La portería

La portería, en algún lugar de Madrid

La portería, en algún lugar de Madrid

La portería es un cuartucho angosto, polvoriento, oscuro. Casi siniestro. Sin ventanas, en su interior el aire se respira encolillado y no se conocen allí más amaneceres que los que retransmite Jiménez Losantos. Bendito transistor, cuántos goles del niño Torres, casi 100, se han cantado en la portería. Cual monoplaza, no hay lugar para dos y completar adentro una jornada es cosa solo al alcance de bizarros. No conocen mano de pintura, las paredes de la portería, desde, como poco, los tiempos de don Jesús. Sí, y tal y tal. Resulta que la portería es colchonera. Colchonera y rojigualda, que ahí es nada. Y ornitológica, se podría decir. O sea, más del generalísimo que felipista. Torrentista, cien por cien. A saber. En cualquier caso, la portería es más que un trastero-museo para nostálgicos del ABC en blanco y negro; la portería es castiza, es pura, es auténtica, y es, dentro de su absoluta fealdad, increíblemente bella.

La que mira els estels

Són les sis mitja del matí i m’acabes de desvetllar. Porte dos dies somiant amb tu. Somiant despert, però somiant. Hui, per fi, hagués pogut somiar-te mentre dormia, que ja tindràs temps de saber que m’agrada i molt, però he obert els ulls enmig de la nit i he vist com, per primera vegada des de que et conec, els núvols marxaven del cel fosc de novembre per a deixar-me gaudir dels estels. I, tu, has de saber també, vas ser, eres i, per a mi, sempre seràs la que mira els estels. Així ens ho va fer saber aquella dona jove i dolça que et va ajudar a vindre amb nosaltres. Literalment, una sternengucker. Així eres tu, una mira-estreles, una cap per amunt. L’u per cent. Hagués sigut més fàcil que t’hagueres conformat amb arribar-hi tranquil·la, mirant cap al terra, submisa. Com la immensa majoria. Més ràpid i més senzill. Potser menys dolorós i, segur, menys perillós. No penses, per això que t’he dit ara, que estic bonegant-te. Al contrari. Estic amb tu, orgullós. Hom no pot restar indiferent envers allò que ens envolta, i menys encara en els moments decisius, ni davant d’espectacles majors. I una nit estrelada, cert, és una cosa gran. I ací, al teu país, a més a més, escassa. Espere tindre’n moltes com aquesta, tots junts. I gaudir-les, plegats, amb els ulls ben oberts.

Preludi

El mercuri confirma un secret a veus: tenim quasi quinze graus al carrer i ningú no diria que estem a tocar de desembre. Els arbres ja són nus, la tardor ja no és daurada, però encara és càlida. El cel és blau, quatre núvols interrompen tímidament el sol, calent. I ja són dies, i dies, i dies. Ens sobren capes de roba, guants i bufandes. Aviat però, tot canviarà, la tardor ens abandonarà, segurament fins l’any vinent, i vindrà el temps del gris, del blanc, del fred, de la neu. Abans que arribe il·lusiona. No ens podem cansar d’allò que encara no tenim. Jo no puc. Més bé al contrari. Diuen que el cap de setmana veurem caure els primers flocs. Al meu poble en diuen volves. Alguns les esperem impacients. Ja va sent hora. Aquest matí bufa un vent incòmode, demà també. Potser són el preludi de l’hivern.

Adviento y Navidad en Baviera: la época más “entrañable”

Noviembre y diciembre. Las hojas de los arces, las hayas y los tilos, que tanta sombra le proporcionan a las calles de Múnich, están ya todas en el suelo. En principio, el otoño dorado va despidiéndose, el frío empieza a dejarse ver y, eso sí que es seguro, los días se hacen insoportablemente cortos. Pero no todo es melancolía. Se acerca la Navidad, es el tiempo de Adviento: esperas, alegrías, reflexiones, propósitos, ilusiones, vinos calientes, mercadillos… De estos temas precisamente conversé hace un año con María Piulestán, mejor conocida entre la comunidad española muniquesa como Una mamá española en Múnich. Es, entre otros, nuestra asesora de cabecera a la hora de trenzar planes en familia. La conversación, a modo abreviado, la reproduje en la segunda edición de Múnich, una guía que nació muniqueando. Como viene al pelo, ahora, precisamente en el día de San Martín, la recupero íntegra:

María, un día de invierno junto al río en la zona de Giesing. /MÚNICH, UNA GUÍA QUE NACIÓ MUNIQUEANDO

María, un día de invierno junto al río en la zona de Giesing. /MÚNICH, UNA GUÍA QUE NACIÓ MUNIQUEANDO

Territorio de prevalencia católica y donde la religión conserva un fuerte arraigo, el Adviento es una de las épocas más especiales del año en Baviera en general y Múnich en particular. Especialmente conocidos son los mercadillos navideños, omnipresentes en el sur de Alemania, si bien no componen ni mucho menos el único elemento diferenciador de una liturgia que excede el ámbito meramente religioso. María Piulestán Rey (Cádiz), filóloga, madre y bloguera española afincada en la ciudad, conoce bien los ritos que envuelven a este periodo del año, ideal para una escapada en familia.

Aunque el Adviento arranque formalmente cuatro semanas antes de la celebración de la Navidad, lo cierto es que en noviembre existen algunas fiestas previas “con mucho encanto” que ayudan a ir calentando motores. Es el caso de San Martín, el 11 de noviembre, cuando los niños salen a la calle con sus farolillos al anochecer.

Pero el verdadero pistoletazo de salida (de la campaña navideña) para las familias con niños tiene lugar el 1 de diciembre: “Ese día hay algo intocable, que es comprar o preparar un calendario de Adviento”.

Esta tradición, originaria de la Alemania protestante y consolidada a principios de siglo XX en todo el territorio germano, consiste en descontar las jornadas que restan hasta la Pascua.

Para ello, se hace servir un calendario en forma de casillero o mediante bolsitas que se corresponden con cada uno de los días del mes de diciembre, entre el primero y el 24. “Los niños abren cada día una bolsita o bien un casilla y obtienen con ello un pequeño obsequio”, explica María. De esta forma, se hace “más llevadera la espera hasta la Navidad, cuando reciben los regalos” con motivo del nacimiento de Cristo.

María, autora del blog Mamá española en Múnich, relata que “hay poco que los niños de hoy puedan desear, pero hay que motivarlos”. Algo así sucede por San Nicolás, el 6 de diciembre. Es tradición que el viejo obispo llegue ese día con obsequios para los pequeños. “Se suelen recibir naranjas o mandarinas, nueces y chocolatinas”, explica María, y añade que, actualmente con las necesidades básicas saciadas y más dificultades para despertar el interés y conseguir que se valoren los presentes, “una buena idea es hacer un regalo en forma de experiencia: por ejemplo llevarlos a un parque de atracciones”.

Mientras dura el Adviento, para María “se hace imprescindible alguna visita” a los mercadillos navideños muniqueses. En estas los niños suelen tomar kinderpunsch, una combinación de té, zumo, canela y azúcar que, puesto que es un brebaje sin alcohol, hace las veces de glühwein para los menores. Precisamente el glühwein, o vino ardiente, junto a las salchichas asadas o postres como el kaiserschmarrn o las galletas de jengibre constituyen algunas de las especialidades gastronómicas típicas de mercadillos navideños.

A esto, cabe añadir los puestos de artesanía para completar la historia. “Por lo general, siempre acabamos comprando alguna pieza para decorar el árbol”, comenta María.

Sobre el árbol o weihnachtsbaum, una tradición de nueva planta en el universo latino aunque vital en el anglosajón, María señala que “no es costumbre montarlo hasta el 24 de diciembre”, justo el día en que se entregan los regalos, ya por la noche. “Esa mañana los niños salen de casa para ir a la iglesia o dar un paseo; queda totalmente prohibido entrar en el salón”.

Sabe de lo que habla, pues esta madre de una familia mixta, germano-española, acostumbra a pasar las Navidades en Múnich, mientras que trata de no renunciar a sus orígenes viajando hasta Cádiz para celebrar la fiesta de los Reyes. Un festejo que únicamente se rememora en la Alemania católica, exento eso sí de muchas de las connotaciones a las que estamos acostumbrados (como la Cabalgata de Reyes, por ejemplo).

En líneas generales, María describe la Navidad en Alemania como una época “tranquila y sosegada, pero muy entrañable”. “Los villancicos son más serios, las tradiciones más estrictas, hasta los materiales de los adornos son más auténticos”, comenta, y aclara que las piezas del portal de Belén suelen ser de madera, y los adornos para el árbol de paja, cristal o cerámica.

“El clima acompaña de maravilla”, apostilla, aunque no olvida sus orígenes y echa de menos algunas cosas de este tiempo en Andalucía: “La navidad en mi tierra es más carnavalera, y también por eso la echo de menos: las panderetas, las zambombas, cantar villancicos casi a gritos, la tele encendida de fondo, las comidas, el turrón, comprar las cosas a última hora, la lotería, la cabalgata de Reyes con el lanzamiento de caramelos…”.

Recomendaciones
En cuanto a consejos a la hora de visitar algunos mercadillos durante el Adviento en Múnich, no hay más que verse un par de veces con ella para descubrir que María es una giesinguera empedernida. Esto es: le gusta hacer vida por la zona de Giesing, encantador barrio del sureste muniqués.

De mercadillos, no obstante, prefiere acercarse al vecino distrito de Haidhausen, donde se celebra uno de los weihnachtsmärkte con más encanto. Concretamente en Weissenburger Platz, destacando por su atmósfera familiar, un enclave bonito y un vino de los más apetitosos que se sirven en Múnich.

Para los viajeros que van en familia, María no deja de recomendar el Christkindlmarkt en Marienplatz, especialmente su taller para los niños de seis a doce años que se ubica en el mismo Ayuntamiento.

Otras opciones son el festival cultural Tollwood, el mercadillo medieval, en la Wittelsbacherplatz, y el de la Residenz, con una sección muy chula para niños en la que están representadas escenas de famosos cuentos infantiles.

Eso sí, advierte a los que acuden con carritos que siempre hay que tener en cuenta que las aglomeraciones en horas punta pueden resultar bastante incómodas.

La festa d’en Freddie

Aquell vespre de tardor feia gelor. Era d’hora, per a tota aquella gent, aus nocturnes, tot i que ja feia estona que era de nit, a Munic. És el que té la tardor a la ciutat, es fa fosc massa prompte i, a més, el mercuri cau en picat. Ni en Freddie, ni els seus amics, tenien fred. Ell era una diva i les deesses no li fugen a res. Els refredats, si de cas, no els combatien amb paracetamol, sinó amb una altra pols de color blanc. Cocaïna. Drogues, sexe i rock and roll, increïble, però cert, això era aleshores Munic, i no Berlín. Corrien els anys 80 i no n’hi havia déu del pop, del rock o del glam, que no volgués passar per l’estudi de gravació Musicland. Iggy Pop, Elton John, els Rolling Stones, Led Zeppelin, Scorpions… tots ells i més encara havien enregistrat algunes de les seues cançons d’èxit, als 70, a la casa gran del carrer d’Arabella. I, com els altres, la reina i la seua banda van fer de Musicland sa casa. O, millor dit, de Munic la seua llar. El barri de Glockenbach, el bar Frisco, el club Pimpernel, el restaurant de l’hotel Deutsche Eiche… De nit, sempre de nit, foren tots estos espais escenaris d’aquella moguda muniquesa. Aquell vespre de tardor, en Freddie havia convidat als seus millors amics al Mrs. Henderson. Un altre clàssic. Ni el perruquer irlandés Jim Hutton ni l’actriu austríaca Barbara Valentin, tots dos amants aplicats del monarca viciós, s’ho volgueren perdre. Disfresses, alcohol, drogues, música, cuir, mamelles i naps. No fou una festa qualsevol. Fou la festa del 39è aniversari d’en Freddie, la reina del rock, la reina de Glockenbach. Potser la sida en té la culpa; molt pocs podrien recordar hui en primera persona com va acabar aquella nit, aquell sarao. Quasi res ja no en queda, tampoc, d’aquell univers que els va acollir, a Freddie i els seus, amb tanta calor. Ja fa dies que el Frisco se’n diu Padres, el Mrs. Henderson Paradiso i, que, de purpurina, ja no en queda res de res per allà. Els ferraris i els porsches s’han apoderat del carrer de Müller per on segueixen passant el tramvia i les bicicletes, això sí. L’aparador del Pimpernel ja no exhibeix cuir i la casa gran d’Arabella, ai la casa gran d’Arabella! D’allò ja no se’n diu més la Arabella-Haus, ara és més ben coneguda com l’Hotel Sheraton d’Arabellapark. Cinc estrelles, gran luxe. Als baixos de l’edifici, el mític estudi de gravació Musicland va haver de tancar l’any 2011. Els preus del lloguer havien esdevingut insostenibles. Sempre quedarà el record, però, d’aquella nit. La nit en la que Freddie va voler cantar (i gravar) amb els seus companys Living on my own. A Munic, molt millor que a Londres. Aleshores.

Paseando solamente

Contaba ayer el periódico que, no hace mucho, Juan Manuel Serrat interrumpió uno de sus conciertos para interpelar a uno de sus oyentes, en primera fila. ¿Cómo va la grabación?, le preguntó. El hombre llevaba casi una hora brazos en alto grabando con su teléfono móvil todas y cada una de las canciones del maestro. Se perdió la Fiesta, pobre. Es verdad, últimamente se habla de estas cosas a menudo, pero no es para menos. A la mente me viene la foto publicada en prensa de la vieja mirando no sé qué desfile, la única libre de aparatos tecnológicos en la imagen, la única con una sonrisa. Hemos dejado de saborear, ya solo parece importarnos contarlo, fotografiarlo, compartirlo…. Todo, todo, todo. Yo, inspirado por Serrat, he estado saliendo a pasear, en mis ratos libres, con las manos en los bolsillos. A pasear por Barcelona, por cierto, de paso como estoy estos días. El trabajo me ha traído al Eixample derecho, casualmente a un pequeño hotel enfrente mismo de la sede de Convergència Democràtica de Catalunya. Menudo susto al salir ayer del hotel y encontrarme con media docena de unidades móviles y un puñado de periodistas y reporteros de televisión. Ya se han enterado de que he venido, me gustó pensar en el primer instante; rápidamente vi que era yo quien había acudido enfrente mismo de la casa de Convergència, en el día del registro policial a su sede y la detención de su tesorero. Pero a Barcelona yo no vengo para miserias. Me hubiera gustado tener a mano mi walkman, el de los tiempos de la carrera; entonces adoraba bajar los sábados a la ciudad, desde mi refugio en Bellaterra, solo, y pasearme de arriba abajo la Diagonal entera o, mejor todavía, el passeig de Gràcia. He dicho solo, mentira, quería decir con Radiohead. Todavía se me pone la piel de gallina cada vez que escucho aquel disco. Ayer solo faltó la música. La cuadrícula del ensanche sigue siendo tan imponente como antes, por mucho que ahora resulte imposible pasear por según qué calles, esquivando turistas. Los edificios siguen siendo los que son y el caliu, casi intacto. Quienes tampoco se han movido de la calle son los manteros, al menos mientras llega y no la policía. Son unos artistas, siempre alerta, con sus bolsos de imitación impolutamente presentados sobre sábanas blancas, que se pliegan en cuestión de segundos a la mínima que suena el rugir de la motovespa de la Guardia Urbana. Los admiro. A la Rambla, ya no acudo. Me irrita. Ayer me perdí un rato por el Raval, eso sí me gusta. Está más fino, hay que decirlo, pero los yonquis siguen colocados como siempre en plena Rambla del barrio, a plena luz del día; es lo único que les queda. Paseando por el Chino, cual Vázquez Montalbán, siempre se aprende. Ayer, escrito en tiza sobre un muro de ladrillo cocido, pude leer: “Ser pobre en Barcelona cuesta dinero”. Cuánta razón y cuánta sabiduría en tan pocas palabras. No es Twitter, es la vida misma. 

Les caigudes d’aigua de Krimml

Tot i que el concepte cascada potser hi queda una mica gros, el cas és que les caigudes d’aigua de Krimml són les més grans d’Àustria i un dels paratges naturals més estimulants de la regió de Salzburg.

Krimml

Krimml

Encara dins del parc nacional Hohe Tauern, reben aigua de desglaç a través del Krimmler Ache, un afluent del Danubi que separa els Alps de Zillertal i els Venecians. A baix, Krimml, un xicotet poble de 800 habitants al mig de la vall.

Com que es aigua de desgel, el cabdal és especialment intens en primavera, quan cauen uns 20 000 metres cúbics d’aigua a l’hora, mentre que en febrer la mitjana és de només 500. En total, las cascades de Krimml fan una alçada d’uns 400 metres, tot i que estan dividides en tres estadis: una caiguda, a dalt de tot, de 145 metres; una intermèdia de 100, i una tercera de 140 metres de llargària.

L’accés al paratge natural està regulat, amb un preu de 3€ per als adults i 1€, que són 8,8€ per als majors i 4,4€ per als menuts si es vol visitar el centre d’interpretació amb jocs d’aigua que han construït a la vora.

Completar el camí fins la cascada superior requereix una passejada de 90 minuts des de la part baixa, també és possible accedir-hi amb alguna de les furgonetes que fan el trajecte per un camí de muntanya.

Un aspecte fonamental: és una visita de temporada, ja que a l’hivern i part de la tardor i la primavera romanen inaccessibles per la neu. Oficialment, els horaris d’obertura van d’abril a finals d’octubre.

*Nota per al viatger
Tots els detalls sobre accessos, horaris, preus… es poden consultar al web de Krimml.

Diario de Oktoberfest (XII): Menos visitantes, menos consumo… ¿Cuestión de bolsillo?

Acaba el Oktoberfest y llega el primer balance. Los datos son de la oficina de prensa local, así que mejor darlos por válidos, que no por buenos. Y no es que no sean buenos, simplemente es que son peores. Son los menos buenos, de hecho, de los últimos seis años. Esto es: en 2015 se han contabilizado 5,9 de visitantes al festival durante los dieciséis días de duración. En 2014, el Oktoberfest de Múnich registró 6,3 millones de visitantes, que a su vez supuso un descenso en las cifras de asistentes respecto a los tres años anteriores. En 2011, se registró la cifra récord de 6,9 millones. Esta es de hecho la primera vez desde 2009 que no se alcanza la cifra de seis millones de visitantes. Significativo. En cuanto a datos de consumo de cerveza, más de lo mismo: esta vez se han consumido 7,3 millones de litros. Son muchos, cierto, pero son 400 000 litros menos que en la pasada edición. En fin, sin entrar a fondo en el tema (por ejemplo: mesas vacías en las tardes de entre semana, colas y empujones en fin de semana, más extranjeros y menos locales…), a la vista de todos está que el precio de la cerveza sigue creciendo imparable, mientras el festival en sí mismo parece haber frenado en seco su progresión. Igual deberían de hacérselo mirar…

Farsantes (alemanes), haberlos haylos

El presidente de Volkswagen AG, Martin Winterkorn, mientras se agacha para (supuestamente) ver los bajos de un Porche. En realidad, se está partiendo la caja. /EFE

El presidente de Volkswagen AG, Martin Winterkorn, mientras se agacha para (supuestamente) ver los bajos de un Porche. En realidad, se está partiendo la caja. /EFE

Por lo general, el calificativo alemán, en según que ámbitos de la vida (por lo general relacionados con el dinero), va vinculado a ideas positivas y poderosas como fiabilidad, rigor, seriedad, esfuerzo, contundencia o éxito, por citar unas cuantas. En contraposición, y en especial en los últimos tiempos, la marca España parece destilar cierto tufo a cutre, a informalidad, a indisciplina, a farsa… Y a cosas peores, a días incluso a conceptos oscuros del tipo fracaso o corrupción.

¿Cuántas veces he escuchado en boca de ibéricos, desde que llegamos a Múnich hace ya unos pocos años, lo de puta madre que son estas gentes y lo desastrados que somos nosotros? Yo mismo asiento inconscientemente mientras escribo este tipo de simplezas. No pienso sacar pecho por los unos, pero en días como hoy, confieso, no dejo de sonreír para mis adentros cuando abro los periódicos y compruebo que, en efecto, estos alemanes no son en realidad tan superiores diferentes cómo nos quieren hacer creer.

La hemos cagado por completo” ha afirmado esta mañana de martes, en concreto, el jefe de Volkswagen en Estados Unidos, en una alocución digna de don Mariano. Acababa de reconocer que han trucado medio millón de vehículos con motores diesel para hacer creer a sus clientes y a las autoridades que contaminaban menos de lo que en realidad lo hacían. Unas horas más tarde, el mogollón ha resultado ser, en verdad, bastante más gordo: como mínimo han hecho trampas con once millones de coches. Por cierto, hablamos del primer fabricante de automóviles de Alemania, y del mundo. Toreros.

Esta enorme estafa me ha hecho recordar que no hace tanto vivimos otro caso de engaño en torno al sector de la automoción alemana. En enero de 2014, el presidente del poderosísimo Automóvil Club de Alemania (ADAC) tuvo que dimitir tras reconocer “fallos y manipulaciones en los procesos de selección del Coche del Año, un premio que han venido otorgando desde hace años al, supuestamente, mejor vehículo de la temporada. Resulta que las votaciones, alemanas, estaban manipuladas, por alemanes.

En otras ocasiones, los políticos alemanes, aunque nos parezca increíble, también huelen a mierda. Seguro que hay un montón de casos, pero a mí, quizás por el hecho de vivir en Múnich, me impactó especialmente el escándalo que afectó al parlamento bávaro, y en especial a la CSU, ahora hace un par de inviernos. Dos detalles del mismo: en un caso, un parlamentario llegó a contratar como asesores informáticos a sueldo a sus dos hijos, de 13 y 14 años; en otro caso un diputado contaba con los servicios de su propia mujer como secretaria, a razón de 5500 euros al mes. Quien los pillara. Lo más curioso: la desvergüenza se destapó justo antes de las elecciones al land de Baviera y la CSU, el eterno partido gobernante y salpicado por el escándalo, revalidó una holgadísima mayoría absoluta. Pues sí, parece que nepotismo, caudillismo, sucursalismo… no son patrimonio exclusivo de regiones del profundo sur, del tipo Andalucía o Valencia.

Y hablando de sobrecostes en grandes infraestructuras, en esto los alemanes tampoco son un pueblo inmaculado, no. Un ejemplo muy gráfico, y superlativo: precisamente hace un par de días se anunciaba en Berlín la suspensión sine die de las obras del nuevo aeropuerto de la capital. Los trabajos empezaron en 2006 con un presupuesto de unos 2000 millones de euros. El aeropuerto tenía que haberse inaugurado en 2011. A día de hoy, sigue parado, inacabado, y se estima que, como poco, la faraónica obra terminará costando unos 5500 millones de euros. Hacen falta media docena de Carlos Fabras juntos para liarla tan parda.

En fin, dos notas breves para terminar, a modo de postre. ¿Alguien se imagina qué hubiese pasado si el piloto suicida Andreas Lubitz hubiese sido griego o portugués, en vez de alemán? Por si no nos acordamos: casi 150 vidas se llevó por delante la criatura, tras suicidarse con el pasaje a bordo mientras pilotaba un avión comercial de una compañía alemana. Me da mucha pena pensarlo, pero estoy seguro que (potentísima) chusma tipo Bild (el periódico más vendido de Alemania) no hubiese dudado en apuntar a lo desastroso de los protocolos de seguridad en el sur y esas mierdas. Como cuando ellos mismos acusaron erróneamente a los agricultores almerienses de envenenar a varios germanos con pepinos españoles “contaminados”. Luego resultó ser que el brote de Escherichia coli que causó la muerte de varias personas no lo habían provocado los alimentos llegados del “atrasado” sur, sino de una plantación de otro alimento, ubicada además en el “perfecto” norte. Para entonces, ya se habían publicado varias portadas de lo más hiriente.

Tan despectivo o más que el Bild se mostró durante años el señor Uli Hoeness. Acusó reiteradamente al Madrid y al Barcelona, entre otros clubs de fútbol, de jugar sucio financieramente y evitar el pago de sus deudas millonarias. Que conste que eso me parece una vergüenza, pero la molla en este caso la tiene el final de la historia del personaje germano en cuestión: Hoeness recién sale de prisión tras cumplir varios meses de condena por evasión de impuestos. Que se haya podido saber, el hombre de las lecciones de moral estaba defraudando a su vez a la Hacienda alemana, casi 30 millones de euros. Vaya tela.

No voy a ponerme a medir quien la tiene más larga, nosotros la tenemos pero que muy larga, y sucia; de lo que estoy empezando a dudar es de que esta gente sea tan pulcra, tan limpia, tan de puta madre, como nos venden. Que no, que mucha corbata, mucha postura y mucha industria, sí, pero si se lo proponen pueden llegar a ser igual de trileros que nosotros, aunque ellos no lo vayan a reconocer en su vida.

Por cierto, a todo esto espero que como poco me llegue a casa en breve una cartita del señor VW con la orejas gachas, pidiéndome disculpas por las mentiras, las molestias y esas cosas. Porque, aunque no os lo he dicho, tengo un Volkswagen aparcado en el garaje, y es diesel. De los que no contaminan nada,nada,nada, dijo el vendedor de mantas en la plaza del pueblo.

Diario de Oktoberfest (XI): ojos que no ven corazón que no siente

Oktoberfest 2015: esto ya va

Oktoberfest 2015: esto ya va

La 182ª edición del Oktoberfest está en marcha. Y ya son cinco (las mías, claro está). Quedan pocas imágenes del festival que puedan sorprenderme a estas alturas, todo lo contrario que a la legión de asiáticos que correteaba ayer por la mañana por el Wiesn, disfrazados tod@s. Como la chica de la foto con su trofeo. Yo, fue sonar el petardo de las doce, abrirse los grifos de la birra y salir corriendo del lugar. No alcancé a ver el primer carrito de la cruz roja al rescate del primer coma etílico. Esta vez nuevo récord: 80 minutos desde la apertura del festival. En cualquier caso, la foto de este año va a ser muy difícil de tomar. Está en la estación central de trenes, donde van a coincidir los miles de oktoberfestivaleros y los casi 10 000 refugiados sirios e iraquíes que están desembarcando desde Austria al día. No sé si por el bien de unos o de otros, o por un tema de tapar vergüenzas, pero la estación está blindada: cerrada al tráfico rodado, los refugiados a buen recaudo (están en una zona aislada a la que se impide al paso), policía en cada esquina… Refugiados y borrachos, pues, raramente se cruzarán por la estación. Y mientras tanto, a cuatro calles, ya sin dolor ni remordimiento, corre la cerveza a mares. Para bien y para mal.