Category: Vivir en Múnich

(Gran) error de principiante

Hace cinco años justos desde el aterrizaje, y uno desde que llegó Aitana. El Quadern agoniza desde hace meses. Algo que, por otro lado, no me preocupa lo más mínimo. Pero me niego a enterrarlo. Muerte lenta, pues. Me prometí que esta semana, por lo del primer aniversario de La que mira els estels, anotaría alguna cosa. Como quien no quiere la cosa, hoy, martes, el azar se ha cruzado en mi camino, y me ha regalado carne de post. Sí, he cometido un error de bulto, una cagada nivel A1.2 de alemán (qué tiempos aquellos), de recién llegado a la Hauptbahnhof maleta y diccionario en mano. Pero no te me pongas nerviosa, madre, que no he cometido delito, al menos que merezca multa o sanción económica. No me he saltado ningún semáforo en rojo, ni me he montado en el metro sin pagar (eso hace años que no se me ocurre, y no precisamente por miedo a que me cojan sin billete). Eso está superado hace rato. Aunque, confieso, lo de hoy…, lo de hoy ha sido todavía peor. Esta tarde, primer día de café y kuchen en la guarde de Aitana desde que existimos, he debutado a lo grande. Mira que no tenía yo previsto quedarme a la tarta. Mira que me lo he dicho, de camino, en la bici: ”llegas, recoges a la peque, y te vas a casa. Que tienes un montón de trabajo. Que no está su mamita, que es la que casa mejor con el asunto…” Pues no, tenía que cagarla. Lo cierto es que la erzieherin me ha hecho la encerrona. Le he entrado con un ”Ich trinke kein Kaffee, danke” (pues eso, que no bebo café). Y entonces la profe me ha metido un gol por la escuadra. ”Kein Problem aber Kinderpunsch trinken Sie sicher” (nada, que un rato sí que lo tenía)… Y, claro, tampoco se puede ser tan cazurro. Ale pues, quítate los zapatos y pa’dentro. ”Hola, buenas; hola, buenas…” Aitana que llora, la otra que moquea, la madre que qué mona la nena y que qué pestañas, el otro que Woher kommen Sie, y así, calentando motores, tan a gusto. Bueno, o eso creía. Hasta que me ha parecido intuir una sonrisita maliciosa en una esquina, mirada en dirección a mis partes bajas incluida. ”Las madres alemanas, que se ríen para adentro, he pensado”. Estaba equivocado. Pronto he descubierto el pastel. Ha sido casual, repentino, un abrir y cerrar de ojos. Suficiente. La hecatombe, el tierra trágame. Los pies al suelo, me han caído. En realidad, lo que me ha caído a los pies ha sido el chupete de Aitana. Y, justo en ese instante, en la maniobra esa de te agachas y lo recoges, ha sido cuando he mirado hacia abajo instintivamente, descubriendo sudoroso que tenía una gran patata en el calcetín. Mierda, mierda, mierda. Qué patata, de ahí te salía una tortilla de seis huevos. Y mira que me lo tengo dicho y redicho: calcetines con agujero, a la basura, que en este país uno se descalza cuando menos se lo espera. Pues nada, no hay manera. Que no aprendo. Y eso que solo tengo unos calcetines agujereados de más de veinte pares que hay por el cajón. Da igual, siempre toca, como Fabra y la Lotería, es el destino. Son tan calentitos… En fin, nadie puede imaginar lo lentos que han pasado los siguientes cinco minutos, qué manera de comer tarta, cuanta más comía, más parecía quedar. Aquello no se acababa nunca. A punto he estado de beber café, a ver si me descoloraba un poco. Ni a base de ponche de los niños. El pastel interminable. De nada ha servido comprobar que, en realidad, nadie me estaba mirando los pies, como si no tuvieran nada mejor que hacer. Demasiado tarde, la histeria ya estaba desatada en mi interior. En adelante, ya no volveré a ser el chaval bajito (en el grupo de Aitana las mamás no son precisamente veinteañeras) que trae a la nena esa tan mona de los ojos grandes en su bici con anhänger. A partir de hoy soy el de los dátiles. Insisto, los calcetines con patata en Alemania… total verboten. Cuando menos te lo esperas, te la juegan.

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Preludi

El mercuri confirma un secret a veus: tenim quasi quinze graus al carrer i ningú no diria que estem a tocar de desembre. Els arbres ja són nus, la tardor ja no és daurada, però encara és càlida. El cel és blau, quatre núvols interrompen tímidament el sol, calent. I ja són dies, i dies, i dies. Ens sobren capes de roba, guants i bufandes. Aviat però, tot canviarà, la tardor ens abandonarà, segurament fins l’any vinent, i vindrà el temps del gris, del blanc, del fred, de la neu. Abans que arribe il·lusiona. No ens podem cansar d’allò que encara no tenim. Jo no puc. Més bé al contrari. Diuen que el cap de setmana veurem caure els primers flocs. Al meu poble en diuen volves. Alguns les esperem impacients. Ja va sent hora. Aquest matí bufa un vent incòmode, demà també. Potser són el preludi de l’hivern.

Adviento y Navidad en Baviera: la época más “entrañable”

Noviembre y diciembre. Las hojas de los arces, las hayas y los tilos, que tanta sombra le proporcionan a las calles de Múnich, están ya todas en el suelo. En principio, el otoño dorado va despidiéndose, el frío empieza a dejarse ver y, eso sí que es seguro, los días se hacen insoportablemente cortos. Pero no todo es melancolía. Se acerca la Navidad, es el tiempo de Adviento: esperas, alegrías, reflexiones, propósitos, ilusiones, vinos calientes, mercadillos… De estos temas precisamente conversé hace un año con María Piulestán, mejor conocida entre la comunidad española muniquesa como Una mamá española en Múnich. Es, entre otros, nuestra asesora de cabecera a la hora de trenzar planes en familia. La conversación, a modo abreviado, la reproduje en la segunda edición de Múnich, una guía que nació muniqueando. Como viene al pelo, ahora, precisamente en el día de San Martín, la recupero íntegra:

María, un día de invierno junto al río en la zona de Giesing. /MÚNICH, UNA GUÍA QUE NACIÓ MUNIQUEANDO

María, un día de invierno junto al río en la zona de Giesing. /MÚNICH, UNA GUÍA QUE NACIÓ MUNIQUEANDO

Territorio de prevalencia católica y donde la religión conserva un fuerte arraigo, el Adviento es una de las épocas más especiales del año en Baviera en general y Múnich en particular. Especialmente conocidos son los mercadillos navideños, omnipresentes en el sur de Alemania, si bien no componen ni mucho menos el único elemento diferenciador de una liturgia que excede el ámbito meramente religioso. María Piulestán Rey (Cádiz), filóloga, madre y bloguera española afincada en la ciudad, conoce bien los ritos que envuelven a este periodo del año, ideal para una escapada en familia.

Aunque el Adviento arranque formalmente cuatro semanas antes de la celebración de la Navidad, lo cierto es que en noviembre existen algunas fiestas previas “con mucho encanto” que ayudan a ir calentando motores. Es el caso de San Martín, el 11 de noviembre, cuando los niños salen a la calle con sus farolillos al anochecer.

Pero el verdadero pistoletazo de salida (de la campaña navideña) para las familias con niños tiene lugar el 1 de diciembre: “Ese día hay algo intocable, que es comprar o preparar un calendario de Adviento”.

Esta tradición, originaria de la Alemania protestante y consolidada a principios de siglo XX en todo el territorio germano, consiste en descontar las jornadas que restan hasta la Pascua.

Para ello, se hace servir un calendario en forma de casillero o mediante bolsitas que se corresponden con cada uno de los días del mes de diciembre, entre el primero y el 24. “Los niños abren cada día una bolsita o bien un casilla y obtienen con ello un pequeño obsequio”, explica María. De esta forma, se hace “más llevadera la espera hasta la Navidad, cuando reciben los regalos” con motivo del nacimiento de Cristo.

María, autora del blog Mamá española en Múnich, relata que “hay poco que los niños de hoy puedan desear, pero hay que motivarlos”. Algo así sucede por San Nicolás, el 6 de diciembre. Es tradición que el viejo obispo llegue ese día con obsequios para los pequeños. “Se suelen recibir naranjas o mandarinas, nueces y chocolatinas”, explica María, y añade que, actualmente con las necesidades básicas saciadas y más dificultades para despertar el interés y conseguir que se valoren los presentes, “una buena idea es hacer un regalo en forma de experiencia: por ejemplo llevarlos a un parque de atracciones”.

Mientras dura el Adviento, para María “se hace imprescindible alguna visita” a los mercadillos navideños muniqueses. En estas los niños suelen tomar kinderpunsch, una combinación de té, zumo, canela y azúcar que, puesto que es un brebaje sin alcohol, hace las veces de glühwein para los menores. Precisamente el glühwein, o vino ardiente, junto a las salchichas asadas o postres como el kaiserschmarrn o las galletas de jengibre constituyen algunas de las especialidades gastronómicas típicas de mercadillos navideños.

A esto, cabe añadir los puestos de artesanía para completar la historia. “Por lo general, siempre acabamos comprando alguna pieza para decorar el árbol”, comenta María.

Sobre el árbol o weihnachtsbaum, una tradición de nueva planta en el universo latino aunque vital en el anglosajón, María señala que “no es costumbre montarlo hasta el 24 de diciembre”, justo el día en que se entregan los regalos, ya por la noche. “Esa mañana los niños salen de casa para ir a la iglesia o dar un paseo; queda totalmente prohibido entrar en el salón”.

Sabe de lo que habla, pues esta madre de una familia mixta, germano-española, acostumbra a pasar las Navidades en Múnich, mientras que trata de no renunciar a sus orígenes viajando hasta Cádiz para celebrar la fiesta de los Reyes. Un festejo que únicamente se rememora en la Alemania católica, exento eso sí de muchas de las connotaciones a las que estamos acostumbrados (como la Cabalgata de Reyes, por ejemplo).

En líneas generales, María describe la Navidad en Alemania como una época “tranquila y sosegada, pero muy entrañable”. “Los villancicos son más serios, las tradiciones más estrictas, hasta los materiales de los adornos son más auténticos”, comenta, y aclara que las piezas del portal de Belén suelen ser de madera, y los adornos para el árbol de paja, cristal o cerámica.

“El clima acompaña de maravilla”, apostilla, aunque no olvida sus orígenes y echa de menos algunas cosas de este tiempo en Andalucía: “La navidad en mi tierra es más carnavalera, y también por eso la echo de menos: las panderetas, las zambombas, cantar villancicos casi a gritos, la tele encendida de fondo, las comidas, el turrón, comprar las cosas a última hora, la lotería, la cabalgata de Reyes con el lanzamiento de caramelos…”.

Recomendaciones
En cuanto a consejos a la hora de visitar algunos mercadillos durante el Adviento en Múnich, no hay más que verse un par de veces con ella para descubrir que María es una giesinguera empedernida. Esto es: le gusta hacer vida por la zona de Giesing, encantador barrio del sureste muniqués.

De mercadillos, no obstante, prefiere acercarse al vecino distrito de Haidhausen, donde se celebra uno de los weihnachtsmärkte con más encanto. Concretamente en Weissenburger Platz, destacando por su atmósfera familiar, un enclave bonito y un vino de los más apetitosos que se sirven en Múnich.

Para los viajeros que van en familia, María no deja de recomendar el Christkindlmarkt en Marienplatz, especialmente su taller para los niños de seis a doce años que se ubica en el mismo Ayuntamiento.

Otras opciones son el festival cultural Tollwood, el mercadillo medieval, en la Wittelsbacherplatz, y el de la Residenz, con una sección muy chula para niños en la que están representadas escenas de famosos cuentos infantiles.

Eso sí, advierte a los que acuden con carritos que siempre hay que tener en cuenta que las aglomeraciones en horas punta pueden resultar bastante incómodas.

Farsantes (alemanes), haberlos haylos

El presidente de Volkswagen AG, Martin Winterkorn, mientras se agacha para (supuestamente) ver los bajos de un Porche. En realidad, se está partiendo la caja. /EFE

El presidente de Volkswagen AG, Martin Winterkorn, mientras se agacha para (supuestamente) ver los bajos de un Porche. En realidad, se está partiendo la caja. /EFE

Por lo general, el calificativo alemán, en según que ámbitos de la vida (por lo general relacionados con el dinero), va vinculado a ideas positivas y poderosas como fiabilidad, rigor, seriedad, esfuerzo, contundencia o éxito, por citar unas cuantas. En contraposición, y en especial en los últimos tiempos, la marca España parece destilar cierto tufo a cutre, a informalidad, a indisciplina, a farsa… Y a cosas peores, a días incluso a conceptos oscuros del tipo fracaso o corrupción.

¿Cuántas veces he escuchado en boca de ibéricos, desde que llegamos a Múnich hace ya unos pocos años, lo de puta madre que son estas gentes y lo desastrados que somos nosotros? Yo mismo asiento inconscientemente mientras escribo este tipo de simplezas. No pienso sacar pecho por los unos, pero en días como hoy, confieso, no dejo de sonreír para mis adentros cuando abro los periódicos y compruebo que, en efecto, estos alemanes no son en realidad tan superiores diferentes cómo nos quieren hacer creer.

La hemos cagado por completo” ha afirmado esta mañana de martes, en concreto, el jefe de Volkswagen en Estados Unidos, en una alocución digna de don Mariano. Acababa de reconocer que han trucado medio millón de vehículos con motores diesel para hacer creer a sus clientes y a las autoridades que contaminaban menos de lo que en realidad lo hacían. Unas horas más tarde, el mogollón ha resultado ser, en verdad, bastante más gordo: como mínimo han hecho trampas con once millones de coches. Por cierto, hablamos del primer fabricante de automóviles de Alemania, y del mundo. Toreros.

Esta enorme estafa me ha hecho recordar que no hace tanto vivimos otro caso de engaño en torno al sector de la automoción alemana. En enero de 2014, el presidente del poderosísimo Automóvil Club de Alemania (ADAC) tuvo que dimitir tras reconocer “fallos y manipulaciones en los procesos de selección del Coche del Año, un premio que han venido otorgando desde hace años al, supuestamente, mejor vehículo de la temporada. Resulta que las votaciones, alemanas, estaban manipuladas, por alemanes.

En otras ocasiones, los políticos alemanes, aunque nos parezca increíble, también huelen a mierda. Seguro que hay un montón de casos, pero a mí, quizás por el hecho de vivir en Múnich, me impactó especialmente el escándalo que afectó al parlamento bávaro, y en especial a la CSU, ahora hace un par de inviernos. Dos detalles del mismo: en un caso, un parlamentario llegó a contratar como asesores informáticos a sueldo a sus dos hijos, de 13 y 14 años; en otro caso un diputado contaba con los servicios de su propia mujer como secretaria, a razón de 5500 euros al mes. Quien los pillara. Lo más curioso: la desvergüenza se destapó justo antes de las elecciones al land de Baviera y la CSU, el eterno partido gobernante y salpicado por el escándalo, revalidó una holgadísima mayoría absoluta. Pues sí, parece que nepotismo, caudillismo, sucursalismo… no son patrimonio exclusivo de regiones del profundo sur, del tipo Andalucía o Valencia.

Y hablando de sobrecostes en grandes infraestructuras, en esto los alemanes tampoco son un pueblo inmaculado, no. Un ejemplo muy gráfico, y superlativo: precisamente hace un par de días se anunciaba en Berlín la suspensión sine die de las obras del nuevo aeropuerto de la capital. Los trabajos empezaron en 2006 con un presupuesto de unos 2000 millones de euros. El aeropuerto tenía que haberse inaugurado en 2011. A día de hoy, sigue parado, inacabado, y se estima que, como poco, la faraónica obra terminará costando unos 5500 millones de euros. Hacen falta media docena de Carlos Fabras juntos para liarla tan parda.

En fin, dos notas breves para terminar, a modo de postre. ¿Alguien se imagina qué hubiese pasado si el piloto suicida Andreas Lubitz hubiese sido griego o portugués, en vez de alemán? Por si no nos acordamos: casi 150 vidas se llevó por delante la criatura, tras suicidarse con el pasaje a bordo mientras pilotaba un avión comercial de una compañía alemana. Me da mucha pena pensarlo, pero estoy seguro que (potentísima) chusma tipo Bild (el periódico más vendido de Alemania) no hubiese dudado en apuntar a lo desastroso de los protocolos de seguridad en el sur y esas mierdas. Como cuando ellos mismos acusaron erróneamente a los agricultores almerienses de envenenar a varios germanos con pepinos españoles “contaminados”. Luego resultó ser que el brote de Escherichia coli que causó la muerte de varias personas no lo habían provocado los alimentos llegados del “atrasado” sur, sino de una plantación de otro alimento, ubicada además en el “perfecto” norte. Para entonces, ya se habían publicado varias portadas de lo más hiriente.

Tan despectivo o más que el Bild se mostró durante años el señor Uli Hoeness. Acusó reiteradamente al Madrid y al Barcelona, entre otros clubs de fútbol, de jugar sucio financieramente y evitar el pago de sus deudas millonarias. Que conste que eso me parece una vergüenza, pero la molla en este caso la tiene el final de la historia del personaje germano en cuestión: Hoeness recién sale de prisión tras cumplir varios meses de condena por evasión de impuestos. Que se haya podido saber, el hombre de las lecciones de moral estaba defraudando a su vez a la Hacienda alemana, casi 30 millones de euros. Vaya tela.

No voy a ponerme a medir quien la tiene más larga, nosotros la tenemos pero que muy larga, y sucia; de lo que estoy empezando a dudar es de que esta gente sea tan pulcra, tan limpia, tan de puta madre, como nos venden. Que no, que mucha corbata, mucha postura y mucha industria, sí, pero si se lo proponen pueden llegar a ser igual de trileros que nosotros, aunque ellos no lo vayan a reconocer en su vida.

Por cierto, a todo esto espero que como poco me llegue a casa en breve una cartita del señor VW con la orejas gachas, pidiéndome disculpas por las mentiras, las molestias y esas cosas. Porque, aunque no os lo he dicho, tengo un Volkswagen aparcado en el garaje, y es diesel. De los que no contaminan nada,nada,nada, dijo el vendedor de mantas en la plaza del pueblo.

Diario de Oktoberfest (XI): ojos que no ven corazón que no siente

Oktoberfest 2015: esto ya va

Oktoberfest 2015: esto ya va

La 182ª edición del Oktoberfest está en marcha. Y ya son cinco (las mías, claro está). Quedan pocas imágenes del festival que puedan sorprenderme a estas alturas, todo lo contrario que a la legión de asiáticos que correteaba ayer por la mañana por el Wiesn, disfrazados tod@s. Como la chica de la foto con su trofeo. Yo, fue sonar el petardo de las doce, abrirse los grifos de la birra y salir corriendo del lugar. No alcancé a ver el primer carrito de la cruz roja al rescate del primer coma etílico. Esta vez nuevo récord: 80 minutos desde la apertura del festival. En cualquier caso, la foto de este año va a ser muy difícil de tomar. Está en la estación central de trenes, donde van a coincidir los miles de oktoberfestivaleros y los casi 10 000 refugiados sirios e iraquíes que están desembarcando desde Austria al día. No sé si por el bien de unos o de otros, o por un tema de tapar vergüenzas, pero la estación está blindada: cerrada al tráfico rodado, los refugiados a buen recaudo (están en una zona aislada a la que se impide al paso), policía en cada esquina… Refugiados y borrachos, pues, raramente se cruzarán por la estación. Y mientras tanto, a cuatro calles, ya sin dolor ni remordimiento, corre la cerveza a mares. Para bien y para mal.

Pis. Segunda parte

Guiller, te informo detalladamente con la esperanza de que entiendas mejor aquello que te dije la última noche por teléfono. Lo del pis. El asunto es simple: B ofrece un servicio. A se interesa por el servicio. A expone algunas necesidades previamente a la contratación del servicio que ofrece B. B accede verbalmente a satisfacer esas necesidades, antes de consumar acuerdo alguno. A se pone muy contento. A acepta las condiciones de B. Pasa un mes. B redacta un contrato de prestación de servicios. A lo firma. Al firmar, A se interesa por el tema de reconocer sus necesidades específicas, las aceptadas verbalmente de forma previa, por escrito. B intenta esquivar el tema. A necesita un papel que certifique lo suyo; no caben regates. B, entonces, le da alguna pequeña y falsa esperanza a A: “igual haciendo esta u otra gestión, no sé…”. A es tan tonto que sigue interesado en B. A se pone en marcha con nuevas gestiones a varias bandas, tratando de resolver el conflicto. B, al ver que A es tan tozudo y no se rinde nunca, le dice finalmente a A que era broma (pesada), que ni reconoce sus necesidades por escrito ni lo va a hacer. Ni hoy, ni mañana. Dicho de otra forma, B le dice a A que se joda. A es una joven pareja que espera convertirse pronto en una familia de tres. B es una inmobiliaria en manos de un gigantesco grupo inversor con cientos de propiedades en la ciudad de Múnich. El servicio que ofrece B es un inmueble, o vivienda, lo del derecho universal a la vivienda y tal. Dejémonos de tonterías, B es una máquina de hacer billetes a razón de diecisiete euros por metro cuadrado –es el precio medio del alquiler a día de hoy en Múnich–, con miles de metros cuadrados en la cartera. B no tiene alma. El certificado que necesita A no es en realidad ningún certificado en el sentido oficial de la palabra, puede ser un folio sucio, incluso el típico papelote que acaba manchado con aceite tras su paso por la cocina. O el de los tachones. O un escrito a mano. Y con faltas de ortografía. Un papelón, vamos. Sin repercusiones financieras. Da igual. El gabinete de abogados de B dice: “Quizás A es en realidad un cabroncete con piel de cordero e intenta algún día en el futuro lejano dar por culo con su papel aceitoso”. Prohibido estampar la firma de B en ningún otro lugar que no sea el contrato oficial de alquiler, pues. Las cartas están sobre la mesa: en realidad, para B, A no es una joven familia tipo tratando de abrirse paso en la ciudad; A es un grano en el culo. Un furúnculo en el ano, ausländer y freiberuflich. O dicho con la elegancia de la que ahora quisiera prescindir: “Hoy os va bien chavales, ¿y mañana?… no moveremos un dedo por vosotros”. B, especialmente servicios jurídicos de B, lo tiene claro: A no interesa nada. Putos servicios jurídicos de gentes sin alma. B, por cierto, ofrece posada (falsa compasión) a A, pero sin el dichoso papel. No han entendido nada. A, sin el maldito documento firmado por este B u otro sujeto que cumpla la misma función inmobiliaria, pierde su licencia. ¿Qué papel, hombre ya? Qué sí, que me explico: el papel por escrito por el que tanto batalla A lo necesita para trabajar/vivir. Es en realidad un documento que avale ante la autoridad local del transporte que dispone de una plaza de garaje donde guardar su vehículo profesional. Que no aparca en la calle, vamos. Hoy A tiene un certificado como ese que avala que vive y aparca en un domicilio en Múnich. Qué no es tan difícil, macho. Nueva aclaración: ¿Qué licencia? A es un profesional de muchas cosas, también del transporte de pasajeros. Para poder desarrollar su trabajo como tal, A tiene una licencia muy costosa, muy jodida, que es muy complicado todo esto. ¿Y? A B se la sopla la vida de A, que no me cuente usted cuentos, como si canta por bulerías, baila flamenco, o vive debajo de un puente. Es lo que hay. A siente que B le ha meado en la cara. Sí, madre, pis, de esto va el asunto. Nos han meado y, no sé si es peor o mejor, pero lo han hecho sin anestesia; no nos dijeron en ningún momento que llovía, nos explicaron abiertamente que nos estaban meando en la cara. Y se quedaron tan panchos. Así que A regresa de nuevo, y ya van mil y una, a la casilla de salida. Y sigue buscando pis/piso, pero esta vez sin que le meen encima, a ser posible. Por cierto, para que no temas, madre, que sé que eres de naturaleza asustadiza. A es feliz, muy feliz. De hecho, A ha decidido esquivar a B y semejantes durante los próximos meses. No sé si lo conseguiremos. A todo esto, B sigue haciendo billetes, con la bragueta desabrochada.

El llibre a la porta

Ja em va passar en 2013, entre que vaig acabar de posar els llibres al forn i van arribar damunt de la taula, va passar una eternitat. Segona edició, mateixa jugada. Mentre pugen i no el port, els dies es fan llargs i les hores les compte amb els dits. De moment, tinc portada.

La portada

La portada*

*Dels pocs, bons amics, que l’han vista fins ara, n’hi ha uns quants, i ja són molts, que m’han preguntat: “I no podies haver posat una foto més representativa de Munic? O d’un monument?” Tenia clar que la bici havia de caure de la nova portada, que no del llibre, però haver fotografiat una icona per encetar-ho tot plegat amb una imatge de catàleg, en versió barata, hauria sigut una traició. Com deixar de muniquejar. Això mai. Així doncs, calia gent, al carrer; i verd; i blau; i que fos Munic. Sense focs d’artifici, però. A mi em fa paper, i vosaltres, què en penseu?

Rayos y truenos

En Múnich, y para nada me disgusta, la meteorología nunca se anda con medias tintas. Si se nos postra una ola de calor, lo notas; si llueve, te empapas; si nos alcanza la tempestad, te enteras. La pasada noche, y no exagero, hemos vuelto abruptamente a la primavera alpina, viniendo del calor sofocante como veníamos, con una tormenta eléctricamente increíble (así lo cuenta la prensa local). A eso de las cinco de la mañana era completamente de día, más de día que ahora, con decenas de rayos y truenos sobrevolando mis pensamientos oníricos de madrugada. Y los de todo el vecindario. A las ocho de la mañana nada queda de aquellos pensares, ni de los truenos, ni tampoco de los pasados días de cielo azul y sol radiante. Simplemente, hemos vuelto a la normalidad de golpe y porrazo. Feliz semana.

#rutaBayern: després dels dies grisos

En més de deu dies no havíem vist la llum del sol. Aigua, vent, fred, neu. Maig? Sí, maig. Primavera, en principi. I en final. Quan estes coses passen, a Baviera, i passen, el resultat és que la moral, ni que un siga de l’Alcoyano, acaba pel terra. I és quan un pensa en enviar-ho tot a pastar fang, quan arrossega els morros arran de terra i la mala llet es fa palesa en la cara, que, de la forma més increïble per inesperada, surt el sol com si no hi hagués demà. Adéu núvols, i ràpid, ni que siga per un parell de dies; hola ulleres de sol, mànigues curtes, somriures col·lectius. I gaudeix de nou del cel blau d’aquesta terra, que és com el de totes les altres però, no sabria dir per què, fa un gust diferent. Quin regust de bo. I si a la ciutat és increïble el panorama, res com coincidir amb Llorenç, en dies com aquestos, a dalt de tot, allà on la neu fresca de la primavera ho enlluerna tot mentre es desfà i no, a presses i correres. És aleshores quan recorde perquè aquesta terra em resulta tan meravellosa, malgrat tot.

El Tirol, quina barbaritat

El Tirol, quina barbaritat

No em canse del Zugspitze

No em canse del Zugspitze

Més posts de viatges sobre Baviera a:

rutaBayern

Noves. Esperant les proves… d’impressió

Setmanes dures, faena feta. Diuen que demà és festiu. Quina sort que tenen alguns. Però no em queixe, mare, perquè tot va i, n’estic convençut, anirà rodat. No t’ho he dit, encara, però el material estava tot venut des de feia temps, així que ens hem posat a treballar, en plural, per tal de parir la segona edició del llibre. I ve en camí, ara sí. Esta setmana, després de molts mesos de suor i d’assaigs nocturns i diürns, tinc la sensació que per fi, la guia està enllestida i és hora de donar a llum. Sensacions, i ja tocava, que açò estava fent-se llarg i més llarg. No cantem victòria, però, fins dijous que ve no en sabrem res, de la guia, doncs per ara només espere les proves d’impressió que hem encarregat, com no, a Barcelona. No ho puc evitar, Guillermineta, Barcelona em tira. Mentre arriben i no els resultats, emoció en tenim, tots dos, perquè ja saps que la meua emoció és la de la meua xica. Tranquil·la, sé que et preocupa, però ella em tira més que Barcelona, que parir un tros de paper i que totes les collonades que faig al dia juntes. En resum, que tenim noves, però no t’emociones perquè no són definitives. Encara tardarem unes quantes setmanes per a poder celebrar, si tot va bé, que tenim per fi amb nosaltres a la nova criatura. Ah, per cert: el nom serà el mateix: Múnich, una guía que nació muniqueando. Segona edició.