#rutaBayern: Wimbachklamm

És possible que simplement les idolatre pel fet que jo no les tinc a casa, la cosa és que les caigudes d’aigua i les goles naturals que hi ha a les muntanyes de Baviera em toquen la fibra. Sense arribar a ser el Partnachklamm, el Wimbachklamm és capaç de regalar-li al viatger cinc minuts de silenci ensordidor, tancat entre la fageda, les roques i el riu Wimbach. En acabar el xicotet barranc, que al segle XIX ja era travessat al marc d’una ruta d’explotació de fusta, apareix una vall molt més serena. Camí del Watzmann, aquesta muntanya un dels molts comptes pendents que em queden a esta terra.

La gola des de dalt

La gola des de dalt

Caigudes d'aigua

Caigudes d’aigua

Nota per al viatger
*Per accedir al Wimbachklamm, al municipi de Ramsau bei Berchtesgaden, cal aparcar el cotxe uns 500 metres abans i seguir per un camí, degudament senyalitzat, a peu. Hi ha una porta d’entrada i una altra d’eixida. Cal pagar dos euros per persona. S’arriba per la carretera 305 i està degudament indicat.

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A la lluna de València

Les darreres setmanes he tingut la sort d’acompanyar a gent que m’ha fet recordar perquè paga la pena fer el que faig. Mentre hi pense i no, en el primer dia mitjanament lliure en les últimes setmanes com per a poder parar-me a pensar una estona, jugue amb un vaixell de paper, regal precisament d’un dels pirates amb els que he compartit travessia. Huit anys tenia el pirata en qüestió, sense cap pegat en l’ull i amb molta màgia en les butxaques. Del pirata i la germana en particular en guarde un molt bon record, i dels pares. Ara bé, hi pense i no puc evitar de riure. Riure ara; quina nit els vaig fer passar el primer dia. Valencians com jo, de poc més els deixe a la lluna de València. Literalment. No és habitual, però amb aquesta família em vaig implicar fins i tot en la busca d’allotjament. Els preus de l’hoteleria convencional estaven pels núvols en la setmana de Sant Joan, així que els vaig recomanar d’anar a dormir a casa dels Henze. Uns altres cracs. El tracte el varen tancar a dues bandes sense mi, via airBnB, però imagine que per comoditat l’adreça de la casa la vaig transmetre jo mateix als viatgers. Encara no sé en què estava pensant, però el cas és que els vaig enviar equivocadament al número 41 d’un carreró del barri de Perlach, un diumenge a les onze de la nit com arribava aquesta gent. El nom del carrer estava correcte, faltaria, però no sé d’on vaig treure la numeració d’una casa en la que hi vaig viure quasi un any. Ni era el 41 ni tan sols existeix el número! Increïble, per sort, els Henze són gent de 10 i varen eixir al carrer en la mitjanit de diumenge en busca dels turistes extraviats. Tot sense telèfon mòbil per una errada de càlcul, en aquest cas dels valencianets. Per sort, una hora després, les quatre personetes famolenques i fartes de voltar amunt i avall en busca d’un edific fantasma varen trobar la veritat producte de la casualitat. En realitat, la veritat els va trobar a ells enmig del carrer, pràcticament a la lluna de Munic.

‘Urlaubfahrer’, chusma e incautos

(Guiller, fes el favor de llegir-te el text sencer; este és el de la furgona)

Ahí vamos, a la pelea (literal)

Ahí vamos, a la pelea (literal)

Ayer cerramos un círculo que abrimos hace exactamente diez meses. Para ser sinceros, el asunto empezó como terminó, aunque para entonces no fuéramos conscientes de ello. El señor Kubal, un turco asentado en Alemania desde décadas y cuya cara parecía señalar un camino lleno de buenas intenciones, nos vendió su coche vacacional. “Ich bin ein Urlaubfahrer”, nos dijo el día de la venta. ¿Un Urlaubfahrer? Un conductor de vacaciones, que, en este país donde el auto es seguramente tras la familia y la vivienda el bien más preciado, nos señala a un señor, preferentemente de clase baja, que ha comprado un coche para ir de vacaciones a su país y tras las mismas lo quiere vender. A Turquía fue la familia Kubal con su flamante Volkswagen Multivan T5, ocho años de viejo y casi 200.000 kilómetros a sus espaldas. 15.000 euros pagaron por la máquina; unos 12.000 sacaron con la venta a dos españolitos con dinero fresco. Nunca nos sentimos engañados por el señor Kubal, por mucho que a las primeras de cambios descubriéramos que se equivocó al decirnos que el auto tenía la pegatina verde, una suerte de confirmación para conducir por las grandes ciudades alemanas, la cual es otorgada tras la instalación de un filtro para reducir las emisiones de gases contaminantes en los vehículos de motor diesel. Primeros 1.000 euros imprevistos. No quisiera desviarme tan pronto, en todo caso, de los Kubal. El cabeza de familia era un hombre risueño, con un denso bigote, mediana estatura y tez rosada. Unos 50 años, aunque aparentase ser mucho mayor. Tanto él como su mujer, de verdad, parecían buena gente, ella tristemente confinada en su pisito del único barrio obrero de la prosperísima Ingolstadt. “Cualquier día nos vamos a Turquía”, parecía indicar su mirada, más bien melancólica. Tenían dos hijos. El mayor se encargó de preparar el contrato de compra-venta del coche. Su padre daba la sensación de no saber escribir. De cuna, era un chaval risueño, más bien menudo y aparentemente educado. Pero las apariencias engañan: lo encontramos de casualidad, pues el negocio lo cerramos justo un día antes de que entrara en un reformatorio por una temporada. “Cosas de chavales”, dijo el padre, aunque la madre añadió que se libró de la prisión solamente por ser menor de edad. Al hijo menor no lo llegamos a ver, únicamente olimos sus babas secas en el asiento trasero de la furgoneta. Era un chico con parálisis cerebral y movilidad reducida, que pasaba más tiempo en el hospital que en casa. Seguramente fue el motivo de la compra, unos meses antes, del coche. No sé con qué dinero lo habían comprado, ni me importa, pero recuerdo la confesión de herr Kubal: me dijo que en Alemania era posible llevar una vida digna a pesar de no contar con trabajo, como era su caso desde hacía varios años. Una familia marginal a la que guardo cierto cariño pese a que hicieron un negocio redondo con dos incautos como nosotros. Redondo y avanzamos en círculo. Para Navidad el coche superó su prueba más difícil sin rechistar, ya que con él recorrimos sin problemas (técnicos) los casi 4.000 kilómetros de distancia que separan Múnich de Alcoi, ida y vuelta. Pronto, en todo caso, empecé a escuchar ruidos al volante donde antes no los había y, peor, temprano llegaron los avisos. El primero, el oficial de la VW en la misma computadora de la Multivan que nos exigió una revisión del coche por los 220.000 km. Para entonces, ya por marzo, nos dimos cuenta de que el libro del automóvil no tenía registro de las inspecciones practicadas durante los años previos. Pero qué tontos que somos! Cómo no lo preguntamos en su día! Cómo no comprobamos que no teníamos placa verde! Cómo no controlamos que faltaba la rueda de recambio! Cómo… En fin, vayamos con los asuntos urgentes y dejemos de lado los importantes: una puesta a punto a ciegas en el taller oficial nos hubiese costado 2.000 euros más. Salvamos este escollo como lo habían venido haciendo nuestros predecesores, imagino: con un cambio de aceite, filtros y una miradita en un taller multimarca. Otros 500 euros y seguimos avanzando. Visto con perspectiva, podemos parecer dos paletos, pero lo cierto es que metidos en el ajo todo se ve de diferente manera. Aún así, todo tiene un límite y en un vehículo con casi diez años y una kilometrada a las espaldas el límite siempre está al acecho. El nuestro, en concreto, llegó algún día soleado del mes de mayo. Fue la mañana en que descubrimos que al coche tampoco le funcionaba el aire acondicionado. Pague otros 1.500 si desea avanzar a la siguiente casilla. Como dicen en Alcoi, “hasta aquí llegó la nieve”. Nos plantamos. Puede parecer que aquel día nos habíamos acercado por fin a la meta pero lo cierto es que cruzarla ha sido lo más complicado de todo el asunto. ¿Quién dijo que sería fácil? Por un lado, lo más sencillo, increíblemente, ha sido conseguir financiación para sustituir el viejo coche por uno, casi idéntico, pero nuevo. Por esa razón, no voy a dedicarle un segundo más a este arista que merece capítulo aparte en una road movie de factura circular. Que vuelva el rock and roll, entonces. Todo había de acabar tal cual había empezado: con un anuncio en internet vendiendo un coche de segunda mano. Aparentemente sencillo, dada la popularidad de este tipo de automóviles en Alemania. Orgullosos de las mejoras practicadas a la Multivan como estábamos, en los primeros días obviamos varias suculentas ofertas, así como los kilómetros y el tiempo transcurridos desde nuestra adquisición (que jugaban en nuestra contra). Oportunidades perdidas. Para cuando nos dimos cuenta de que nuestro precio estaba muy lejos del precio de mercado, estábamos dentro de una espiral fatal. Esto es: decenas de Urlabfahrer llamando insistentemente al teléfono y practicando idénticos rituales de regateo más propios del zoco de Estambul que de las acomodadas latitudes bávaras. Confieso: hartos y agotados en una carrera de fondo en la que teníamos mucho que perder y poco que ganar, al final escogimos a uno de nuestros postores entre una amalgama de compradores telefónicos, una casta de emigrados a Alemania provenientes de los mejores rincones de Albania, Kosovo, Turquía o Rumanía. Reíros, cabrones, a mi no me hace ni puta gracia. Y veréis la razón. Croata nos dijo que era el comprador elegido, no sin antes regatearnos de un plumazo otros 1.500 euros. Croata de Colonia que resultó ser el más chungo de los kosovares de Renania del Norte. A las nueve de la mañana se presentó en la puerta de casa el sujeto, de cuyo nombre no me quiero ni acordar. Y empezó la fiesta. (La voy a traducir al español y teatralizar un pelo; o eso o reviento.) “Oh, hermano! estoy muy decepcionado contigo! hemos conducido toda la noche mi hermano y yo, 700 kilómetros sin dormir, para comprar tu coche y cuando llegamos aquí lo que nos habías prometido por teléfono no se corresponde con lo que nos ofreces”. Mal empezamos. Por cierto, sin dormir no sé, pero sin comer imposible y sin ducharse, seguro. Joder que personaje! Lo infiltran en la caravana de gitanos de Snatch, cerdos y diamantes y cuela como guardaespaldas de Brad Pitt fácilmente. No le hubiese hecho falta ni atrezzo al colega. Sobre las falsas promesas: nada de nada, cabronazo. Tenían todos los detalles en el anuncio y así lo hablamos por teléfono, lo que no tenían era todo el dinero prometido. Estábamos jodidos, como Tommy. La negociación no fue fácil, intentaron con todas sus fuerzas tomarnos un poco más el pelo, pero no les fue posible. La posición final, apoyado en Mariola, estaba clara: lo tomáis o lo dejáis. Y, ellos no lo sabían, pero el teléfono de la Policía estaba sobre la mesa, pues el asunto no parecía fácil de cerrar sin trato. Algo debieron intuir, y el coche les interesaba, así que nos pusimos manos a la obra con una prueba de conducción en la que no nos multaron de milagro, por encima del límite de velocidad como se condujo por la circunvalación. Paseo en el que el colega y yo intimamos hasta tal punto (soy tonto, pero a preguntas no me gana ni Cristo) que se confesó: “Alemania, qué gran país, aquí se puede vivir sin trabajar. Amigo, yo tengo cinco hijos y quiero ir a mi país con ellos, por eso quiero el coche. Lo voy a comprar con el Kindergeld y con las ayudas públicas que recibe mi familia. Somos muy pobres y estamos todos en el paro”. Me da rabia escribir esto, detesto escribir esto, pero lamentablemente esta es la parte menos teatralizada del texto. Cabrones viviendo a costa de trapicheos, de trampas, aquí y allí, ahora y luego, pero al fin y al cabo viviendo “como reyes” en Alemania pues en su país eso sería impensable. Y lo saben. Y lo aprovechan. Y alimentan con ello el odio de tipos despreciables de piel blanca y mente imperial. Me enervo, pero hemos de seguir, pues no aún no hay trato. Por cierto, antes de cerrar este paréntesis: los dos kosovares se presentaron en casa en un BMW deportivo del copón, cuyo lateral derecho, eso sí, parecía el acordeón de Mari Carmen de la ostia que tenía en la carrocería. Volvemos al relato principal. Siendo sinceros, todos sabemos que una llamada a la Policía no hubiese puesto fin amistoso a la situación, por lo que, sin bajarme los pantalones del todo, tensé la cuerda hasta el punto en que cerramos un trato, con apretón de manos incluido, solamente 200 euros por debajo de lo pactado inicialmente, después, eso sí, de varios descuentos telefónicos. Suficiente para calmar los ánimos de todas las partes, los de los matones y los nuestros. En aquel momento, ya sentados en la parte trasera del habitáculo, cual grupo de mafiosos, comprendí que unos meses antes habíamos abierto un estúpido círculo que nos arrastró a un final del que salimos ilesos milagrosamente. Hoy, un día después, el dinero reposa en el banco y supongo que aquella familia kosovar se encuentra en alguna carretera camino de los Balcanes. Círculo cerrado. Esperemos, pues llevo toda la noche soñando con aquel gitanillo de mi pueblo que te sacaba la navaja en el paseo de Cervantes y te decía: “Dame veinte duros o te vas acordar de mi; que sé donde vives”.

#rutaBayern: el Nido del Águila

Si hay un par de motivos por los que encuentro interesante una visita al Nido del Águila (en alemán, la Kehlsteinhaus) esos son la facilidad de acceso a un mirador alpino bastante decente, así como la proximidad de algunos lugares naturalmente fantásticos. Por lo demás, no me hace ninguna gracia la visita a una construcción nazi, la cual, por mucho que haya sido reconvertida, sigue significando lo que sigue significando.

Vista del refugio desde la parte alta del mirador

Vista del refugio desde la parte alta del mirador

Origen
La Kehlsteinhaus es un refugio de montaña situado en lo alto de la montaña Kehlstein (1.834 metros de altitud), a escasos kilómetros de la frontera entre Baviera y Austria por la zona de Salzburgo. Una zona, por cierto, hoy protegida en el marco del parque nacional de Berchtesgaden.

Aunque es cierto que las vistas de los Alpes bávaros y austriacos son magníficas, también lo es que la mayoría de sus visitantes acuden al lugar en busca de algo más. En concreto, en busca del célebre refugio de montaña de Hitler, un chalet inaccesible que le regaló el partido nazi por su 50 cumpleaños (1939) en la misma zona en que los dirigentes nazis disponían ya de una urbanización de recreo, el conocido como Berghof en Obersalzberg.

Cima

Cima

Según estimaciones oficiales, la cabaña se construyó durante trece meses, si bien se necesitó también la creación de una carretera y un espectacular ascensor que sube los últimos 124 metros por el interior de la roca. Los costes de la obra fueron muy elevados: más de 100 millones de euros al cambio actual y un mínimo de doce vidas humanas. Sobran las palabras.

El refugio de montaña, llamado a ser un espacio de confort para el führer, apenas se utilizó debido a la llegada de la guerra y a las preferencias del mismo Hitler.

Liberación
Si bien el Berghof fue bombardeado y destruido por las tropas aliadas, lo cierto es que no sucedió lo mismo con el refugio de montaña. Bautizado como Nido del Águila (Eagle’s Nest) por el general Eisenhower, las tropas aliadas lo alcanzaron en los primeros días de mayo de 1945. No obstante, la zona permaneció como un destacamento aliado hasta 1960, cuando fue devuelto a Baviera.

Naturaleza
Superado el morbo del lugar, lo cierto es que la visita permite acceder a un mirador espectacular frente a montañas de mayor envergadura, cuyas cimas rocosas cubiertas de nieve la mayor parte del año se disfrutan desde lo alto de Kehlstein.

Es el caso, por ejemplo, del majestuoso Watzmann o el precioso lago del Rey, el Königssee. De hecho, estas vistas son el único y verdadero motivo por el que recomendaría una visita. El espectacular ascensor de bronce, la chimenea de mármol regalo de Mussolini o la tortuosa y torturadora carretera de acceso me parecen más que prescindibles. Lo mismo me sucede con la cafetería del refugio: ni fu ni fa.

Las montañas y el lago

Las montañas y el lago

Eso sí, el viajero no debe olvidar que, abierto solamente en verano, el Nido del Águila suele figurar abarrotado de turistas llegados desde todo el planeta, especialmente en días soleados. El autobús y el pase, además, cuestan un dineral (para lo que se ofrece): 16,1 € a mayores de 14 años y 9,3 € a los menores.

Qué más hacer en la zona
Para justificar un viaje al Nido del Águila, al menos si se llega desde Múnich, hace falta algo más. Mis propuestas preferidas serían dar un paseo o bañarse en el Königssee, atravesar el Wimbachklamm, una pequeña garganta natural, o acercarse brevemente a Salzburgo. Claro, que para todos estos planes hace falta un vehículo privado, pues el acceso en transporte público a los mismos no resulta fácil.

Chimenea

Chimenea

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De la Selva Negra (en paper)

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Haguera preferit escriure per començar alguna cosa sobre Baviera, però ja se sap que un no sempre pot escollir-ho tot. El cas és que este més de juliol (Número 172) he tingut l’oportunitat de publicar quatre ratlles a la revista Viajes National Geographic sobre un xicotet itinerari pel sud de Baden-Würtemberg. O el que és el mateix, sobre la Selva Negra. Ja sabeu, al quiosc.

El señor del bigote

Últimamente me prodigo por aquí menos que nada. No es por falta de ganas. No tengo tiempo y eso que esto no ha hecho más empezar. A esto se le llama verano y al final el verano es sinónimo de vacaciones. Y si ellos están de vacaciones, yo trabajo. En la calle, me refiero, pues la verdad es que me cuesta demasiado, desastre, estar sin trabajar. Y si trabajo guiando, lógico, no escribo y parece que no estoy. Pero lo paso bien, y también mal. A veces me gustaría tener memoria de elefante –¿alguien sabe de dónde ha salido esta tontería de la memoria del elefante?– para no olvidar las risas y los lloros que me echo trabajando. Escribirlo aquí sería una buena manera de no olvidar, o de superar, según el caso, pero no siempre las manos me alcanzar a teclear cuando regreso molido. Otras noches me frena la vergüenza; me siento observado. Ayer reí. Recogí a un grupo de argentinos de lo mejor, una pareja de novios en luna de miel –¿alguién sabe de dónde narices viene lo de la luna de miel?–. De hecho, llevo unas semanas recogiendo argentinos. Y eso es garantía de animación y filosofía. En fin, los de ahora son unos porteños entrañables, más de buena onda que de filosofía, a los que estoy teniendo la suerte de acompañar durante toda la semana. Noté el primer día en la primera recogida en hotel que él me miró en el primer instante de arriba abajo, medio raro. Dejé de notarlo al poco por lo que no le di más importancia. Ayer, ya con la confianza me reconocía el asunto. Muy bueno: resulta que después de habernos cruzado decenas de correos electrónicos durante meses él había terminado por ponerme una cara y unos ojos y no eran precisamente los míos. De ahí la sorpresa al encontrarse al falso Jordi. ¿Qué cara? Pues la de un señor bávaro con su cerveza en la mano, su bigote, su chaleco, su sombrero, su lederhose… Alguno dirá, ¿y a santo de qué? Pues sí, amigos, mucha lógica tenía el pobre de mi bostero. Y sí queréis averiguarlo, solamente tenéis que hacer clic en este enlace. Os remitirá a la portada de Bayern a medida (para más señas mi empresa y la prestataria de servicios a nuestra joven matrimonio). Por cierto, es la segunda vez que me pasa: lo de que me confunden con el del bigote, simple reclamo publicitario (le pedimos permiso para tomarle la foto en su día). Habrá que ir pensando en renovar la portada de la web.

La tempesta fallida

Mai havia fallat tant la previsió de l’oratge com ho ha fet en les últimes hores. No sé si és bo o dolent. Demà o despús-demà ho sabrem. El que és segur és que hem passat la sèrie de més calor a Munic al juny des que hem arribat, que tampoc no és massa dir. Divendres passat, calor. Dissabte, calitja. Diumenge, basca. Dilluns, pitjor encara. Dimarts, ens vàrem quedar esperant la tempesta, que tant de mal sembla haver fet al nord del país, on sí ha arribat. Dimecres? Al migdia, vaig eixir de casa un mica atemorit, paraigües, jaqueta impermeable, cobertura impermeable per a la motxilla, roba còmoda. S’esperava una tromba monumental d’aigua, primavera pura, però el sol mai va deixar de somriure’ns. Millor. A la nit, doncs. Doncs tampoc. I avui dijous, al migdia i amb un Llorenç que sembla el poble Benidorm, m’he cansat d’esperar la tempesta que no arriba. Tant que, vora 30º per sisè dia seguit, me’n vaig al riu a prendre el bany.

#rutaBayern: 10 motius pels que paga la pena pedalar-se Munic

Tan se val si vius a Munic –aleshores segurament no et calga propaganda– o si vens de visita, no tinc dubtes que si l’oratge ho permet la millor manera de desplaçar-se i gaudir de la ciutat és muntat sobre una bicicleta i pedalant. Ací van deu motius, pels quals jo recomanaria a qualsevol viatger que vinga, que no dubte en fer-se amb una de dos rodes i fer-la rodar:

1. Munic es una ciutat plana i fàcil de pedalar per a hom. La poden gaudir a parts iguals Indurain, el Piranya o una iaia canyera. Nivell per a tots els públics.

2. Per carrils per a bicicleta i seguretat per a ciclista que no siga: tenim una xarxa per a pedalar de 1.200 quilòmetres. La major part dels carrils estan ben senyalats, conservats, asfaltats i diferenciats dels espais per a vehicles a motor.

3. No has de tindre por que et furten la bicicleta. Amb molt mala sort, si oblides encadenar-la. I ja seria casualitat.

4. Amb la bici podràs veure i gaudir de moltes més coses que si vas amb qualsevol altre mitjà de transport. Ni el metro, ni el tramvia, ni el bus, ni el cotxe privat, ni a peu, ni el bus turístic, cap altre li fa ombra.

5. La natura, per exemple, difícilment la podràs conèixer si no és a pedals. L’Englischer Garten, la llera del riu, els llacs dels voltants.

6. És la manera més ràpida de moure’s a la ciutat. Sense embussos, sense retardaments, sense dependre de ningú.

7. Pedalar és barat. Un abonament per a tot un dia de transport públic costa uns sis euros. Una sola carrera en taxi entre sis i 30. Llogar una bicicleta per 24 hores costa menys de 20 euros. Comprar-ne una vella a un mercat de segona mà: entre 30 i 80.

8. Muntar en bicicleta et permetrà barrejar-te amb la gent local i entendre una mica millor com funciona aquesta capital. Estimacions municipals calculen que el 90 % dels muniquesos i les muniqueses tenen almenys una bici.

9. Pedalar és net. Sostenible, vull dir.

10. Pedalar és sa. I punt.

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Por qué me cuesta tanto conectar con Praga

A poco más de 300 kilómetros de una de las ciudades más bonitas de la vieja Europa, no hay semana en la que venga un turista en circuito y me diga: “Oye, ¿Y tú has estado en Praga?”. Entonces yo le digo que sí y me suelta, con total probabilidad, un discurso de varios minutos de duración sobre lo fantástica que es la capital de Bohemia. “Yo es que soy más de Budapest”, me da por responder. Entonces, por lo general, matamos la conversación.

El puente, el río y el castillo

El puente, el río y el castillo

Pero uno no es de piedra, así que de tanto escuchar la canción al final me fui al concierto. La semana pasada hicimos nuestra segunda escapada a Praga y a mi regreso, por mucho que me parezca una ciudad como la copa de un pino, sigo con problemas severos de conexión.

Así es que si alguno le apetece oír música celestial, lo mejor es que se mire este capítulo de Españoles por el mundo, que se lea este afinado artículo del bloguero Fran Soler ilustrado con apetitosas fotografías o que se pase por el blog de estos dos españoles afincados en la ciudad (si tenéis alguna otra sugerencia de texto en la red sobre Praga, por favor compartidla). El resto, que no se queje luego si me pongo en plan cebolleta.

¿Qué por qué no consigo acoplarme a Praga?

Antes que nada, pongamos las cosas en claro: que no conecte no significa que no sea capaz de apreciar que se trata de un auténtico tesoro, con su fantástico patrimonio histórico que va de la Edad Media al siglo XX arrastrando por el camino castillos, iglesias, palacios que igual son renacentistas, barrocos o incluso modernistas. Mucha tela. O con su magnífica ubicación y su castillo despampanante a lo alto. Y sus tranvías, ay de sus tranvías. Me quedo con los viejos y ruidosos; los nuevos le restan empaque. Y sus cafés y restaurantes: con estilo, buen llantar y, por qué no reconocerlo, con sus precios que desatan la sonrisa maliciosa de cualquier visitante llegado del oeste. Esto está cambiando, por cierto (que menuda nos clavaron el otro día en un despiste). Llamadme morboso, pero a mi me chifla además su cara menos guiri, allá por donde los barrios de ensanche, donde merece la pena pasear, perderse, comer…

Dicho esto, paso directamente a sincerarme: me cuesta y mucho, por ejemplo, plantarme delante del reloj astronómico y que me aborden trescientos paraguas, cada uno de un color, en busca de un trozo de pastel. Me hace sentir como una especie de euro con patas.

Y, sin embargo, no llueve

Y, sin embargo, no llueve

Peor, en cualquier caso, es cuando te pones en fila para salir de la zona en busca del puente de Carlos. Porque el siguiente destino seguramente sea ese. Falta un señor gritando, no abandonen la fila! No sé si estoy gafado, pero en las dos visitas a Praga (hay que reconocer, coincidentes picos de temporada alta) he tenido la sensación de participar en una carrera popular. La carrera de los calcetines blancos y las chanclas.

Y a ver quien es el guapo que entre tal marabunta de sandalias encuentra un restaurante. Sí, sí, un lugar para comer. Tengo ojos, ya sé que precisamente en el centro histórico y en el barrio del castillo seguramente haya más bares que casas. Ese es el problema, todos con sus cartas escritas en letras gigantescas y muchos de ellos incluso con fotografía de los platos. Yo buscaba otra cosa… Es verdad que saliendo del meollo a un barrio más tranquilo, incluso al antiguo barrio judío, y con la ayuda de, por ejemplo, Tripadvisor, se puede tener éxito.

Lo mismito de los bares sirve a la hora de buscar un café, una librería o una ferretería. En el centro histórico de Praga será misión imposible. A las iglesias y palacios solamente las acompañan restaurantes, tiendas de souvenirs, agencias de turismo o, con suerte, artistas callejeros.

Situaciones todas lógicas si tenemos en cuenta que Praga, una metrópolis relativamente pequeña, está entre las diez ciudades más turísticas de Europa con 4,4 millones de visitantes al año. Los datos no son míos, ni del paragüero (según éste, Praga era “la tercera ciudad más visitada del mundo”), lo dice Master Card en su último informe sobre las urbes más visitadas del planeta. Imagino que igualmente tendencioso pero a tener en cuenta.

Desahogado, confieso que en realidad lo mío con Praga es más bien una rabieta, un mucho ruido y pocas nueces. En el fondo sospecho que nos llevaríamos muy bien si pasásemos una temporada juntos, aunque sacar oro de allí en una escapada de fin de semana me resulte muy complicado. Igual a la tercera (para entonces intentaré probar con temporada baja) va la vencida.

Como apéndice, unas fotos que no aparecen en el catálogo de publicidad:

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Estar plantado como un muñeco frente al reloj astronómico y que te canten el Hare Krishna. No tiene precio

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Ésta es la furgo que yo quiero

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Praga también tiene su muro (el de John Lennon)

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La Villa Müller: ar-qui-tec-tu-ra (con el sello de Adolf Loos)

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Fred y Ginger. Más arquitectura (de Frank Gehry), menos secreta

*Nota para el viajero
Si os interesa la arquitectura no dejéis de visitar la Villa Müller ni el Dancing Building, aunque sea por fuera.

Pilsner Urquell: la pilsen de Pilsen

No ho puc evitar, cada vegada que passe per la República Txeca sent la necessitat de fer un alto en una fàbrica de cervesa. Fa uns mesos vàrem aprofitar l’estada al sur del país per acostar-nos a la Budweiser Budvar, ara la parada obligada ha estat a la ciutat de Pilsen.

I és que si un poble té nom de cervesa rarament ens trobarem davant d’una casualitat. Així que vàrem decidir fins i tot de contractar una visita guiada per a conèixer per dins la fàbrica de Pilsner Urquell, o la mare de totes les cerveses tipus pilsen.

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Són les dues del migdia i arribem a la caòtica ciutat de Pilsen. És la segona vegada que hi passem i la segona volta que visitem la fàbrica de cervesa. Hui amb tour inclòs. Amb menys de 200.000 habitants, a priori pensàvem que no seria difícil de trobar la indústria que ha fet que aquesta localitat txeca siga famosa al mon sencer. Ens equivocàvem.

Trenta minuts després i farts de donar voltes amb el cotxe amunt i avall evitant ser arrossegats per tramvies d’un altre temps, decidim aturar el furgó a la vorera d’un carrer qualsevol i preguntar com dimonis s’arriba a la Pilsner Urquell.

A la primera no n’hi ha sort: una senyora de cabells cardats que no parla ni papa d’anglès; a la segona més del mateix; a la tercera, decidisc parar al costat d’una camioneta de descàrrega de begudes, com no, retolada amb el logo de la cervesera que busquem. És una loteria, el noi no parla anglès tampoc, però quan li assenyale amb el dit el logotip de la seua samarreta somriu i exclama: Pivovar! Entesos! Ens condueix amb el braç per sobre l’horitzó de Pilsen. Ens remet a una torre preciosa que es veu al fons i per fi recorde (la primera visita, al 2005): és l’anomenada torre de l’aigua, allà on han vingut barrejant la cervesa durant dècades. Com no havia caigut!

(Per cert, si no vàrem aconseguir trobar l’empresa abans és perquè no n’hi havia a tot Pilsen un sol rètol intel·ligible en un idioma que no fóra el xec.)

Arribem a la fàbrica per fi. Aparquem i comprem els tiquets per al primer tour en anglès. Tenim 30 minuts per dinar a la cantina de la cerveseria, on ens atenen exquisidament dos noies joves i ens serveixen en qüestió de segons les dues primeres cerveses pilsen que bevem en molt de temps. I la helles? He dit pilsen, no lager… què cabronet, al cap i a la fi són cosines germanes i, per si fera poc, els primers en usar els mètodes de fermentació a baixa temperatura foren els bavaresos, no els txecs.

L'arc d'entrada a la casa

L’arc d’entrada a la casa

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Una Urquell i una Gambrinus, també de la casa

En fi, ben dinats ens posem mans a l’obra. Ens esperen 90 minuts de visita, meravellosa, en la que ens expliquen detalladament i interessada un grapat de coses. Com que sóc de flaixos, em quede de tot plegat amb unes poques idees principals:

1. Que l’orige de la Pilsner Urquell el trobem al 1838, quan un grup de productors de la ciutat de Pilsen decideixen unir-se per a elaborar una cervesa de millor qualitat. Corren temps dolents per a la cervesa de fermentació alta i per a les gerres de porcellana; és hora de llevat, de cervesa neta, transparent, és moment de fermentació a baixa temperatura, de magatzem (lager).

2. Que al 1842 arriben els primers resultats: la cervesa rossa i neta apareix en escena, de la mà d’un mestre cerveser bavarés de nom Josef Groll. Sí, bavarés, de Baviera. Bona mà i bona vista degué tindre aquell senyor, fins el punt que, amb el temps, la marca esdevé en el nom de la cosa. Així naix la cervesa pilsen, també coneguda com pils o pilsner.

3. Que si el segle XIX fou temps de canvi en els processos d’elaboració de la cervesa, amb la introducció de noves tecnologies, ara per ara i cada dia més corren temps difícils per a les empreses xicotetes en general. I Pilsner Urquell (o Plzensky Prazdroj), en el mercat globalitzat de les begudes, ho era. En passat, ja que des de 1999 forma part d’un dels grups de cerveseries més grans del món. El SAB Miller o South African Breweries – Miller. Se la va empassar, com a tantes altres.

4. Que malgrat tot, la visita paga la pena i molt. Interessant la planta d’embotellament, agradoses les explicacions de la guia, el conèixer el procediment de fabricació de la cervesa de primera mà… però el descomunal és poder baixar als fonaments de la cerveseria. La cambra del tresor: nou quilòmetres de galeries soterrades concebudes en el seu dia per a emmagatzemar la cervesa durant el procés de fermentació a baixa temperatura. Unes galeries sense ús ni sentit des de ja fa algun temps, amb això de les neveres i tal, però que són un regal per a la vista. Com un present és la cervesa que et donen a tastar al final del tot. Aquesta sí que es produeix encara als tonells de fusta vells. Sense filtrar ni res. Intensa, sabrosa, fresca, històrica, un tresor… i en un escenari que és història viva de la producció de malta.

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Cerveses a la planta

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Tonells de cervesa als magatzems soterrats

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Tast de cervesa artesana sense filtrar

De sobte, s’acaba la cervesa del tast i hom se’n adona que els 90 minuts de visita han volat. Ha merescut la pena, ni que siga per mantindre un temps en el record eixa cervesa emocionant que hom pot provar, eixida de les profunditats de l’oest de Bohèmia. Què dic eixa cervesa: la cervesa.

*Nota per al viatger
De tot el que he llegit sobre la Pilsner Urquell, aquest és sense dubte un dels escrits més encertats (en castellà): Pilsner Urquell, descubrimos los secretos de la rubia perfecta. Sus orígenes. El web corporatiu de l’empresa també incorpora informació d’interés en anglès.