Category: Opinió/ Opinión

Exasperante burocracia

Menudo cabreo traigo. Tres años después de haber puesto en marcha esta fantástica iniciativa de nombre Bayern a medida, todavía a estas alturas es posible descubrir trabas increíbles por parte de la Administración pública. So ist, la vieja Europa, para lo bueno y, cada vez más, para lo malo. Hoy, lunes, de buena mañana, una niñata me ha dicho sin torcer el gesto que la solicitud de nuestra empresa no está en condiciones de ser aprobada por su departamento. La razón: me dice que tenemos todos los papeles en regla, hablo de unos veinte certificados oficiales que hemos recolectado pacientemente durante casi un trimestre mediante trámites con diferentes entidades de toda Alemania, y que hemos hecho un gran trabajo en su conjunto –esto viene de más largo aún, unos dos años de papelotes en concreto–, pero que incumplimos un pequeño aspecto legal, sin embargo vinculante. Resulta que la ley alemana exige una distancia máxima de cinco minutos caminando entre la sede de nuestra empresa y la sede del parking de nuestro automóvil profesional. Y Google maps le ha indicado a la nena que en nuestro caso se tardan 15 minutos caminando. Google maps! ¿Pero qué mierda es esta? Si al menos se lo hubiera dicho un perito, un funcionario o hasta un repartidor de periódicos… Pero no, a Frau Culoapoltronado se lo ha dicho Herr Google y eso es lo que cuenta. Esto sin entrar a valorar la gravedad del asunto, que por cierto no interfiere para nada en el normal funcionamiento de la empresa. Y ahora retroceda otras 20 casillas y vuelva a lanzar los dados. Pues eso rubiales, tal y como tenéis el patio también en Alemania el Duden haría bien en ampliar la definición de burocracia, tal y como ya hizo el diccionario de la Real Academia Española en su día (al menos en esto os vamos por delante). Burocracia, pues: Administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas. Aunque la RAE la clava yo quiero añadir algo más en caliente: la burocracia y los burócratas son capaces de desincentivar y desmotivar a los ciudadanos de toda naturaleza, también a los emprendedores. Convierten los trámites administrativos de toda clase en algo más que farragoso, en algo soporífero, exasperante, irritante, asqueroso, insoportable. Apéndice: los burócratas germanos más traicioneros se reconocen fácilmente, pues a menudo calzan unas confortables Birkenstock. También en enero y aunque en la calle haya nieve a cascoporro, por lo que si te cruzas uno o una por los pasillos de la Administración pública, sal corriendo. Por si las moscas.

Como no quiero empezar la semana con depre, ahora os cuento nuestra historia con la ayuda de Forges, todo un referente en ironizar sobre la materia:

Así estábamos hace tres años

Así estábamos hace tres años

Así estuvimos hace un año largo

Así estuvimos hace un año largo

Así estamos ahora

Así estamos ahora

Dieter ja és alcalde

EL 'Oberbürgermeister' Reiter en una protesta contra BAGIDA-PEGIDA. /SZ

EL ‘Oberbürgermeister’ Reiter en una protesta contra BAGIDA-PEGIDA. /SZ

Llegisc al diari que un miler de persones van eixir anit al carrer a Munic amb una pancarta que diu Baviera contra la islamització d’Occident (i després diran que no són uns sucursalistes, eixos bavaresos). Ja cansa la cançoneta (la música potser no sona malament del tot en els dies del kalàixnikov al cor d’Europa, però la lletra petita d’aquesta gent fa molta por), tot i que per sort a cada dia que als de Bagida els dóna per intentar fer una mica de soroll al carrer són 10 o 20 vegades més les persones que estan saltant a tapar-los la boca. M’hi hauré d’apuntar un dia, o serà una vergonya. Este mateix dilluns, de fet, 12.000 münchner es van encarregar de minimitzar la mani de Bagida en protestar contra aquestos al mateix lloc i hora que ells. Munic intolerant: 1.000 pallassos; Munic de colors: 12.000 Pallassos. Sendlinger Tor dicta sentència. Zum Glück. A tot açò, el que em fa somriure és que els jutjats li han dit als de Bagida que no, que amb Dieter Reiter no tenen res a fer per aquest camí. Jo no vaig votar el Dieter, i dubte que li donara el meu suport si les eleccions municipals tornaren a celebrar-se demà. Em sembla espedé pur, o psoe pur, tan se val. Són cartró-pedra. Però les coses són com són, i haig de reconèixer que amb aquest tema dels refugiats, i per tant del pluriculturalisme de Munic, Dieter Reiter s’ha guanyat el meu respecte i, si més no, la meua admiració. Quan el 10 d’octubre el vaig veure visitant envoltat de càmeres el centre d’internament de refugiats polítics a Freimann (on aleshores hi havia 2.500 persones en unes casernes amb espai per a la meitat) vaig pensar: desconfia, este està cridant al cel en busca de vots. Amb el temps, veig que, si de cas, només a mitges. D’una banda, no estava fent la seua feina, sinó que es va presentar al mig de l’era sense que ningú no l’haguera cridat: la gestió dels refugiats a Baviera era i és cosa del govern regional i no del municipal ni del batlle. D’altra banda i ben mirat: no tenia massa a guanyar en aquesta batalla, doncs ni els refugiats voten, ni votaran, ni res fa pensar que Munic, ciutat de nòmines carregades de zeros, siga tan progressista i oberta al món com per a que fer-li costat al més dèbil puga donar vots directament a un alcalde. Amb la perspectiva que atorguen els quatre mesos transcorreguts des d’aquella primera visita, sembla que Reiter s’ha implicat veritablement en la busca d’una solució per a la situació dels milers de refugiats polítics que han arribat a la ciutat. Segurament haja fet alguna cagada en aquesta missió que encara no he endevinat a descobrir, però, pel que a mi respecta, amb el seu procedir en aquest tema no només he après a pronunciar el seu nom correctament sinó que aquest home ha deixat de ser l’ombra d’Ude per a passar a ser el veritable alcalde de Munic, esta mena de poble gran que habite i que mentre es resistisca a ser una ciutat global però actue amb l’obertura de mires que ho ha fet el senyor Reiter em farà sentir ben a gust. Per a disgust dels racistes.

La ‘helles’ que emanó del garaje

Que Múnich ciudad (tiene) tenía seis cervecerías –entendido el concepto como fábricas de cerveza y dejando por el camino unas cuantas microcervecerías– es un mantra que todo buen vecino de este municipio tiene grabado a fuego en el subconsciente.

Estas seis gordas se han venido repartiendo el enorme pastel que es el mercado local desde hace décadas y especialmente en lo que respecta a la cerveza de barril que se tira en los grifos de los restaurantes, bares y tabernas del lugar, desde Forstenried hasta Freimann, de Pasing a Trudering.

Resulta prácticamente imposible encontrar un garito en este pueblo de casi dos millones de habitantes en el que a la puerta no haya una chapa que anuncie claramente que nos hallamos en territorio Augustiner, Paulaner, Löwenbräu, Hacker-Pschorr o, como mucho, Spaten –el radio de acción de la Hofbräu München es más bien limitado a unos cuantos locales, quizás por eso de que es una empresa de carácter estatal–.

Es como si el niño muniqués, la figura que representa a la asociación Münchener Bier o Cerveza de Múnich –ojo al dato porque hablamos de un menor de edad con una jarra de litro entre sus tiernas manos– y que acostumbra a figurar en las etiquetas de los botellines del club de las seis, fuese en realidad un personaje bastante menos inocente de lo que se pretende, más bien una especie de can Cerbero cerrando las puertas del inframundo del tráfico de zumo de cebada a todo aquel que se proponga asomar la nariz.

El Münchener Kindl en una imagen antigua

El Münchener Kindl en una imagen antigua

Con estos mimbres, no es de extrañar que la historia de la pequeña Giesinger Bräu se haya disparado hasta las páginas de las principales cabeceras de la ciudad, granjeándose empatías y simpatías entre propios y ajenos –me puedo figurar que las envidias y las antipatías no deben de andar muy lejos–.

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Enorme mosaico con el logo de la Giesinger a las puertas de su sede

 

De entre lo contado en las crónicas escritas en las últimas semanas, me llaman la atención las declaraciones del responsable del Museo de la Cerveza y el Oktoberfest de Múnich –por cierto, un espacio propiedad por cierto de Münchner Bier– en la biblia del periodismo local de nombre Süddeutsche y de apellido Zeitung.

Hace un par de semanas, Lukas Bulka reconocía que lo de la Giesinger Bräu es lo más novedoso que ha acontecido en el mercado de la cerveza de Múnich en los últimos 125 años. Un sector que lleva décadas asistiendo a los funerales de los peces chicos mientras los tiburones se ponen morados a birra, pero que se había olvidado de cuándo se celebró el último nacimiento en la casa.

En concreto, fue en 1889 cuando se fundó la última cervecería privada en Múnich hasta lo de la Giesinger, la conocida como Thomasbräu de la Kapuzinerplatz. Puede que el nombre de la marca no nos suene de nada, normal, pero los aficionados a la cerveza de por aquí rápidamente asociamos el lugar a uno de los biergarten y restaurantes tradicionales más apetitosos de la zona centro. Absorbida ya en 1929, hace algunas décadas que el nombre Thomasbräu pasó a mejor vida en beneficio de otro mucho más fácil de reconocer: Paulaner Bräuhaus o la Paulaner de la Kapuziner.

Un posavasos de la vieja Thomasbräu

Un posavasos de la vieja Thomasbräu

La Giesinger
Volviendo a la Giesinger Bräu, lo de ahora es más un bautizo que un alumbramiento, pues esta cervecería se fundó hace más de un lustro en un garaje del peleón barrio de Untergiesing. Así parieron a la criatura, al más puro estilo Silicon Valley, aunque hablando de cerveza y de Baviera más bien lo definiría como un acontecimiento de corte Jesús-María-y-José.

Tras unos cuantos años en su cochera de Giesing, han logrado asentar su marca en el barrio del mismo nombre y ponerla a la venta en un centenar de establecimientos, mayormente bares, colmados, supermercados y gasolineras de Múnich y suburbios.

Cata de giesingers en su barra de bar

Cata de giesingers en su barra de bar

Y no les debe de haber ido mal del todo, pues finalmente han conseguido un puñado razonable de billetes –unos 4 millones de euros– para celebrar el mencionado bautizo, en forma de mudanza a un pequeño edificio en su mismo distrito que les abre un poco más al mundo y les ha de permitir trpocientosplicar su producción.

Concretamente y según ha dicho su gerente Steffen Marx, 15.000 hectolitros de cerveza quieren elaborar al año, que son casi diez veces más de lo que han venido produciendo hasta la fecha, pero 1.285.000 hectolitros menos de lo que fabrica Augustiner –la otra cervecería privada de Múnich– y 3.485.000 hectolitros menos de los que salen por la puerta de la fábrica de Paulaner. Quieren crecer, pero solo un poquito.

Por lo demás, la nueva sede de Giesinger Bräu tiene una virtud que no debería de ser obviada por los amantes de esta bebida: dispone de un pequeño restaurante tradicional y una terraza que esperan convertir en mini jardín de cerveza en la temporada de verano. 70 plazas dentro y 70 plazas al aire libre, más que suficiente para entrar en contacto con esta nueva marca que ya ha sido bautizada como la séptima.

Para acabar, de vuelta a las simpatías granjeadas. Aunque solo sea por el respeto que me merecen las cosas pequeñas hechas (por lo general contracorriente) desde el convencimiento y el empeño personal, tengo que reconocer, por si alguno no lo había notado todavía, que desde que pisé su casa el otro día cuentan con la mía. No lo niego, me atraen este tipo de cosas. Mi padre lo llamaría artesanía; algún posmoderno hubiese etiquetado el asunto en la categoría de microcervecerías; su publicista los ha bautizado del palo Think global, drink local. Asiento, esbozo sonrisa y añado un asuntillo que no debería ser menor: sus birras además están de puta madre. (Amén) Prost, pues.

Alcoi: les orenetes

Acaba l’any i al Nostre fan públiques les dades demogràfiques de la ciutat d’Alcoi. Per primera vegada en 45 anys al meu poble viuen menys de 60.000 persones (59.675 ànimes de les quals, com a poc, 7.500 no troben faena), que són 6.000 menys que el dia en què jo vaig nàixer. Poca broma. D’un temps ençà n’hi ha qui ens coneix com els caragols, als alcoians, però de seguir així acabarem per ser millor coneguts com els crancs o, pitjor encara, les orenetes, per això que cada dia som més els que passem les vacances al poble i la resta de l’any a l’altra banda de la Carrasqueta. En la meua condició d’au migratòria no sé si tinc dret a obrir la boca, però tan se val: piu (dol).

Munic: Cap d’Any en blanc

Els torrons estan a la panxa, la família queda a lluny una vegada més i reprenem la marxa a Munic. Abans de Nadal hom parlava del mes de desembre més càlid que es recorda; el cas és que ha estat tornar i començar a caure la neu. El 28 a la nit esperàven 13 graus baix zero i des d’aleshores, tot i que les temperatures han anat recuperant-se, no ha deixat de nevar.

Trineus al parc anglès

Trineus al parc anglès

Passejada

Passejada

Surfistes

Surfistes

Ciclista al parc

Ciclista al parc

Corredors

Corredors

Esquí al parc

Esquí al parc

Snowboard

Snowboard

Servus

Servus

La bici

La bici

“Hemos ampliado nuestra misión sin descuidar actividades anteriores”

Me avisan de importantes novedades en el Cervantes de Múnich: por un lado han recuperado la figura del director; por otro van a empezar a ofrecer cursos de alemán para hispanohablantes. Así es que no lo dudo, les pido una entrevista, me la dan y la vuelco en el Quadern:

Ferran, en las escaleras del Instituto

Ferran, en las escaleras del Instituto

Aunque desde dentro no se perciba exactamente así, algo se mueve en el Instituto Cervantes de Múnich. Tras unos meses de gestión teledirigida en tiempos de recortes, el centro recupera la figura del director a la par que intenta transitar por nuevas sendas, hasta ahora desconocidas para el organismo. Inaugurado en el año 1956 y auspiciado por la infanta Pilar de Baviera, el Cervantes muniqués, por entonces Instituto Español de Cultura de Múnich –hasta 1994–, atesora medio siglo de interacción con la sociedad bávara. “La misión era abrir la cultura española al pueblo alemán, despertar el interés por nuestra cultura allí donde no lo había”. El que habla es un viejo conocido de la casa, Ferran Ferrando (Albocásser , 1960), antiguo director de la entidad entre 2002 y 2007 que ha recuperado este puesto tras su paso por la sede de Estocolmo y un lustro como responsable de la Escuela de Lenguas de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Hijo de emigrantes españoles, Ferrando llegó a Alemania con cinco años y cursó sus estudios en las universidades de Göttingen y Montpellier, obteniendo el doctorado en Filología por la Universidad de Bremen. Jovial, accesible, casi diría desenfadado, nos sentamos a charlar un rato en su despacho, y empezamos por comentar el cambio de rumbo que, da la sensación, ha empezado a tomar el Cervantes de Múnich, por ejemplo en cuanto a su relación con la comunidad española aquí residente. “Es cierto que la programación ha estado dirigida principalmente al público alemán, pero los residentes españoles siempre han encontrado actividades atractivas en el centro, como visitas de escritores famosos o ciclos de cine”, comenta al respecto. A juicio de Ferrando, el Cervantes ha jugado un papel importante en la aproximación entre Alemania y España, el que tocaba, durante décadas. “La cultura es la primera puerta que se abre entre dos pueblos que quieren estrechar relaciones. Luego vienen los negocios”, explica. Regresando a la vinculación con las comunidades españolas e iberoamericanas presentes desde hace años en Múnich, pero no especialmente en el Cervantes, Ferran Ferrando ofrece su propia visión: “Siempre hemos colaborado y hemos dado difusión a sus actividades, pero para ser parte del tejido cultural de la ciudad hay que cooperar con instituciones como Muffathalle, Gasteig y el Museo del Cine, y hay que orientar la programación hacia la sensibilidad de una ciudadanía, que en Múnich es muy culta y abierta al mundo.” Hace referencia a la Amerika Haus, al Institut Français, pero también a entidades puramente germanas como la Literaturhaus, pues la programación del Cervantes pone especial énfasis en la literatura. El director recuerda como en los años 90, cuando ya formaba parte del centro como gestor cultural, se les llamó la atención desde el área municipal de Cultura, al percibir que no cobraran por la entrada a sus actividades. “Y empezamos a hacerlo, para convertirnos en un actor más de la escena local”. Los tiempos han cambiado: mientras la comunidad alemana prosigue con su acercamiento al universo hispano, lo cierto es que hordas de españoles vuelven a invadir la República Federal en un movimiento similar al que aconteciera en los años 60 del siglo pasado. En el caso de Múnich, el censo arroja cifras demoledoras: hace solo unos años apenas había 3.500, mientras que en la actualidad somos unos 7.300, los españoles empadronados según cifras oficiales de la Administración local (31/12/2013). Muchos de ellos son ingenieros, informáticos, investigadores u otros técnicos, menos emigrantes (a esta ciudad) están vinculados al mundo de las letras o la cultura, la inmensa mayoría son profesionales universitarios llegados en los últimos cinco años en busca de una oportunidad laboral que en España no existe. A estos precisamente se dirige la última propuesta del Instituto Cervantes, pues en un movimiento inédito van a empezar a impartir clases de alemán, sí de alemán, a partir de enero de 2015. Atrás quedan los discursos oficiales en los que se aseguraba que la entidad estaba aquí para acercar el español a los teutones, lo que ha mantenido a los españoles más o menos alejados de la casa. Ferran Ferrando no niega el nuevo rol, aunque le incomode la idea de que esto supone un cambio radical. Una “ampliación de nuestra misión sin descuidar nuestras actividades anteriores”, matiza. “La situación ha cambiado. Ha llegado una generación nueva de españoles y percibimos que han cambiado las necesidades”. Y agrega que no solamente pretenden reclamar la atención de los estudiantes de alemán, sino que también buscan el contacto con la comunidad de artistas hispanos aquí afincada, así como de otros grupos profesionales organizados y a tener en cuenta en Baviera como la comunidad científica. De momento han empezado por acoger este otoño el congreso de la CERFA, la Sociedad de Científicos Españoles en la República Federal Alemana, y han iniciado la cooperación con el organismo Kompetenzteam Kultur- und Kreativwirtschaft, que ayuda a jóvenes creadores a encontrar su espacio. Regresando a los cursos de alemán, Ferran Ferrando reconoce la preexistencia de una “amplia oferta” de formación en Múnich, si bien destaca que “no existe una oferta curricular global dirigida específicamente a la comunidad hispanohablante. “Lo que proponemos son cursos adaptados al ritmo y a las particularidades de los hispanohablantes al momento de aprender el alemán.”. Un paso adelante pues, en el Instituto Cervantes de Múnich, esa histórica institución que lleva una vida tratando de introducir las culturas hispánicas en el corazón de Baviera y que, por primera vez, parece haber descubierto que no basta con ser centro de excelencia en la enseñanza de nuestras lenguas, ni bastión cultural en tierras extranjeras, sino que existen otras posibilidades a explorar en el siglo XXI. Mucho más que el palacete de la rojigualda.

Múnich, hogar de mujeres extraordinarias

Ilustración del libro. /IVÁN DEL RÍO

Ilustración del libro. /IVÁN DEL RÍO

La Librería Española de Múnich acoge este sábado 13 de diciembre la presentación del libro La Liga de las Mujeres Extraordinarias, una obra gráfica dirigida al público infantil y juvenil, impulsada por el ilustrador Iván del Río y que recoge los relatos vitales de 30 mujeres clave a lo largo de la historia.

El proyecto, financiado exitosamente a través de Verkami –consiguió más de 14.000 euros para la edición–, está ilustrado por Del Río que ha contado no obstante con la colaboración de 30 mujeres, las cuales han escrito cada uno de los relatos en poco menos de 1.000 palabras. Como particularidad, las autoras de los textos son personas cercanas al impulsor del proyecto, “y cada una de ellas tiene una vinculación profesional o emotiva con el personaje histórico femenino asignado”.

Y ahí reside la principal relación de Múnich con la iniciativa, que cuenta con la Librería Española entre sus colaboradores y la muniquesa María Piulestán entre las autoras. Madre por partida doble y afincada en la ciudad desde hace años, María Piulestán (Cádiz) es licenciada en Filología Alemana por la Universidad de Sevilla. Trabaja en la traducción y edición de textos, así como en la creación de material didáctico.

A María pertenece el relato de Sacajawea, la mujer indígena que guió a la mítica expedición de Lewis y Clark hacia el salvaje oeste de los Estados Unidos de América. El viaje se prolongó entre 1804 y 1806, partiendo de Dakota del Norte hasta la costa de Oregón.

Aunque su dedicación principal no sea la de guía, lo cierto es que María Piulestán lleva años haciéndolo de forma desinteresada. Especialmente orientando a través de internet a familias con niños que visitan Múnich, pues es la autora del blog Ser una mamá española en Múnich. En este espacio ha venido recomendado durante años todo tipo de actividades a realizar en familia en la ciudad. También restaurantes, espacios de ocio o escuelas, en este caso para las familias españolas que han ido llegando en los últimos tiempos.

María Piulestán será la responsable de la presentación del libro, este sábado 13 de diciembre a las 16:30 horas, en un acto abierto en el que se podrán adquirir ejemplares.

Más información:

Espacio en Verkami del proyecto

eldiario.es (06/08/2014): La historia que escribieron ellas

L’últim dia de la tardor

El calendari assenyala, ací i allà, que la primavera entra el 21 de març, però hom a Baviera sap que fins que no entra el mes de maig igual en tenim que no. Ara bé, en arribar el primer del cinquè mes del calendari, mentre mig mon ret homenatge als màrtirs de Chicago, aquesta gent treu la pólvora, la cervesa i la música al carrer i celebra pagada que d’ençà d’aquell dia tot mou. Hui he tingut una sensació molt pareguda. Ja sé que resta un mes exacte per a que arribe l’hivern, però en realitat podem donar la tardor per exhaurida. Al principi del tot les primeres fulles groguenques van començar a caure al terra, allà per l’agost. Al setembre, les taronges i les vermelles anaven totes barrejades i cada dia n’hi havia més al terra. Ara fa un mes, per l’octubre, les clarors als arbres eren ja tan grans que si plovia no n’hi havia forma d’evitar banyar-se. Nevar no ha caigut un floc de neu, però. Al carrer, les fulles grogues, les vermelles i les marrons anaven amuntonant-se dia a dia sense que ningú fera res per arreplegar-les. N’hi havia tantes, ja al novembre, que fins i tot resultava perillós circular amb la bicicleta per segons quines arberedes. Hui però, han vingut dos desenes d’operaris dels serveis de neteja al barri i amb tot un munt de màquines ho han netejat tot. Primer han agranat els carrers, després han anat fent muntons, més tard ho han recollit tot plegat i només al final han arruixat. En acabar la feina els he vist mirar cap al cel i trobar allò que cercaven. Els til·lers del nostre carrer, els faigs del d’enfront i els freixes de més enllà, tan se val, no n’hi ha cap arbre que conserve una quantitat de fulla suficient com per a considerar-la una amenaça. La propera vegada que passen aquestos senyors de manteniment pel carrer serà per a retirar la neu i sembrar-ho tot d’incòmodes pedres. Pot que hui no haja començat encara l’hivern, però sense dubte la tardor ha arribat al seu fi. Ni que siga al nostre davant.

Quiero que quiten el tren (de Alcoi)

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Perdonad el cabreo, pero lo del ciclista de ultrafondo y el tren tortuga me ha tocado el alma.

Para los despistados: en adelante me remito a un pueblo de nombre Alcoi (60.000 habitantes perdidos en el interior de la provincia de Alicante y de los que no hay noticia más allá del 23 de abril), el cual, según cuentan los libros, en 1892 vio cómo se inauguraba su primera línea de ferrocarril. Aquello lo gestionó la Alcoy and Gandia Railway and Harbour Company Limited y funcionó durante 80 años.

Mi abuelo, un hombre de pueblo, no tuvo la suerte de montarse nunca en el chicharra, que era como conocían todos al tren, es fácil imaginar, por lo delicado de su sonido. Pero he escuchado decenas de veces contar sus historias a los abuelos de mis amigos, hablar de sus viajes a la playa en el tren del carbón, en esa máquina vetusta que andaba tan despacio que te permitía bajarte a echar una meada y volverte a subir al rato sin problemas. Una carrera y arreglados.

En paralelo habían estrenado en la zona otros dos trazados ferroviarios, en este caso entre el norte de la provincia de Alicante y Yecla, en Murcia, y para conectar la misma zona septentrional de Alicante con Valencia capital, a través de Ontinyent y Xàtiva. Los enlaces con Alcoi fueron posibles en 1909 y 1904, respectivamente.

Más de cien años han pasado de aquello, nada más y nada menos, de cuando en mi pueblo y en los de al lado se podía presumir de contar con tres líneas de ferrocarril. En burro, sí; y en tren, también.

Me gustaría poder decir que estamos como hace cien años. Seria triste, pero ojala. No, estamos mucho peor. Hace más de 40 años que ya no queda rastro de dos de las tres chicharras y la tercera, tal cual la tenemos, es como si no existiera.

Los cuatro gatos que siguen defendiéndola a capa y espada han vuelto a poner en evidencia el servicio actual y de qué forma, esta misma semana. Ha sido tan sencillo como coger a un ciclista local y pedirle que pedaleara los 42 kilómetros que separan Alcoi y Xàtiva a la vez que el tren trotaba torpón por los barrancos del Comtat y las llanuras de la Vall d’Albaida. Resultado: el ciclista, medio resfriado y con dos puertos de montaña por medio, alcanzó la meta un cuarto de hora antes que el ferrocarril. Habían salido juntos. La máquina, la del motor, tardó casi una hora y media en completar el trazado a una velocidad media de 32 kilómetros por hora. Y así todos los días. Para mear y no echar gota. O para bajarse del tren a mear y volver a subir, como nuestros viejos hace 90 años.

De lo que nadie ha hablado, y lo que más joroba de la cuestión, es que mientras el tren tortuga abandonaba la estación de Alcoi el pasado sábado, un AVE hacia lo propio en la Joaquín Sorolla de Valencia, en dirección a Madrid. Ambos invirtieron el mismo tiempo en completar su trayectoria. Bueno no fue exactamente igual: el tren a Madrid tardó 10 minutos más, solo que no recorrió 40 kilómetros sino 350.

Al mismo tiempo y pese a que estamos en las últimas, el Gobierno de España sigue construyendo nuevas líneas de Alta Velocidad que acabarán conectando todas las regiones, cómo no, con Madrid. Suena bonito, especialmente si obviamos que dejando de construir un par de kilómetros de trazados de alta velocidad habría suficiente para invertir los 65 millones de euros que urgimos en las Comarcas Centrales Valencianas para disponer de un servicio ferroviario de proximidad decente.

A todo esto, en Alcoi ya solo quedan cuatro desesperados cansados de hacer ruido con este asunto, tropocientos que no se enteran de la misa la mitad, otros tantos a los que se la sopla, y un puñado de políticos irresponsables intentado sacar rédito del tema, a menudo titular de cabecera, el cual acarrea décadas de parálisis y olvido institucional precisamente porque a los políticos solo les interesa cuando regresa como bucle a la prensa local o bien cuando toca presentar los Presupuestos Generales del Estado (en este sentido, primero se olvidan del tren y luego incluyen una partida testimonial para la modernización, que no se invierte finalmente).

Me cabrea tanto que correría si pudiera a susurrárselo a Pablo Iglesias. O peor, me vienen ganas de gritar: “Que quiten el jodido tren de una puñetera vez!” (grito de guerra robado a un familiar). Y que deje de sufrir la criatura.

¿Es que todas me caen a mi?

Hoy me han vuelto a multar. La Polizei. Otra vez con la bicicleta. Es cierto que ruedo y ruedo por las calles de Múnich, pero… hace meses que dejé de arrancar, por el carril bici, con el semáforo de peatones en rojo; años que ya no escucho música mientras pedaleo; ahora me bajo del biciclo en las zonas peatonales. Aún así esta mañana me han pillado sobre ruedas mirando el correo electrónico en el teléfono móvil. Y zasca! Por poner en riesgo la circulación del barrio –con esto de ir a una mano–. O por listillo. O porque aquí también hay que hacer caja. Veinticinco eurillos, por pronto pago. Más bien euracos. Eurillos son los que salen de las tarjetas black, las que paga Clavijo; si salen de bolsillo propio son eurazos. ¿A qué sí Marcos? Me han cogido de buen humor. Indocumentado como iba me han tenido un rato comprobando datos y me han dado el sermón de rigor, los señores de verde, si bien puedo presumir y presumo que esta vez no ha salido ni una queja de mi boca. Impasible. Consciente de la imprudencia cometida –joder me están domesticando–. A cambio, he estado pensando todo el rato de espera en los cientos de ciclistas con los que me cruzo al día por esta ciudad: en el que habla por el móvil mientras conduce; en el que se salta los semáforos –de peatones– en las calles con poco tráfico; en el que anda por el carril bici en sentido contrario, etcétera. El otro día me crucé a un tipo que andaba en bici y portaba una caja de cerveza ¡todo a la vez! Sin manos, claro. Mi pregunta en ese lapso hasta la entrega del premio era: ¿a todos ellos también les parará tanto la policía como a mi o lo nuestro es especial? Espero que así sea, no soportaría ser un fulano cualquiera. Como si de una premonición se tratara, por cierto, esta mañana, antes de salir de casa, he decidido sabiamente hacerlo sin suprimir mi oscura barba de cuatro días. No hay multa sin pelambrera. No se disfruta igual, si uno no duda al ser sancionado en estos lares de si lo paran por turquillo o no. Pues eso mismo, que lo dudo. En fin, con todo el proceso masticado tranquilamente en mi interior y la falla bien explicada por parte del madero, la multa está en la saca. Tot ben senzill i ben alegre. Otra más para la colección. Avisada estás, nena.