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Viaje a Malasia y Singapur (anexo I): una ruta posible

El año pasado ya hice algo similar, al comentar a toro pasado cómo había funcionado la ruta de nuestro viaje por el sudeste asiático, diseñada con anterioridad. Ese es el sentir de este post para cerrar el cuaderno de Malasia y Singapur de 2014, hacer un breve balance de nuestra planificación e itinerario.

Ruta en la península

Ruta en la península

Ruta en Borneo

Ruta en Borneo

Para empezar, a diferencia del anterior invierno, esta vez teníamos entre manos una salida relativamente corta para todo lo que queríamos ver. Dieciocho días. Por eso intentamos acotar el viaje mucho más detalladamente, usando el bus moderadamente y con todos los vuelos reservados de antemano, así como la mayoría de hoteles y alojamientos. No nos podíamos permitir quedarnos colgados un día esperando al medio de transporte adecuado.

Aún así, los precios de los traslados fueron más que razonables, sin duda gracias a la completa oferta de compañías de bajo coste que hay en el sudeste asiático. Si en Tailandia mi favorita fue Nokair y en Vietnam nos funcionó muy bien Jetstar, en Malasia se lleva la palma Air Asia. Las conexiones entre la península y Borneo, quizás las menos baratas, cuestan por debajo de 60 euros por persona. La oferta es exagerada: varios vuelos al día entre muchos de los destinos a conectar.

Del tema hoteles, aprovechamos las ofertas de reserva que no implicaban pago adelantado, sino el mismo día del alojamiento, y que permitían cancelación gratuita hasta 48 horas antes. Estupendo, ya que pudimos maniobrar con cierta facilidad cambiando alguna reserva a última hora según avanzaba el viaje.

Itinerario
Si nos centramos en la ruta, parece que este año hemos tenido la suerte de cara. Fantástica la parada técnica a medio camino, doce horas en Estambul –por el hecho de volar con Turkish Airlines– que nos permitieron disfrutar de algunas pinceladas de esta capital imprescindible. De otra forma, hubiésemos tardado bastante más en descubrir maravillas como Santa Sofía o la Mezquita Azul.

La Mezquita Azul

La Mezquita Azul

El desembarco en Kuala Lumpur y la huida a Malaca, para pasar en la ciudad más antigua de Malasia unas horas, posiblemente sea la etapa más prescindible del viaje. Seguro que mi tendinitis no diagnosticada –dolor insoportable y desconocido incluidos– influyó para mal, pero lo cierto es que nos pareció una pequeña ciudad sin demasiado atractivo.

Además, no tiene sentido volar desde KL ni hacia Singapur, a medio camino entre ambas como está, lo que obliga a dos tediosos trayectos en bus no recomendables cuando la parada en Malaca es breve. La entrada por carretera en Singapur, con sus farragosos trámites, es algo tortuosa.

Si pudiese elegir cambiar algo de nuestra ruta, seguramente hubiese volado de Kuala Lumpur directo a Singapur.

En cuanto a Singapur, esperaba mucho menos de esta maraña de rascacielos, centros comerciales y edificios coloniales. No me desagradó su trama urbana, pero tampoco su oferta cultural y gastronómica. Ahora bien, para dos noches máximo, a riesgo de que el presupuesto del viaje se dispare. Hicimos además la guirufada de pernoctar en un hotel/hostel cápsula.

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Habitación del Pod de Singapur

De Singapur volamos a Borneo. El hecho de entrar vía el estado de Sarawak y su capital, Kuching, fue un acierto total. Kuching no es para nada especial, pero a menos de una hora dispone de algunos parques nacionales impresionantes en los que entrar en contacto con la selva. Ante la falta de tiempo, nos quedamos con el parque nacional de Bako, famoso por sus monos narigudos –que pudimos observar de cerca–, y la reserva de orangutanes más célebre en la zona. Ambos espacios originales y bien conservados, no sé si es cosa de la temporada baja, pero la impresión de sostenibilidad medioambiental fue total.

Selva, en Bako

Selva, en Bako

Si hubiésemos tenido más tiempo en Sarawak –una semana en vez de tres días–, el siguiente destino hubiese sido el remoto parque nacional del Gunung Mulu. Por la selva tropical virgen, por sus valles, por sus cuevas, por su montaña.

De montaña no nos quejamos lo más mínimo, pues el esfuerzo económico –partiendo de 175 euros por persona– que comporta apuntarse –con mucha antelación– a un tour guiado en el parque nacional del Monte Kinabalu nos mereció la pena. Muchísimo.

La experiencia de trepar y trepar desde la parte alta de la selva, a 1.800 metros de altitud, hasta tocar el cielo de Borneo es impagable. Con el cambio de clima, de flora, de fauna… y con la gran satisfacción personal que supone ver amanecer a 4.100 metros por encima de mares, montañas y nubes. Sin duda, lo recomiendo a otros viajeros y sin dudarlo repetiría experiencia, y más ahora que ha desaparecido por completo el dolor de rodillas y las agujetas que nos dejó la excursión.

La vista desde la cima del Kinabalu, a primera hora

La vista desde la cima del Kinabalu, a primera hora

En cuanto a Kota Kinabalu, poca cosa que hacer más allá de establecer la base de operaciones para disfrutar de los encantos de Sabah. El parque natural compuesto a base de cinco pequeñas islas, frente a KK, nos sirvió de escenario perfecto para recuperar piernas, pero no lo recomendaría nunca como destino para pasar más de una mañana. Bastante humanizado; digamos decentemente conservado.

Una pena no penetrar en la selva de Sabah o en las islas Sipadan. Para cuando aprendamos a hacer submarinismo.

Agotado nuestro tiempo en Borneo, nuestra siguiente parada fueron las islas Perhentian. Nuestra brevísima estancia de tres noches en el lugar me impide constatar si lo que viví fue un sueño o una realidad, lo cierto es que nadar sobe aquella barrera de coral es lo más parecido al paraíso que conozco –en lo referente a islas del sudeste asiático–. Volvería con los ojos cerrados, asimismo, a los chalets de primera línea de Abdul.

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Playa en las Perhentian

En cuanto a la parte final del viaje, el recorrido en minivan entre la costa noreste y las Cameron Highlands fue provechoso, a la hora de ver todo lo que envuelve a las idílicas plantaciones de té –y que no hubiésemos conocido mediante un trayecto desde el otro lado, partiendo de KL– . Las tierras de Cameron en sí me parecieron una preciosa postal, un gancho muy fuerte para los amantes de la fotografía o los paisajes de otro mundo y algo muy prescindible para los demás.

Cameron Highlands

Cameron Highlands

De no haber visitado Cameron Highlands, el lugar era sin duda la ciudad colonial de Georgtown. Seguramente sea lo más gordo de lo que nos ha quedado en el tintero. A ciegas la cambiaría por Malaca.

La etapa final del viaje tuvo Kuala Lumpur como base de operaciones. Tres noches me parecen suficientes para conocer la ciudad y los alrededores. Albergaba muy pocas esperanzas de encontrar algo bueno en esta metrópolis que vende skyline y centros comerciales, pero lo cierto es que me equivocaba. Aceptable patrimonio, buenos museos, lugar para comer y salir… Y, contra pronóstico, los centros comerciales –o los precios que encontramos– no fueron tan mal partido.

Panorámica de la ciudad con las torres gemelas

Panorámica de la ciudad con las torres gemelas

Como todo, a nosotros nos fue bien en KL porque llegamos con un pequeño ahorro fraguado durante el resto del viaje. Eso nos permitió una exploración desenfadada, apartamentos servidos de categoría superior incluidos. Con su sauna, su piscina en la terraza, fantástico desayuno y demás. Encontrar este tipo de alojamientos en KL, por menos de 100 € /noche, nos pareció sencillo.

En resumen, volvemos a casa con la sensación de haber dado de pleno esta vez con la planificación de la ruta, que fue un acierto en casi todos los sentidos: paradas y orden de las mismas, tiempos o reservas anticipadas –me han parecido muy fiables en Malasia–. Las ganas de descansar, el clima –nos llovió una sola tarde en casi tres semanas– y el destino, un país privilegiado en lo natural y cuya hospitalidad y precios son bastantes atractivos, hicieron el resto.

*Nota para el viajero. Precios
Una exploración a los foros viajeros permite comprobar que la mayoría de viajeros de presupuesto ajustado se refieren a Malasia como un país relativamente caro, en comparación con sus vecinos del norte en el sudeste asiático. Aunque es de 2012, este artículo publicado en el blog Outteresting me parece muy nítido a la hora de presentar los precios en Malasia. El cambio sigue estando por encima de cuatro euros (un ringuit malasio) y los apuntes de Francesc Pallarès en su texto siguen siendo una referencia válida. En nuestro caso, a pesar de viajar con la mochila, disfrutábamos de un presupuesto diario elevado para el mochilero tipo: unos 60 € por persona al día, vuelos internos incluidos. No nos privamos de nada (y esto incluye subir al Kinabalu, volar, pagar buenos alojamientos, comer bien, etc). Lo de si eso es caro a barato lo dejo en manos de cada viajero.

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