Category: Opinió/ Opinión
Diari d’Oktoberfest (II): Sant Jordiet@
Avís: d’interés estrictament local (més enllà del port d’Albaida i la Carrasqueta aquest post pot resultar inintel·ligible o directament ridícul. És el que té l’alcoiania)
Dia D, Hora H. Plovisqueja. Malgrat tot, el carrer està ple de gent que espera sota els paraigües. És el pes de la tradició. Sona la música. Apareix un xiquet vestit de monjo dalt d’un cavall. Porta una túnica negra i groga. Inconfusible, és el Münchner Kindl. O el que és el mateix, el Xiquet de Munic. No podia ser altre, per a obrir la desfilada de la Festa de la Cervesa, a la ciutat dels monjos. Els Mönchen, els frares, ja vivien a la vora del riu Isar el dia que Enric el Lleó va voler-hi construir un pont, el 1158. Més de 800 anys d’història, amb el monjo com símbol de la ciutat.
L’Oktoberfest, més de dos segles de celebració, simplement ha fet una adopció de la figura. Un moment! Sota la caputxa del xiquet, albire una pell fina i blanca, una figura esvelta, crescuda, i els cabells llargs i rossos, com els d’una xiqueta. Ach so, és una xiqueta! Aclarim-se: el monjo ja no és un monjo, és un xiquet; el xiquet ja no és un xiquet, és una xiqueta. I què passa amb el personatge que veiem representat als llibres d’història? O amb la mateixa escultura de l’Ajuntament? Mire a banda i banda del carrer, però ningú no s’escandalitza. No escolte crits en el cel, envoltat que estic i tot de festerets.
(Múnchner Kindl a l’Ajuntament de Munic. /SVEN TESCHKE CC)
Sé que algú més intel·ligent que jo em va dir una vegada que les comparacions són odioses, sovint distorsionen la realitat. Però aquesta no me la puc evitar: és tan gràfica com necessària. Pense en Alcoi, en la Nostra Festa, el Sant Jordiet i els Senyors del pinganillo, els que baixen per Sant Nicolau 22, 23 i 24, ara i sempre. En ells, i en elles, les del confeti amagat sota el cardat alcoià. Me’ls figure contemplant l’escena escandalitzats. Una dona fent de Mossèn Torregrossa. O pitjor encara, una xiqueta fent de Sant Jordiet. Porno dur.
Parlant de dates. Hui, Dia D, és dissabte, 22 de setembre de 2012 i celebrem la boda del rei i la reina, que va tindre lloc el 12 d’octubre. I no passa res. L’any vinent el Dia D serà 21 de setembre, i el següent 20 i en uns anys 16. El que importa no és el dia i l’hora exactes en què es van casar, el que interessa és que la commemoració de l’enllaç siga dissabte i que l’estiu encara no haja acabat. O siga, que la festa comence en cap de setmana i abans que vinga el fred.
I podríem comentar la participació de la dona (en igualtat de condicions, naturalment), la dels estrangers (ja sabeu que m’he comprat un Lederhose), el negoci turístic (sis milions de visitants de tot el mon)… però, és cert, això sí que seria anar massa lluny amb les comparacions.
En qualsevol cas, em quede amb la fotografía de la xiqueta fent de xiquet, vos la envie i vos done garantia de que no hem patit l’apocalipsi.
(Münchner Kindl. /SZ)
Diario de Oktoberfest (I): “O’zapft is!”
“El barril está abierto!”, grita el Alcalde, otra vez. Me recuerda a mi Rita, en plan “Senyor pirotècnic, pot començar la mascletà”. Solo luego de la frasecilla hecha del burgomaestre, a mediodía, la cerveza empieza a correr a chorros en el Oktoberfest. Seis millones de bebedores y bebedoras, que se chupan, usando jerga local, sus más de siete millones de litros de cerveza. Que se lo digan a las camareras, que los cargan, los descargan, los cobran y se ganan las propinas. A nueve y medio el litro que circulan, este año el redondeo les acorta precisamente eso, la propina – quien paga más de diez euros por un trago, por largo que sea!-. De éstas y de los setenta céntimos que se ganan por maß vendido viven algunas servidoras todo el año, por lo que no debe de ser grave.
Aunque esto no ha hecho más que empezar, se presiente lo agotador que puede llegar a ser. Lo confirman las mantas térmicas tapando a unos pocos desalmados y las camillas de urgencias correteando por el Wiesn a última hora del primer día. Yo cuento cinco atendidos, coqueteando con el coma etílico, en media hora. Siempre hay quien afronta esta historia sobrado de sed y falto de frente.
De vuelta a la fiesta. Es domingo, segundo día, y la mañana se presenta soleada aunque más bien tibia. Mariola, de Dirndl vino y rosa, preciosa. Y fresca, en el sentido matinal de la palabra, que no se malinterprete un escote de nada. Día de desfile en Theresienwiese y hora de entrar a fondo. En las carpas y en la malta. Aún no son las nueve y nos aguarda la cola en la puerta de la Winzerer Fähndl. Por ejemplo. La elección corre a cuenta de nuestros anfitriones, algunos más que eso. Los amigos de Perlach.
Una jornada festiva y muchos litros por delante. Se van bebiendo con alegría, con y sin música. A cada rato más apretados. Aprietan los bebedores y las vendedoras. Éstas últimas son como los alicatadores, los que hubo un día en mi pueblo, que trabajan a destajo. Por eso no se encantan. O le dan vidilla o no cobran.
Otras dolencias tienen, o mejor dicho tendrán, los que se plantan encima de la mesa reclamando la atención de los otros 10.000 del bar. Quieren unos segundos de gloria; a cambio ofrecen un trago hasta el final. Un hidalgo de los de toda la vida, pero de 1.000 mililitros. Suena a velocidad, a competición. Peligro, por tanto.
Peligro tiene el payaso que se ha echado a la garganta seis jarras en unas pocas horas, un par de ellas precisamente de hidalgo. Palmas ahora, esperemos que no haga falta reanimarlo en un rato. Pero Wiesn es mucho más y no es justo que yo, que me lo bebo, lo abra en canal. Hay quien bebe con gracia.
Nosotros, los nuestros, somos lentos pero seguros. Sin sobresaltos. Nos hemos plantado en mediodía y no nos hemos enterado. Pero lo dice el reloj. Es hora de codillo, de pollo asado, un plato de pasta bávara o de lo que sea, que no va a ser bueno, bonito, barato. Llenar para seguir absorbiendo. O no. Para el debut, más que suficiente. O sea, que toca retirada antes de empezar el tercer litro.
Salimos a la calle. El sol deslumbra, el pantaloncillo de Baviera pesa más de la cuenta y los calcetines, de lana, pican por primera vez. Molestan incluso los tirantes. Hora de desbeber, que diría la cursi de mi antigua profesora. Ya tardaba en incluir el comentario en la crónica. ¿Acaso alguien dudaba de lo que se mea en la fiesta de la cerveza?
Cae la tarde. No lo parece, pero hace frío, por eso hace tiempo que descartaron octubre. Der Herbst en Múnich no es la tardor en la plaza de toros de Valencia. Tenemos suerte de que nos abrigue la masa del domingo. No somos de feria, ni de corazones en la solapa. Tampoco de rosas o de alhajas, menos si van a precio de oro. Ale pues, dirección al metro, volvemos a casa.
Tras la ducha, sensaciones extrañas en torno al Oktoberfest, en mi primer día. Este lunes sería incapaz de repetir, a riesgo de morir de empacho. En lo etílico y en lo metafísico. En cambio, me apresuro a revisar frente al ordenador las instantáneas tomadas hace un rato en las entrañas de la catedral de lo kitsch, a la vez que me sorprendo tarareando algunos de sus hits, léase Fiesta mexicana o Viva Colonia. Imposible de descifrar lo que me sucede doctor, si bien imagino que lo que me atrae como un imán es lo mismo que me repele. En plan Benidorm. Un oxímoron, que diría el sabio. Cosas raras, que diría una madre. Imposible, que diría el listo. Pero cierto, añado. ¿A santo de qué sino me ha comprado un Lederhose?
Nit ‘che’ a l’Allianz
No havia visitat jo encara l’Allianz Arena en un dia de partit i l’oportunitat es presentava inesperada este mateix dimecres, en una nit che. Che, de Champions. Xe, quin fred. Xe, quin estadi. Xe, quin Bayern. Xe, quin València -més pobre-. Xe, xe, xe. Les fotos més avall, la crònica, millor li la llegiu a Cayetano Ros, que, a més d’un crac, és molt més che que jo.
De europeos y consumo de cerveza
Falta una semana para la apertura del Oktoberfest y voy muniqueando a cuatro manos en busca de temas cerveceros. En estas estaba yo el otro día cuando tropecé con un interesante informe de la Asociación Cerveceros de Europa – los fabricantes europeos-.
¿El tema? La producción y consumo de cerveza en los diferentes países europeos. El informe institucional no revela nada sorprendente, aunque algunas veces no por previsible una historia deja de ser interesante. Y es que, sí, tal y como cabía preveer echando un vistazo al mapa de los jardines de cerveza de esta ciudad, Alemania es el principal productor de cerveza de Europa, el país que más bebe en cifras absolutas -lógico, es el más poblado- y el segundo en litros consumidos al año per cápita.
Según el citado documento, cada alemán consume al año unos 110 litros de cerveza, más del doble de lo que se bebe por cabeza en España -50 litros- o el resto de estados del Mediterráneo. Muy lejos quedan incluso los británicos, con 76 litros per cápita y hasta los irlandeses, que se beben unos 90.
A pesar de todo, el récord absoluto de consumo cervecero lo tienen los checos, que se toman la friolera de 159,3 litros por habitante cada año, lo que se traduce en casi medio litro al día. Criaturas.
Os dejo un enlace al informe en pdf, por si os entra sed:
Karl en la Hofbräuhaus
A Karl Schloss le dura un litro de cerveza lo que dura un telediario en este país, menos que nada. A él, que se sienta siempre en la misma mesa e incluso ha conseguido que coloquen allí un cartel en su nombre, se la sirven en jarra de porcelana. Karl se cree un tipo con suerte. A sus 80, es un cliente de los de toda la vida, de esos que entran en la cervecería celebérrima con la llave entre las manos. La exhibe orgulloso, como privilegiado que es, y se adentra en el despacho de los señores bávaros, su hábitat. Con su llavecilla, abre la reja, saca la jarra, la lava y se la entrega al camarero, también de toda la vida. No le hace falta pedir, el serbio ya sabe cómo llenarle el Krug. Entre brindis y brindis, dependiendo del humor, Karl deja a veces que los turistas le acompañen a la mesa. Algunos se toman fotos con el viejo, cual trofeo. Sin aburrir, éste les chapurrea a cambio sus batallitas de cuando cazaba con el Rey de España, vaya par de golfos. Esnifa tabaco y no se separa de sus gafas de sol, ni de noche. Hace poco decidió abandonar temporalmente su Lederhose, pero nadie le roba su chaleco y, menos todavía, su sombrero. Mi amigo Christopher dice que el gorro del señor Karl es un pelín kitsch, o sea hortera, pero se lo disculpa porque es mayor. Aquí eso cuenta. Peor es lo de algunos chavales, que se pirran por unos pelos de jabalí, a estas alturas de partido. No nos desviemos del tema: el bávaro, el auténtico, no se levanta de la mesa hasta que no calla la música. Eso es, nunca vuelve a casa hasta la medianoche. Por el camino, varias cruces en el posavasos, a la vez que sus mejillas se sonrojan cada vez más y más. Quizá dos, tres o incluso cuatro equis marcadas sobre el cartón, todas en forma de litro. Así lo manda la tradición, su tradición, la de los viernes por la noche.
40 aniversari olímpic
Mentre ressona la veu de Chris Martin i companyia a l’Estadi Olímpic de Londres, estos seients, els de l’Estadi Olímpic de Munic, esperen solitaris el concert de Coldplay este dimecres. Amb una mica de sort, ens trobaran per allà entre la música. Una bona forma de tancar la commemoració del 40 aniversari dels Jocs Olímpics de la ciutat. Els de Setembre Negre, però també els de Mark Spitz, Waldi, l’estrena de l’handbol, la Guerra Freda aplicada a una final de bàsquet…
Més sobre la bomba
Diuen que entre un 5 i un 10% de les bombes que es deixaven caure sobre les ciutats a la Segona Guerra Mundial no explotaven, generalment en fallar el detonador. Segons s’estima, a Munic, van caure més de tres milions de bombes i projectils que van desfer la pràctica totalitat del centre de la ciutat. Jo no sóc massa bo fent números, però el càlcul és senzill: és gairebé segur que desenes de milers d’explosius de la gran guerra romanen ocultes al subsol de la ciutat. Per això mateix és habitual, com a Berlín, que de tant en tant hom trobe una gran bomba en perill d’explotar, quan es posa a rebuscar a la terra pel motiu que siga. Això és simplement el que va succeir la setmana passada, quan els obrers de la luxosa promoció de Monaco al barri de Schwabing van trobar entre els ciments del seu nou edifici, una bomba de 250 quilos. La resta de la història és ben coneguda, ja que allò no va haver forma de desactivar-ho, només a través d’una explosió més o menys controlada. Fa un parell de dies vaig passar per aquell solar amb la bicicleta, ni que fora per saciar la curiositat del periodista i tirar dos fotos. Com jo, desenes de persones mirant-se l’obra hui aturada i la petjada de la detonació, tots nosaltres fent de jubilats i comentant la jugada a l’altra banda dels andamis. Podeu imaginar: d’entrada palla cremada -sembla que això, pensat per a reduir l’impacte de l’explosió, va suposar un petit incendi posterior-, negror, impactes de metralla sobre les parets mitgeres que envolten el solar i vidres trencats, molts vidres trencats. Als aparadors comercials de pràcticament tot el carrer de Feilitzsch, que fins i tot han provocat el tancament provisional d’algun local. Per sort, aquest paisatge lunar en que s’ha convertit un tros de carrer a Munic és hui molt més paregut al plató de rodatge d’una pel·lícula que a la realitat que aquesta ciutat va viure no fa tant.
Sprengung der Fliegerbombe / Schwabing, München / 28.8.2012 from Simon Aschenbrenner on Vimeo.
Diario de mudanza (V): de segunda mano
El calendario se ha comido un mes enterito desde que nos mudamos y parece que empezamos a digerirlo. Aunque la mudanza daría para un libro de los gordos, voy cerrando el serial. Antes, confirmar que el modo ahorro se ha quedado conectado en nuestras vidas pese al cambio de aires y a que, según parece, la economía familiar empieza a dejar atrás los números rojos. Y es que una cosa es que hayamos abandonado las lechugas de oferta o las conservas paupérrimas de marca blanco nuclear y otra muy distinta es pagar un céntimo de más, gratuitamente. Supongo que nos estamos alemanizando, quizá siempre fuimos un poco de esta pasta, pero el caso es que la guinda del pastel que es nuestro pequeño Wohnung la estamos intentando colocar a través del mercado online de segunda mano. Vía Quoka y antes de aterrizar aquí se sacaría ya Mariola de la chistera un colchón de viscoelástica, lo más de lo más, por 190 euros. Más de lo mismo para la compra del microondas, hace unos días, a 25 chapas. El primero se lo compramos a un mariquita que abandonaba Múnich a toda prisa, muy a su pesar. Pero no tingues manies mare, el amigo nos vendió un colchón, más que impecable, espectacular. 900 euros nos hubiera costado la pieza, de pagar con la Master Card en una colchonería. El segundo, nos lo mercamos en el barrio mismo y al recogerlo a domicilio solamente le faltaban los plásticos al aparato, para estrenarlo. Vendido flamante después de la censura en la oficina a las ondas electromagnéticas, imagino que por parte de algún jefe con sobredosis de sesiones de yoga. En esas estamos Guiller, esperando algún mercadillo interesante para intentar el remate final a nuestro flamante apartamento, semi nuevo.
De la bici al Mini Cooper
A la immensa majoria de ciutats del món, algú que s’acostara a la porta d’un cotxe nou amb una targeta a la mà -i començara a fregar-la pel vidre- faria dubtar de les seues intencions. Per lladre o per boig. A Munic, arrimar-se a la lluna davantera d’un Mini Cooper, carnet de conduir per davant, és una altra història. Voldria no fer propaganda de bades a ningú. I m’agradaria deixar-vos amb la imatge que em passe la vida muniqueando al ritme d’un manillar, ja ploga, m’espere un recorregut impossible o vaja curt de temps. De fer-ho, en realitat, estaria enganyant-vos. Ja fa mesos que pensem en participar d’alguna iniciativa de Car Sharing, per a les urgències, i al final hem caigut en les xarxes de la que segurament siga la més pija de totes. Com, sinó, ja van un parell de dies al volant d’un Mini per a tornar a casa? La cucada és diu Drive Now (interessats en la propaganda, cliqueu enllaç extern) i a mi em funciona més o menys així:
1. tornant a casa amb la bicicleta ha començat a ploure a mansalva
2. aparque la bici al carrer, la tanque amb el segur, i connecte el telèfon a internet
3. a través d’una aplicació al mòbil localitze mitja dotzena de cotxes disponibles, aparcats a menys de cinc minuts a peu
4. trie un cotxe d’aquestos i m’acoste
5. una vegada allà, sense cap clau, passe per davant de la lluna davantera del vehicle el meu carnet de conduir, al que prèviament li han posat un xip
6. el cotxe, que només pot ser un Mini o un BMW, s’obri, entre i m’espera un ordinador que em saluda i em pregunta si tot està en perfectes condicions
7. tot està en ordre, encenc el motor i me’n vaig a casa
8. després de creuar la ciutat, per fi arribe sec i descansat malgrat la tromba d’aigua, 15 minuts després
9. aparque -bé- on se vol, sense importar si és zona blava o no, i m’acomiade de l’aparell, al que potser no torne a veure mai
10. la broma hui m’ha costat 4,35 euros, preu final. Pel mateix trajecte en transport públic pague 2,5 euros, que són 5 si vaig acompanyat com acostuma a ser el meu cas al vespre
Més enllà d’instruccions d’ús. Donar-te d’alta costa 29 euros pel xip que et col·loquen al permís de conduir, però no hi ha quota de manteniment. Per eixe preu, zero, et dóna sense problemes per a anar coneixent totes les demés alternatives que ofereix esta ciutat per a utilitzar serveis de Car Sharing: Mu, de Peugeot, que et permet llogar un esportiu, un cotxe elèctric, una moto o una bici amb motor; Zebra Mobil, per als amants de l’Audi A3 i els que volen tastar l’Audi A1; Flinkster, la xarxa de Deutsche Bahn vigent a tot Alemanya; Stattauto, tot un clàssic del gènere… Amb estes condicions, qui necessita tindre un cotxe en propietat per a moure’s per esta ciutat?
*Bonus o uns vídeos per a dir el mateix que jo amb més estil:
1. Vídeo de com s’obre un Mini Cooper de Drive Now amb el carnet de conduir, de la mà de la Drag Queen alemanya Dana Regyonal
2. Vídeo de com s’obri un cotxe sense clau, en una modalitat que actualment no s’usa a Munic i que fins no fa massa era l’única que jo coneixia
La bomba
Vora 70 anys després del final de la Segona Guerra Mundial, una colla d’obrers trobava este dimarts al matí una bomba americana de 250 quilos. No la van encontrar als afores de la ciutat, ni entre les antigues runes del parc olímpic, l’entropessada fou ni més ni menys que en ple barri de Schwabing, a un pas de la casa d’algun amic, a la vora de l’Englischer Garten… És a dir, al centre de la ciutat. 2.500 persones desallotjades, segurament un dels carrers més emblemàtics de Munic completament tallat i algunes entrades al metro tancades. El detonador estava actiu. Portada dels diaris alemanys més importants, també del Süddeutsche Zeitung. A mi la història em va pillar amb 50 turistes als Alps, però no el desenllaç. Passades les deu de la nit, la ciutat escoltaria un gran soroll acompanyat d’una flamarada més gran encara. La bomba havia sigut explotada. Només la llum del dia esclarirà les conseqüències.

























