Category: Vivir en Múnich
¿Hablar alemán como un alemán?
¿Es posible aprender correctamente alemán cuando se empieza a estudiarlo en la edad adulta? ¿Se oye menos español en las calles de Múnich, de un tiempo a esta parte, o es que mis oídos han dejado de percibirlo? Estas y otras preguntas me repito últimamente. En busca de respuestas acudí el otro día a Marcelo Ávalos, el responsable de Tandem, la academia en la que he venido estudiando alemán desde que llegué a la ciudad, y con la que colaboro desde hace algún tiempo como profesor de español.
En pocas palabras, Marcelo me confirma que aprender y dominar el deutsch en la edad adulta es factible, si se realiza un esfuerzo considerable de forma continuada, aunque llegar a hablarlo como un nativo es otro asunto. Aunque, bien visto, tampoco se trata de aparentar ser alemán sin serlo, quizás de interactuar con ellos plenamente, ¿no? En cualquier caso, estas son las reflexiones de mi interlocutor:
Existe el comentario generalizado de que el alemán resulta especialmente complicado para los hispanohablantes. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
Yo no diría que el alemán es una lengua especialmente complicada para hispanohablantes. Sin embargo, estos tienen dificultades específicas, por ejemplo, con el género de los sustantivos.
¿Cuánto tiempo se necesita invertir para poder alcanzar un nivel aceptable de alemán?
Para lograr un nivel avanzado de alemán, lo que es el nivel C1 o C2, es necesario dedicarse intensamente al estudio del idioma participando por ejemplo en un curso intensivo de al menos 20 horas lectivas por semana. De esta manera, un estudiante necesitaría aproximadamente unos 10 a 12 meses para llegar a ser un usuario competente del idioma y estar preparado para sostener el TestDaF, examen de alemán como lengua extranjera, que es un requisito para matricularse en una universidad alemana.
Y conseguir un nivel perfecto, o nativo, ¿es posible?
Lamentablemente, los adultos, por lo general, ya no tienen la capacidad lingüística para aprender una segunda lengua a la perfección, tal y como la dominan los nativos del alemán. Sin embargo, hay personas que logran acercarse mucho a ese nivel. Es el denominado near native speaker.
En cuanto a la llegada de españoles a Múnich, ¿de qué forma se notó para la escuela el incremento de españoles en la ciudad durante los peores años de crisis en España?
Tradicionalmente suelen venir muchos estudiantes de España para hacer un curso de alemán con Tandem en Múnich. Los motivos son muy diversos: Las escuelas Tandem de España, sobre todo la de Madrid, tienen mucha reputación por lo que la gente interesada en cursos de alemán en Alemania opta por un curso de alemán en Tandem. Y visto desde un contexto europeo, los españoles muestran mucho interés por aprender alemán y, a consecuencia de la crisis económica, en los años 2012 y 2013 el número de estudiantes españoles subió notablemente.
¿Y, ahora, habéis notado un descenso de españoles matriculados?
La verdad que sí. Actualmente las inscripciones (de españoles) han bajado a un nivel promedio de los últimos diez años.
*Tandem München
La escuela de Múnich es miembro de Tandem Internacional, una asociación de instituciones de enseñanza independientes. Aunque parezca una cadena al uso, en realidad los centros de idiomas Tandem únicamente colaboran a la hora de compartir información en aspectos como la metodología docente, la administración o el marketing. En el caso de Múnich, la escuela nació como una asociación en 1988, en origen fundada por ocho estudiantes de alemán como lengua extranjera, entre los que se encontraban los actuales propietarios: Marcelo Ávalos y Jutta Huber. Imparten clases de alemán, pero también de inglés, español e italiano.
La terrible llengua alemanya
Han passat gairebé 150 anys des que Mark Twain es va deixar caure uns mesos per Heidelberg amb l’esperança d’aprendre alemany. L’enginyós pare de Huckleberry Finn va quedar tan impactat amb la magnitud de la tasca que ens va llegar un esclaridor relat sobre l’assumpte en el seu llibre de viatges Un rodamón a l’estranger (1880). Die schreckliche deutsche Sprache, o El terrible idioma alemany. Fa un parell de setmanes que el citat text va caure a les meues mans, gràcies al bon fer del meu mestre Hardy, que degué pensar que la classe tenia la moral pel terra aquells dies. D’un cop de ploma, aquella història ens va pujar la moral a tots, a més d’esbossar algun somriure. Segons Twain els que no han estudiat mai alemany no poden fer-se una idea seriosa de tan complicat com pot arribar a ser. Fins al punt que un mai acaba d’aprendre com atribuir el gènere d’un vocable, dubta i segueix dubtant davant la declinació del cas en una oració complexa, i pitjor encara, s’acovardeix davant el grapat d’excepcions que salpiquen la gramàtica germana. Menys mal, Marc Twain, que ja en som dos, doncs va haver-hi un temps en què vaig arribar a somiar que realment era jo l’únic ruc, tal com s’havia encarregat de repetir-me temps enrere un altre professor d’anglès que vaig tindre de menut.
Ya es primavera en…
Estaremos de acuerdo en que en España son los grandes almacenes los que, a menudo, dictan la llegada de una nueva estación del año. El termómetro, en buena parte de la península y cada vez más, pinta más bien poco. Así pues, es gracioso y cuanto menos extraño, pero real, ver a la chavalería paseando embufandada por Valencia capital en pleno diciembre, malditos días de diciembre de diecipico grados a la sombra. ¿Para qué querrán estas gentes usar guantes y bufanda? Esa pregunta, que me hago cada vez que desembarco por casa como el turrón, quizás deberíamos de hacérsela a los del triángulo verde. Aquí, por suerte o por desgracia, Guillermina, nada de nada. No hay almacén que pueda con las nevadas en pleno mes de abril, porque al invierno le cuesta nada y menos entrar pero no veas como se pone de pesado para salir. Hoy, por fin, parece que escampa y volvemos a los amagos de la primavera. Y tan en serio, a casi 20° dice el teléfono que nos vamos a poner estos días. Ya estoy salivando. Yo y media ciudad. Esta mañana, al salir de casa en la bici y todavía prácticamente a punto de nieve (las mañanas son frías sí o sí, ya sabes), me he cruzado con una ristra de alemanes y alemanas en modo primavera. De golpe y porrazo, han sacado del armario toda la artillería: las gafas de sol, fundamentales; las camisetas de colores fluorescentes, que cosa tan bonita y veraniega de ver; los botines de lona, unas converse más bien roñosillas a ser posible, y los pantalones pitilleros, dejando tobillo a la vista por supuesto. Así son ellos. Y yo también, sí, que no hay para menos. Después de una semana de tormentas, frío, nieves, turistas… regreso a la normalidad. Y me relajo. De hecho, igual demasiado. Hoy me atrevido a venir a la oficina (toca ECOS) con mi camisa de flores. Madre, es la alegría, pero no sufras porque no te hablo de la hawaiana. Esa, mi preferida, para más adelante. La de hoy es algo más sencilla, una que tengo azul, fea, pero muy fresquita. Y cómoda. La he bautizado como la varufakis. Muy chula. Pero sí, me estoy dejando llevar… igual demasiado. He vuelto a las andadas y menudas patillas, ahí sí que se me ha ido la mano. O la falta de ella. Una visita al peluquero no estaría de más. Creo que por aquí me llaman el despeinao. Prometo ponerle remedio pronto. Y una afeitadita. Palabra. Por lo demás, bien, ya te digo. Mariola mismo se ha contagiado de la fiebre de la primavera. Lleva dos días sin pisar el metro, yendo al trabajo a pedales, como otros tropocientos vecinos del barrio que me han colapsado el carril bici. No los culpo, ya se sabe: “Ya es primavera”… en Múnich, y hay que aprovecharlo. Mientras dure, claro.
Dijous Sant
Tot el dia amunt i avall, passejant una i altra vegada la ciutat. Que ningú no s’equivoque, treballant. La veu va camí d’apagar-se i açò, la Setmana Santa, just acaba de començar. Fred, neu, pluja, vent… i, només al final, cel blau i sol. Són preciosos aquestos vespres humits de la primavera bavaresa. Olor a fresc, a net, gotes d’aigua sobre els vidres de la casa. No ho puc evitar, una altra vegada al carrer. Ara per plaer. Faig la volta al barri i passe per davant de l’església, la parròquia tan moderna del barri que tant m’agrada. De camí, tinc la sensació que em creue amb un beato. Ací també n’hi ha, i no són pocs. I hui és Dijous Sant, ara caic. A punt d’entrar la nit, han encés els llums a l’església. No puc evitar obrir un cèntim l’enorme porta de vidre. És clar, és moment de missa. Solemnitat, sona l’orgue de rerefons. Uns senyors vestits de blanc donant el sermó. Hi ha coses que no canvien. Només falta la processó. Preciós, però no és paisatge per a mi. A fora, uns metres més enllà, els darrers raigs de sol colpegen sobre el canal mentre els ànecs naden a contra corrent. Les teulades dels palauets m’enlluernen. És el coure que recobreix les cases més opulentes. No és or, però ho sembla. I podria ser-ho, no serà per mancança. Curiosa escena. A poc a poc s’imposa el vermell en l’horitzó i darrere arriba el blau obscur, i al final, a la porta mateixa de casa, el negre. És de nit, una nit de dijous d’abril.
Se asoma la primavera
Probablemente, o más bien con total seguridad, se trate de un espejismo, pero lo cierto es que van un par de días en los que la primavera parece desperezarse. El día, por fin se alarga, tanto por abajo como por arriba, y eso que todavía nos queda lo mejor: el cambio de hora. Pero ya se nota la luz al final del túnel del invierno muniqués, y más estos días de nubes altas y azul cielo. Estamos de suerte. Temperaturas agradables y sol, mucho sol. Por fin. Fresco, pero ni rastro de nieve. No cantaré victoria. Sea como sea, y a la espera de que la posa se confirme con la apertura de las primeras yemas, lo de esta semana lo siento yo y, parece, toda la ciudad. Los de las bicis volvemos a pedalear las calles como si no hubiera un mañana, los pedantes timbres suenan entre adelantamiento y adelantamiento, y, yo, reconozco, me siento mejor que bien sobre ruedas en los albores de un tiempo mejor. Ojala.
Febrer; anhels
Febrer avança i tinc la sensació que tot se’m queda curt. La llum, per molt que cada dia en tenim una mica més, se’m queda curta; els dies, volen; les hores, me’n falten. No trobe el moment d’alçar-me al matí i, una estona després, quan he aconseguit deixar per fi de badallar, resulta que ja és migdia i, pitjor encara, en un tres i no res, de vesprada o de nit, que al cap i a la fi en febrer és el mateix. No arriba el moment d’escriure-hi, al Quadern, tot i que van arribant noves de tots els colors, també de bones i de molt bones. El que no tenim enguany, per primera vegada des que estem a Munic, són vacances d’hivern. Quin nyap. A canvi, faena i més faena. Pufff. I fred, perquè enguany, sí que n’hem tingut i en tenim, d’hivern. Fa més d’una setmana que ha deixat de nevar, però les teulades del carrer encara estan plenes de neu. Al terra, però, ja no en queda. Només gel, muntanyes de neu convertida en glaç que no paren d’ennegrir-se a cada dia que passa. Pol·lució. Polseguera. Ronya. Prompte arribarà març i, espere, la primavera. L’aigua, que vindrà, acabarà per netejar els muntons de merda del carrer, els de neu, i amb això, tan de bo, tornarà la il·lusió. D’eixir al carrer. De passejar. De la màniga curta, per començar, ni que siga baix de l’abric. De les ulleres de sol, tot i que això, reconec, potser és massa demanar. Com que no? Per demanar, que no quede.
Cuestión de voluntad
Buenos días. Seré breve y apresurado: ya sabéis, ahí vamos tramitando que te pego. A veces despachar con la Administración no es sencillo. ¿A veces? Y entonces, cuando tienes la moral por los suelos, pasan cosas. Pues eso, esta mañana he tenido un feliz encuentro con una funcionaria del Finanzamt (la Hacienda alemana). En 10 minutos me ha resuelto más asuntos que tres de sus compañeros en un mes y pico. A uno de ellos hasta le ha metido un paquetazo por teléfono. Ale pues, a fumar caliqueño. Se lo merecía. El caso es que estoy más cerca de la meta. Lanzado. Por cierto, ¿sabéis como se llamaba la señora resolutiva? Frau Will. Lo que habláis alemán podéis dejar de leer, está alles Klar. Los que no: Frau Will significa literalmente Señora Quiere. Esta historia es verídica. El nombre también. Lo ponía en el letrero de su mesa. Palabra. Dichoso encuentro.
Exasperante burocracia
Menudo cabreo traigo. Tres años después de haber puesto en marcha esta fantástica iniciativa de nombre Bayern a medida, todavía a estas alturas es posible descubrir trabas increíbles por parte de la Administración pública. So ist, la vieja Europa, para lo bueno y, cada vez más, para lo malo. Hoy, lunes, de buena mañana, una niñata me ha dicho sin torcer el gesto que la solicitud de nuestra empresa no está en condiciones de ser aprobada por su departamento. La razón: me dice que tenemos todos los papeles en regla, hablo de unos veinte certificados oficiales que hemos recolectado pacientemente durante casi un trimestre mediante trámites con diferentes entidades de toda Alemania, y que hemos hecho un gran trabajo en su conjunto –esto viene de más largo aún, unos dos años de papelotes en concreto–, pero que incumplimos un pequeño aspecto legal, sin embargo vinculante. Resulta que la ley alemana exige una distancia máxima de cinco minutos caminando entre la sede de nuestra empresa y la sede del parking de nuestro automóvil profesional. Y Google maps le ha indicado a la nena que en nuestro caso se tardan 15 minutos caminando. Google maps! ¿Pero qué mierda es esta? Si al menos se lo hubiera dicho un perito, un funcionario o hasta un repartidor de periódicos… Pero no, a Frau Culoapoltronado se lo ha dicho Herr Google y eso es lo que cuenta. Esto sin entrar a valorar la gravedad del asunto, que por cierto no interfiere para nada en el normal funcionamiento de la empresa. Y ahora retroceda otras 20 casillas y vuelva a lanzar los dados. Pues eso rubiales, tal y como tenéis el patio también en Alemania el Duden haría bien en ampliar la definición de burocracia, tal y como ya hizo el diccionario de la Real Academia Española en su día (al menos en esto os vamos por delante). Burocracia, pues: Administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas. Aunque la RAE la clava yo quiero añadir algo más en caliente: la burocracia y los burócratas son capaces de desincentivar y desmotivar a los ciudadanos de toda naturaleza, también a los emprendedores. Convierten los trámites administrativos de toda clase en algo más que farragoso, en algo soporífero, exasperante, irritante, asqueroso, insoportable. Apéndice: los burócratas germanos más traicioneros se reconocen fácilmente, pues a menudo calzan unas confortables Birkenstock. También en enero y aunque en la calle haya nieve a cascoporro, por lo que si te cruzas uno o una por los pasillos de la Administración pública, sal corriendo. Por si las moscas.
Como no quiero empezar la semana con depre, ahora os cuento nuestra historia con la ayuda de Forges, todo un referente en ironizar sobre la materia:
Dieter ja és alcalde
Llegisc al diari que un miler de persones van eixir anit al carrer a Munic amb una pancarta que diu Baviera contra la islamització d’Occident (i després diran que no són uns sucursalistes, eixos bavaresos). Ja cansa la cançoneta (la música potser no sona malament del tot en els dies del kalàixnikov al cor d’Europa, però la lletra petita d’aquesta gent fa molta por), tot i que per sort a cada dia que als de Bagida els dóna per intentar fer una mica de soroll al carrer són 10 o 20 vegades més les persones que estan saltant a tapar-los la boca. M’hi hauré d’apuntar un dia, o serà una vergonya. Este mateix dilluns, de fet, 12.000 münchner es van encarregar de minimitzar la mani de Bagida en protestar contra aquestos al mateix lloc i hora que ells. Munic intolerant: 1.000 pallassos; Munic de colors: 12.000 Pallassos. Sendlinger Tor dicta sentència. Zum Glück. A tot açò, el que em fa somriure és que els jutjats li han dit als de Bagida que no, que amb Dieter Reiter no tenen res a fer per aquest camí. Jo no vaig votar el Dieter, i dubte que li donara el meu suport si les eleccions municipals tornaren a celebrar-se demà. Em sembla espedé pur, o psoe pur, tan se val. Són cartró-pedra. Però les coses són com són, i haig de reconèixer que amb aquest tema dels refugiats, i per tant del pluriculturalisme de Munic, Dieter Reiter s’ha guanyat el meu respecte i, si més no, la meua admiració. Quan el 10 d’octubre el vaig veure visitant envoltat de càmeres el centre d’internament de refugiats polítics a Freimann (on aleshores hi havia 2.500 persones en unes casernes amb espai per a la meitat) vaig pensar: desconfia, este està cridant al cel en busca de vots. Amb el temps, veig que, si de cas, només a mitges. D’una banda, no estava fent la seua feina, sinó que es va presentar al mig de l’era sense que ningú no l’haguera cridat: la gestió dels refugiats a Baviera era i és cosa del govern regional i no del municipal ni del batlle. D’altra banda i ben mirat: no tenia massa a guanyar en aquesta batalla, doncs ni els refugiats voten, ni votaran, ni res fa pensar que Munic, ciutat de nòmines carregades de zeros, siga tan progressista i oberta al món com per a que fer-li costat al més dèbil puga donar vots directament a un alcalde. Amb la perspectiva que atorguen els quatre mesos transcorreguts des d’aquella primera visita, sembla que Reiter s’ha implicat veritablement en la busca d’una solució per a la situació dels milers de refugiats polítics que han arribat a la ciutat. Segurament haja fet alguna cagada en aquesta missió que encara no he endevinat a descobrir, però, pel que a mi respecta, amb el seu procedir en aquest tema no només he après a pronunciar el seu nom correctament sinó que aquest home ha deixat de ser l’ombra d’Ude per a passar a ser el veritable alcalde de Munic, esta mena de poble gran que habite i que mentre es resistisca a ser una ciutat global però actue amb l’obertura de mires que ho ha fet el senyor Reiter em farà sentir ben a gust. Per a disgust dels racistes.
La ‘helles’ que emanó del garaje
Que Múnich ciudad (tiene) tenía seis cervecerías –entendido el concepto como fábricas de cerveza y dejando por el camino unas cuantas microcervecerías– es un mantra que todo buen vecino de este municipio tiene grabado a fuego en el subconsciente.
Estas seis gordas se han venido repartiendo el enorme pastel que es el mercado local desde hace décadas y especialmente en lo que respecta a la cerveza de barril que se tira en los grifos de los restaurantes, bares y tabernas del lugar, desde Forstenried hasta Freimann, de Pasing a Trudering.
Resulta prácticamente imposible encontrar un garito en este pueblo de casi dos millones de habitantes en el que a la puerta no haya una chapa que anuncie claramente que nos hallamos en territorio Augustiner, Paulaner, Löwenbräu, Hacker-Pschorr o, como mucho, Spaten –el radio de acción de la Hofbräu München es más bien limitado a unos cuantos locales, quizás por eso de que es una empresa de carácter estatal–.
Es como si el niño muniqués, la figura que representa a la asociación Münchener Bier o Cerveza de Múnich –ojo al dato porque hablamos de un menor de edad con una jarra de litro entre sus tiernas manos– y que acostumbra a figurar en las etiquetas de los botellines del club de las seis, fuese en realidad un personaje bastante menos inocente de lo que se pretende, más bien una especie de can Cerbero cerrando las puertas del inframundo del tráfico de zumo de cebada a todo aquel que se proponga asomar la nariz.
Con estos mimbres, no es de extrañar que la historia de la pequeña Giesinger Bräu se haya disparado hasta las páginas de las principales cabeceras de la ciudad, granjeándose empatías y simpatías entre propios y ajenos –me puedo figurar que las envidias y las antipatías no deben de andar muy lejos–.
De entre lo contado en las crónicas escritas en las últimas semanas, me llaman la atención las declaraciones del responsable del Museo de la Cerveza y el Oktoberfest de Múnich –por cierto, un espacio propiedad por cierto de Münchner Bier– en la biblia del periodismo local de nombre Süddeutsche y de apellido Zeitung.
Hace un par de semanas, Lukas Bulka reconocía que lo de la Giesinger Bräu es lo más novedoso que ha acontecido en el mercado de la cerveza de Múnich en los últimos 125 años. Un sector que lleva décadas asistiendo a los funerales de los peces chicos mientras los tiburones se ponen morados a birra, pero que se había olvidado de cuándo se celebró el último nacimiento en la casa.
En concreto, fue en 1889 cuando se fundó la última cervecería privada en Múnich hasta lo de la Giesinger, la conocida como Thomasbräu de la Kapuzinerplatz. Puede que el nombre de la marca no nos suene de nada, normal, pero los aficionados a la cerveza de por aquí rápidamente asociamos el lugar a uno de los biergarten y restaurantes tradicionales más apetitosos de la zona centro. Absorbida ya en 1929, hace algunas décadas que el nombre Thomasbräu pasó a mejor vida en beneficio de otro mucho más fácil de reconocer: Paulaner Bräuhaus o la Paulaner de la Kapuziner.
La Giesinger
Volviendo a la Giesinger Bräu, lo de ahora es más un bautizo que un alumbramiento, pues esta cervecería se fundó hace más de un lustro en un garaje del peleón barrio de Untergiesing. Así parieron a la criatura, al más puro estilo Silicon Valley, aunque hablando de cerveza y de Baviera más bien lo definiría como un acontecimiento de corte Jesús-María-y-José.
Tras unos cuantos años en su cochera de Giesing, han logrado asentar su marca en el barrio del mismo nombre y ponerla a la venta en un centenar de establecimientos, mayormente bares, colmados, supermercados y gasolineras de Múnich y suburbios.
Y no les debe de haber ido mal del todo, pues finalmente han conseguido un puñado razonable de billetes –unos 4 millones de euros– para celebrar el mencionado bautizo, en forma de mudanza a un pequeño edificio en su mismo distrito que les abre un poco más al mundo y les ha de permitir trpocientosplicar su producción.
Concretamente y según ha dicho su gerente Steffen Marx, 15.000 hectolitros de cerveza quieren elaborar al año, que son casi diez veces más de lo que han venido produciendo hasta la fecha, pero 1.285.000 hectolitros menos de lo que fabrica Augustiner –la otra cervecería privada de Múnich– y 3.485.000 hectolitros menos de los que salen por la puerta de la fábrica de Paulaner. Quieren crecer, pero solo un poquito.
Por lo demás, la nueva sede de Giesinger Bräu tiene una virtud que no debería de ser obviada por los amantes de esta bebida: dispone de un pequeño restaurante tradicional y una terraza que esperan convertir en mini jardín de cerveza en la temporada de verano. 70 plazas dentro y 70 plazas al aire libre, más que suficiente para entrar en contacto con esta nueva marca que ya ha sido bautizada como la séptima.
Para acabar, de vuelta a las simpatías granjeadas. Aunque solo sea por el respeto que me merecen las cosas pequeñas hechas (por lo general contracorriente) desde el convencimiento y el empeño personal, tengo que reconocer, por si alguno no lo había notado todavía, que desde que pisé su casa el otro día cuentan con la mía. No lo niego, me atraen este tipo de cosas. Mi padre lo llamaría artesanía; algún posmoderno hubiese etiquetado el asunto en la categoría de microcervecerías; su publicista los ha bautizado del palo Think global, drink local. Asiento, esbozo sonrisa y añado un asuntillo que no debería ser menor: sus birras además están de puta madre. (Amén) Prost, pues.










