Category: Viatges/ Viajes
#rutaBayern: Wimbachklamm
És possible que simplement les idolatre pel fet que jo no les tinc a casa, la cosa és que les caigudes d’aigua i les goles naturals que hi ha a les muntanyes de Baviera em toquen la fibra. Sense arribar a ser el Partnachklamm, el Wimbachklamm és capaç de regalar-li al viatger cinc minuts de silenci ensordidor, tancat entre la fageda, les roques i el riu Wimbach. En acabar el xicotet barranc, que al segle XIX ja era travessat al marc d’una ruta d’explotació de fusta, apareix una vall molt més serena. Camí del Watzmann, aquesta muntanya un dels molts comptes pendents que em queden a esta terra.
Nota per al viatger
*Per accedir al Wimbachklamm, al municipi de Ramsau bei Berchtesgaden, cal aparcar el cotxe uns 500 metres abans i seguir per un camí, degudament senyalitzat, a peu. Hi ha una porta d’entrada i una altra d’eixida. Cal pagar dos euros per persona. S’arriba per la carretera 305 i està degudament indicat.
Més posts de viatges sobre Baviera a:
#rutaBayern: el Nido del Águila
Si hay un par de motivos por los que encuentro interesante una visita al Nido del Águila (en alemán, la Kehlsteinhaus) esos son la facilidad de acceso a un mirador alpino bastante decente, así como la proximidad de algunos lugares naturalmente fantásticos. Por lo demás, no me hace ninguna gracia la visita a una construcción nazi, la cual, por mucho que haya sido reconvertida, sigue significando lo que sigue significando.
Origen
La Kehlsteinhaus es un refugio de montaña situado en lo alto de la montaña Kehlstein (1.834 metros de altitud), a escasos kilómetros de la frontera entre Baviera y Austria por la zona de Salzburgo. Una zona, por cierto, hoy protegida en el marco del parque nacional de Berchtesgaden.
Aunque es cierto que las vistas de los Alpes bávaros y austriacos son magníficas, también lo es que la mayoría de sus visitantes acuden al lugar en busca de algo más. En concreto, en busca del célebre refugio de montaña de Hitler, un chalet inaccesible que le regaló el partido nazi por su 50 cumpleaños (1939) en la misma zona en que los dirigentes nazis disponían ya de una urbanización de recreo, el conocido como Berghof en Obersalzberg.
Según estimaciones oficiales, la cabaña se construyó durante trece meses, si bien se necesitó también la creación de una carretera y un espectacular ascensor que sube los últimos 124 metros por el interior de la roca. Los costes de la obra fueron muy elevados: más de 100 millones de euros al cambio actual y un mínimo de doce vidas humanas. Sobran las palabras.
El refugio de montaña, llamado a ser un espacio de confort para el führer, apenas se utilizó debido a la llegada de la guerra y a las preferencias del mismo Hitler.
Liberación
Si bien el Berghof fue bombardeado y destruido por las tropas aliadas, lo cierto es que no sucedió lo mismo con el refugio de montaña. Bautizado como Nido del Águila (Eagle’s Nest) por el general Eisenhower, las tropas aliadas lo alcanzaron en los primeros días de mayo de 1945. No obstante, la zona permaneció como un destacamento aliado hasta 1960, cuando fue devuelto a Baviera.
Naturaleza
Superado el morbo del lugar, lo cierto es que la visita permite acceder a un mirador espectacular frente a montañas de mayor envergadura, cuyas cimas rocosas cubiertas de nieve la mayor parte del año se disfrutan desde lo alto de Kehlstein.
Es el caso, por ejemplo, del majestuoso Watzmann o el precioso lago del Rey, el Königssee. De hecho, estas vistas son el único y verdadero motivo por el que recomendaría una visita. El espectacular ascensor de bronce, la chimenea de mármol regalo de Mussolini o la tortuosa y torturadora carretera de acceso me parecen más que prescindibles. Lo mismo me sucede con la cafetería del refugio: ni fu ni fa.
Eso sí, el viajero no debe olvidar que, abierto solamente en verano, el Nido del Águila suele figurar abarrotado de turistas llegados desde todo el planeta, especialmente en días soleados. El autobús y el pase, además, cuestan un dineral (para lo que se ofrece): 16,1 € a mayores de 14 años y 9,3 € a los menores.
Qué más hacer en la zona
Para justificar un viaje al Nido del Águila, al menos si se llega desde Múnich, hace falta algo más. Mis propuestas preferidas serían dar un paseo o bañarse en el Königssee, atravesar el Wimbachklamm, una pequeña garganta natural, o acercarse brevemente a Salzburgo. Claro, que para todos estos planes hace falta un vehículo privado, pues el acceso en transporte público a los mismos no resulta fácil.
Más posts sobre viajes en Baviera en:
De la Selva Negra (en paper)
Haguera preferit escriure per començar alguna cosa sobre Baviera, però ja se sap que un no sempre pot escollir-ho tot. El cas és que este més de juliol (Número 172) he tingut l’oportunitat de publicar quatre ratlles a la revista Viajes National Geographic sobre un xicotet itinerari pel sud de Baden-Würtemberg. O el que és el mateix, sobre la Selva Negra. Ja sabeu, al quiosc.
#rutaBayern: 10 motius pels que paga la pena pedalar-se Munic
Tan se val si vius a Munic –aleshores segurament no et calga propaganda– o si vens de visita, no tinc dubtes que si l’oratge ho permet la millor manera de desplaçar-se i gaudir de la ciutat és muntat sobre una bicicleta i pedalant. Ací van deu motius, pels quals jo recomanaria a qualsevol viatger que vinga, que no dubte en fer-se amb una de dos rodes i fer-la rodar:
1. Munic es una ciutat plana i fàcil de pedalar per a hom. La poden gaudir a parts iguals Indurain, el Piranya o una iaia canyera. Nivell per a tots els públics.
2. Per carrils per a bicicleta i seguretat per a ciclista que no siga: tenim una xarxa per a pedalar de 1.200 quilòmetres. La major part dels carrils estan ben senyalats, conservats, asfaltats i diferenciats dels espais per a vehicles a motor.
3. No has de tindre por que et furten la bicicleta. Amb molt mala sort, si oblides encadenar-la. I ja seria casualitat.
4. Amb la bici podràs veure i gaudir de moltes més coses que si vas amb qualsevol altre mitjà de transport. Ni el metro, ni el tramvia, ni el bus, ni el cotxe privat, ni a peu, ni el bus turístic, cap altre li fa ombra.
5. La natura, per exemple, difícilment la podràs conèixer si no és a pedals. L’Englischer Garten, la llera del riu, els llacs dels voltants.
6. És la manera més ràpida de moure’s a la ciutat. Sense embussos, sense retardaments, sense dependre de ningú.
7. Pedalar és barat. Un abonament per a tot un dia de transport públic costa uns sis euros. Una sola carrera en taxi entre sis i 30. Llogar una bicicleta per 24 hores costa menys de 20 euros. Comprar-ne una vella a un mercat de segona mà: entre 30 i 80.
8. Muntar en bicicleta et permetrà barrejar-te amb la gent local i entendre una mica millor com funciona aquesta capital. Estimacions municipals calculen que el 90 % dels muniquesos i les muniqueses tenen almenys una bici.
9. Pedalar és net. Sostenible, vull dir.
10. Pedalar és sa. I punt.
Més posts de viatges sobre Baviera a:
Por qué me cuesta tanto conectar con Praga
A poco más de 300 kilómetros de una de las ciudades más bonitas de la vieja Europa, no hay semana en la que venga un turista en circuito y me diga: “Oye, ¿Y tú has estado en Praga?”. Entonces yo le digo que sí y me suelta, con total probabilidad, un discurso de varios minutos de duración sobre lo fantástica que es la capital de Bohemia. “Yo es que soy más de Budapest”, me da por responder. Entonces, por lo general, matamos la conversación.
Pero uno no es de piedra, así que de tanto escuchar la canción al final me fui al concierto. La semana pasada hicimos nuestra segunda escapada a Praga y a mi regreso, por mucho que me parezca una ciudad como la copa de un pino, sigo con problemas severos de conexión.
Así es que si alguno le apetece oír música celestial, lo mejor es que se mire este capítulo de Españoles por el mundo, que se lea este afinado artículo del bloguero Fran Soler ilustrado con apetitosas fotografías o que se pase por el blog de estos dos españoles afincados en la ciudad (si tenéis alguna otra sugerencia de texto en la red sobre Praga, por favor compartidla). El resto, que no se queje luego si me pongo en plan cebolleta.
¿Qué por qué no consigo acoplarme a Praga?
Antes que nada, pongamos las cosas en claro: que no conecte no significa que no sea capaz de apreciar que se trata de un auténtico tesoro, con su fantástico patrimonio histórico que va de la Edad Media al siglo XX arrastrando por el camino castillos, iglesias, palacios que igual son renacentistas, barrocos o incluso modernistas. Mucha tela. O con su magnífica ubicación y su castillo despampanante a lo alto. Y sus tranvías, ay de sus tranvías. Me quedo con los viejos y ruidosos; los nuevos le restan empaque. Y sus cafés y restaurantes: con estilo, buen llantar y, por qué no reconocerlo, con sus precios que desatan la sonrisa maliciosa de cualquier visitante llegado del oeste. Esto está cambiando, por cierto (que menuda nos clavaron el otro día en un despiste). Llamadme morboso, pero a mi me chifla además su cara menos guiri, allá por donde los barrios de ensanche, donde merece la pena pasear, perderse, comer…
Dicho esto, paso directamente a sincerarme: me cuesta y mucho, por ejemplo, plantarme delante del reloj astronómico y que me aborden trescientos paraguas, cada uno de un color, en busca de un trozo de pastel. Me hace sentir como una especie de euro con patas.
Peor, en cualquier caso, es cuando te pones en fila para salir de la zona en busca del puente de Carlos. Porque el siguiente destino seguramente sea ese. Falta un señor gritando, no abandonen la fila! No sé si estoy gafado, pero en las dos visitas a Praga (hay que reconocer, coincidentes picos de temporada alta) he tenido la sensación de participar en una carrera popular. La carrera de los calcetines blancos y las chanclas.
Y a ver quien es el guapo que entre tal marabunta de sandalias encuentra un restaurante. Sí, sí, un lugar para comer. Tengo ojos, ya sé que precisamente en el centro histórico y en el barrio del castillo seguramente haya más bares que casas. Ese es el problema, todos con sus cartas escritas en letras gigantescas y muchos de ellos incluso con fotografía de los platos. Yo buscaba otra cosa… Es verdad que saliendo del meollo a un barrio más tranquilo, incluso al antiguo barrio judío, y con la ayuda de, por ejemplo, Tripadvisor, se puede tener éxito.
Lo mismito de los bares sirve a la hora de buscar un café, una librería o una ferretería. En el centro histórico de Praga será misión imposible. A las iglesias y palacios solamente las acompañan restaurantes, tiendas de souvenirs, agencias de turismo o, con suerte, artistas callejeros.
Situaciones todas lógicas si tenemos en cuenta que Praga, una metrópolis relativamente pequeña, está entre las diez ciudades más turísticas de Europa con 4,4 millones de visitantes al año. Los datos no son míos, ni del paragüero (según éste, Praga era “la tercera ciudad más visitada del mundo”), lo dice Master Card en su último informe sobre las urbes más visitadas del planeta. Imagino que igualmente tendencioso pero a tener en cuenta.
Desahogado, confieso que en realidad lo mío con Praga es más bien una rabieta, un mucho ruido y pocas nueces. En el fondo sospecho que nos llevaríamos muy bien si pasásemos una temporada juntos, aunque sacar oro de allí en una escapada de fin de semana me resulte muy complicado. Igual a la tercera (para entonces intentaré probar con temporada baja) va la vencida.
Como apéndice, unas fotos que no aparecen en el catálogo de publicidad:

Estar plantado como un muñeco frente al reloj astronómico y que te canten el Hare Krishna. No tiene precio
*Nota para el viajero
Si os interesa la arquitectura no dejéis de visitar la Villa Müller ni el Dancing Building, aunque sea por fuera.
Pilsner Urquell: la pilsen de Pilsen
No ho puc evitar, cada vegada que passe per la República Txeca sent la necessitat de fer un alto en una fàbrica de cervesa. Fa uns mesos vàrem aprofitar l’estada al sur del país per acostar-nos a la Budweiser Budvar, ara la parada obligada ha estat a la ciutat de Pilsen.
I és que si un poble té nom de cervesa rarament ens trobarem davant d’una casualitat. Així que vàrem decidir fins i tot de contractar una visita guiada per a conèixer per dins la fàbrica de Pilsner Urquell, o la mare de totes les cerveses tipus pilsen.
Són les dues del migdia i arribem a la caòtica ciutat de Pilsen. És la segona vegada que hi passem i la segona volta que visitem la fàbrica de cervesa. Hui amb tour inclòs. Amb menys de 200.000 habitants, a priori pensàvem que no seria difícil de trobar la indústria que ha fet que aquesta localitat txeca siga famosa al mon sencer. Ens equivocàvem.
Trenta minuts després i farts de donar voltes amb el cotxe amunt i avall evitant ser arrossegats per tramvies d’un altre temps, decidim aturar el furgó a la vorera d’un carrer qualsevol i preguntar com dimonis s’arriba a la Pilsner Urquell.
A la primera no n’hi ha sort: una senyora de cabells cardats que no parla ni papa d’anglès; a la segona més del mateix; a la tercera, decidisc parar al costat d’una camioneta de descàrrega de begudes, com no, retolada amb el logo de la cervesera que busquem. És una loteria, el noi no parla anglès tampoc, però quan li assenyale amb el dit el logotip de la seua samarreta somriu i exclama: Pivovar! Entesos! Ens condueix amb el braç per sobre l’horitzó de Pilsen. Ens remet a una torre preciosa que es veu al fons i per fi recorde (la primera visita, al 2005): és l’anomenada torre de l’aigua, allà on han vingut barrejant la cervesa durant dècades. Com no havia caigut!
(Per cert, si no vàrem aconseguir trobar l’empresa abans és perquè no n’hi havia a tot Pilsen un sol rètol intel·ligible en un idioma que no fóra el xec.)
Arribem a la fàbrica per fi. Aparquem i comprem els tiquets per al primer tour en anglès. Tenim 30 minuts per dinar a la cantina de la cerveseria, on ens atenen exquisidament dos noies joves i ens serveixen en qüestió de segons les dues primeres cerveses pilsen que bevem en molt de temps. I la helles? He dit pilsen, no lager… què cabronet, al cap i a la fi són cosines germanes i, per si fera poc, els primers en usar els mètodes de fermentació a baixa temperatura foren els bavaresos, no els txecs.
En fi, ben dinats ens posem mans a l’obra. Ens esperen 90 minuts de visita, meravellosa, en la que ens expliquen detalladament i interessada un grapat de coses. Com que sóc de flaixos, em quede de tot plegat amb unes poques idees principals:
1. Que l’orige de la Pilsner Urquell el trobem al 1838, quan un grup de productors de la ciutat de Pilsen decideixen unir-se per a elaborar una cervesa de millor qualitat. Corren temps dolents per a la cervesa de fermentació alta i per a les gerres de porcellana; és hora de llevat, de cervesa neta, transparent, és moment de fermentació a baixa temperatura, de magatzem (lager).
2. Que al 1842 arriben els primers resultats: la cervesa rossa i neta apareix en escena, de la mà d’un mestre cerveser bavarés de nom Josef Groll. Sí, bavarés, de Baviera. Bona mà i bona vista degué tindre aquell senyor, fins el punt que, amb el temps, la marca esdevé en el nom de la cosa. Així naix la cervesa pilsen, també coneguda com pils o pilsner.
3. Que si el segle XIX fou temps de canvi en els processos d’elaboració de la cervesa, amb la introducció de noves tecnologies, ara per ara i cada dia més corren temps difícils per a les empreses xicotetes en general. I Pilsner Urquell (o Plzensky Prazdroj), en el mercat globalitzat de les begudes, ho era. En passat, ja que des de 1999 forma part d’un dels grups de cerveseries més grans del món. El SAB Miller o South African Breweries – Miller. Se la va empassar, com a tantes altres.
4. Que malgrat tot, la visita paga la pena i molt. Interessant la planta d’embotellament, agradoses les explicacions de la guia, el conèixer el procediment de fabricació de la cervesa de primera mà… però el descomunal és poder baixar als fonaments de la cerveseria. La cambra del tresor: nou quilòmetres de galeries soterrades concebudes en el seu dia per a emmagatzemar la cervesa durant el procés de fermentació a baixa temperatura. Unes galeries sense ús ni sentit des de ja fa algun temps, amb això de les neveres i tal, però que són un regal per a la vista. Com un present és la cervesa que et donen a tastar al final del tot. Aquesta sí que es produeix encara als tonells de fusta vells. Sense filtrar ni res. Intensa, sabrosa, fresca, històrica, un tresor… i en un escenari que és història viva de la producció de malta.
De sobte, s’acaba la cervesa del tast i hom se’n adona que els 90 minuts de visita han volat. Ha merescut la pena, ni que siga per mantindre un temps en el record eixa cervesa emocionant que hom pot provar, eixida de les profunditats de l’oest de Bohèmia. Què dic eixa cervesa: la cervesa.
*Nota per al viatger
De tot el que he llegit sobre la Pilsner Urquell, aquest és sense dubte un dels escrits més encertats (en castellà): Pilsner Urquell, descubrimos los secretos de la rubia perfecta. Sus orígenes. El web corporatiu de l’empresa també incorpora informació d’interés en anglès.
#rutaBayern: la Gruta de Venus en Linderhof
Mientras el palacio de Neuschwanstein sigue batiendo récords –en 2013 pasó de 1,4 a 1,5 millones de visitantes–, los otros palacios de Luis II en Baviera siguieron el camino contrario el pasado año. Sin desmerecer Herrenchiemsee, lo cierto es que le guardo un cariño especial al pequeño Linderhof.
A rebufo de su vecino waltdisneyesco, Linderhof recibió durante el pasado 2013 la nada despreciable cifra de 426.396 visitantes. Aunque se trate del segundo palacio más visitado de Baviera, sus números son incomparables a los de Neuschwanstein y, por si fuera poco, parecen empequeñecer con el paso de los años –en 2012 perdió unos 10.000 visitantes en comparación con el año anterior; exactamente la misma cifra que ha cedido en el último año, dadas las 437.000 visitas de 2012–.
Teniendo en cuenta que le debo un texto al palacio en si mismo, que dejo para otro día, todavía me llama más la atención lo desapercibido que pasa uno de los elementos más singulares que alberga: la Gruta de Venus.
¿Gruta de Venus? En efecto, una caverna artificial inspirada en la ópera Tannhäuser de Richard Wagner, la cual se esconde en la ladera septentrional de los jardines. Un delirio de lugar que solamente abren unos meses al año y, lamentablemente, es visitado por una pequeña parte de los turistas que acuden a Linderhof –me baso para ello en mis estadísticas personales tras acompañar a viajeros entre dos y tres veces por semana hasta allí–.
Así las cosas, intento descifrar aquí un poco más la Gruta de Venus, con la esperanza de que algún viajero lea estas líneas y no dude en adentrarse en ella en su visita a Linderhof.
Construcción. Oculta en la ladera de los jardines septentrionales de palacio, la Gruta de Venus fue erigida entre 1877 y 1878, por orden directa del rey Luis II y bajo la dirección del escenógrafo August Dirigl. Considerada la cueva artificial más grande de Europa, su planta supera los 100 m2 y evoca el escenario del primer acto de la ópera de Wagner Tannhäuser, así como la Gruta Azul de Capri.
Se trata de una construcción sorprendente a la que no le faltan detalles. Sus estalactitas y estalagmitas están cuidadosamente elaboradas de tal forma que, en la oscuridad del lugar, parecen auténticas. Fue construida combinando yeso, alquitrán y hierro, si bien los accesos están hechos a base de piedra natural.
Particularidades y tecnología. El interior de la cavidad cuenta con un pequeño lago, así como con una cascada y un sistema de iluminación, todos ellos artificiales. En este sentido, cabe destacar que la Gruta de Venus de Linderhof supuso la primera gran instalación eléctrica de Baviera, inicialmente con luces en color rojo y azul, tratando de evocar en este caso la Gruta Azul de Capri.
También dispuso de siete calderas para la climatización interior del lugar, tanto en invierno como en verano. Estas permitían calentar el ambiente pero también el agua del lago, cuya temperatura se podía establecer por encima de los 30º.
Igualmente revolucionario resultaron otras aplicaciones del inmueble, como una máquina para la generación de olas artificiales en el agua o un aparato que proyectaba el arco iris en el ambiente.
Wagner. La gruta de Venus de Linderhof está inspirada en la ópera Tannhäuser de Richard Wagner. El pintor August von Heckel es el autor del mural que se aprecia detrás del estanque, Tannhäuser en Venus, en relación con la citada historia.
Asimismo, Luis II usó la gruta como lugar para escuchar música, para lo que disponía de un mirador sobre la misma. Los músicos, por su parte, tocaban junto al agua.
Por otro lado, el pequeño lago contaba con una barca similar a la utilizada en la ópera wagneriana Lohengrin.
Problemas de conservación y restauración. A las puertas de los Alpes, los problemas de mantenimiento del espacio surgieron desde bien temprano. En 1890 se construyó un tejado sobre la gruta, con el fin de evitar las filtraciones de agua que ponían en riesgo la construcción.
Filtraciones de agua, proveniente de lluvias o del deshielo invernal, que siguen amenazando la construcción en la actualidad. En los años 60 del siglo XX se pusieron las primeras telas y andamios en el interior, para garantizar la seguridad de los visitantes.
En los últimos años, la Administración bávara se ha puesto manos a la obra, iniciando un ambicioso proyecto de restauración y protección de la Gruta de Venus. Aunque las visitas permanecen activas, gran parte de la instalación permanece andamiada y se ha desviado parcialmente el recorrido turístico interior. A pesar de las restricciones, la visita resulta maravillosamente inspiradora, para lo que se necesita, eso sí, un mínimo de sensibilidad cultural.
Visitas. Los accesos están regulados y únicamente son factibles entre abril y octubre. Es posible entrar a la caverna usando la misma entrada al palacio, para lo que hay que desplazarse hasta la puerta siguiendo las indicaciones existentes en el jardín.
Las visitas son regulares, aproximadamente cada diez o quince minutos. Normalmente en inglés o en alemán, aunque a última hora de la tarde, si entramos solos, es factible conseguir un audio en español.
Más posts sobre viajes en Baviera en:
Al web Altaïr. De la pujada al Kinabalu
Un dels plats principals del recent viatge a Malàisia fou la pujada al mont Kinabalu. Aquest dimecres he compartit l’experiència a la revista de viatges Altaïr, amb la que tinc la sort de col·laborar.
Ací les fotografies i l’article complet en castellà, al web d’Altaïr, i més avall una versió reduïda del text, traduït al català:
Les primeres clarors (des del cel de Borneo)
Pujar la muntanya Kinabalu és una de les experiències més meravelloses que es poden viure a l’illa de Borneo. Amb 4.095 metres d’altitud, és el cim més alt del sud-est asiàtic.
Protegit com Patrimoni de la Humanitat per la UNESCO des de l’any 2000 i dotat d’una flora i una fauna úniques, la conservació del lloc, Parc Nacional, es pot considerar d’excel·lent.
A canvi, els accessos a les senderes a partir de 2.000 metres d’altura estan completament restringits, impossibles sense una acreditació atorgada pel mateix parc.
Açò suposa que únicament unes desenes de muntanyencs, al voltant de dos-cents, obtinguen els permisos cada dia per a poder escalar.
A hores d’ara, la majoria de llicències es concedeixen per a excursions de dos dies i una nit, a través d’agències acreditades i amb l’obligació d’anar acompanyat per un guia oficial.
Aquest segurament siga el punt més feble de l’ascensió al Kinabalu, ja que les reserves les gestiona una única empresa –totes les agències passen per ella–, la propietària dels diferents restaurants i l’única opció d’allotjament en la muntanya.
Per aquest motiu el preu a pagar per viure aquesta experiència s’ha disparat d’un temps ençà. En un país on es factible sopar en un restaurant de gama alta o es pot volar internament per menys de 20 euros per cap, se’n necessiten com a mínim 200 per a poder completar la pujada al Kinabalu. Incloent, val a dir, menjars, guia acreditat i allotjament d’una nit en alguna de les cabanyes situades a 3.200 metres d’altura.
A més, atesa la relativa demanda, és imprescindible reservar amb diversos mesos d’antelació. O açò, o esperar a la ciutat de Kota Kinabalu a que una agència tinga places d’última hora disponibles.
Així fou la nostra experiència d’ascensió:
Escala al cel. Dia 1
Sis del matí, un somrient vilatà ens recull a la recepció de l’hotel a Kota Kinabalu disposat a conduir-nos fins a la mateixa porta d’entrada al parc. Són dues hores de carreteres tortuoses, sempre de pujada, des del mar fins a la selva tropical de Borneo.
Aprofitem el trajecte per a becar en el seient de la minivan i recuperar la son que deixarem escapar en una jornada que es presenta maratoniana.
Ens mantenim temorosos, hem contractat l’agència més econòmica de quantes havíem consultat i això és tota una incògnita. En arribar al parc, els nostres temors es dissipen, ens espera un guia local, privat per a tots dos. El xaval ens dóna les acreditacions i una borsa amb un parell d’entrepans, una poma i dues botelles d’aigua per barba. “Falta us faran”, sembla que ens diu.
Nou i mitja del matí. Traspassem el primer control d’accés al Kinabalu, la porta de Timophon (1.866 m), i prompte es compleixen els presagis sobre allò llegit abans de la partida: la calor és sufocant, les escales un martell per als genolls des del minut un i, per si no fos poc, el guia no ens fa el més mínim cas.
Res sembla importar-nos, el paisatge es presenta immaculat al nostre davant. Tire en falta trobar pel camí alguna planta carnívora, encara que comprenc que en la ruta escollida serà complicat –les hi ha en l’itinerari menys concorregut i més llarg, el de Mesilau–, però la frondosa selva amb les seues espècies desconegudes em resulta convincent. Intuïsc un parell de serps entre la malesa, les criatures es fan sentir al nostre pas. Llueix el sol, fa certa calor i la motxilla carregada de roba d’abric em sembla un suplici.
El guia ens convida a anar parant en les diferents cabanyes que ens ixen al pas. Preferim seguir pujant escales fins passades dues hores. Aleshores parem i desdejunem per segona vegada, ara sí.
Ens creuem amb viatgers que baixen del cim, els nostres predecessors. Algun que altre fa carasses: com tractant de demostrar que es pateix molt, però paga la pena. Pocs muntanyencs de raça.
En un moment de la caminada el terreny sembla canviar la pell. El verd deixa pas al taronja i al gris, la terra a la pedra, cada vegada més nua. La calor a la frescor. Ens aproximem a la cota 3.000, han passat cinc quilòmetres de pujada continuada i amb prou faenes tres hores.
El guia, que ha passat mig matí darrere nostre fumant cigarros pels racons i conversant amb altres companys, apareix del no-res, ens avança i ens reconeix: “Estem arribant, sou muntanyencs ràpids”.
En efecte, passen uns minuts de les dotze del migdia i de sobte apareix davant els nostres ulls una xicoteta replaceta, les restes d’un heliport. Uns metres més amunt, el complex de refugis de muntanya de Laban Rata (3.200 metres d’altitud). Respirem i descansem, doncs tenim tot el dia per davant en el lloc.
El sol crema, però en parar de caminar sentim estranyament fred. Fred tropical? Coses de l’altura. Tenim sort amb el clima, els pocs núvols que hi ha queden als nostres peus dibuixant un paisatge pintoresc sobre l’illa.
A la una del migdia ens donen autorització per a entrar a l’habitació. Per fortuna, hem arribat a dalt dels primers i podem triar estança. Cambra de quatre llits, dos lliteres, que compartim únicament amb una singapuresa –són majoria junt amb els australians–. En un parell d’hores obrin el bufet del sopar. Sopem aviat, doncs demà hem d’alçar-nos a les dues de la matinada per a emprendre els tres últims quilòmetres fins a la cúspide.
Dia2. El cim
El nostre guia ens dóna permís: comprovada la nostra solvència en la jornada anterior, ens permet alçar-nos els últims. Són dos quarts de tres del matí, desdejunem i ens movem. Ara sí, les escales al cim s’intueixen completament pelades de vegetació. Foscor total solament interrompuda pel degoteig de llanternes humanes.
Graons i més graons. I cordes. Fred, molt fred, encara que el guia, de nom Din, ens adverteix: “Açò no és res”. Estem a dos graus per sobre de zero, trenta menys que un matí abans.
Ens hem lliurat del temut mal d’altura i a poc a poc ens anem alliberant també de la majoria de viatgers, molt més matiners i a qui anem avançant durant la travessia.
La part final és com una espècie de paret transitable de roca. Les cordes instal·lades per a ajudar a mantenir l’equilibri no són necessàries en molts dels trams. “La cosa canvia quan plou companys”, ens explica Din.
Nit estavellada, perd el compte de les hores, però de sobte ens trobem davant una pila de pedres que, ara sí, caldrà grimpar. “Hem arribat”. Din fa camí i en menys de cinc minuts ens rep un cartell que resa “Muntanya Kinabalu; Low’s Peak, 4.095 m”.
Estem absorts, mig anestesiats a la nit fosca. Esperem asseguts a que arriben els altres. En realitat, esperem asseguts contemplant els estels, albirant en l’horitzó com, lentament, s’encenen els llums d’un nou dia. I de sobte, les emocions es disparen, el cel es tenyeix de roig, i prompte de blanc, de taronja, més tard de blau… La selva verge, de mil verds; el mar, de mil blaus; Sabah infinita clareja als nostres peus, literalment, i nosaltres sentim esgarrifances. No és el mercuri, és el que tenim al davant.
#rutaBayern: la batalla de Nördlingen
El otro día cerraba post con una mención a la batalla de Nördlingen y prometía darle carrete en una nueva entrega. Reconozco que sigo bastante verde en la materia, hay que ponerse a ello, pero me pareció increíble descubrir que en esta pequeña villa se libró una decisiva batalla en el marco de la Guerra de los Treinta Años. Así es que aquí van cuatro notas:
La Batalla de Nördlingen se desencadenó en el verano de 1934 y fue un episodio fundamental en el transcurso de la Guerra de los Treinta Años. Sitiada esta ciudad protestante por las tropas imperiales, en ella se enfrentaron unos 18.000 protestantes, germanos y suecos, contra más de 20.000 católicos, germanos (bávaros, austriacos) y españoles.
Ahí lo que me llama la atención: supuso la entrada en la contienda de tropas españolas comandadas por el cardenal-infante Fernando de Austria, hermano del rey Felipe IV. Combatieron junto a las milicias de Fernando de Habsburgo, futuro emperador Fernando III, derrotando finalmente a los protestantes y desencadenando la entrada en la guerra de Francia.
A la espera de mejor y más documentación, esta crónica bastante bizarra publicada en un diario indudablemente español como es ABC se explaya comentando lo acontecido en esta tranquila ciudad de Baviera: Nördlingen, la decisiva victoria de los tercios españoles sobre el imbatible ejército sueco.
Para terminar, la mirada de Rubens al combate:
Más posts sobre viajes en Baviera en:
#rutaBayern: Nördlingen y el cráter meteórico
Después de mucho leer, el otro día tuve al fin la oportunidad de pasear por las calles de Nördlingen, una de las ciudades más pintorescas de la Ruta Romántica a su paso por la Suabia bávara.
De manera similar a lo sucedido en Rothenburg ob der Tauber, parece ser que la Guerra de los Treinta Años fue determinante para el devenir de esta pequeña ciudad, anclada en el tiempo durante siglos –de ahí su casco histórico perfectamente conservado– hasta prácticamente nuestros días. En la actualidad, hay que remarcar, las cosas parecen haber cambiado y Nördlingen combina la tranquilidad de un pueblo con la prosperidad económica que se deja sentir en la Baviera contemporánea. Tiene 20.000 habitantes.
Muralla y centro
Resguardado en el interior de un recinto amurallado circular, el casco histórico de Nördlingen esconde varios palacetes medievales perfectamente conservados, así como numerosos ejemplos de arquitectura a base de celosías de madera, las típicas fachwerkhäuser alemanas.
A diferencia de lo que pasa en Rothenburg ob der Tauber, donde es más fácil cruzarse por la calle con un turista asiático que con un lugareño, en Nördlingen, a pesar del auge del turismo, se respira un aire bastante genuino. Algo que, en mi opinión, mejora la calidad de cualquier paseo urbano.
En nuestro caso nos quedamos con las ganas –a cambio paseamos por el sorprendente mercadillo dominical–, pero cuentan que subir al campanario de la iglesia luterana de San Jorge es un imprescindible, dadas las vistas que ofrece Daniel, sobrenombre de esta torre de 90 metros de alto que permite perfilar toda la comarca desde el aire.
Cráter
Precisamente ese perfil aéreo, cuya peculiaridad desconocía hasta la fecha, ha sido una de las sorpresas de la visita a esta pequeña ciudad suaba y sus alrededores.
Conocida como Ries de Nördlingen en función de la denominación otorgada por los romanos hace casi dos mil años, esta zona que comprende varios municipios en una superficie 1.800 km2 es en realidad una pequeña depresión en la llanura bávara.
En concreto, se trata de la formación resultante del impacto de un gran meteorito en la zona, hace 14,4 millones de años. Todavía hoy se aprecia con facilidad, tanto en la morfología del terreno como en los materiales de los que se compone, el gran cráter que es en si mismo el Ries.
En la ciudad de Nördlingen se encuentra el Rieskrater Museum, mientras que el Geopark Ries, con sede en Donauwörth, informa de las actividades posibles en la zona a colación del cráter meteórico más grande de Europa.
Por otro lado, en el apartado de historia me resultó especialmente curioso conocer la participación de las tropas españolas en una importante batalla allí acontecida, en tiempos de Felipe IV durante la Guerra de los Treinta Años. Pero esto último lo dejo para otra entrega.
Más posts sobre viajes en Baviera en:





























