#rutaBayern: un rato azul en Murnau

Ahí adentro hay cosas bonitas...

Ahí adentro hay cosas bonitas…

El otro día pusimos pie en Murnau am Staffelsee. Es uno de esos sitios a los que tienes pendiente acercarte, al lado mismo de casa, pero, sin saber por qué, nunca acabas de concretar esa visita. Delito. Y peor todavía, si no lo había cruzado anteriormente con el autobús cien veces, camino del innombrable lugar de cuyo nombre no me quiero acordar, no lo había cruzado ninguna. Pues sí: mañana fría de domingo, aunque debería de decir mañana fresca de domingo, ¿quién dijo frío ahora que ya no queda nieve? En Murnau, a finales de marzo, la nieve se ve a lo lejos, como si fuera de mentira, en la montaña, pero es muy probable que el terruño apunte al verde, desde el gris. O al azul. Porque Murnau, niebla pura, preludio del pico del tren, colinas, tierra húmeda y pantanosa, es un pedazo del país azul. ¿Azul? Sí, azul Wassily Kandinsky, azul Gabriele Münter, azul Alexej von Jawlensky, azul Franz Marc. Y de ahí el propósito de la visita: El Jinete Azul. No es la galería de la Lenbachhaus en Múnich, pero el museo en el castillo de Murnau nos regaló un rato fabuloso de Expresionismo. Y no solo eso: nos empaquetó la historia del pueblo para regalo, un claro nifunifa a priori, hasta el punto que salimos de allí con ganas de comprarnos una casa en Murnau. Pero no una cualquiera, una en la calle del mercado. O mejor, una de las que inventó de su puño y letra Gabriel von Seidl. Quien pudiera… Lo peor de la visita, o no, las fotos no están permitidas dentro del museo municipal de Murnau. Así es que si alguno quería saber cómo eso todo ese mundo por dentro, pues que se vaya a verlo con sus propios ojos.

*Nota para el viajero
Echad un vistazo a la web del museo para comprobar precios y horarios. Más sobre expresionismo en el vecino Kochel am see, en el Museo Franz Marc. Y todavía más arte expresionista a cuatro pasos: el Museo Buchheim al sur de lago de Starnberg.

Más posts de viajes sobre Baviera en:

rutaBayern

El paper (per fi)

Gairebé dos anys, tres-centes hores de cua a les diferents administracions públiques de la ciutat, quatre exàmens, milers d’euros, un grapat de constipats, 19 certificats i 29 visites a l’oficina de trànsit després, hui, per fi hui, he rebut en mà l’últim de tots els papers que he necessitat i que espere necessitar per poder dur avant tot el que vull emprendre i el que ja porte entre mans. Es ist schon vorbei. Finito. C’est fini. It’s over. A otra cosa, mariposa. Bon vent i barca nova. És hora de passar pàgina, doncs. I de seguir endavant. El paper, per cert, és de color blau i amb el groc que ja tenia pense que és un dels més grossos que he rebut en ma vida a hores d’ara, després de la partida de naixement, els papers de la boda, el títol de la carrera, la cartilla del banc i la llibreta de comandes d’Antonio i Guillermina. És a dir, fonamental, n’hi ha qui diria existencial, però jo no ho tinc clar, això. Ho he intentat, però el dia hui no és ni millor ni pitjor que el d’ahir. Si de cas pel sol i els 15º a Munic, res a veure amb el certificat. Igual és que em tenien anestesiat, amb tota esta història. O serà una qüestió metafísica, al cap i a la fi un paper és només això, un paper.

Se asoma la primavera

Probablemente, o más bien con total seguridad, se trate de un espejismo, pero lo cierto es que van un par de días en los que la primavera parece desperezarse. El día, por fin se alarga, tanto por abajo como por arriba, y eso que todavía nos queda lo mejor: el cambio de hora. Pero ya se nota la luz al final del túnel del invierno muniqués, y más estos días de nubes altas y azul cielo. Estamos de suerte. Temperaturas agradables y sol, mucho sol. Por fin. Fresco, pero ni rastro de nieve. No cantaré victoria. Sea como sea, y a la espera de que la posa se confirme con la apertura de las primeras yemas, lo de esta semana lo siento yo y, parece, toda la ciudad. Los de las bicis volvemos a pedalear las calles como si no hubiera un mañana, los pedantes timbres suenan entre adelantamiento y adelantamiento, y, yo, reconozco, me siento mejor que bien sobre ruedas en los albores de un tiempo mejor. Ojala.

#rutaBayern: Cinco razones por las que Neuschwanstein no es el mejor lugar para personas de movilidad reducida

Arranca la temporada y regreso al mítico palacio de Neuschwanstein. Después de dos meses de parón ya son tres viajes en unos días. En fin, al grano, lo que me cuece por dentro, y después de afrontar un grupo especial el otro día, es lo mal montado que lo tienen para las personas de movilidad reducida. No es falta de preparación, ¿es falta de ganas? ¿un problema de rentabilidad (de este tipo de público, que consume más tiempo y espacio en un lugar en el que no hay ni tiempo ni espacio)? Sea cómo sea, esto es lo que hay y lo que, creo, debería de saber una persona con problemas de movilidad, ligeros o severos, antes de plantearse ir al palacio de Neuschwanstein y visitarlo por dentro:

1. Acceder hasta el castillo no es sencillo. El tráfico rodado está cerrado en la zona de Hohenschwangau, donde se encuentra el palacio, desde unos 2 kilómetros antes de alcanzar el monumento. Además, el acceso es por un camino cuesta arriba. Hay que subir, por tanto, 1,5 kilómetros hasta la puerta, que son otros mil metros si se quiere visitar el mirador del puente de María, el que ofrece la vista mítica. Unos 20 minutos caminando para una persona en buena condición física.
Como alternativa, en primavera y verano hay un servicio de traslado en autobús público que cuesta 2 euros pero que no reserva entradas. Esto es: hay que hacer cola, de media hora a una hora, y luego hay que caminar igualmente unos mil metros, pues nos deja en el mirador del puente, no en la puerta de Neuschwanstein. Los buses van abarrotados.
Segunda alternativa: subir en carro, que tampoco nos deja en la puerta. Cuesta seis euros por trayecto, hay colas y, lo peor, los pobres caballos (dos por carro) cargan con hasta trece personas, dirigidos por personal local de lo más desagradable. hay que advertirlo.

2. Moverse por dentro del castillo no es más sencillo. Las personas que acrediten una discapacidad y se registren previamente pueden usar el ascensor para llegar a las salas nobles; el resto, no, aunque tengan problemas de movilidad. Por tanto, hay que subir y bajar muchas, muchas, muchas, escaleras. Cinco pisos para arriba y otros tantos para abajo. De los de antes.

3. Mucha prisa y poco espacio. Las visitas se organizan en grupos de unas 50 personas que acceden al palacio cada cinco minutos. Por tanto, cada turista recorre la decena de salas nobles con audioguía en unos 30 minutos, siempre acompañado por una marea de viajeros y flanqueado, por delante y detrás, por otros grupos. No hay libertad de movimientos, no se puede ir despacio, no queda mucho hueco para moverse por las estancias… No es cómodo, hablando claro.
Por cierto, si una persona con problemas de movilidad se retrasa en la subida al palacio por lo que sea, como cualquier otra, se queda sin entrar, pues las entradas van numeradas y con horario exacto de acceso. Si llegas tarde, te quedas fuera.

4. La naturaleza es caprichosa y el lugar no está 100% preparado para afrontarla. Por muy domesticado que esté el paraje, estamos a las puertas de los Alpes. Esto es sinónimo de nieve y hielo una parte importante del invierno y de lluvias fuertes en cualquier momento del resto del año. Si vas en enero, será difícil moverse con libertad por la mayoría de caminos, pues simplemente limpian el tramo principal hasta la puerta; si vas en verano, igual te coge una tromba de agua y te la comes. No hay casetas, ascensores, sistemas de evacuación… en el camino que va entre Hohenschwangau y el palacio de Neuschwanstein.

5. Digan lo que digan desde la administración, en líneas generales el palacio no pone facilidades a este tipo de visitantes. Algunos datos sueltos: en todo el monumento solamente se dispone de un aseo adaptado a personas de movilidad reducida, a pesar de lo difícil que puede resultar para personas en silla de ruedas, por ejemplo, cambiar de piso; el descuento en el precio de la entrada es de un solo euro, a pesar de las dificultades; si no te apuntas con antelación, presentando carnet que acredite discapacidad, no puedes usar el ascensor.

En resumen, no seré yo quien le diga a una persona en silla de ruedas, o que simplemente tenga problemas para caminar, que no vaya a Neuschwanstein, pero al menos que sepa a lo que se enfrenta. Porque, a pesar de todo, la condenada vista desde el puente puede seguir siendo un motivo suficientemente importante como para acudir.

Más posts de viajes sobre Baviera en:

rutaBayern

El senyor corrector

Hui he conegut un senyor corrector. Un senyor gran, que no vell, perquè un no és vell mentre no vulga ser-ho i el corrector, tinc la sensació, encara no ho ha decidit. El corrector vesteix com un senyor, perquè és un senyor. Jaqueta, camisa, corbata, abric, barret. Unes ulleres l’ajuden a arribar allà on la seua pròpia vista no aplega. Com si no? M’he quedat amb ganes de preguntar-li coses i escoltar-lo, però la distància del primer dia ens ho ha impedit. N’hi haurà més, de dies. De moment, però, l’he observat corregir. I quin plaer. Full imprès, tinta, bolígraf i paciència. Sense pantalla, qui necessita una pantalla. El corrector, no, segur. I ens corregeix a la resta, als de l’ordinador i el teclat. Nosaltres no sabem escriure, nosaltres només sabem colpejar un tros de plàstic farcit de xips, de nom teclat. I cercar per internet durant tota la jornada en busca de coneixement i material per a seguir teclejant, que no escrivint. El corrector sí que sap escriure, i fer creus en vermell, si toca. Corregir. No necessita prémer la tecla supr. No la coneix, em pense. No li fa falta. La saviesa no li la atorga el corrector automàtic del processador de textos, ni la Viquipèdia, ni tan sols ha de consultar els diccionaris, i menys encara en versió online. El corrector, el de veritat, no usa la Times ni l’Helvetica, el corrector utilitza tinta, paper i un bolígraf. Coneixement, ortografia, cal·ligrafia. Quina enveja, el corrector.

#rutaBayern: la pista de trineo del Wallberg

Al final, como todo, al invierno de Baviera es cogerle el hilo. Que sí, que hace frío, pero si te quedas en casa te mueres del asco. Y cosas que hacer, siempre hay.

Más barato que ir a esquiar es cogerse un trineo y dejarse caer por cualquier cuesta que tenga algo de nieve. Este año no falta, nieve. En todo caso, siempre hay pistas y pistas, para dejarse caer con un schlitten, que es como esta gente llama al trineo.

Rebuscando sitios buenos el otro día conocimos la pista de trineo, o rodelbahn, del Tegernsee. Son casi siete kilómetros de bajada, con 800 metros de desnivel desde una cota 1.600 en lo alto del Wallberg hasta casi los pies del lago.

Empezando a bajar

Empezando a bajar

No sé cómo será la cosa cuando haya poca nieve, pero la verdad es que este invierno la capa es suficientemente buena como para que la bajada sea un cachondeo, a ratos incluso algo desmadrado, si no peligroso. Media hora bajando, por cierto, algo más si se van haciendo paradas. No cogimos el casco, pero no pienso olvidarlo la próxima vez.

El trineo, por cierto, lo alquilamos en la misma estación al precio más que razonable de 5 euros para todo el día. Eso sí, como no somos muy previsores, llegamos a mediodía y los trineos, en sábado, estaban agotados, por lo que nos tocó esperar casi una hora hasta que se fueran retornando equipos.

Así es que sacamos el billete para una sola subida con el telecabina, suficiente para una sola bajada. Es posible comprar tique para dos o más subidas, aunque los descuentos no son muy fuertes. Una subida cuesta 10 €, un pase de tres vale 26.

Las vistas, desde arriba, por cierto, impresionantes.

El panorama desde arriba

El panorama desde arriba

La capilla, arriba del todo

La capilla, arriba del todo

*Nota para el viajero
Todos los detalles sobre el rodelbahn del Wallberg, en su web.

Más posts de viajes sobre Baviera en:

rutaBayern

Febrer; anhels

Febrer avança i tinc la sensació que tot se’m queda curt. La llum, per molt que cada dia en tenim una mica més, se’m queda curta; els dies, volen; les hores, me’n falten. No trobe el moment d’alçar-me al matí i, una estona després, quan he aconseguit deixar per fi de badallar, resulta que ja és migdia i, pitjor encara, en un tres i no res, de vesprada o de nit, que al cap i a la fi en febrer és el mateix. No arriba el moment d’escriure-hi, al Quadern, tot i que van arribant noves de tots els colors, també de bones i de molt bones. El que no tenim enguany, per primera vegada des que estem a Munic, són vacances d’hivern. Quin nyap. A canvi, faena i més faena. Pufff. I fred, perquè enguany, sí que n’hem tingut i en tenim, d’hivern. Fa més d’una setmana que ha deixat de nevar, però les teulades del carrer encara estan plenes de neu. Al terra, però, ja no en queda. Només gel, muntanyes de neu convertida en glaç que no paren d’ennegrir-se a cada dia que passa. Pol·lució. Polseguera. Ronya. Prompte arribarà març i, espere, la primavera. L’aigua, que vindrà, acabarà per netejar els muntons de merda del carrer, els de neu, i amb això, tan de bo, tornarà la il·lusió. D’eixir al carrer. De passejar. De la màniga curta, per començar, ni que siga baix de l’abric. De les ulleres de sol, tot i que això, reconec, potser és massa demanar. Com que no? Per demanar, que no quede.

Escolta

logo_audi

Antònia, la pacient mestra d’alemany que em mantè en forma a estes alçades del partit, ens explicà ahir una història curiosa d’aquestes que em fan pensar que hi ha moments en els que ni als mateixos alemanys els agrada el so de la seua pròpia llengua. Ara fa més de cent anys, un bon dia, August Horch, enginyer alemany nascut a finals de segle XIX, va fundar la seua pròpia marca d’automòbils, de nom A.Horch & Cia. Després d’una disputa interna va acabar eixint de l’empresa per a fundar-ne una altra. Va decidir però buscar-hi un nom més eufònic, per al que va buscar-se la vida amb una llengua morta i estrangera: el llatí. I va trobar el que cercava: quelcom que sonara més simàtic, net, sencill, agradós, Audi. Sona bé i tant, però, per què Audi? Perque el cognom Horch equival a l’imperatiu de horchen, un sinònim, a cavall entre allò informal i allò pejoratiu, de hören, o escoltar. I com s’escoltava a l’antiga Roma? audint (oient), si de cas usant la forma audi per a l’imperatiu. Massa bé i tot els degué sonar el nom Audi als successors del senyor Horch i als seus socis, doncs després d’una fusió posterior de quatre marques de cotxes germanes, la coneguda com Auto Union, van preferir mantindre Audi per damunt de la resta de denominacions dels grup i com insígnia de la marca de les quatre anelles, hui de sobres coneguda. Curiós.

Cuestión de voluntad

Buenos días. Seré breve y apresurado: ya sabéis, ahí vamos tramitando que te pego. A veces despachar con la Administración no es sencillo. ¿A veces? Y entonces, cuando tienes la moral por los suelos, pasan cosas. Pues eso, esta mañana he tenido un feliz encuentro con una funcionaria del Finanzamt (la Hacienda alemana). En 10 minutos me ha resuelto más asuntos que tres de sus compañeros en un mes y pico. A uno de ellos hasta le ha metido un paquetazo por teléfono. Ale pues, a fumar caliqueño. Se lo merecía. El caso es que estoy más cerca de la meta. Lanzado. Por cierto, ¿sabéis como se llamaba la señora resolutiva? Frau Will. Lo que habláis alemán podéis dejar de leer, está alles Klar. Los que no: Frau Will significa literalmente Señora Quiere. Esta historia es verídica. El nombre también. Lo ponía en el letrero de su mesa. Palabra. Dichoso encuentro.

Exasperante burocracia

Menudo cabreo traigo. Tres años después de haber puesto en marcha esta fantástica iniciativa de nombre Bayern a medida, todavía a estas alturas es posible descubrir trabas increíbles por parte de la Administración pública. So ist, la vieja Europa, para lo bueno y, cada vez más, para lo malo. Hoy, lunes, de buena mañana, una niñata me ha dicho sin torcer el gesto que la solicitud de nuestra empresa no está en condiciones de ser aprobada por su departamento. La razón: me dice que tenemos todos los papeles en regla, hablo de unos veinte certificados oficiales que hemos recolectado pacientemente durante casi un trimestre mediante trámites con diferentes entidades de toda Alemania, y que hemos hecho un gran trabajo en su conjunto –esto viene de más largo aún, unos dos años de papelotes en concreto–, pero que incumplimos un pequeño aspecto legal, sin embargo vinculante. Resulta que la ley alemana exige una distancia máxima de cinco minutos caminando entre la sede de nuestra empresa y la sede del parking de nuestro automóvil profesional. Y Google maps le ha indicado a la nena que en nuestro caso se tardan 15 minutos caminando. Google maps! ¿Pero qué mierda es esta? Si al menos se lo hubiera dicho un perito, un funcionario o hasta un repartidor de periódicos… Pero no, a Frau Culoapoltronado se lo ha dicho Herr Google y eso es lo que cuenta. Esto sin entrar a valorar la gravedad del asunto, que por cierto no interfiere para nada en el normal funcionamiento de la empresa. Y ahora retroceda otras 20 casillas y vuelva a lanzar los dados. Pues eso rubiales, tal y como tenéis el patio también en Alemania el Duden haría bien en ampliar la definición de burocracia, tal y como ya hizo el diccionario de la Real Academia Española en su día (al menos en esto os vamos por delante). Burocracia, pues: Administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas. Aunque la RAE la clava yo quiero añadir algo más en caliente: la burocracia y los burócratas son capaces de desincentivar y desmotivar a los ciudadanos de toda naturaleza, también a los emprendedores. Convierten los trámites administrativos de toda clase en algo más que farragoso, en algo soporífero, exasperante, irritante, asqueroso, insoportable. Apéndice: los burócratas germanos más traicioneros se reconocen fácilmente, pues a menudo calzan unas confortables Birkenstock. También en enero y aunque en la calle haya nieve a cascoporro, por lo que si te cruzas uno o una por los pasillos de la Administración pública, sal corriendo. Por si las moscas.

Como no quiero empezar la semana con depre, ahora os cuento nuestra historia con la ayuda de Forges, todo un referente en ironizar sobre la materia:

Así estábamos hace tres años

Así estábamos hace tres años

Así estuvimos hace un año largo

Así estuvimos hace un año largo

Así estamos ahora

Así estamos ahora