Category: Breves encuentros
“En Múnich, o bien te identificas con el entorno, o bien no encajas”
Elsa Mogollón-Wendeborn, periodista y directora desde 1998 de la revista ECOS de España y Latinoamérica, publicación en español para la comunidad germana, editada en Múnich. Casada y madre de dos hijos, lleva más de dos décadas trabajando en Alemania –llegó en 1990–, si bien inició su carrera profesional en su país. Natural de Cartagena de Indias, es licenciada en Comunicación Social por la Universidad Externado de Colombia.
Lo de hablar con ella es una historia que viene de largo. No son muchas las profesionales latinas en Múnich que ocupen un lugar de responsabilidad como el suyo, ni que atesoren una experiencia laboral tan dilatada. Por eso y más, su caso es especialmente interesante para profundizar en las posibilidades para el trabajo y la vida que ofrece la ciudad. Charlamos de posibilidades laborales, calidad de vida y, inevitablemente, de la emigración española actual. Siempre en clave muniquesa.
¿Cómo es Múnich para el trabajo?
Se trata de una ciudad que ofrece muchas posibilidades para el trabajo en todo tipo de sectores. Está abierta a nuevas ideas, por lo que es fácil emprender negocios. En relación con otras ciudades de Alemania, podemos decir que es una de las que más oportunidades facilita.
Quizás hayas conocido el reciente informe de la consultora Mercer, que la declara como la cuarta capital con mejor calidad de vida a nivel global.
Cuando se llega desde otra región europea por unos días, quizás no se aprecie tanto la calidad de vida. En mi caso, al llegar de la Colombia violenta de los 90 el contraste fue enorme, por ejemplo, a nivel de seguridad. Múnich fue como llegar a un paraíso. Aquí puedes ir a cualquier hora del día o la noche y por cualquier lugar sin dejar de sentirte seguro.
La cantidad y diversidad de zonas verdes o poder disfrutar del ocio y la cultura también son cosas muy importantes aquí de cara a mejorar la calidad de vida.
Por otro lado, Múnich y Baviera tienen fama de ser algo aburridas, incluso conservadoras. ¿Qué opinas al respecto?
Baviera es un estado particular y orgulloso de lo que es dentro de Alemania. Eso ayuda a que el viajero sepa al llegar que se encuentra en un lugar especial, por lo que resulta más fácil integrarse o todo lo contrario. Aquí, o bien te identificas con el entorno, o bien no se encaja. En Berlín, por ejemplo, no existe hoy esa autenticidad que se respira en Múnich. En cambio, desde allí se puede percibir a los bávaros como gente folclórica que van por la calle en lederhose. A mi me gusta que la gente esté orgullosa de su cultura.
Sobre el aspecto conservador o no, afortunadamente la ciudad está gobernada por el SPD y los Verdes mientras Baviera mantiene un gobierno conservador. Pero es verdad que aquí no es como en Berlín, en aspectos como la cultura o el arte. Los espacios culturales, incluso los alternativos, están regulados y es cierto que en esta parcela no es una ciudad tan abierta y vanguardista como Berlín, capital. Pero es que Múnich es una ciudad de provincias y si la comparamos con otras ciudades de provincias europeas ofrece más.
¿Una ciudad de provincias?
En lo artístico, sí. En lo económico, no. Baviera es el polo de desarrollo actual de Alemania, junto a otros estados vecinos como Hessen. Es donde se genera el trabajo y se mueve el capital. En ese sentido, es mérito del gobierno conservador del CSU que tuvo la visión de cambiar el destino de un estado agrario y apostar por la industria sin chimeneas, por la investigación, por la tecnología o por los medios de comunicación.
Más allá del trabajo y las facilidades para ello, ¿hay algo de Múnich que no termine de encajar para el extranjero?
Como caribeña, echo en falta la espontaneidad, la posibilidad de ser alegre, de reírse. Aquí hay que bajar la voz, ser uno más entre la masa. Echo de menos algo más de diversidad.
¿Y el clima?
Al comienzo sufría con los inviernos. Ahora me conformo con el sol que tenemos. Me encantan los veranos, se siente la alegría de la gente, en los días más soleados se creen en California.
Dada la crisis económica en España y dada tu posición profesional y como muniquesa, ¿sientes la presión migratoria española sobre Múnich y Alemania?
Sí se percibe la presión, hay que reconocerlo. Antes, en ECOS recibíamos un par de currículos al año de periodistas, lingüistas o fotógrafos españoles interesados en trabajar con nosotros como revista en español. Ahora y desde hace algún tiempo estamos recibiendo entre dos y tres curriculums al día. Españoles que viven en toda Alemania y, a veces, que nos escriben desde España en busca de trabajo. Para mi es muy duro, como directora de la revista, porque aquí no tenemos opciones de dar trabajo.
En lo personal, también lo veo así. Mi marido es pediatra y habla español. Antes recibía algunos pacientes españoles, ahora cada vez atiende a más.
Esa presión, ¿puede terminar por desgastar la convivencia entre alemanes y españoles?
Creo que no. El alemán recibe bien al español, ya que éste tiende a aprender el idioma de inmediato. Es una gran ventaja sobre el emigrante de Turquía o Europa del Este. Aprender alemán es una gran ventaja, una llave que abre las puertas del trabajo en Alemania y casi diría de los corazones de los alemanes.
Los guías y las propinas
“Tienes que enseñarte a pedir propinas”. Lo recuerdo perfectamente, fue una de las primeras frases lapidarias que recibí en mi instrucción, más bien callejera en sus inicios, como guía turístico. Ha llovido un montón, en Múnich eso no significa gran cosa, así es que me acuerdo perfectamente. Solamente de pensarlo, me pongo sonrojado, pues yo soy más bien modoso para estos asuntos. Serán cosas del falso pedigrí adquirido tras el paso por la facultad. Porque, la verdad, aunque a días los licenciados nos creamos por encima del bien y del mal, no conozco a nadie que no responda de una u otra manera a los estímulos provocados por el movimiento de una billetera. Yo, no os engaño, soy sensible –especialmente si me siento autorizado moralmente para el estímulo–, por mucho que me escandalice mientras escribo estas cosas y me esfuerce por convencerme de lo contrario. En fin, vayamos al grano, este es un artículo destinado a tipificar cinco modalidades de propina recibidas por el guía de turismo. Aprendices, tomen nota. Viajeros, les digo lo mismo.
1. Propina normal. Como su propio nombre indica, es la más corriente a uno y otro lado del charco. El pan nuestro de cada día, para todos aquellos que guiamos con la ñ. ¿Qué cómo funciona? Muy fácil, consiste simplemente en no recibir absolutamente nada al final de la visita. “Que para eso ya hemos pagado, María”, le argumenta él a ella.
Es la recompensa preferida para sus guías, tras un duro día de trabajo, por parte de viajeros y turistas venidos de todos los rincones de la península ibérica. De hecho, la denominación propina ibérica es igualmente válida para este tipo de apunte bancario, nulo.
Por cierto, dispone de algunas variantes simpáticas. Entre las más singulares: la palmadita en la espalda acompañada de una felicitación por el trabajo bien hecho o la entrega de una tarjeta de visita personalizada, “para que estemos en contacto” cuando vengas por mi pueblo, “que eres un tío cojonudo”. Esta última modalidad es como tirar un penalti al póster, ya que es inevitable que al guía se le haga la boca agua, a veces indisimuladamente, al comprobar que el cliente echa mano de la cartera. Es para coger la tarjeta de visita. Uyyyyy!!!!
Por otro lado, y esto sí que jode, el modo propina normal es radicalmente diferente para los guías anglosajones: oscila entre los 20 y los 50 euros por día, de media, dada la costumbre de gratificar entre británicos, norteamericanos, australianos… La puntilla es cuando un compañero te dice “no te preocupes, es una cuestión cultural”.
2. Propina inesperada. Es la que, en contadas ocasiones, te dan unos españoles al final de una excursión. Ya lo dice su nombre, es inesperada, infrecuente, rara, difícil, reconfortante, feliz… No importa si es de cinco euros o de cincuenta, como no te la esperas te pone muy contento.
3. Propina cantada. Es la que te conceden un grupo de turistas sudamericanos al final de una excursión. Ya de buena mañana, cuando los recoges en el hotel o el punto de encuentro, la puedes ver venir. Eso sí, hay que sudarla, a base de sonrisas, consejos, apuntes en el plano de la ciudad y cosas por el estilo. Cuando los ofreces, quizás no eres consciente de que te estás fabricando una recompensa económica. Pero lo estás haciendo. Sale mejor si ese día vas de tour sin afeitar y vestido con ropa de Zara. Si es vieja, lo bordas. “Pobre español, con lo preparado que está y se ha venido a Alemania a trabajar. Menuda crisis que tienen”. Esto igual te lo dicen que se lo callan, pero lo piensan siempre.
Una variación tan rara como satisfactoria: si vas con un grupo numeroso de turistas y uno de ellos te da una propina cantada, entonces está cantado que todos –igual se escaquea algún español– se sumarán a la fiesta y terminarás haciendo una caja del copón. Viva Bolívar.
4. Propina compasiva. Es una degeneración de la cantada, dolorosa. Si te añaden la frase “yo también he sido estudiante y sé lo que se sufre” te dejan KO. “Señora que estudiar es muy bonito y se puede hacer toda la vida, sin dar pena”. Lo dicho, es infrecuente pero que te den unas monedillas en esas condiciones, más que arreglarte el día, te lo fastidia.
Por imaginar el peor escenario posible: te dan una propina compasiva un día de lluvia, el tour se ha alargado más de lo previsto y además los turistas te caían gordos. Por suerte, esto es atípico.
5. Propina gigante. Esto sí que es extraño. Sucede de uvas a peras, pero de repente un día te viene un señor a última hora que puede pertenecer al grupo de donantes inesperados, cantados o compasivos y te afloja la mosca. Cuando ves el billete de 50 euros se te caen los huevos al suelo, propinando lenguaje apropiado. La verdad, estas propinas duran menos en el bolsillo que un caramelo a la puerta de un colegio. Ese mismo día te la fundes en unas zapatillas, un par de libros o una cena romántica. Qué pena que no sean la norma.
Podría quemar páginas y páginas revelando el lado más visceral del guía turístico, pero no le quiero provocar los vómitos a nadie. Solamente puedo añadir que, por mucho que algunos guías se esfuercen por poner cara de “no sé de qué me hablas”, todos –bueno, siempre hay algún raro– esperan con los brazos abiertos ese billete apretado entre las manos antes de la despedida. Los más recatados matizarían que “no es para tanto”, añadiendo a continuación que “a nadie la amarga un dulce”. La señora de la media melena y la chaquetita a medida, guía oficial, con su magnetófono y su grupo escolar, es posible que niegue la mayor. Ya que estamos, yo también reniego de todo lo que he confesado. ¿Acaso tengo cara de aceptar propinas?
‘Alemanades’: ‘*duzen’ i ‘*siezen’
Herr Müller i Frau Schneider havien treballat junts durant sis mesos. Havien compartit 125 jornades de faena completes, tantes com jornades laborals en les que havien passat moltes hores del dia junts. Cada matí, Frau Schneider, que era una dona jove i sense complexos, saludava al senyor Müller a les nou del matí, en punt, amb un correcte i curt “bon dia”. Suficient. Herr Müller, que en realitat era el seu cap i l’havia contractada com secretària per a que li portara els papers de l’oficina i l’agenda, li responia: “Bon dia Frau Schneider”. Eren dos bones persones, directes en la parla i cordials amb el tracte amb el desconegut. Per això, precisament per això, es tractaven correctament l’un a l’altre. Tot va canviar sobtadament aquell matí. El despatx s’anava fent gran i ja n’hi havia sis persones treballant allà dins. Van acordar de fer una reunió. Sense cap motiu aparent a meitat d’aquell encontre, el senyor Müller es va alçar del seu seient i es va adreçar directament a la seua treballadora. Li va dir: “Han passat sis mesos des que treballem junts i des d’aleshores jo sempre li he parlat de vostè i vostè sempre ha fet el mateix amb mi. Això és el correcte. Però crec que és hora de que ens presentem i ens pensem si no paga la pena tutejarnos. Vostè què en pensa?”. No va deixar respondre a la seua treballadora, era retòrica de jefe, simplement es va dirigir cap a ella, li va estretir la mà i va afegir: “Bon dia, jo sóc Otto”. Frau Schneider, prement-li la mà al seu interlocutor, va contestar: “Bon dia, jo sóc Ursula”. Han transcorregut sis mesos i uns dies. Des d’aquell matí ja no s’ha tornat a saber res més de Herr Müller i Frau Schneider. Ara, tant de temps després des del primer dia, només són Otto i Ursula. No són amics, però tampoc desconeguts. Hui ja són companys de treball.
Aquesta és una història, la que volia contar-vos hui sobre els formalismes increïbles que un arriba a viure a Alemanya. És un breu encontre a Munic. Hi haurà qui pensarà que aquesta vegada me l’he inventada o que sóc un exagerat. Creieu-me si vos dic que és una veritat com una casa de gran. Jo no sóc cap mentider. Què se sàpiga.
*Duzen. En alemany, parlar-se de tu
*Siezen. En alemany, parlar-se de vostè
¿Y tú, qué quieres ser de mayor?
Hace algún tiempo que conocí a Cristina Rico en Múnich, la vívida imagen del talento que se traslada desde España a Alemania. Ella llegó mucho antes de que la fuga de talentos se convirtiera directamente en una sangría, aunque su experiencia, en lo laboral, me pareció casi de obligado conocimiento. Cuando supe que se había embarcado en una empresa para ayudar a planificar la carrera laboral -y a encontrar el trabajo ideal- a jóvenes talentos de España y Europa lo vi claro: eso da para una entrevista.
Cristina Rico García, un poco de aquí y un poco de allí. Puro talento. 30 años, nacida en el País Vasco. Nueve años viviendo en Alemania, tras llegar procedente de Málaga para completar sus estudios universitarios en la Universität Ulm. Es Ingeniera en Telecomunicaciones, recientemente doctorada. Trabaja en la Agencia Aeroespacial Alemana (DLR), aunque acaba de reducir su jornada a dos días semanales para poder dedicarse a su proyecto personal: Goelite.org, o una plataforma online que ayude a jóvenes ingenieros y licenciados de toda Europa a la hora de planificar su carrera profesional incluso a encontrar trabajo. Cuando publico esta entrevista, diría que anda por California tratando de averiguar a qué huele Silicon Valley.
¿Cómo surgió la idea de Goelite.org?
Cuando llegué a Alemania en una reunión en el DLR me di cuenta de lo complicado que es conseguir estudiantes brillantes para trabajar en las investigaciones. Aquel día intervine y propuse buscar a los mejores universitarios de mi universidad en España para traerlos aquí. La cosa funcionó, desde 2008 han venido unos 25 estudiantes de ingeniería con aquella iniciativa, para realizar el Proyecto de Final de Carrera en el DLR. Algunos de ellos se han quedado trabajando y muchos de los que no lo han hecho lo han decidido por voluntad propia. Todos están maravillosamente colocados.
Al ver las posibilidades, hablé con compañeros de otras universidades españolas y ahora se ha sumado la Universidad de Oviedo, mientras que otras escuelas podrían hacerlo en breve.
Con todo esto, empecé a pensar que esta idea se podría trasladar a otras empresas e institutos de investigación, que andan buscando a estudiantes y recién licenciados con un expediente brillante. Durante tres años todo esto lo hemos estado comentando casi a diario los que ahora somos los tres socios de la empresa hasta llegar a la idea de Goelite.org, que ha evolucionado.
¿Cómo?
En realidad, nuestros objetivos actuales van más allá de la idea inicial. Por un lado queremos ayudar a los estudiantes de último curso y jóvenes licenciados a planificar su carrera profesional. Para eso estamos implementando un planificador de carrera. Por otro lado, queremos ayudar a estos mismos a encontrar el trabajo que buscan, mientras que a las empresas les facilitamos a su vez a las personas que andan buscando. Esto es lo que hemos empezado a hacer ya en la fase inicial del proyecto en que nos encontramos.
¿Se necesita un expediente académico sobresaliente para entrar en vuestra red?
Al principio yo me di cuenta de que los estudiantes brillantes en España se pueden sentir desmotivados, ya que a veces da la sensación de que allí no se valora la excelencia académica en el mundo de la empresa. Lo importante es aprobar y punto. En Alemania es totalmente diferente, las empresas salen a la caza de los mejores alumnos y les ofrecen becas para mejorar su formación y luego quedárselos. Hasta los partidos políticos o las iglesias ofrecen becas a los mejores estudiantes y oradores.
La idea inicial era recompensar a esos talentos, en clave española, pero el proyecto ha ido creciendo. De entrada, el idioma oficial ha pasado a ser el inglés, ya que queremos que sea una herramienta a nivel europeo (la web está traducida al alemán y al español solo en la portada). Además, queremos ayudar a todo tipo de profesionales, aunque hemos empezado por ingenieros y licenciados en el campo de las ciencias.
Entonces, ¿cómo definirías Goelite.org en este momento?
Concretamente, como una plataforma de identificación de excelencia y de búsqueda de empleo a nivel internacional. También como un planeador de carrera profesional. O dicho de otra forma, queremos ser como un coach online, una figura que identifica lo que quieres ser en la vida y te ayuda a conseguirlo. Te dice lo que has de hacer para conseguir lo que quieres.
¿Qué significa lo de planificador de carrera?
Es una herramienta en la que trabajamos y que está pensada para detectar los intereses, aptitudes y carencias de la persona que quiere optar a un trabajo. Una vez detectadas, propondremos un camino a seguir (en formación) para conseguir el objetivo final que no es otro que el puesto de trabajo deseado. Hay quien querrá ganar mucho dinero y hay quien buscará otros aspectos como la motivación, nosotros simplemente queremos ayudar a conseguir la meta laboral de cada uno. Unos estarán más preparados para conseguirla, otros tendrán que empezar desde la base, en función del trabajo deseado, preparación, experiencia propia, etc.
Comentas que empezáis con estudiantes de ciencias.
Sí. A medio plazo veo a Goelite.org trabajando con enfermeras, médicos o licenciados en Administración de Empresas, pero hemos empezado por lo que conocemos mejor. Sabemos que Alemania necesita mano de obra cualificada en sectores relacionados con las ciencias, desde matemáticos a informáticos, ingenieros biólogos o químicos.
¿Cuál es vuestro punto de partida?
Para empezar (después de un par de meses en fase beta) tenemos más de 1.000 jóvenes europeos registrados, la mayoría españoles pero también griegos, alemanes, etcétera. En cuanto a las empresas, empezamos con una decena de empresas alemanas, entre ellas el DLR y varias firmas punteras relacionadas con el sector automovilístico (ya han firmado varios convenios para colocación). Tenemos unas decenas de ofertas laborales en este momento, que entran y salen según se cubren. Pero esto es solo el comienzo, casi en fase de pruebas. La idea es sumar a corto plazo varias empresas y al menos diez usuarios nuevos cada día.
¿Es fácil encontrar el trabajo deseado en Alemania?
A veces tendemos a pensar que la demanda de trabajadores cualificados significa que aquí son bienvenidos todos los ingenieros europeos, sea cual sea su perfil. Muchas veces están las vacantes, pero las empresas alemanas no van a cubrir el puesto si no dan con el perfil adecuado. Eso significa, por ejemplo, conocer el idioma o tener experiencia previa. No basta con la formación académica básica.
Por otro lado, a nosotros nos gustaría trabajar con empresas españolas. Quizá peque de utópica, pero mi ilusión sería fomentar la movilidad de trabajadores europeos cualificados a nivel internacional.
¿Es esa la meta final de Goelite.org?
Hace unos años, moverse de una ciudad a otra en España era una tragedia. Ahora está a la orden del día y la movilidad laboral es un hecho en todo el mundo. Yo estoy aquí en Alemania, tratando de decirle a la gente que no soy una emigrante, sino una trabajadora europea trabajando en Europa. Creo que nuestro futuro pasa por una mayor integración, también en lo laboral. Por eso empezamos con Alemania y España, que es lo que conocemos y tenemos más cerca, pero nos gustaría hacer algo más global. El tiempo lo dirá, tenemos mucho terreno por delante y por ahora nuestros recursos son más bien limitados.
Desfasament interpretatiu (o que em perdonen els gais, les lesbianes i la senyora X)
Collons, de mico! Ja no me’n recordava de l’entretingudet que pot arribar a ser açò d’anar acompanyant al personal. Sí, lo de guia, que vinc ara a llevar-li la pols a la categoria del blog Breves encuentros, després de dos mesos de fer el gos i rodolar per ací i per allà. Això mateix, que hui he tingut un dia d’eixos, de-ca-te-go-ria. A vore com ho compte jo, que vinc atarantat i amb el temps just per a descarregar en el Quadern, i damunt em toca apuntar de temes sensibles dels que un no entén massa i poden acabar ferint al personal. Bé, ho farem lleuger però directe, a qui no voldria jo molestar són als gais, a les lesbianes i a la senyora X, per no posar-li pels i senyals a la clientela. A les H del matí em tenia que trobar jo amb el senyor i la senyora X a l’hotel W de la ciutat Z, que amb tota seguretat serà Munic no ?(quantes xorrades). Allà, a les H i quart he arribat per fi a l’hotel, suat, clavant la pota ja abans de començar. “Bon dia”, li dic. “Bon dia, Jordi?”, em respon la senyora X. “La meua parella està enfeinada, però igualment farem el tour els tres”, em diu. I jo pense, “clar el seu marit -amb qui jo havia contactat i que tenia un nom estrany- em va dir ahir que farien el tour ell, la seua senyora i el seu nano. O siga, tres. Ara vindrà”. I allà que sec jo al hall, amb la senyora X i el nano, i anem esperant i xerrant. Jo seguisc pensant, “som dos, falta un, el senyor X”. Encara no havia acabat jo de cavil·lar i entra en escena, directament de l’ascensor, el senyor X. “Ai, no! Si és la senyora XX”, em sorprenc a mi mateix. Què voleu que vos diga, dins d’eixa personeta que vol fer-se la moderna hi ha tot un clàssic (és el que té l’educació de la mà de les monges) que s’esforça per entendre un món contemporani, normal, però diferent al que li van vendre en l’escola. Per a començar, em pose colorat i no deixe de pegar-li voltes al nano. “Em presente, no em presente…; la salude, no la salude…; serà, no serà…”, ostràs tu!, quins 30 segons més llargs. Jo diria que la senyora X m’ha vist bloquejat, o potser acalorat, el cas és que al principi tots tres hem fet com si res, ens hem saludat i hem començat a preparar la marxa, que ja tocava. Però jo no parava de portes endins… “seré idiota, tota la vida sense prestar-li cap atenció al capítol de la Lonley de què visitar per a gais i lesbianes”. De veres que m’he sentit incapacitat i amb una mancança enorme de respecte per a les parelles del mateix sexe, per a les que jo, tan tolerant que em pense, resulta que no estic preparat per a conduir un tour com toca. Això, mateix: “idiota!”, em repetia. Vos done la meua paraula de que totes estes coses han rondat de veritat pel meu cap, i també altres com “i quina parella més bonica, amb una diferència d’edat de 20 anys; i quines dones més ben plantades; seran matrimoni o parella de fet?”. Supose que a l’exterior ha degut ocórrer alguna cosa en la meua absència, perquè que la senyora X, als cinc minuts de ruta, ha fet una introducció gratuïta en la conversa introductòria: “Bé, et presente a la meua sogra; el meu marit i el d’ella estan tots dos treballant, doncs hem vingut en un viatge a cavall entre la feina i el plaer”. I que creieu que he fet jo, a banda de passar del roig de cara al blanc de rostre? Pegar-me una puntada als ous dissimulada, si és que era possible. Ja ho veieu, no tinc perdó de Déu, ni dels gais, de les lesbianes, ni de la família X. Però l’encontre de hui m’ha fet reflexionar una cosa: em toca preparar ja mateix una selecció de les millors coses d’esta fantàstica ciutat i de Baviera en general per als interessos de parelles del mateix sexe. El dia que en reba una de veritat ho faré amb els braços ben oberts, faltaria. Però, bé, la història no acaba ací, estic d’un atabalat i d’un miop hui… Escolteu i voreu: tornant al tren en acabar el treball, entra al compartiment una revisora tota recta, rígida i torpona, amb ulleres de sol negres com el carbó i fa sonar una campana. “Els tiquets!”, ens escridassa a tots en veu alta sense fixar la mirada en ningú, com perduda. Vosaltres què penseu? Jo ho he vist clar, “òstia que m’ha tocat la revisora cega!”. Sí, cega de les que no s’hi veuen, que vos ho tinc que dir tot. I comence a pensar una altra vegada, “com nassos vorà si els bitllets del tren són bons o no”. I trec el meu i comence a buscar-li marques per a revisors cecs. Res, que no les trobe. I la vaig mirant de reüll, “què sí, que és cega”. En això arriba la senyora al meu seient, em veu al·lucinat i em mira amb cara de però que fas rodant el paperet tros de pardal. Alce el cap i me la trobe en primeríssim plànol, una alemanota en la quarantena, grandota però moderna. De les que gasten ulleres de sol de pasta dins del tren i porten campaneta per a fer una mica de soroll, què passa? Això sí, de la vista, sense problemes. “Fotre com estem hui, encertadets”, em dic. I li ensenye el bitllet, em baixe del tren, me’n vinc a casa i vos escric quatre ratlles dels meus re-encontres breus sense parar de riure davant del teclat.
Mentirijillas (o la verdad sobre esas inscripciones en tiza tan comunes en Baviera)
Me pongo colorado, solamente de pensar en ello. Hace un par de meses, quizá tres, una turista que llevaba en uno de mis grupos me preguntó por el significado concreto de unas anotaciones en tiza que se repetían en numerosas puertas del centro de Múnich. Confieso, no tenía ni puñetera idea sobre aquello, pero recordé al instante el dudoso –ahora lo veo así- consejo que me dio una vez un compañero más experimentado: “Nunca digas no lo sé”. De esto, de qué contestar cuando te preguntan algo que no sabes, ya pienso otro lunes por donde salir; ahora me voy directo a la pregunta concreta de aquel día y a mi respuesta. “Lo tengo que confirmar, pero un guía muniqués me explicó que se trata de inscripciones que realizan técnicos de los servicios públicos de la ciudad, al revisar las fincas”. O esto o algo por el estilo contesté. No tengo por costumbre mentir a los viajeros que acompaño, de hecho no sé si lo he vuelto a hacer, aunque ese día cayó una y gorda, pues lo que en realidad debería haberle contestado a la chavala era: “Mira, lo siento, pero me coges en bolas”. Ha llovido a mares desde aquella mañana pero hoy me he tropezado por casualidad con otro de esos misteriosos letreros, en una excursión con Mariola a Freising. Ha sido a la puerta de varias iglesias y casas antiguas del centro histórico. Supongo que con el mogollón del verano entonces no presté la debida atención al tema de las pintadas, pero este domingo no me he podido resistir y me he puesto a investigar como mandan los cánones: Wikipedia en pantalla. Tratándose de la Baviera católica no es extraña la verdad del asunto del revisor del fincas (y me vuelvo sonrojar), si bien una vez conocida reconozco que no ha sido el final esperado –yo lo hubiera apostado todo a los técnicos del Ayuntamiento dejando marcas-. A lo mejor en mi pueblo estos epígrafes podrían ser cosa de un quinqui en función de si el edificio señalado estuviese listo para robo o no, pero aquí esas historias y a estas alturas, no suceden. Según la Wikipedia, que tiene nombre de chiste pero es una enciclopedia de lo más cojonuda –no hagáis caso de los que reniegan de ella como fuente, se la repasan en la intimidad-, estos graffiti en tiza vienen a colación de la celebración cristiana de la Epifanía, en la noche del 5 de enero. Según parece –ahora me queda la confirmación carnal vía preguntarle a una monja-, los niños de Baviera, imagino que los más beatos, salen a la calle esa tarde cantando villancicos acompañados de sus seres queridos. En algunos casos además recogen caramelos, regalos o ropa usada para las personas desfavorecidas –los pobres de toda la vida-, en lo que es una de tantas campañas puerta a puerta. Estos cantores de villancicos que emulan a los tres magos, conocidos los primeros como Sternsinger, terminan de echar la tarde cometiendo una bendita fechoría. Bendita fechoría porque sus pintadas, que van en tiza, son en realidad apuntes de religión. La inscripción en las puertas es siempre la misma, o casi, con algunas variaciones según el pueblo y el año. El mensaje suele ser 20 + C + M + B + 12 (ó, 13, 14…) y en realidad hace referencia al año de la marca (por ejemplo, 2012) y las iniciales de Christus Mansionem Benedicat (Dios Bendiga esta Casa). Casualidad o no, estas tres iniciales coinciden con las de los tres magos en latín: Caspar, Melchior et Baltassar. Una vez bendecida la vivienda en al día de la Epifanía, se deja la pintada en la fachada durante tiempo indefinido para que se consuma con el paso del tiempo, la lluvia, etc. Visto lo visto, queda resuelto el enigma de las pintadas con un desenlace a la altura de esta tierra tan cristiana. En lo que a mi respecta, solo cabe esperar que por una casualidad de la vida mi viajera termine leyendo este artículo, conozca la verdad y acepte mis disculpas. Como diría Juan Carlos, “no lo volveré a hacer” (lo de colarle mentirijillas al personal).
Más información:
Conocida la historia, veo que corren por la red unos pocos posts cristianos sobre el tema. Al menos uno en español: Una antigua costumbre para la Epifanía
Función en Versión Original (subtitulada)
Por increíble que parezca, el teatro en español se va haciendo un hueco lentamente en la cartelera escénica muniquesa. Esquina al sur, que lleva un lustro haciendo teatro con ñ en Baviera, estrena en noviembre su último espectáculo
Me cruzo un par de mails y quedo a tomar unos vinos con Carmen María. A ella le ha llamado la atención encontrar un tipo raro al que le da por muniquear, con ñ, en Múnich y a mi me apetece, bastante, teclear sobre lo que ella y sus compañeras y compañeros hacen. En el fondo, no somos tan diferentes, aunque mi entrevistada -ahora entrevisto así- pertenezca a esa generación extinguida de españoles que se establecieron aquí hace un porrón de años, cuando España iba bien y esas cosas.
Pero no hemos quedado para hablar de Carmen María Aparici Sendra, para más señas de Gandia e inevitablemente ingeniera, nos entrevistamos para hablar de teatro en español en Alemania. Concretamente, de Esquina al sur, lo que yo hubiese descrito a bote pronto como un colectivo escénico amateur. “Sobre la etiqueta amateur, profesional, principiantes… eso mejor júzgalo tu mismo cuando vengas a vernos, pero yo nos consideraría profesionales sin interés económico (que trabajan) por la difusión de cultura”, me enfatiza Carmen sobre el asunto. Aunque aún no los he visto en vivo y en directo, tiene razón en una cosa: uno puede ser un profesional enorme en cualquier cosa a la que dedique todas sus fuerzas y no ganarse la vida por ese camino. En su caso, subirse a un escenario por amor al arte “es un privilegio, ya que todos tenemos nuestros trabajos que nos dan seguridad económica”, añade.
Un lustro llevan haciendo teatro en español al norte de los Alpes, desde que los miembros fundadores de Esquina al sur se conocieron preparando un montaje de La casa de Bernarda Alba, en 2007. Después surgirían nuevas oportunidades y posteriormente dieron un paso al frente al convertirse, en 2009, en una asociación cultural regulada aunque sin ánimo de lucro. “Las ganancias de cada producción sirven para cubrir los gastos de la siguiente producción, así como para el alquiler de un lugar donde realizar los ensayos, comprar el equipo y el material para promocionarnos o como agradecimientos simbólicos a los artistas que nos ayudan”, comenta Carmen María.
Objetivo
Por encima de todo, Esquina al sur tiene un objetivo que parece fundamental y compartido: “La creación colectiva sin ánimo de lucro para la difundir la cultura hispana en Múnich”. A partir de ahí, el grupo ha ido articulando su propuesta artística, consistente en el montaje escénico de una obra por temporada. “Cada año preparamos una media docena de representaciones” del montaje elegido, explica Carmen María, actriz y bailarina, añadiendo que generalmente las reparten en una campaña de otoño y una de primavera.
Precisamente estos días de noviembre el grupo ultima el montaje escénico para la presente temporada, que presentarán a finales de mes. En esta ocasión, se trata de Criminal, una obra que lleva la firma del dramaturgo argentino Javier Daulte. Estrenada a finales de los 90 en Buenos Aires y medio camino entre el género policial y la comedia, Criminal es un melodrama protagonizado por un matrimonio y sus respectivos psicoanalistas, cargado de mentiras y engaños.
El montaje muniqués está dirigido por Lucía Rodríguez-Pschorr e interpretado por Sergej Gordon, Regla María Ramírez, Javier Mulero, Irene Fombellida y la misma Carmen María Aparici Sendra.
Teatro con subtítulos
Aunque pueda parecer una broma, Criminal llega a Múnich acompañada de subtítulos en alemán, y es que una cosa es el teatro con ñ en Alemania y otra bien distinta renunciar a la parroquia. “Estamos dirigidos al público hispano y al alemán o extranjero que reside en Múnich y alrededores con interés por la cultura hispana”, recalca Carmen María, para subrayar que han incorporado un sistema que permite complementar sus representaciones con subtítulos proyectados en la parte superior del escenario. “Esto ha motivado al público de lengua materna no hispana a venir al teatro, lo cual nos complace”.
Versiones y originalidades a parte, Carmen me comenta también el gusto del grupo a la hora de combinar autores clásicos y contemporáneos; de tocar todos los palos a su alcance; que son ibéricos y americanos, o que en Esquina al sur están los que se ven y los que no –como siempre en el teatro, hay vida más allá del escenario-.
Sin darnos cuenta, entre historia e historia se han consumido por completo nuestros vinos, varios, y se baja el telón. Receso. ¿Y el segundo acto? Eso queda para los días 25, 26 y 27 de noviembre en el Rationaltheater*.
*Las funciones de Criminal en Múnich están programadas los días 25, 26 y 27 de noviembre en el Rationaltheater a las 20 horas, con reserva de entradas anticipada en el mail ticket@rationaltheater.de. Los precios oscilan entre los 11 y los 16 euros.
La venedora borda (recibe su merecido)
Hi ha una botigueta a Viktualienmarkt, mercat central de Munic, que no ven fruites ni verdures. Ni carn ni peix. Duftschmankerl s’hi dedica a vendre precisament això, cosetes que fan oloreta. Regalets que són animalets tallats en fusta, corones de flors seques i altre tipus de fragàncies i elements de decoració ornamental. Tot ben parit i ben presentat -carn de polseguera en el traster, que diria l’altre-, si no fora perquè la senyora que ven estes cosetes, Frau Fett, és el més paregut a una bruixa que he vist en ma vida.
No carregaria les tintes contra vostè, Elke C.Fett, si no fora perquè quasi em trenca la càmera de fer fotografies l’altre dia d’una manotada. Recorde-se’n, el meu delicte va ser tractar de fotografiar els seus regalets, com una gràcia -és que tinc cara d’espia industrial?-. Però li diré més encara, el meu delicte té delicte, el que no té nom és el bonegó que li va arrear este mateix dilluns a la bona d’Adriana, la meua convidada colombiana, per la falta greu d’haver-li tocat una figureta amb les mans. Una falta greu terrible, si tenim en compte que mentre vostè bonegava a la xicona, esta treia 20 eurets per a tractar de pagar-li la figureta, que més que tocar estava comprant. Sí senyora Fett, la seua tenda és preciosa, vostè és una estúpida i jo m’he quedat més que tranquil tirant foc per les tecles del meu ordinador. Queda escrit.
(Ya ves Adriana, lo prometido és deuda.)
El día que el futbolista conoció las tapicerías de cuero beis
Cuando José Horacio Basualdo cruzó por primera vez el puente General Manuel Belgrano quedó maravillado por la belleza del río Paraná al atardecer. El viaje, de sol a sol, había resultado extenuante tras completar por carretera los casi mil kilómetros que separan el pequeño municipio de Campana, en el Gran Buenos Aires, de la ciudad norteña de Corrientes. Cuando llegó, un chaval, los asientos de piel sintética de su viejo Dodge se le pegaban al cuerpo allá por donde les era posible. El motor del auto, que un día había sido rojo, rugía cansado como tratando de anunciar una defunción que nunca se terminaba de firmar. De haberse llevado a cabo, aquello habría sido ruinoso para el joven futbolista recién fichado por el club con nombre de algodón. En Corrientes, Basualdo, que llegó flaco y con las manos en los bolsillos, floreció sobre la cancha a la vez que el Mandiyú lo hacía en la Primera División Argentina. Hasta Carlos Salvador Bilardo se fijó en el chico al que telefoneó para que acompañara al Pelusa en sus últimos coletazos, entre raya y raya, en Italia 1990. A punto estuvo, ya con 27 años, con más cuerpo y experiencia, de levantar la Copa del Mundo vestido de albiceleste. Muy a su pesar y al de su nación, no obstante, se tuvo que conformar con el sabor amargo de la derrota, aquella tarde noche en el Stadio Olimpico di Roma ante los alemanes. Habían sido justamente los germanos, en concreto los suabos, los que habían traído a José Horacio a Europa, unos meses antes de que comenzara el Mundial. Por aquel entonces, el balónpie no había degenerado todavía en la bestia que es hoy, pero el 4 de Mandiyú fue recibido en Stuttgart con todos los honores. Fue un tal señor Schrempp el que acompañó al bonaerense a la factoría de la Mercedes-Benz. Allí quedó maravillado el futbolista, pues aún no había olvidado por completo los acabados de plástico de su antiguo y desfasado Dodge, cuando le dieron a escoger entre una infinidad de modelos con una barbaridad de prestaciones, todos ellos bellezas teutonas de la marca de la Estrella. Los allí presentes aquella mañana gris, como tantas otras en Baden Württemberg, saben que José Horacio Basualdo, tan buen deportista y persona como nuevo adinerado, no dudó un instante en escoger el coche más grande y el más descapotable, exagerada la máquina, negra por fuera y blanca por dentro. Esto es lo que me narró el otro día, sin pestañear, un antiguo barredor de las calles de Stuttgart, que nació en un pueblecito de Burgos hace casi cien años y al que encontré por casualidad antesdeayer, mientras tomaba fotografías desde el exterior al magnífico cuartel general de la Mercedes. Casualidad, mi barrendero de nombre también Horacio, se hallaba ocupado en los menesteres de un jubilado apátrida, allí sentado, en la calle del mismo nombre, Mercedes. Él, Horacio, quien también golpeó un cuero en sus ratos libres de mozo, se atrevió a añadir: “En días como aquél, mientras yo barría calles como ésta ante escaparates como ese, comenzó todo”. No le falta razón, a don Horacio, que habla con un acento inédito entre castellano viejo y suabo: el día que el futbolista fue tentado con tapicerías de cuero claro todo empezó a cambiar.
Viaje a oscuras
No es que sea un iluminado, pero sí que soy un amante de la luz. Y de los recuerdos, por lo menos cuando son buenos. En esto, las fotos, las mías, las nuestras, han venido jugando un papel fundamental desde que cogí por primera vez la mochila. Son para nosotros dos y para todo el que quiera verlas. Ayer, y antesdeayer, tuve un encuentro privado con dos viajeros que preferían viajar de otra forma, a salvo de un objetivo fotográfico, casi diría a oscuras. Es la primera vez que me ocurre. No eran invidentes, ni estaban cegatos, tenían los ojos bien abiertos, pero iban, más bien venían, de vuelta de todo. Imagino, es lo que conlleva consumir media vida rodeado de chorizos y tener que limpiarles el culo constantemente. De vuelta a la oscuridad: lo suyo, lo nuestro, ha sido estos días en Baviera el paseo y, entre vista ocular y vista ocular, el arte de la palabra, con el acento puesto sobre el cine, sobre Italia, la mafia, los ladrones de guante blanco y los que traen las manos roñosas. Gorrillas. Pero nunca nada de imaginería y, sobretodo, nunca nada de testimonios gráficos. Para huellas, la memoria. ¿Sin fetichismos o sin testigos? Aunque también es lo mío, no averigüé la razón de este viaje a oscuras. Simplemente comprendí que no debía hacerlo. Tampoco especularé ahora, que todo ha terminado. Así son este tipo de aventuras, que quedan entre sus protagonistas a merced de sus respectivas memorias. Solo a ellos les pertenecen sus historias.







