Tagged: vivir en Múnich

¿Hablar alemán como un alemán?

¿Es posible aprender correctamente alemán cuando se empieza a estudiarlo en la edad adulta? ¿Se oye menos español en las calles de Múnich, de un tiempo a esta parte, o es que mis oídos han dejado de percibirlo? Estas y otras preguntas me repito últimamente. En busca de respuestas acudí el otro día a Marcelo Ávalos, el responsable de Tandem, la academia en la que he venido estudiando alemán desde que llegué a la ciudad, y con la que colaboro desde hace algún tiempo como profesor de español.

En pocas palabras, Marcelo me confirma que aprender y dominar el deutsch en la edad adulta es factible, si se realiza un esfuerzo considerable de forma continuada, aunque llegar a hablarlo como un nativo es otro asunto. Aunque, bien visto, tampoco se trata de aparentar ser alemán sin serlo, quizás de interactuar con ellos plenamente, ¿no? En cualquier caso, estas son las reflexiones de mi interlocutor:

Marcelo, en Tandem

Marcelo, en Tandem

Existe el comentario generalizado de que el alemán resulta especialmente complicado para los hispanohablantes. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
Yo no diría que el alemán es una lengua especialmente complicada para hispanohablantes. Sin embargo, estos tienen dificultades específicas, por ejemplo, con el género de los sustantivos.

¿Cuánto tiempo se necesita invertir para poder alcanzar un nivel aceptable de alemán?
Para lograr un nivel avanzado de alemán, lo que es el nivel C1 o C2, es necesario dedicarse intensamente al estudio del idioma participando por ejemplo en un curso intensivo de al menos 20 horas lectivas por semana. De esta manera, un estudiante necesitaría aproximadamente unos 10 a 12 meses para llegar a ser un usuario competente del idioma y estar preparado para sostener el TestDaF, examen de alemán como lengua extranjera, que es un requisito para matricularse en una universidad alemana.

Y conseguir un nivel perfecto, o nativo, ¿es posible?
Lamentablemente, los adultos, por lo general, ya no tienen la capacidad lingüística para aprender una segunda lengua a la perfección, tal y como la dominan los nativos del alemán. Sin embargo, hay personas que logran acercarse mucho a ese nivel. Es el denominado near native speaker.

En cuanto a la llegada de españoles a Múnich, ¿de qué forma se notó para la escuela el incremento de españoles en la ciudad durante los peores años de crisis en España?
Tradicionalmente suelen venir muchos estudiantes de España para hacer un curso de alemán con Tandem en Múnich. Los motivos son muy diversos: Las escuelas Tandem de España, sobre todo la de Madrid, tienen mucha reputación por lo que la gente interesada en cursos de alemán en Alemania opta por un curso de alemán en Tandem. Y visto desde un contexto europeo, los españoles muestran mucho interés por aprender alemán y, a consecuencia de la crisis económica, en los años 2012 y 2013 el número de estudiantes españoles subió notablemente.

¿Y, ahora, habéis notado un descenso de españoles matriculados?
La verdad que sí. Actualmente las inscripciones (de españoles) han bajado a un nivel promedio de los últimos diez años.

*Tandem München
La escuela de Múnich es miembro de Tandem Internacional, una asociación de instituciones de enseñanza independientes. Aunque parezca una cadena al uso, en realidad los centros de idiomas Tandem únicamente colaboran a la hora de compartir información en aspectos como la metodología docente, la administración o el marketing. En el caso de Múnich, la escuela nació como una asociación en 1988, en origen fundada por ocho estudiantes de alemán como lengua extranjera, entre los que se encontraban los actuales propietarios: Marcelo Ávalos y Jutta Huber. Imparten clases de alemán, pero también de inglés, español e italiano.

Anuncis

Se asoma la primavera

Probablemente, o más bien con total seguridad, se trate de un espejismo, pero lo cierto es que van un par de días en los que la primavera parece desperezarse. El día, por fin se alarga, tanto por abajo como por arriba, y eso que todavía nos queda lo mejor: el cambio de hora. Pero ya se nota la luz al final del túnel del invierno muniqués, y más estos días de nubes altas y azul cielo. Estamos de suerte. Temperaturas agradables y sol, mucho sol. Por fin. Fresco, pero ni rastro de nieve. No cantaré victoria. Sea como sea, y a la espera de que la posa se confirme con la apertura de las primeras yemas, lo de esta semana lo siento yo y, parece, toda la ciudad. Los de las bicis volvemos a pedalear las calles como si no hubiera un mañana, los pedantes timbres suenan entre adelantamiento y adelantamiento, y, yo, reconozco, me siento mejor que bien sobre ruedas en los albores de un tiempo mejor. Ojala.

Cuestión de voluntad

Buenos días. Seré breve y apresurado: ya sabéis, ahí vamos tramitando que te pego. A veces despachar con la Administración no es sencillo. ¿A veces? Y entonces, cuando tienes la moral por los suelos, pasan cosas. Pues eso, esta mañana he tenido un feliz encuentro con una funcionaria del Finanzamt (la Hacienda alemana). En 10 minutos me ha resuelto más asuntos que tres de sus compañeros en un mes y pico. A uno de ellos hasta le ha metido un paquetazo por teléfono. Ale pues, a fumar caliqueño. Se lo merecía. El caso es que estoy más cerca de la meta. Lanzado. Por cierto, ¿sabéis como se llamaba la señora resolutiva? Frau Will. Lo que habláis alemán podéis dejar de leer, está alles Klar. Los que no: Frau Will significa literalmente Señora Quiere. Esta historia es verídica. El nombre también. Lo ponía en el letrero de su mesa. Palabra. Dichoso encuentro.

Exasperante burocracia

Menudo cabreo traigo. Tres años después de haber puesto en marcha esta fantástica iniciativa de nombre Bayern a medida, todavía a estas alturas es posible descubrir trabas increíbles por parte de la Administración pública. So ist, la vieja Europa, para lo bueno y, cada vez más, para lo malo. Hoy, lunes, de buena mañana, una niñata me ha dicho sin torcer el gesto que la solicitud de nuestra empresa no está en condiciones de ser aprobada por su departamento. La razón: me dice que tenemos todos los papeles en regla, hablo de unos veinte certificados oficiales que hemos recolectado pacientemente durante casi un trimestre mediante trámites con diferentes entidades de toda Alemania, y que hemos hecho un gran trabajo en su conjunto –esto viene de más largo aún, unos dos años de papelotes en concreto–, pero que incumplimos un pequeño aspecto legal, sin embargo vinculante. Resulta que la ley alemana exige una distancia máxima de cinco minutos caminando entre la sede de nuestra empresa y la sede del parking de nuestro automóvil profesional. Y Google maps le ha indicado a la nena que en nuestro caso se tardan 15 minutos caminando. Google maps! ¿Pero qué mierda es esta? Si al menos se lo hubiera dicho un perito, un funcionario o hasta un repartidor de periódicos… Pero no, a Frau Culoapoltronado se lo ha dicho Herr Google y eso es lo que cuenta. Esto sin entrar a valorar la gravedad del asunto, que por cierto no interfiere para nada en el normal funcionamiento de la empresa. Y ahora retroceda otras 20 casillas y vuelva a lanzar los dados. Pues eso rubiales, tal y como tenéis el patio también en Alemania el Duden haría bien en ampliar la definición de burocracia, tal y como ya hizo el diccionario de la Real Academia Española en su día (al menos en esto os vamos por delante). Burocracia, pues: Administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas. Aunque la RAE la clava yo quiero añadir algo más en caliente: la burocracia y los burócratas son capaces de desincentivar y desmotivar a los ciudadanos de toda naturaleza, también a los emprendedores. Convierten los trámites administrativos de toda clase en algo más que farragoso, en algo soporífero, exasperante, irritante, asqueroso, insoportable. Apéndice: los burócratas germanos más traicioneros se reconocen fácilmente, pues a menudo calzan unas confortables Birkenstock. También en enero y aunque en la calle haya nieve a cascoporro, por lo que si te cruzas uno o una por los pasillos de la Administración pública, sal corriendo. Por si las moscas.

Como no quiero empezar la semana con depre, ahora os cuento nuestra historia con la ayuda de Forges, todo un referente en ironizar sobre la materia:

Así estábamos hace tres años

Así estábamos hace tres años

Así estuvimos hace un año largo

Así estuvimos hace un año largo

Así estamos ahora

Así estamos ahora

Munic: Cap d’Any en blanc

Els torrons estan a la panxa, la família queda a lluny una vegada més i reprenem la marxa a Munic. Abans de Nadal hom parlava del mes de desembre més càlid que es recorda; el cas és que ha estat tornar i començar a caure la neu. El 28 a la nit esperàven 13 graus baix zero i des d’aleshores, tot i que les temperatures han anat recuperant-se, no ha deixat de nevar.

Trineus al parc anglès

Trineus al parc anglès

Passejada

Passejada

Surfistes

Surfistes

Ciclista al parc

Ciclista al parc

Corredors

Corredors

Esquí al parc

Esquí al parc

Snowboard

Snowboard

Servus

Servus

La bici

La bici

“Hemos ampliado nuestra misión sin descuidar actividades anteriores”

Me avisan de importantes novedades en el Cervantes de Múnich: por un lado han recuperado la figura del director; por otro van a empezar a ofrecer cursos de alemán para hispanohablantes. Así es que no lo dudo, les pido una entrevista, me la dan y la vuelco en el Quadern:

Ferran, en las escaleras del Instituto

Ferran, en las escaleras del Instituto

Aunque desde dentro no se perciba exactamente así, algo se mueve en el Instituto Cervantes de Múnich. Tras unos meses de gestión teledirigida en tiempos de recortes, el centro recupera la figura del director a la par que intenta transitar por nuevas sendas, hasta ahora desconocidas para el organismo. Inaugurado en el año 1956 y auspiciado por la infanta Pilar de Baviera, el Cervantes muniqués, por entonces Instituto Español de Cultura de Múnich –hasta 1994–, atesora medio siglo de interacción con la sociedad bávara. “La misión era abrir la cultura española al pueblo alemán, despertar el interés por nuestra cultura allí donde no lo había”. El que habla es un viejo conocido de la casa, Ferran Ferrando (Albocásser , 1960), antiguo director de la entidad entre 2002 y 2007 que ha recuperado este puesto tras su paso por la sede de Estocolmo y un lustro como responsable de la Escuela de Lenguas de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Hijo de emigrantes españoles, Ferrando llegó a Alemania con cinco años y cursó sus estudios en las universidades de Göttingen y Montpellier, obteniendo el doctorado en Filología por la Universidad de Bremen. Jovial, accesible, casi diría desenfadado, nos sentamos a charlar un rato en su despacho, y empezamos por comentar el cambio de rumbo que, da la sensación, ha empezado a tomar el Cervantes de Múnich, por ejemplo en cuanto a su relación con la comunidad española aquí residente. “Es cierto que la programación ha estado dirigida principalmente al público alemán, pero los residentes españoles siempre han encontrado actividades atractivas en el centro, como visitas de escritores famosos o ciclos de cine”, comenta al respecto. A juicio de Ferrando, el Cervantes ha jugado un papel importante en la aproximación entre Alemania y España, el que tocaba, durante décadas. “La cultura es la primera puerta que se abre entre dos pueblos que quieren estrechar relaciones. Luego vienen los negocios”, explica. Regresando a la vinculación con las comunidades españolas e iberoamericanas presentes desde hace años en Múnich, pero no especialmente en el Cervantes, Ferran Ferrando ofrece su propia visión: “Siempre hemos colaborado y hemos dado difusión a sus actividades, pero para ser parte del tejido cultural de la ciudad hay que cooperar con instituciones como Muffathalle, Gasteig y el Museo del Cine, y hay que orientar la programación hacia la sensibilidad de una ciudadanía, que en Múnich es muy culta y abierta al mundo.” Hace referencia a la Amerika Haus, al Institut Français, pero también a entidades puramente germanas como la Literaturhaus, pues la programación del Cervantes pone especial énfasis en la literatura. El director recuerda como en los años 90, cuando ya formaba parte del centro como gestor cultural, se les llamó la atención desde el área municipal de Cultura, al percibir que no cobraran por la entrada a sus actividades. “Y empezamos a hacerlo, para convertirnos en un actor más de la escena local”. Los tiempos han cambiado: mientras la comunidad alemana prosigue con su acercamiento al universo hispano, lo cierto es que hordas de españoles vuelven a invadir la República Federal en un movimiento similar al que aconteciera en los años 60 del siglo pasado. En el caso de Múnich, el censo arroja cifras demoledoras: hace solo unos años apenas había 3.500, mientras que en la actualidad somos unos 7.300, los españoles empadronados según cifras oficiales de la Administración local (31/12/2013). Muchos de ellos son ingenieros, informáticos, investigadores u otros técnicos, menos emigrantes (a esta ciudad) están vinculados al mundo de las letras o la cultura, la inmensa mayoría son profesionales universitarios llegados en los últimos cinco años en busca de una oportunidad laboral que en España no existe. A estos precisamente se dirige la última propuesta del Instituto Cervantes, pues en un movimiento inédito van a empezar a impartir clases de alemán, sí de alemán, a partir de enero de 2015. Atrás quedan los discursos oficiales en los que se aseguraba que la entidad estaba aquí para acercar el español a los teutones, lo que ha mantenido a los españoles más o menos alejados de la casa. Ferran Ferrando no niega el nuevo rol, aunque le incomode la idea de que esto supone un cambio radical. Una “ampliación de nuestra misión sin descuidar nuestras actividades anteriores”, matiza. “La situación ha cambiado. Ha llegado una generación nueva de españoles y percibimos que han cambiado las necesidades”. Y agrega que no solamente pretenden reclamar la atención de los estudiantes de alemán, sino que también buscan el contacto con la comunidad de artistas hispanos aquí afincada, así como de otros grupos profesionales organizados y a tener en cuenta en Baviera como la comunidad científica. De momento han empezado por acoger este otoño el congreso de la CERFA, la Sociedad de Científicos Españoles en la República Federal Alemana, y han iniciado la cooperación con el organismo Kompetenzteam Kultur- und Kreativwirtschaft, que ayuda a jóvenes creadores a encontrar su espacio. Regresando a los cursos de alemán, Ferran Ferrando reconoce la preexistencia de una “amplia oferta” de formación en Múnich, si bien destaca que “no existe una oferta curricular global dirigida específicamente a la comunidad hispanohablante. “Lo que proponemos son cursos adaptados al ritmo y a las particularidades de los hispanohablantes al momento de aprender el alemán.”. Un paso adelante pues, en el Instituto Cervantes de Múnich, esa histórica institución que lleva una vida tratando de introducir las culturas hispánicas en el corazón de Baviera y que, por primera vez, parece haber descubierto que no basta con ser centro de excelencia en la enseñanza de nuestras lenguas, ni bastión cultural en tierras extranjeras, sino que existen otras posibilidades a explorar en el siglo XXI. Mucho más que el palacete de la rojigualda.

Trueque germano

Son las cinco de la tarde y octubre parece agosto cuando agosto pareció octubre. Aunque somos cuatro gatos para entrar, esperamos pacientemente nuestra llamada para visitar un palacete de Luis II en Baviera. Hace sol, aunque esta mañana ha diluviado. Entre los guías turísticos del lugar, los que nos aguardan, advino a una a la que ya tengo fichada: se trata de la oronda italiana de lengua viperina. Un éxito asegurado. “Ciao bello! ¿cómo estás?”, me recita. Le digo que bien pero no consigo pasar de ahí. Corta tajante: “Menudo día, es llover y llenarse esto de alemanes. Si llueve, toca cultura. Y parece que para ellos esto es cultura. No conocen Italia! Son tan simples! Tan previsibles! No los soporto. Menos mal que en media hora me voy a casa a poner los pies en alto. Ah, yo lo tengo claro, en adelante hago como ellos: el zeit es geld y yo a las seis en punto salgo corriendo de aquí. Ni un segundo más!”. Nos quedamos todos boquiabiertos, y no por lo bien que habla español, que también, por como mueve la lengua esa mujer. Qué gran diva, una primadonna. La tarde avanza, el palacio se visita, la anécdota queda atrás y antes de llegar a casa todavía tenemos tiempo de parar un par de veces. En estas, aparcamos la furgoneta en la zona azul de algún pueblo alpino camino de Múnich, y seguimos marcha. Salgo del coche y me dirijo a la máquina de tickets para pagar los tres euros mínimos a que me obliga. No alcanzo, pues antes de insertar la primera moneda en el aparato un señor me intercepta a gritos desde la otra punta del parking. “Halten Sie! Halten Sie!”, dice. Al principio tengo la sensación de que me pide que me aleje de la máquina porque está maldita, luego veo que lo que quiere es hablar conmigo antes del pago y al final descubro que porta un ticket de aparcamiento en la mano. Sí señor! Para que luego nos quejemos de los alemanes, que caballero tan nett, que se ha molestado en recorrer veinte metros para regalarme su ticket de la zona azul antes de irse a su casa. Oye, que tres euros son tres euros! Que majo, de verdad… Medio acalorado nos aborda por fin. Para entonces ya hemos radiografiado su vida: parece un bávaro de clase media-alta, acomodado; con una berlina alemana que bien soñarían la mayoría de los españolitos; bien acompañado de una señora elegante, o al menos todo lo que un germano del sur puede llegar a ser; es risueño, parece contento, como si su misión en esta vida de prejubilado que lleva fuera ayudar al prójimo y una de sus aficiones regalar tickets de parking para que otros puedan ahorrar unos eurillos. La escena es en alemán, pero la traduzco para comprensión general: “¿Hola qué tal está usted?”, me dice. “Yo bien, ¿Y usted?”, le respondo. “Pues ya me voy a casa y he visto que usted tiene que pagar el aparcamiento. Yo he pagado cuatro euros por todo el día pero si usted quiere mi billete se lo vendo por dos euros”, me remata. Literalmente. Cuesta recuperarse con diligencia ante semejante broma, pero no queda otra: “Por supuesto que se lo compro, deme”. “Gran idea, se acaba de ahorrar usted un euro y yo dos”. Esto último es de mi cosecha, qué menos que imaginar tal jugada. Antes de cerrar la escena del truque uno de los viajeros de la excursión practica la sana reflexión colectiva en voz alta. “Ahora entiendo lo de la italiana de antes, con eso de que para los alemanes el zeit (tiempo) es geld (dinero). De hecho, parece que para ellos todo tiene un coste”. Otra viajera aporta un nuevo dato al análisis: “Muy cutre“. Amén.

Las ruedas de Herr Müller

El señor Müller es el vecino de rellano que todo alemán desearía tener: es un hombre correcto, atento y educado, incluso sonriente y si se tercia caballeroso. Un echte muniqués al que en cambio parece le agrada, según sopla el viento, jugar a comportarse como un vero italiano, destilando a partes iguales elegancia y buenas maneras. Como si fuese el autor intelectual del manual del buen alemán contemporáneo, no se lo piensa dos veces si ha de cederte el turno de subida en el ascensor y, estoy seguro, no dudaría incluso en ayudar con las bolsas de la compra a la señora Baumeister, la habitante del bloque más longeva de cuantos lo habitamos, viuda ella desde que se la conoce. La verdad sea dicha, no conozco el oficio de Herr Müller, pero no debe de funcionar mal el asunto. Sobre ruedas, fijo, pues he podido contarle con los dedos de mis manos dos o tres cochazos diferentes, cada cuál mejor que el otro. Por concretar: un Porsche Carrera clásico, un Audi Q5 y otro más de estilo familiar y fabricación alemana que, ante la categoría de los dos primeros, no ha terminado de llamar mi atención como para recordar el modelo. Falto como anda de vehículos a motor, Müller, hace unos meses, bastantes, que nuestras vidas se cruzaron. Nosotros ofrecíamos por entonces en alquiler la plaza de garaje que nos corresponde por habitar en la finca, él ya sabéis lo que necesitaba. Lo de rentar nuestra plaza de estacionamiento guarda relación con la ausencia de automóvil propio durante mucho tiempo en este país. Para formalizar tamaña operación pedimos permiso a la administración de la finca, formalizamos un contrato y terminamos estrechando nuestras manos en un encuentro que pareció dibujar una sonrisa eterna del tal caballero hacia la parejita de españoles con los que se ha venido cruzando durante muchos meses en la calle. Siempre con una sonrisa, siempre comportándose como un señor de impolutos modales dignos de la mejor de las castas bávaras . “¿Cómo están los spanier?”, nos decía; “Cuándo necesitéis la plaza no olvidéis que es vuestra, me lo decís y la recuperáis sin problemas”, recuerdo que comentó el día que extendió su firma, junto a la de Mariola, en un papel que así lo reflejaba. Y de aquellas brisas, estas tempestades. Tras un año de armonía que se demostraría a la postre fingida, un buen día decidimos comprarnos un coche y recuperar lo nuestro. Para entonces, el señor Müller, muy molesto ante la dificultad de encontrar cerca de casa un nueva guarida para su Q5, decidió borrar para siempre su sonrisa impostada ante nosotros, para cambiarla por una jeta mucho más austera y fría, cojonera. Comenzó por protestar enérgica y estérilmente ante la administración de la casa ante lo que él consideraba una tremenda injusticia; siguió por releer y releer el contrato suscrito hasta dar con el párrafo en el que se cifraba en tres meses el plazo de desalojo del bien inmueble en caso de necesidad por parte del arrendador; nos dio largas durante un trimestre tras el aviso y, finalmente, nos liberó el espacio. Para entonces su saludo se había convertido en inexistente e incluso dejó de responder a nuestros e-mails. No hay que olvidarlo: somos desconocidos. El día que nos retornó la llave del garaje la dejó directamente en el buzón, el trámite no merecía ni un mísero saludo, ni un cara a cara, innecesario e infructuoso. En todo caso, todavía faltaba un pequeño regalo por descubrir: al entrar en el parking pudimos comprobar que el señor Müller había olvidado retirar cuatro ruedas viejas y polvorientas de nuestra plaza. Con sus correspondientes llantas, tan estropeado todo como para no poder hacer nada bueno con ello. Al llamarle a tal efecto negó la mayor y, no solo eso, sino que insinuó que en todo este tiempo, por cortesía, no había querido denunciarnos por dejarlas abandonadas. He tratado de explicar el asunto a quien correspondía durante semanas pero finalmente no ha habido nada que hacer. Este fin de semana, por los cojones germanos de Herr Müller, habrá que ir al wertstoffhof a tirar a la basura su regalito. Como en realidad solamente entraba en el portal para acceder al aparcamiento, hemos dejado de cruzarnos con él en la calle, imagino que la próxima vez que lo veamos paseando por el barrio lucirá mucho más sonriente.

Te vendo mis sobras

Captura de pantall de la web. /JOINMYMEAL.COM

Captura de pantall de la web. /JOINMYMEAL.COM

Mentiría como un bellaco si dijera que dos años después estos deutsches han dejado de asombrarme. Y que conste que lo hacen para lo bueno, para lo malo y hasta para lo inclasificable. En este último saco estoy yo por meter el último descubrimiento en la red, hallado esta misma semana gracias a nuestra amiga Lola. Inventadas las webs de contactos para singles (ahí va la Münchner Singles), las de hacer solamente amigos y hasta las de poner los cuernos a tu pareja en secreto, superadas las páginas para comparar precios, las de compartir coche en tus viajes o las que permiten encargar para casa una pizza y hasta una botella de ron, el último grito en modernidad digital made in Germany se llama JoinMyMeal y se subtitula clever kochen, lecker essen. O lo que es lo mismo, apúntate a mi comida. Cocinar inteligente, comer bien. ¿Os habéis quedado igual? Entonces vamos a la molla. Lo de JoinMyMeal es una red social de recetas y comidas caseras en la que los cocinillas pueden compartir sus platos con el vecino a cambio, claro está, de unos emolumentos. Porque lo que se dice regalar aquí nadie regala nada. Habrá quien diga que lo de compartir tu ración de macarrones con el vecino del cuarto o con la rubia del edificio de enfrente es simplemente una manera simpática de hacer amigos, pero entonces lo mejor quizás sería invitarles a comer. Siempre hay quien pueda pensar, por otra parte, que lo de compartir gastos es una excelente forma de ahorrar y por qué no aplicarlo a la ensalada de pasta de los martes. Pues sí, aunque también cabría la opción de comerse los miércoles el plato de comida que nos sobre de los martes. Así es que, por mucho que le doy vueltas a la cabeza empiezo a pensar que la mejor traducción para el invento sería la siguiente: CómeteMisSobras (que te las vendo baratitas). Subtítulo: “Yo cocino unas pechugas de pollo muy lecker y muy günstig y te cobro unos eurillos a ti que eres un zángano de mucho cuidado y que te comes hasta los yogures pasados de fecha cual Arias Cañete”. Así somos nosotros los alemanes, siempre transitando esa delgada línea que separa lo smart de lo cómico, la eficiencia de la racanería, la lógica de la sinrazón, lo cool de lo cutre. Sobre qué aspecto les define mejor en este caso, os dejo elegir libremente.

Decálogo del buen muniqués

A medio camino entre el homenaje y la vil réplica, este post no aportará nada nuevo a aquellos expatriados interesados en convertirse en auténticos alemanes. A ellos les recomiendo la lectura de dos escritos anteriores, los míticos Diez cosas que debes saber sobre Alemania, de Rosalía Sánchez, y How to be a german in 20 steps, extracto de un libro para hipsters del mismo nombre. A lo que viene este breve decálogo es a aconsejarte si lo que de verdad pretendes es parecer un muniqués. Entonces, pasa y lee. Para ti, que quieres ser münchner:

1. No des los buenos días, Servus. No importa el significado de la palabra o si es una expresión más vieja que Matusalén, ni tampoco que en cualquier otro lugar del planeta estaría considerado un saludo hortera, lo que de verdad cuenta es que en Múnich es lo más de lo más, coooool, y o te subes al carro o te vas a quedar descolgado. Si te cruzas con un señor y su bastón haciendo senderismo por los Alpes, dí Servus; si has venido de Erasmus, dí Servus a tus colegas de melopea los jueves por la noche; si te da por jugar pachangas en el Englischer Garten, despídete con un Servus como la copa de un pino. De lo contrario, nunca serás nadie. En caso de querer aparentar ser un ama de casa, una verdulera o una cajera de supermercado, puedes saludar con un Gruss Gott, que también queda muy creíble –o todo lo contrario, en función del tono de voz–.

2. Olvida el pescado y el marisco. Las gambas, el atún, la merluza, el bacalao y no digamos los percebes o la langosta, ni siquiera unos miserables calamares, mejillones, almejas o berberechos. Estos productos no existen, en realidad son fruto de tu imaginación, el retrato vivo de un tiempo pasado mejor que nunca existió. Como mucho, en Múnich te puedes conformar con pagar quince euros en el súper por una dorada de tanto en tanto o cinco por un paquete de salmón congelado de acuicultura. A los gourmets les queda la opción de comer en la cervecería trucha, carpa o sucedáneos. O bien degustar fritanga en el Nordsee. Por el contrario, lo tuyo han de ser las especialidades cárnicas a base de cerdo, el pan, las patatas y…

3. …la cerveza! El vino es una bebida menor, que se toma a sorbos en copichuelas, una especie de mal necesario muy de vez en cuando más por esnobismo que por convicción. Un muniqués de verdad bebe cerveza. Qué digo, bebe helles o weiss. Se mire por donde se mire, con la cerveza todo son ventajas: es buenísima, sanísima, baratísima, divertidísima… pregúntale a un bávaro, sino. Ya sabes, si persigues integrarte en la manada has de ser buen bebedor de Augustiner, incluso por la calle.

4. Cómprate un traje tradicional, sea cual sea tu condición humana. Un dirndl o un lederhose no pueden faltar en el armario de un muniqués/-a a estas alturas del siglo XXI. Al respecto, si quieres un consejo no seré yo quien te lo niegue: es una inversión imprescindible pero mejor no la exhibas en tu muro de facebook a riesgo de convertirte en la comidilla de tus amigos, los que se quedaron al otro lado de los Pirineos.

5. Hazte fan del FCB, que no es el Barça. Sobre esto, es bueno saber que precisamente el FC Bayern te brindará en reiteradas ocasiones la oportunidad de demostrar en público que eres un auténtico muniqués: si aprovechas los partidos para juntarte con otra gente y beber cerveza, y además lo haces comiendo cerdo vestido con un lederhose y una camiseta de Schweinsteiger, entonces estarás realmente cerca de la meta.

6. Monta en bici. ¿Quién dijo que las bicicletas son para el verano? Llueva, nieve, tengas agujetas, bicicleta de carreras o la rueda floja, ve a trabajar en bici. No olvides que la Polizei te acecha, esto es Múnich!, por lo que harás bien de llevar una luz, que funcione, para la noche y seguir, a rajatabla, las normas de circulación. Aquí alguno dirá que no pasa nada por saltarse algún semáforo en rojo. Quien avisa no es traidor.

Por cierto, un buen muniqués monta en bici pero al llegar a casa le aguarda en el garaje un fantástico automóvil de fabricación alemana. Cuanto más muniqués-muniqués, más llamativo se le supone el coche. Preferiblemente, de renting, leasing o similar y fabricado en las Bayerische Motoren Werke.

7. Báñate en el Isar y haz como si fuera una playa del Caribe. Acabo de darme cuenta de que estoy publicando esto en el mes de enero, así que mejor cambia el baño de refresco por un domingo esquiando en Garmisch-Partenkirchen.

8. Lo tuyo no son las manifestaciones ni las protestas. Si eres de tocar las narices, como mucho se te permite protestar por el precio de la vivienda, que se está poniendo por las nubes. Nada de porros ni altermundismo. O por lo menos que no se te note en público.

9. ¿Te sientes seguro? Al fin y al cabo los muniqueses son alemanes y ya se sabe que la cabra tira al monte. Estos dos últimos puntos dan fe de ello. Como a un buen alemán, a un buen muniqués no le falta seguro médico, de pensiones, de automóvil, de viaje, de asistencia en carretera… Mi preferido es el seguro de responsabilidad civil o Haftpflichtversicherung. ¿A qué es una palabra bonita? Con él, se supone que si descarrila un tranvía por tu culpa no tendrás que pagarle la rehabilitación a los 200 heridos, Gott sei Dank! Por mi parte aún disto mucho de ser un auténtico muniqués, sigo arrastrando esto en la columna de Tareas pendientes.

10. La guinda del pastel (y aquí me remito a cualquier decálogo sobre el buen germano). Solamente cuando estés realmente asentado en Múnich conseguirás este difícil objetivo. No importa si tus gafas son de pasta o no, si vistes con zapatos horrendos o si prefieres los pantalones cagados, en tu vestidor no puede faltar una chaqueta de la marca del lobo.  Ese día y no otro, cuando pases por caja y compres una auténtica Jack Wolfskin fabricada en el sudeste asiático, entonces podrás presumir de subir Alpes bávaros arriba como los ángeles… y tocar el cielo como un auténtico muniqués.