primer sábado, el de la sed. Literalmente, domingo de desfile de trajes típicos. O de Trachten- und Schützenzug, que ya se sabe. Por suerte, este año, un sol de mil demonios después de una semana de perros y 9.000 personas desfilando a toda paleta por las calles del centro histórico de Múnich. Una señora en los cincuenta, cardado de rigor, con la que comparto escalón desde el que tomar fotografías –así soy yo, siempre a lo grande– rompe el hielo: “Dicen que es el desfile de este tipo más multitudinario de Europa”. No voy a ser yo el que le quite la ilusión a la münchnerin, pero su másdelomás a mi a ratos me parece un pelín aburrido y de tanto en tanto más bien ridículo. Igual pasa una banda de música con su montón de trofeos de caza que viene una carroza de la Audi, intentando vender su último modelo de vehículo eléctrico con unas tías jamonas vestidas de bávaras. Dentro del coche, claro. Alle zusammen.

Banda de música en el desfile

Banda de música en el desfile

Un Audi histórico, Audi al fin y al cabo, en el desfile de Oktoberfest

Un Audi histórico, Audi al fin y al cabo, en el desfile de Oktoberfest

Mientras pasan tomo fotos y más fotos, sin mucho éxito, y en estas oigo aplausos de fondo y algún que otro silbido. Me fijo y veo venir al señor Alcalde con su señora, montados en carroza. El chavalín de mi vera le grita: “Das letztes mal, Ude”. Y se ríe. Nos ha salido de la CSU, el jodío. En fin, Ude se ríe también como buen vendedor que es y hace como que no se acuerda de la ostia que le dieron el otro día.

Ude en la Max-Joseph-Platz

Ude en la Max-Joseph-Platz

Sigo a lo mío y me acabo retirando al Wiesn, próxima parada. A todo esto me cruzo por el camino con un puñado de asiáticos, a lo mejor chinos o a lo mejor japoneses, disfrazados de bávaros. Me da la risa a mi también. Aunque bien visto, hasta yo voy disfrazado de bávaro. Y un turco disfrazado de bávaro también podría ser motivo para partirse la caja. Que sí, que en lo que llevamos de semana me han preguntado cuatro o cinco veces que si vengo aus der Türkei. Hace un par de días hasta me hablaron en turco, me figuro. Hoy vengo afeitado y disfrazado, así es que no hay lugar a dudas.

¿Que hacen unos asiáticos vestidos de bávaros? ¿Y yo?

¿Que hacen unos asiáticos vestidos de bávaros? ¿Y yo?

Vamos tirando pa la carpa que es mediodía y se me espera. El desfile de los trachten, por cierto, se acaba y las carpas del Oktober se están empezando a llenar hasta la bandera. Me da la sensación en todo caso que este año ha venido menos gente, pues en ningún momento del día han llegado a cerrar puertas por superar el aforo. Nosotros, por si las moscas, habíamos venido a la casa de Paulaner con la mesa reservada. Nos vamos germanizando, ya lo he dicho aquí un par de veces. Con el día pasado, tropocientos anprosits de cerveza sin alcohol –estoy pero que muy en horas bajas– es hora de recoger trastos que mañana se trabaja. De camino, pasamos por el pasillo central de nuestra Winzerer Fähndl. Qué jaleo! Calvetes que parecen italianos empujan por todas las partes; algunos tocan el culete de las chavalas que les pasan por delante sin que estas se inmuten lo más mínimo; los camareros se ganan la vida como pueden; un señor que se cree Chris Martin toca la guitarra ahí arriba para suerte de 8.000 personas que le bailan las gracias pedo total; una chiquita vende sombreros de fieltro; alguno se está vomitando encima; la seguridad, que me cae muy gorda, no da para más… y nosotros, satisfechos después de quemarnos los cuartos en un abrir y cerrar de ojos, nos vamos a casa. No está mal para empezar.

Camarero

Camarero

Cervezas

Cervezas