Category: Opinió/ Opinión
Diari d’Oktoberfest (VII): sobre com reservar una taula
Entrem en el cap de setmana final de l’Oktoberfest i vinc tard amb este post, però he rebut algunes preguntes al respecte i pagava la pena fer una menció. Alguna gent vol saber com aconseguir una taula amb reserva per a celebrar el festival amb calma. Sense empentes ni estar estrets, sense que la cambrera de torn ens done presses per a acabar-nos la cervesa i encomanar-ne una altra o bé fer-nos fora. Sí, aconseguir una taula en propietat durant unes hores al Wiesn és, efectivament, garantia de passar una bona estona entre amics amb major llibertat de moviments, bevent només el que ens abelleix, sense que ens puguen cridar l’atenció mentre dure la reserva –per no beure, vull dir–, etcètera. Però com aconseguim eixa reserva? Per començar, allò principal és encomanar-la amb moltíssima antelació. Això és, posant-nos en contacte amb la carpa que ens interessa al més de gener o febrer, com a tard. Fins i tot és una bona idea escriure-hi o telefonar-hi a tres o quatre carpes diferents per si alguna de les que ens registra ens deixa tirats en l’últim moment. Allò normal, de fet, és que les empreses que gestionen les tendes ens apunten en les seues llistes i ens confirmen si ens donen la taula desitjada o no cap a la primavera, allà per abril o maig. És quasi impossible que, si som desconeguts, ens faciliten una reserva en cap de setmana o en torn de vespre. Això està venut abans de començar. Siga com siga, una vegada ens confirmen l’espai, ens donen un termini determinat per a fer efectiu el pagament. Calma, reservar una taula no ens costarà més car que anar a Oktoberfest per lliure. Almenys si fem idea de menjar i beure, com és lògic. Per què? Perquè el pagament de la reserva de taula es correspon amb uns 30 euros per persona i ens acostumen a demanar reserves de unes 10 persones per taula. Paguem per tant uns 300 euros en total, si bé amb eixe preu, segons la cerveseria escollida, ens inclouen dos litres de cervesa i un tiquet de 10 euros bescanviable per menjar. Per persona, vull dir –és a dir, ens donen uns 30 euros per cap en menjar i beure–. Són els mateixos preus que pagaríem anant per lliure, sense cost addicional per fer la reserva. Per tant, això de reservar una taula a l’Oktoberfest és només una opció factible per als visitants més previsors, que no han de caure en el desànim si l’intent de tancar la reserva a l’hivern es fa interminable. A la resta només els queda l’opció de matinar per a fer-se un forat a primera hora del dia. O bé, anar-hi els dies de menor afluència de públic.
*Nota per al viatger
Tots els contactes de les carpes i la informació detallada sobre el tema, en alemany, estan disponibles en aquest enllaç extern de la web oficial de Munic.
Diari d’Oktoberfest (VI): Quan no anar-hi
Ara fa un any exactament advertia al mateix Quadern que si n’hi ha moments en els que més val no passa per l’Oktoberfest eixos són principalment a les tardes de cap de setmana o bé en vespres de festiu. Com que la memòria afluixa amb el temps anit vàrem repetir la jugada i l’experiència fou tan penosa com l’any passat: impossible accedir a qualsevol carpa de recinte des de migdia, en superar totes l’aforament. Impossible ni tan sols passejar amb normalitat pel Wiesn, en el dissabte boig del cap de setmana italià. En fi, per si algú segueix preguntant-se quan anar i quan no anar a la festa, adjunte la taula que han elaborat des de l’Ajuntament de Munic en la que fan la seua previsió d’afluència de gent (2013):
Diario de Oktoberfest (V): desfile de trajes
Mientras un señor con bigote cosía a martillazos el primer barril de cerveza, decenas de miles de personas esperaban impacientes a ponerse morados de cerveza y nosotros, sábado a mediodía, andábamos despistados por el centro histórico de la pequeña Ingolstadt. Ya de noche, eso sí, todavía tuvimos tiempo y fuerzas para darnos un primer paseo por el Wiesn. Lo del O’zapft is! ya está contado y de la incursión nocturna mejor ni hablar: pasear entre empujones, vómitos o equipos de reanimación cardiovascular no me parece nada glamoroso. El caso es que vengo bizarro y como tal el cuerpo me pide una crónica a la altura. Y sin tocarla. La gaita, digo –estoy con antibióticos–. A la faena: primer domingo de Oktoberfest que casi diría cobra más sentido que el primer sábado, el de la sed. Literalmente, domingo de desfile de trajes típicos. O de Trachten- und Schützenzug, que ya se sabe. Por suerte, este año, un sol de mil demonios después de una semana de perros y 9.000 personas desfilando a toda paleta por las calles del centro histórico de Múnich. Una señora en los cincuenta, cardado de rigor, con la que comparto escalón desde el que tomar fotografías –así soy yo, siempre a lo grande– rompe el hielo: “Dicen que es el desfile de este tipo más multitudinario de Europa”. No voy a ser yo el que le quite la ilusión a la münchnerin, pero su másdelomás a mi a ratos me parece un pelín aburrido y de tanto en tanto más bien ridículo. Igual pasa una banda de música con su montón de trofeos de caza que viene una carroza de la Audi, intentando vender su último modelo de vehículo eléctrico con unas tías jamonas vestidas de bávaras. Dentro del coche, claro. Alle zusammen.
Mientras pasan tomo fotos y más fotos, sin mucho éxito, y en estas oigo aplausos de fondo y algún que otro silbido. Me fijo y veo venir al señor Alcalde con su señora, montados en carroza. El chavalín de mi vera le grita: “Das letztes mal, Ude”. Y se ríe. Nos ha salido de la CSU, el jodío. En fin, Ude se ríe también como buen vendedor que es y hace como que no se acuerda de la ostia que le dieron el otro día.
Sigo a lo mío y me acabo retirando al Wiesn, próxima parada. A todo esto me cruzo por el camino con un puñado de asiáticos, a lo mejor chinos o a lo mejor japoneses, disfrazados de bávaros. Me da la risa a mi también. Aunque bien visto, hasta yo voy disfrazado de bávaro. Y un turco disfrazado de bávaro también podría ser motivo para partirse la caja. Que sí, que en lo que llevamos de semana me han preguntado cuatro o cinco veces que si vengo aus der Türkei. Hace un par de días hasta me hablaron en turco, me figuro. Hoy vengo afeitado y disfrazado, así es que no hay lugar a dudas.
Vamos tirando pa la carpa que es mediodía y se me espera. El desfile de los trachten, por cierto, se acaba y las carpas del Oktober se están empezando a llenar hasta la bandera. Me da la sensación en todo caso que este año ha venido menos gente, pues en ningún momento del día han llegado a cerrar puertas por superar el aforo. Nosotros, por si las moscas, habíamos venido a la casa de Paulaner con la mesa reservada. Nos vamos germanizando, ya lo he dicho aquí un par de veces. Con el día pasado, tropocientos anprosits de cerveza sin alcohol –estoy pero que muy en horas bajas– es hora de recoger trastos que mañana se trabaja. De camino, pasamos por el pasillo central de nuestra Winzerer Fähndl. Qué jaleo! Calvetes que parecen italianos empujan por todas las partes; algunos tocan el culete de las chavalas que les pasan por delante sin que estas se inmuten lo más mínimo; los camareros se ganan la vida como pueden; un señor que se cree Chris Martin toca la guitarra ahí arriba para suerte de 8.000 personas que le bailan las gracias pedo total; una chiquita vende sombreros de fieltro; alguno se está vomitando encima; la seguridad, que me cae muy gorda, no da para más… y nosotros, satisfechos después de quemarnos los cuartos en un abrir y cerrar de ojos, nos vamos a casa. No está mal para empezar.
Un poco más alemán
Ayer dí un paso adelante en mi proceso de germanización. O eso creo yo. Hace un par de días que recibí mi flamante bicicleta, encargada como no podía ser de otra forma a través de internet usando un comparador de productos. Pero eso no es nada. El caso es que mi bici, atrás queda la vieja betuin que tan buen servicio ha prestado hasta la fecha –portada incluida–, es desde ahora una elegante señora velocípeda a la que no le falta detalle. Anoche mismo, de estreno bajo la tormenta, pisaba todos y cada uno de los charcos de la ciudad sin que mis pantalones se resintieran lo más mínimo, gracias a dos completos guardabarros. Y eso por decir algo, como que no me hizo falta hinchar las ruedas antes de salir de casa, si bien no hubiese sido un problema al llevar incorporada la máquina, de trekking, un bombín plegable. Ya de noche cerrada, camino de regreso a casa, estrenaba incluso las luces con dinamo, en plan Verano Azul, sin preocuparme absolutamente nada por colocar la iluminación o las pilas. Nada de rehuir a la politzai por las sombras como los piratas. Ahí es nada. Por no hablar de mi caballete, si no me lo cargo un día de estos, jamás tendré que volver a apoyar mi bicicleta en la pared. ¿Estoy alemanizándome o no? Por tener, el nuevo biciclo tiene hasta talla, la 55, que resulta me viene un pelín grande. No hay problema. Increíblemente, es una bicicleta inglesa, no podía ser todo perfecto. No soy tan germano. De hecho, seguramente al leer este post habrá un montón de españolitos que entenderán mis pensamientos como una chorrada, pues ellos disfrutan de aparatos similares con caballete, guardabarros, timbre, accesorio para cesta, luces de dinamo o bombín incorporado. No era mi caso. Yo más bien he sido toda la vida de los de llevar la bici cochinilla, con la cadena para engrasar, las ruedas medio vacías y la luz de detrás fundida por falta de batería. Será difícil olvidar los días de lluvia pedaleados en Múnich: imposible evitar ponerme perdido de camino a alguna cita importante. Eso se acabó. Me queda por explicar un detalle que sacará de dudas a todos aquellos escépticos que están dudando a estas horas de la evolución en mi proceso de alemanización. Amigos, he comprado mi bicicleta –ha sido un suculento regalo pero como si lo hubiese hecho– a final de temporada, aprovechando con ello un descuento de varios cientos de euros. Ja wohl! ¿Qué más pruebas necesitáis? Aunque sigo saliendo de casa con el tiempo justo, por mucho que no pueda evitar saltarme un par de semáforos en rojo a la semana, aunque adelante de tanto en tanto por la derecha del carril bici o hasta me suba a la acera para hacerlo, el proceso es imparable. Nunca llegaré a ser uno de ellos –espero–, eso está claro, pero parece que empiezo a disimularlo con soltura.
Algunos blogs para seguir las elecciones en Alemania
Quedan menos de dos semanas para las elecciones generales en Alemania y parece que se intensifica la campaña electoral. Aunque intento mantenerme al día, voy totalmente a rebufo, entre la falta de tiempo y las dificultades de comprensión si nos ponemos realmente serios. Si bien cada día intento beber algo del Spiegel, el Zeit o Cicero, y de los principales diarios, la verdad es que me estoy acostumbrando a que me lo den masticado. En este sentido, agradezco tanto la web español de la Deutsche Welle como las crónicas de Juan Gómez para ELPAÍS, aunque es verdad que me encantaría verlas todas juntas en su blog Berlín, tan desangelado estos días. Pues eso, que la campaña despierta interés, qué menos. Otra cosa es si emociona, o si es emocionante. Sobre esto último, mal está la cosa, con Angela Merkel sacándole varias cabezas a un distanciado Peer Steinbrück, quien precisamente no es emotivo por mucho que sea un tipo convincente. A todo esto, rebuscando en el fondo de armario de Google sobre la cuestión me van apareciendo pequeñas joyas en forma de blogs, en español, que me tienen enganchado. El primero que descubrí, hace un par de semanas, fue Elecciones Alemania 2013, del comunicador argentino Franco Delle Donne. Franco es doctor en Comunicación Política y asesora al SPD en el Parlamento berlinés. Su blog me resulta algo básico pero me quedo con el vídeo que ha montado sobre cómo funciona el sistema electoral alemán. Rudimentario, pero efectivo. En las antípodas situaría el blog de Javier López Vivas, otro colega que vive en Múnich y al que le tengo la pista un poco perdida, si bien su blog El Genio Alemán está recogiendo con mucho tino algunos detalles de la campaña. Me gusta por su estilo, su enfoque y su nivel, pero también porque fabrica sus posts lejos de la capital política, casi en clave sureña, y eso genera valor añadido. Una pena que Javi no tenga más constancia en sus escritos, algo escasos. El último blog en español que he guardado en la bandeja de favoritos, de cara a estas elecciones, es el del otrora diputado regional por Cantabria Raúl Gil, La Lavadora de Merkel. Excelente mirada, buenos temas… escritos además por un experto en Comunicación Política que vive en Berlín. Otra cosa es si quiero echarme unas risas a costa de la política germana, entonces recurro al Prof. Shopenhaua y sus compañeros de Berlunes. En fin, que mi idea no era manifestar el enorme talento periodístico que tenemos malgastado a lo largo y ancho de la Bundesrepublik, simplemente poner encima de la mesa algunas direcciones desde las que seguir esta campaña en español. Estas son las mías; se agradecen sugerencias.
Pluja i cartells electorals
Observe que agost s’acomiada a Alcoi amb pluges torrencials i un temps que no sembla estiu. Des que vàrem tornar a Munic, fa un parell de setmanes, ací no hem tingut més que alguna cosa cada vegada més pareguda a la tardor. Frescor, núvols i pluja. Adéu als banys al llac i a les passejades pel riu Isar. Bé, jo no me’n he adonat massa, en ruta com he estat pràcticament cada dia. Precisament de viatge, una senyora em preguntava l’altre dia si hi som en campanya electoral. Els bavaresos són molt discrets amb la cartelleria, però n’hi ha alguns als carrers que delaten que aviat aniran a votar. Dels cartells electorals, el que em dol en l’ànima és el del Bayern Partei. No per estèticament horrible, que també, perquè crida ben fort tan farts com estan alguns de pagar més del que reben. És a dir, grosso modo, que volen que cada ciutadà de Baviera –on l’atur està per davall del 5% i les rendes són prou més elevades que a la resta del país– deixe d’aportar a les finances federals més que cada ciutadà dels länder de l’antiga RDA, per exemple –on hi ha ciutats que passen del 15% d’atur i són, en línes generals, prou més pobres–. “Ja hem pagat prou, és hora d’independència”, diuen, sense que per sort gairebé ningú no els faça massa cas. I menys mal que no els ha pegat per parlar massa de l’Europa del sud, la dels malfaeners, als seus cartells electorals. A esta (poca) gent jo i els que són com jo els estorbem, ho tinc clar. Dit això, no mencionaré ara Catalunya, ni tampoc he volgut fer cap comparació, tot i que no sé si podria suportar una argumentació sòlida. Preferisc no plantejar-m’ho esta vesprada. En qualsevol cas, el proper 15 de setembre, una setmana abans que Alemanya esculla canceller, Baviera escollirà president. Seria una sorpresa inimaginable que la Unió Social Cristiana de Baviera (CSU) perda un govern que manté des del final de la Segona Guerra Mundial amb la sola excepció, puntualíssima, del període entre 1954 i 1957. Sí, són ben conservadors estos bavaresos; i cristians. Tant com el partit que els governa, que per això mateix els governa. De tant en tant mire sondegis per curiositat, però és com comprovar diumenge a la tarda com han quedat el Madrid i el Barça. La gràcia ara per ara està en saber si li’n ha fotut set al Granada o han guanyat per la mínima, amb molta mala sort. Potser la CSU revalida per la mínima, la gent està una mica tipa d’escàndols –que també en tenen–, però això significa només que quedaran lleugerament per davall del 50% dels vots mentre el segon partit, l’SPD, podria caure per davall del 20%. Sense comentaris. Tan sobrancers i nerviosos estan, tot a l’hora, que el president de Baviera i candidat, el senyor Seehofer, es permet fins i tot atacar a la premsa amb formes tan lamentables com les més lamentables del meu poble i rodalies. L’altre dia, a un acte electoral, va arribar a dir d’un reporter de la televisió pública renana, certament incisiu, que hauria de marxar de la seua terra. Es va quedar tan tranquil, l’home. Com diu el meu sogre a sovint: “Mare de Déu quina aigua cau”. Això mateix, que plou allà i plou ací, per molt que a Baviera tot llueix més verd.
De focs, muntanyes i educació
Des de dalt de la serra dels Plans observava fa un parell de dies la taca groguenca, destorbant, que va deixar l’incendi de 2012 a la Torre. A l’altra banda del panorama la marca és igualment penosa, en este cas a la serra de Mariola. I més enllà, perquè ja ho hem oblidat, però aquesta història la vivim quasi cada estiu: ara al port, ara a la serra de la Grana, ara a Relleu… D’alguna forma, mire esta terra seca, fràgil, i em sento culpable. Culpable per estar a lluny. Culpable per passejar-la com un foraster, a la llarga. Culpable per habitar una altra terra, verda i llunyana, que no és la meua on és els incendis són un dolor altament improbable. És el que hi ha. Com la brosta, la brossa, la de plàstic, que tanta n’he vist esta setmana. Totes eixes coses em venien al cap este vespre mentre em mirava a la plaça del poble el documental L’estiu més negre, que Alba Forés i Rubén Soler han realitzat a mode de recordatori, reflexió i crida ciutadana, en relació al gran incendi de Cortes de Pallás que va cremar 50.000 hectàrees el passat estiu. Es diu a pressa. L’han projectat hui precisament, 11 d’agost, un any després que es prengués un altre foc, el de la Torre, l’últim, el de la Rabosina, el dels dos brigadistes morts. Buscant en la xarxa esta nit trobe el web corporatiu del documental i, en ell, llegisc una interessant entrevista amb l’autor. Acaba dient: “Vivim d’esquenes a la muntanya, l’hem deixada totalment de costat i ara és més una zona de lleure que un mode de vida”, i afegeix: “Igual que a altres països europeus hauríem de considerar la muntanya i el camp com un ésser viu i respectar-los al màxim ja que són els nostres pulmons”. Més d’acord, impossible. No vindré ara amb comparacions odioses, només que és innegable que tenim un país ple de terres ermes que esdevenen un polvorí cada estiu, quan la sequera prepara la foguera. Una foguera que cal encendre però. Casualment, tant el gran incendi de València com el de la Torre en 2012 foren producte de dos accidents –per una espurna amb una ferramenta mecànica i a través d’una fallida mecànica en un cotxe–, però si cada any repetim la mateixa història és principalment perquè, com diu Rubén, hem donat l’esquena a la muntanya i a més a més ens importa menys que poc. També perquè sobren bojos i falta educació, bis. I consciència col·lectiva. Sinó, no m’explique com més del 60% dels incendis forestals que patim són intencionats.
*Aquest és el vídeo d’introducció al documental (teaser), que de moment no està penjat sencer a la xarxa:
Per cert, si el documental s’ha vist hui a la Torre de les Maçanes ha sigut cosa del grup Rentonar, gent que no li dóna l’esquena a les muntanyes.
Festa Major
Cau el sol d’agost i el poble apareix tranquil, apagat, desconegut. Sona de fons la banda que com un iman empenta a tothom que ix al carrer cap als afores. En concret, tots fan camí del solar del ferrer. El tros de terra, que han desbrossat per a l’ocasió, apareix tancat i parcel·lat. És un tauler desmesurat, envoltat per uns centenars de jugadors, torrudans i forasters. L’ambient és sec, de polseguera, però la calor ha deixat d’escalfar fa una estona, mentre el jovent acomiada el dia amb un gotet en la mà. No estem de Festa Major, però ben bé ho sembla. Apareix en escena un búfal i toca la xaranga. Cinc minuts dura la passejada de l’animal pel bancal, que concentra les mirades de tothom mentre pasta, de secà. La gent beu cervesa i menja bunyols mentre espera. Arriba el moment: el búfal caga, el personal embogeix i la festa s’acaba. En concret, la bèstia se’n ha anat de bareta en la parcel·la 679. Una veïna del poble crida, d’alegria, acaba de guanyar 1.500 euros en la cagada del búfal, en realitat una rifa a ritme de pasdoble a benefici de la festa de Sant Gregori de 2014. Fa sis hores que hem arribat des d’Alemanya; no n’hi ha dubte, som a casa. Ens agrade o no.
Les muntanyes de la meua terra i la travessia dels 8 mils
No és la primera vegada que en parle, una de les coses que més m’estime de Baviera és la forma en que la seu gent sent les muntanyes. No compararé ara els Alps amb les meues serres, les que porte al cor, però hi ha dies que tinc la sensació de no haver-les volgut suficientment. Ni jo ni molts altres. Ara, quan es compleix un any de l’últim incendi gros a la Torre –cada estiu la mateixa història–em prepare per a passar una setmana llarga amb la família precisament als peus de la serra dels Plans. I, de sobte, me’n adone que una de les coses que vull fer aquestos dies, sí o sí, és pujar al pou de la neu i al cim dels Plans i allí, a 1.330 metres, gaudir de la meua terra i del meu poble, de la mar a la Carrasqueta, del Menejador al Puig Campana sense oblidar la serra d’Aitana. Per cert, mentre pensava si destinar el meu lleure a coronar el cim de Montcabrer, el de la Font Roja o el cel de la Torre de les Maçanes, me’n he recordat que fa unes setmanes el meu amic Gabi Sanchis, d’Arrels, em comentava de la idea que han tingut de posar en marxa precisament una ruta de senderisme a l’interior d’Alacant, per a pujar-los tots. Segons he vist al seu web, el que han fet és cobrir una ruta de nou etapes i 195 quilòmetres per a encarar vuit cims singulars de més de més de 1.000 metres a les nostres comarques. El nom, fantàstic: La travessia dels 8 mils. 100% les nostres muntanyes i els nostres pobles. De floretes, pins i carrasques, bolets que cada dia en tenim menys, espart, sol i orografia que no és difícil ni tampoc senzilla, d’estima per la terra que tot ens ho ha donat. Enhorabona Gabi per la vostra iniciativa. Les muntanyes, i les persones, estem d’enhorabona.
*El primer reportatge que s’ha publicat sobre la Travessia dels 8 mils precisament està escrit en alemany. El publicava a l’abril el diari Costa Blanca Nachrichten, la informació completa la teua avall:
Retratos y turistas
En la era de la comunicación fugaz y la inmediatez llegar arriba –no digamos quedarse un ratito– cuesta más que nunca. Por eso, algunas veces nos volvemos locos a medio camino y nos liamos a mamporros los unos con los otros. Lucía Celdrán Green todavía no tiene una huella digital agigantada ni la necesita. Va deprisa y apunta, si quiere, alto, pero sus aristas están limados. Según yo lo veo, es más de ensamblar que de confabular, y eso a mi me toca la fibra. De hilo conductor, precisamente, han servido sus seis retratos para Múnich, una guía que nació muniqueando. Ayer, con un par de semanas de retraso, nos tomamos una caña para celebrar lo de puta madre que ha quedado la impresión de las imágenes en el libro. Ya que estamos Lucía me cuenta lo de los autobuses de turistas que maneja camino de los castillos. Coincidencias, aunque en esto ella ha crecido a pasos agigantados y yo la miro desde abajo. De todas formas, la mejor noticia es que me confiesa que lo de apartar la fotografía por un tiempo, como me dijo un día, empieza a quedar descartado y ahora más bien está en la fase de “los turistas y los tours para el verano; la fotografía para el invierno”. Eso sería una gran noticia: retratos y turistas, con una parada en San Francisco.
Mientras prepara una web y no, algunas fotos de Lucía Celdrán se pueden ver en su perfil de flickr. Abajo, Lucía.
En cuanto a los seis retratos de Lucía para Múnich, una guía que nació muniqueando, los podéis ver aquí mismo (por mi parte, estoy encantado):
- Retrato que me hizo en el metro de Marienplatz, introductorio al libro. /LUCÍA CELDRÁN
- Elsa Mogollón, directora de la revista ECOS, en su ambiente de trabajo. /LUCÍA CELDRÁN
- Retrato de Alejandra Gonsebatt, un día cualquiera en Haidhausen. /LUCÍA CELDRÁN
- Alessandra Azzolin, pausa en Gasteig. /LUCÍA CELDRÁN
- Fátima, mamá en Baviera y escritora. /LUCÍA CELDRÁN
- Anna Hübner, empezando la noche en Glockenbach. /LUCÍA CELDRÁN




















