32º

Trenta-dos graus no indica cap latitud muniquesa. Tampoc és un angle relacionat amb cap edifici de Mariola. No és la graduació alcohòlica de cap licor tradicional de Baviera. Més senzill. Zweiunddreißig graus és la temperatura màxima que ens espera este dissabte 28 d’abril. Ja sé que les previsions són només previsions, però és que són les deu del matí, i el sol escalfa de veritat. Ahir, de fet, vam quedar a tocar els trenta. Mentre escric, anem sofregint ceba i creïlla per a la truita. Toca pícnic. Comprarem una botella de vi i segurament un fuet. Ens espera un dia d’estiu al Jardí anglés, segurament amb remullada de peus al gèlid Eisbach. Potser també un gelat italià de dos boles, passejada en bicicleta amunt i avall i, amb la foscor, la llarga nit de la música en directe. A l’abril, com si fora l’agost. I no, no hem fet cap escapada al port d’Alacant, estem a l’altra casa, al mateix lloc on fa dos setmanes la Pasqua va arribar pintada de blanc.

De saunas y paletos

Hoy el cuerpo me pide anécdotas. Y como soy más bien de pueblo, no me faltan. Hace unos días, sin duda, vivimos una de las más divertidas desde que estamos en Múnich.

Pelín ansioso por pasar mis primeras vacaciones de Pascua lejos de familia y amigos, no sabía como compensar a Mariola y a mi mismo por los anhelos. Ya tenía ganas de probarlo, así es que consideré el Domingo de Pascua como el mejor momento para acercarnos a la piscina y los baños públicos Mullersches, seguramente los más célebres de la ciudad.

Por si me lee algún despistado (o algún forastero), los Mullersches Volksbad ocupan un precioso edificio modernista junto al mismo río Isar, desde donde han venido prestando servicio durante más de un siglo. Dos bonitas piscinas, así como una zona de spa con sauna finlandesa, baños romanos, de vapor… Sin duda es la arquitectura de la instalación lo que me atrajo a visitarla; para nada es por lo que os escribo ahora.

Volvemos a nuestra historia. Ya sabéis que soy casi paleto por lo que, aunque muy viajado, nunca dejo de sorprenderme. Eso fue lo que me ocurrió el otro día.

Después de rebuscar entre el armario a la caza de un par de bañadores, aprovechamos la rebaja en el precio de la entrada para las últimas tres horas y pusimos rumbo a los Mullersches – cómo somos, siempre con las ofertas-.

Todo empezó fantástico, relajante baño en agua tibia en las piscinas cubiertas, en pleno mes de abril. Empapados y arrugados como garbanzos, al final decidimos meternos en harina. Es decir, que nos fuimos para la sauna. Fue poner el primer pie en la terma cuando nos cogió por sorpresa la costumbre germana en la materia… y con ella la risa.

“Disculpe señorita, en esta sauna no se puede venir con ropa de baño. Solamente se permiten toallas”. Es lo primero que nos dijo nuestro compañero de habitación, un señor bávaro de mediana edad que nos saludó, literalmente, en bolas.

A parte de risa, no os oculto que nos entró la vergüenza, aunque por nada del mundo estábamos dispuestos a volver a casa con una mano delante y otra detrás. Así es que nos abrigamos en nuestras, por suerte enormes, toallas de baño y volvimos a entrar de nuevo en la zona desnuda, esta vez como recién llegados a este mundo.

De lo que sigue, casi mejor os digo que no recuerdo nada, que vendría a ser como deciros que intenté centrarme en lo mío y disfrutar de la tranquilidad y el relax del tradicional spa.

Así terminaría nuestra primera sesión de aproximación al mundo de la sauna en Alemania, entre risas y toallas empapadas. No nos alcanzó para entrar en la piscina de hidromasaje. Eso, a la otra, que al país hay que hacerse poco a poco.

Silencis

Curiosament, viatjar en l’hora punta de la vesprada en el metro de Munic es converteix a sovint en un dels moments de més silenci del dia. No sé si és que el personal torna massa cansat com per articular paraula, si és que el veïnat de Perlach és especialment sigil·lós o sóc jo, que estic perdent facultats auditives. A vegades em fan dubtar. Hui, sense anar més lluny, les últimes cinc parades fins arribar a casa les he passat arraconat com podia en un cantó del cotxe, sentint la pròpia respiració entre la gentada. Qualsevol dia m’adorm i em desperta un operari a la cotxera.

Puro vicio (germano)

No sé si será verdad que Mutti Merkel ha venido de visita, pero mi vecina no ha querido perdérselo. Ella y otros tropocientos. Mariola y yo tampoco. Y es que cada día estamos más alemanes.

Aunque no os lo he explicado, la historia de hoy va de gigantescos mercadillos de las pulgas. Maldito traductor automático!, me refiero al enorme mercado de segunda mano. El más grande de Baviera, cuentan, que este sábado se ha celebrado en el descampado de Theresienwiese, el mismo que visten y calzan más de seis millones de personas durante Oktoberfest.

No os engaño si os digo que lo de los Flohmarkts en Múnich es algo así como los mercadillos del Rastro de Madrid o Els Encants de Barcelona. Tampoco miento si os digo que no tiene nada que ver. ¿Contradicción? Sin duda.

Porqué al final los mercadillos de las pulgas, son eso, mercadillos pulgosillos, en Castilla, en Aragón y adonde fabrican los BMWs. Ya se sabe, con suerte uno puede mercarse a precio de saldo un vinilo de Jimi Hendrix o un libro viejo, mientras que con menor fortuna uno acaba llevando consigo a casa un mueble roto, unos esquís del año del catapún o un sombrero militar polvoriento, de los tiempos en los que imponía un tal Iósif Vissariónovich Stalin.

Dicho eso, si en Iberia en estos lugares uno nunca ha de despreocuparse de su mochila ni de su cartera, en Múnich igual nos toca hacer cola para comprar un radiocasete, justo detrás de nuestro médico de familia. O quizá el vendedor, al que le tratamos de regatear unos eurillos, resulta ser abogado de profesión y vive en el mejor barrio de la ciudad.

Esta última parte es la que todavía me intriga, aunque parece que me gusta. Si algún día me aclaro, igual hasta me animo y me sumo al negocio, por puro vicio. O le pongo un mail a mi madre y se lo explico. Seguro que su bolsillo no notaría tanto alivio como su trastero. O igual sí.

Charging…

Després de tres mesos llargs, este cap de setmana hem creuat els Alps en direcció a casa. La família, els amics, l’aire d’Alcoi, fer una becada al sofà de casa, parlar en taula, menjar fideuà de veritat, algun plat de peixet i un fum de cuixot i formatge… molts petits plaers que junts són enormes. Més que suficient per a recarregar les piles.

Extra, extra!

Ja sabeu allò de Qui no té faena, Déu li’n dóna. A mi, siga qui siga, me’n donen -la veritat és que em deixe enganyar fàcil-. Com en els vells temps ara fa uns dies que ha ajudat a la família d’ARAMULTIMÈDIA amb la maqueta del suplement especial que han publicat amb motiu de les Festes de moros i cristians d’Alcoi. Rafa Cerdà ha posat la majoria dels textos i l’hem acompanyat Lídia Vila, Natxo Lara i alguns col·laboradors més. Este cap de setmana, de visita a Alcoi, els comentava que ha quedat gens festeret i molt polit. Així paga la pena.

http://issuu.com/aramultimedia/docs/extra_alcoi2012?mode=window&backgroundColor=%23222222

(un altre) Diumenge de Pasqua

Res de xiulitets, de ressaques, de pasdobles, de bajoques farcides a domicili, de mona en la serra… ni entradetes per Sant Nicolau. Aquest diumenge de Glòria serà radicalment diferent i molt més tranquil a tots els que hem viscut fins ara Mariola i jo. Per si fora poc, ha vingut amb regal sorpresa:

(Sí, amb això m’he topat quan he obert els ulls aquest matí)

J.O.'s avatarMuniqueando - Guía de Múnich en español - Guía de viajes - Múnich - Munich - München

Para empezar la temporada, aprovechando la primavera, me atrevo con una primera selección de cinco Biergärten en Múnich. No son los más grandes, ni los mejores, pero todos ellos son lugares fantásticos donde disfrutar de una cerveza bajo el sol.

Haciendo perdurar una tradición centenaria, Múnich cuenta con decenas de Biergärten o jardines de cerveza repartidos por toda su geografía. En la inmensa mayoría se repite el mismo patrón: son lugares al aire libre en los que se congregan centenares de personas durante los días soleados a tomar una cerveza (en esta época del año los vemos todavía a medio gas), y quizá a comer un plato de comida bávara o un simple bocata. Lo hacen resguardados bajo la sombra de los castaños que protegen estos jardines de cerveza, en los que uno puede traerse su propia comida pero nunca su bebida.

Los hay que son de autoservicio, aunque generalmente…

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Gràcies Raül Botella

Si fora un tuitero alcoià, hui promouria amb totes les meues forces a internet el hashtag #GràciesRaülBotella. I si fora un fester alcoià; i si fora un entés en cartelleria; i, algú pensarà, si fora un alcoià de veritat… aleshores tindria un veredicte més fi. Sóc molt menys que tot això, així és que vos acompanye la meua breu i gens fonamentada opinió amb els tres últims cartells festers i jutgeu també vosaltres. Ja em dieu si el corrent d’aire fresc d’aquest 2 d’abril a Alcoi és imaginació meua o no. (Sabeu que parle amb el cor, perquè el nas el tinc prou ben lluny de la Bandeja.)

Cartell de Ignacio Trelis per a les Festes de moros i cristians d’Alcoi en 2010:

Cartell de Paco Aznar per a les Festes de moros i cristians d’Alcoi en 2011:

Cartell de Raül Botella per a les Festes de moros i cristians d’Alcoi en 2012. Personalment el batejaria com “Algun dia tenia que entrar el segle XXI al poble o açò és Aire fresc, Rafa”:

El mito en mil pedazos

Tercera entrega para Una española en Múnich:

Hace algún tiempo que he empezado a trabajar como guía turístico en Alemania. Es la mejor manera que he encontrado por ahora de costearme la profesión de periodista en este país, que a día de hoy ejerzo aquí sin remuneración.

La verdad es que disfruto, con lo de guía, por lo que acompaño encantado a mis turistas españoles en sus visitas a la ciudad de Múnich o a Salzburgo. Supongo que serán cosas de principiante, pero siempre les hablo entusiasmado de los mil y un tópicos –pido perdón- de este país.

No penséis mal, los menciono para bien: que si en Múnich todo funciona; que si es una ciudad muy segura; que si los alemanes son puntuales y ordenados como pocos; que si en Alemania son muy trabajadores, que si son constantes…

Estaba yo en una de esas el pasado domingo, de camino a Salzburgo con un grupo de viajeros españoles, cuando de repente se detuvo nuestro tren antes de mediodía, en un lugar en medio de ninguna parte.

Primero se hizo el silencio, mientras todos los pasajeros de aquel ferrocarril empezamos una espera tranquila. “Aquí nunca pasa nada”, imagino que pensé, por lo que seguí a la mía con los míos.

Transcurridos unos 15 minutos se mantuvo el silencio y entonces una mujer alemana se levantó por primera vez de su asiento para preguntarle a otra vecina por lo sucedido. Evidentemente, aquella tampoco sabía nada.

Repentinamente, el tren inició su marcha atrás, tras una breve explicación por el canal de audio que se limitó a aclarar que volvíamos unos kilómetros sobre nuestros pasos por unos problemas técnicos. “Aclarado”, pensé todavía calmado.

Llegados a esa cercana estación – Prien am Chiemsee -, nuevas y extrañas instrucciones. Nos pidieron que bajásemos del tren y que nos dirigiéramos a la parada de autobuses, donde nos recogería un autobús para trasladarnos a la siguiente parada de ferrocarril camino de Austria.

Por primera vez, me sentí contrariado en el país donde nunca pasa nada -de esto-, especialmente por el hecho de que nadie nos mencionó algo para mi fundamental: el porqué de aquel extraño movimiento y de aquella espera, por entonces de una media hora.

Todavía escasamente preocupado, les trasladé al grupo de viajeros que nuestro viaje se iba a retrasar un poco debido a un pequeño incidente en las vías.

Era mediodía y por fortuna calentaba el sol de primavera en Prien. Poco a poco, la plaza junto a la estación se fue llenando de gente, pues todos y cada uno de los trenes regionales que venían desde Múnich acabaron su trayecto aquella mañana allí.

Aún sin información oficial alguna, el reloj corrió hasta las 12 y media y la tranquilidad de todos nosotros y de los demás viajeros se esfumó con la primera hora muerta consumida.

Lamentablemente, el alemán no es mi fuerte por ahora, pero mi obligación era la de preguntar por lo sucedido. Ya lo habría hecho mucho antes en España –y seguramente hasta reclamado por la espera-.

Me dirigí al punto de información de la estación para tratar de aclarar la situación y los tiempos previstos de espera. Al llegar, encontré una cola de viajeros, prácticamente todos germanos y muchos de ellos con un formulario para reclamar en mano.

Pensé que nunca llegaría mi turno así es que opté por preguntarle a mi vecina en la cola: “¿Sabe usted lo que ocurre?”. “No, no nos han dado ninguna explicación”, me contestó. Yo le repliqué: “¿Y esto es normal en Alemania?”. “Buena pregunta”, dijo a modo de respuesta.

Incluso a mi me pareció buena, por lo que se la trasladé a uno de los operarios de la compañía ferroviaria medio escondido en un rincón de aquella sala. Su respuesta no os la puedo transcribir porqué aquel buen hombre se esforzó para que no la entendiera. Habló rápido, casi gritando, para finalizar diciéndome que si tenía alguna pregunta más, mejor se la hiciera a la Policía. Le repetí la pregunta en inglés y entonces aclaró: “Si puede esperar para ir a Salzburgo, hágalo en la parada de autobús. Si tiene prisa, coja el tren de regreso a Múnich que permanece en el andén”. Nada de explicaciones sobre el misterioso incidente.

Fue en ese instante y no en otro cuando, por primera vez, lo que me parecía el  sólido mito de la eficaz y eficiente Alemania se me cayó al suelo de entre las manos para romperse en mil pedazos, todos chiquititos.

La historia de aquel día no acaba ahí. Nuestra espera se prolongó otros 45 minutos de silencio total en la plaza de la estación. Fue pasada la una del mediodía cuando llegó por fin nuestro autobús camino del vecino Traunstein.

Por el camino nos dio tiempo a atravesar algunos pueblos bávaros más y a descubrir con nuestros ojos que el problema era real, puesto que un tren de mercancías había perdido parte de su carga a las puertas del mismo Prien, lo que obligó a cerrar la vía por unas horas. Lógica espera; una pena que nadie fuese capaz de arrojar luz sobre lo sucedido.

Casi tres horas más tarde de lo previsto llegamos a Salzburgo poco antes de las tres de la tarde. Ninguno de mis turistas, un par de ellos italianos, perdió la sonrisa en ningún momento, por lo que me vi forzado a exhibir también la mía y a dedicarles la mayor de mis atenciones en nuestra visita guiada. Todo salió perfecto a partir de aquel momento, así es que acepté encantado prolongar dos horas más aquella impuntual jornada para que nadie saliera perdiendo.

Nuestro viaje de regreso lo dedicamos a reflexionar sobre estereotipos y lo odiosos que resultan para todos nosotros, por mucho que siempre recurrimos a ellos.

Este domingo, de camino a Salzburgo, volveré a comentar con mis nuevos compañeros de viaje la puntualidad de los alemanes. Eso sí, les rogaré que no tomen mis palabras al pie de la letra y les recordaré que el pan de Baviera es mucho más sabroso que el de mi pueblo, pero siempre es mejor si se unta con un buen aceite de oliva del que me envía mi madre con frecuencia. Aunque parezca mentira, estas cositas las aprendí el día que se me cayó el mito alemán de entre las manos.