Exasperante burocracia

Menudo cabreo traigo. Tres años después de haber puesto en marcha esta fantástica iniciativa de nombre Bayern a medida, todavía a estas alturas es posible descubrir trabas increíbles por parte de la Administración pública. So ist, la vieja Europa, para lo bueno y, cada vez más, para lo malo. Hoy, lunes, de buena mañana, una niñata me ha dicho sin torcer el gesto que la solicitud de nuestra empresa no está en condiciones de ser aprobada por su departamento. La razón: me dice que tenemos todos los papeles en regla, hablo de unos veinte certificados oficiales que hemos recolectado pacientemente durante casi un trimestre mediante trámites con diferentes entidades de toda Alemania, y que hemos hecho un gran trabajo en su conjunto –esto viene de más largo aún, unos dos años de papelotes en concreto–, pero que incumplimos un pequeño aspecto legal, sin embargo vinculante. Resulta que la ley alemana exige una distancia máxima de cinco minutos caminando entre la sede de nuestra empresa y la sede del parking de nuestro automóvil profesional. Y Google maps le ha indicado a la nena que en nuestro caso se tardan 15 minutos caminando. Google maps! ¿Pero qué mierda es esta? Si al menos se lo hubiera dicho un perito, un funcionario o hasta un repartidor de periódicos… Pero no, a Frau Culoapoltronado se lo ha dicho Herr Google y eso es lo que cuenta. Esto sin entrar a valorar la gravedad del asunto, que por cierto no interfiere para nada en el normal funcionamiento de la empresa. Y ahora retroceda otras 20 casillas y vuelva a lanzar los dados. Pues eso rubiales, tal y como tenéis el patio también en Alemania el Duden haría bien en ampliar la definición de burocracia, tal y como ya hizo el diccionario de la Real Academia Española en su día (al menos en esto os vamos por delante). Burocracia, pues: Administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas. Aunque la RAE la clava yo quiero añadir algo más en caliente: la burocracia y los burócratas son capaces de desincentivar y desmotivar a los ciudadanos de toda naturaleza, también a los emprendedores. Convierten los trámites administrativos de toda clase en algo más que farragoso, en algo soporífero, exasperante, irritante, asqueroso, insoportable. Apéndice: los burócratas germanos más traicioneros se reconocen fácilmente, pues a menudo calzan unas confortables Birkenstock. También en enero y aunque en la calle haya nieve a cascoporro, por lo que si te cruzas uno o una por los pasillos de la Administración pública, sal corriendo. Por si las moscas.

Como no quiero empezar la semana con depre, ahora os cuento nuestra historia con la ayuda de Forges, todo un referente en ironizar sobre la materia:

Así estábamos hace tres años

Así estábamos hace tres años

Así estuvimos hace un año largo

Así estuvimos hace un año largo

Así estamos ahora

Así estamos ahora

Dieter ja és alcalde

EL 'Oberbürgermeister' Reiter en una protesta contra BAGIDA-PEGIDA. /SZ

EL ‘Oberbürgermeister’ Reiter en una protesta contra BAGIDA-PEGIDA. /SZ

Llegisc al diari que un miler de persones van eixir anit al carrer a Munic amb una pancarta que diu Baviera contra la islamització d’Occident (i després diran que no són uns sucursalistes, eixos bavaresos). Ja cansa la cançoneta (la música potser no sona malament del tot en els dies del kalàixnikov al cor d’Europa, però la lletra petita d’aquesta gent fa molta por), tot i que per sort a cada dia que als de Bagida els dóna per intentar fer una mica de soroll al carrer són 10 o 20 vegades més les persones que estan saltant a tapar-los la boca. M’hi hauré d’apuntar un dia, o serà una vergonya. Este mateix dilluns, de fet, 12.000 münchner es van encarregar de minimitzar la mani de Bagida en protestar contra aquestos al mateix lloc i hora que ells. Munic intolerant: 1.000 pallassos; Munic de colors: 12.000 Pallassos. Sendlinger Tor dicta sentència. Zum Glück. A tot açò, el que em fa somriure és que els jutjats li han dit als de Bagida que no, que amb Dieter Reiter no tenen res a fer per aquest camí. Jo no vaig votar el Dieter, i dubte que li donara el meu suport si les eleccions municipals tornaren a celebrar-se demà. Em sembla espedé pur, o psoe pur, tan se val. Són cartró-pedra. Però les coses són com són, i haig de reconèixer que amb aquest tema dels refugiats, i per tant del pluriculturalisme de Munic, Dieter Reiter s’ha guanyat el meu respecte i, si més no, la meua admiració. Quan el 10 d’octubre el vaig veure visitant envoltat de càmeres el centre d’internament de refugiats polítics a Freimann (on aleshores hi havia 2.500 persones en unes casernes amb espai per a la meitat) vaig pensar: desconfia, este està cridant al cel en busca de vots. Amb el temps, veig que, si de cas, només a mitges. D’una banda, no estava fent la seua feina, sinó que es va presentar al mig de l’era sense que ningú no l’haguera cridat: la gestió dels refugiats a Baviera era i és cosa del govern regional i no del municipal ni del batlle. D’altra banda i ben mirat: no tenia massa a guanyar en aquesta batalla, doncs ni els refugiats voten, ni votaran, ni res fa pensar que Munic, ciutat de nòmines carregades de zeros, siga tan progressista i oberta al món com per a que fer-li costat al més dèbil puga donar vots directament a un alcalde. Amb la perspectiva que atorguen els quatre mesos transcorreguts des d’aquella primera visita, sembla que Reiter s’ha implicat veritablement en la busca d’una solució per a la situació dels milers de refugiats polítics que han arribat a la ciutat. Segurament haja fet alguna cagada en aquesta missió que encara no he endevinat a descobrir, però, pel que a mi respecta, amb el seu procedir en aquest tema no només he après a pronunciar el seu nom correctament sinó que aquest home ha deixat de ser l’ombra d’Ude per a passar a ser el veritable alcalde de Munic, esta mena de poble gran que habite i que mentre es resistisca a ser una ciutat global però actue amb l’obertura de mires que ho ha fet el senyor Reiter em farà sentir ben a gust. Per a disgust dels racistes.

La ‘helles’ que emanó del garaje

Que Múnich ciudad (tiene) tenía seis cervecerías –entendido el concepto como fábricas de cerveza y dejando por el camino unas cuantas microcervecerías– es un mantra que todo buen vecino de este municipio tiene grabado a fuego en el subconsciente.

Estas seis gordas se han venido repartiendo el enorme pastel que es el mercado local desde hace décadas y especialmente en lo que respecta a la cerveza de barril que se tira en los grifos de los restaurantes, bares y tabernas del lugar, desde Forstenried hasta Freimann, de Pasing a Trudering.

Resulta prácticamente imposible encontrar un garito en este pueblo de casi dos millones de habitantes en el que a la puerta no haya una chapa que anuncie claramente que nos hallamos en territorio Augustiner, Paulaner, Löwenbräu, Hacker-Pschorr o, como mucho, Spaten –el radio de acción de la Hofbräu München es más bien limitado a unos cuantos locales, quizás por eso de que es una empresa de carácter estatal–.

Es como si el niño muniqués, la figura que representa a la asociación Münchener Bier o Cerveza de Múnich –ojo al dato porque hablamos de un menor de edad con una jarra de litro entre sus tiernas manos– y que acostumbra a figurar en las etiquetas de los botellines del club de las seis, fuese en realidad un personaje bastante menos inocente de lo que se pretende, más bien una especie de can Cerbero cerrando las puertas del inframundo del tráfico de zumo de cebada a todo aquel que se proponga asomar la nariz.

El Münchener Kindl en una imagen antigua

El Münchener Kindl en una imagen antigua

Con estos mimbres, no es de extrañar que la historia de la pequeña Giesinger Bräu se haya disparado hasta las páginas de las principales cabeceras de la ciudad, granjeándose empatías y simpatías entre propios y ajenos –me puedo figurar que las envidias y las antipatías no deben de andar muy lejos–.

giesinger_mosaico

Enorme mosaico con el logo de la Giesinger a las puertas de su sede

 

De entre lo contado en las crónicas escritas en las últimas semanas, me llaman la atención las declaraciones del responsable del Museo de la Cerveza y el Oktoberfest de Múnich –por cierto, un espacio propiedad por cierto de Münchner Bier– en la biblia del periodismo local de nombre Süddeutsche y de apellido Zeitung.

Hace un par de semanas, Lukas Bulka reconocía que lo de la Giesinger Bräu es lo más novedoso que ha acontecido en el mercado de la cerveza de Múnich en los últimos 125 años. Un sector que lleva décadas asistiendo a los funerales de los peces chicos mientras los tiburones se ponen morados a birra, pero que se había olvidado de cuándo se celebró el último nacimiento en la casa.

En concreto, fue en 1889 cuando se fundó la última cervecería privada en Múnich hasta lo de la Giesinger, la conocida como Thomasbräu de la Kapuzinerplatz. Puede que el nombre de la marca no nos suene de nada, normal, pero los aficionados a la cerveza de por aquí rápidamente asociamos el lugar a uno de los biergarten y restaurantes tradicionales más apetitosos de la zona centro. Absorbida ya en 1929, hace algunas décadas que el nombre Thomasbräu pasó a mejor vida en beneficio de otro mucho más fácil de reconocer: Paulaner Bräuhaus o la Paulaner de la Kapuziner.

Un posavasos de la vieja Thomasbräu

Un posavasos de la vieja Thomasbräu

La Giesinger
Volviendo a la Giesinger Bräu, lo de ahora es más un bautizo que un alumbramiento, pues esta cervecería se fundó hace más de un lustro en un garaje del peleón barrio de Untergiesing. Así parieron a la criatura, al más puro estilo Silicon Valley, aunque hablando de cerveza y de Baviera más bien lo definiría como un acontecimiento de corte Jesús-María-y-José.

Tras unos cuantos años en su cochera de Giesing, han logrado asentar su marca en el barrio del mismo nombre y ponerla a la venta en un centenar de establecimientos, mayormente bares, colmados, supermercados y gasolineras de Múnich y suburbios.

Cata de giesingers en su barra de bar

Cata de giesingers en su barra de bar

Y no les debe de haber ido mal del todo, pues finalmente han conseguido un puñado razonable de billetes –unos 4 millones de euros– para celebrar el mencionado bautizo, en forma de mudanza a un pequeño edificio en su mismo distrito que les abre un poco más al mundo y les ha de permitir trpocientosplicar su producción.

Concretamente y según ha dicho su gerente Steffen Marx, 15.000 hectolitros de cerveza quieren elaborar al año, que son casi diez veces más de lo que han venido produciendo hasta la fecha, pero 1.285.000 hectolitros menos de lo que fabrica Augustiner –la otra cervecería privada de Múnich– y 3.485.000 hectolitros menos de los que salen por la puerta de la fábrica de Paulaner. Quieren crecer, pero solo un poquito.

Por lo demás, la nueva sede de Giesinger Bräu tiene una virtud que no debería de ser obviada por los amantes de esta bebida: dispone de un pequeño restaurante tradicional y una terraza que esperan convertir en mini jardín de cerveza en la temporada de verano. 70 plazas dentro y 70 plazas al aire libre, más que suficiente para entrar en contacto con esta nueva marca que ya ha sido bautizada como la séptima.

Para acabar, de vuelta a las simpatías granjeadas. Aunque solo sea por el respeto que me merecen las cosas pequeñas hechas (por lo general contracorriente) desde el convencimiento y el empeño personal, tengo que reconocer, por si alguno no lo había notado todavía, que desde que pisé su casa el otro día cuentan con la mía. No lo niego, me atraen este tipo de cosas. Mi padre lo llamaría artesanía; algún posmoderno hubiese etiquetado el asunto en la categoría de microcervecerías; su publicista los ha bautizado del palo Think global, drink local. Asiento, esbozo sonrisa y añado un asuntillo que no debería ser menor: sus birras además están de puta madre. (Amén) Prost, pues.

Tornar a començar

Els primers dies de l’any, especialment en passar Reis i intentar tornar a la marxa, són ben complicats a Munic. Fa fred, el dia és curt, la panxa bé plena, el record de la família i la pròpia gent és fresc. Rovell. I després està la gossera. És com si la mandra s’hagués fet amb mi durant els Nadals i ara fou impossible treure-me-la de damunt. És ben difícil fins i tot alçar-se del llit a primera hora del matí; el despertador sona una i dues vegades i tots dos romanem allà parats; mai s’acaba de fer de dia. Una vegada dempeus, no sé per on començar. I no és que no tinga faena, tot i que la d’ara és del tot diferent, és que en tinc tanta, d’acumulada, que no sé per on moure. Al migdia tot són preses i correres. I quan sembla que encara trauré alguna cosa en clar de la jornada, tot el contrari: de sobte es fa fosc, fosquíssim. La sensació que tinc sovint és com si rodolara pel gener a trompades, amb l’aire de cara en tot moment. Només demane que arribe febrer aviat. O, per demanar, que torne a caure una bona nevada de les de dos i tres pams de neu, tot i que en sóc conscient que d’això darrer potser, en uns dies, me’n penediré.

Alcoi: les orenetes

Acaba l’any i al Nostre fan públiques les dades demogràfiques de la ciutat d’Alcoi. Per primera vegada en 45 anys al meu poble viuen menys de 60.000 persones (59.675 ànimes de les quals, com a poc, 7.500 no troben faena), que són 6.000 menys que el dia en què jo vaig nàixer. Poca broma. D’un temps ençà n’hi ha qui ens coneix com els caragols, als alcoians, però de seguir així acabarem per ser millor coneguts com els crancs o, pitjor encara, les orenetes, per això que cada dia som més els que passem les vacances al poble i la resta de l’any a l’altra banda de la Carrasqueta. En la meua condició d’au migratòria no sé si tinc dret a obrir la boca, però tan se val: piu (dol).

Munic: Cap d’Any en blanc

Els torrons estan a la panxa, la família queda a lluny una vegada més i reprenem la marxa a Munic. Abans de Nadal hom parlava del mes de desembre més càlid que es recorda; el cas és que ha estat tornar i començar a caure la neu. El 28 a la nit esperàven 13 graus baix zero i des d’aleshores, tot i que les temperatures han anat recuperant-se, no ha deixat de nevar.

Trineus al parc anglès

Trineus al parc anglès

Passejada

Passejada

Surfistes

Surfistes

Ciclista al parc

Ciclista al parc

Corredors

Corredors

Esquí al parc

Esquí al parc

Snowboard

Snowboard

Servus

Servus

La bici

La bici

“Hemos ampliado nuestra misión sin descuidar actividades anteriores”

Me avisan de importantes novedades en el Cervantes de Múnich: por un lado han recuperado la figura del director; por otro van a empezar a ofrecer cursos de alemán para hispanohablantes. Así es que no lo dudo, les pido una entrevista, me la dan y la vuelco en el Quadern:

Ferran, en las escaleras del Instituto

Ferran, en las escaleras del Instituto

Aunque desde dentro no se perciba exactamente así, algo se mueve en el Instituto Cervantes de Múnich. Tras unos meses de gestión teledirigida en tiempos de recortes, el centro recupera la figura del director a la par que intenta transitar por nuevas sendas, hasta ahora desconocidas para el organismo. Inaugurado en el año 1956 y auspiciado por la infanta Pilar de Baviera, el Cervantes muniqués, por entonces Instituto Español de Cultura de Múnich –hasta 1994–, atesora medio siglo de interacción con la sociedad bávara. “La misión era abrir la cultura española al pueblo alemán, despertar el interés por nuestra cultura allí donde no lo había”. El que habla es un viejo conocido de la casa, Ferran Ferrando (Albocásser , 1960), antiguo director de la entidad entre 2002 y 2007 que ha recuperado este puesto tras su paso por la sede de Estocolmo y un lustro como responsable de la Escuela de Lenguas de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Hijo de emigrantes españoles, Ferrando llegó a Alemania con cinco años y cursó sus estudios en las universidades de Göttingen y Montpellier, obteniendo el doctorado en Filología por la Universidad de Bremen. Jovial, accesible, casi diría desenfadado, nos sentamos a charlar un rato en su despacho, y empezamos por comentar el cambio de rumbo que, da la sensación, ha empezado a tomar el Cervantes de Múnich, por ejemplo en cuanto a su relación con la comunidad española aquí residente. “Es cierto que la programación ha estado dirigida principalmente al público alemán, pero los residentes españoles siempre han encontrado actividades atractivas en el centro, como visitas de escritores famosos o ciclos de cine”, comenta al respecto. A juicio de Ferrando, el Cervantes ha jugado un papel importante en la aproximación entre Alemania y España, el que tocaba, durante décadas. “La cultura es la primera puerta que se abre entre dos pueblos que quieren estrechar relaciones. Luego vienen los negocios”, explica. Regresando a la vinculación con las comunidades españolas e iberoamericanas presentes desde hace años en Múnich, pero no especialmente en el Cervantes, Ferran Ferrando ofrece su propia visión: “Siempre hemos colaborado y hemos dado difusión a sus actividades, pero para ser parte del tejido cultural de la ciudad hay que cooperar con instituciones como Muffathalle, Gasteig y el Museo del Cine, y hay que orientar la programación hacia la sensibilidad de una ciudadanía, que en Múnich es muy culta y abierta al mundo.” Hace referencia a la Amerika Haus, al Institut Français, pero también a entidades puramente germanas como la Literaturhaus, pues la programación del Cervantes pone especial énfasis en la literatura. El director recuerda como en los años 90, cuando ya formaba parte del centro como gestor cultural, se les llamó la atención desde el área municipal de Cultura, al percibir que no cobraran por la entrada a sus actividades. “Y empezamos a hacerlo, para convertirnos en un actor más de la escena local”. Los tiempos han cambiado: mientras la comunidad alemana prosigue con su acercamiento al universo hispano, lo cierto es que hordas de españoles vuelven a invadir la República Federal en un movimiento similar al que aconteciera en los años 60 del siglo pasado. En el caso de Múnich, el censo arroja cifras demoledoras: hace solo unos años apenas había 3.500, mientras que en la actualidad somos unos 7.300, los españoles empadronados según cifras oficiales de la Administración local (31/12/2013). Muchos de ellos son ingenieros, informáticos, investigadores u otros técnicos, menos emigrantes (a esta ciudad) están vinculados al mundo de las letras o la cultura, la inmensa mayoría son profesionales universitarios llegados en los últimos cinco años en busca de una oportunidad laboral que en España no existe. A estos precisamente se dirige la última propuesta del Instituto Cervantes, pues en un movimiento inédito van a empezar a impartir clases de alemán, sí de alemán, a partir de enero de 2015. Atrás quedan los discursos oficiales en los que se aseguraba que la entidad estaba aquí para acercar el español a los teutones, lo que ha mantenido a los españoles más o menos alejados de la casa. Ferran Ferrando no niega el nuevo rol, aunque le incomode la idea de que esto supone un cambio radical. Una “ampliación de nuestra misión sin descuidar nuestras actividades anteriores”, matiza. “La situación ha cambiado. Ha llegado una generación nueva de españoles y percibimos que han cambiado las necesidades”. Y agrega que no solamente pretenden reclamar la atención de los estudiantes de alemán, sino que también buscan el contacto con la comunidad de artistas hispanos aquí afincada, así como de otros grupos profesionales organizados y a tener en cuenta en Baviera como la comunidad científica. De momento han empezado por acoger este otoño el congreso de la CERFA, la Sociedad de Científicos Españoles en la República Federal Alemana, y han iniciado la cooperación con el organismo Kompetenzteam Kultur- und Kreativwirtschaft, que ayuda a jóvenes creadores a encontrar su espacio. Regresando a los cursos de alemán, Ferran Ferrando reconoce la preexistencia de una “amplia oferta” de formación en Múnich, si bien destaca que “no existe una oferta curricular global dirigida específicamente a la comunidad hispanohablante. “Lo que proponemos son cursos adaptados al ritmo y a las particularidades de los hispanohablantes al momento de aprender el alemán.”. Un paso adelante pues, en el Instituto Cervantes de Múnich, esa histórica institución que lleva una vida tratando de introducir las culturas hispánicas en el corazón de Baviera y que, por primera vez, parece haber descubierto que no basta con ser centro de excelencia en la enseñanza de nuestras lenguas, ni bastión cultural en tierras extranjeras, sino que existen otras posibilidades a explorar en el siglo XXI. Mucho más que el palacete de la rojigualda.

Múnich, hogar de mujeres extraordinarias

Ilustración del libro. /IVÁN DEL RÍO

Ilustración del libro. /IVÁN DEL RÍO

La Librería Española de Múnich acoge este sábado 13 de diciembre la presentación del libro La Liga de las Mujeres Extraordinarias, una obra gráfica dirigida al público infantil y juvenil, impulsada por el ilustrador Iván del Río y que recoge los relatos vitales de 30 mujeres clave a lo largo de la historia.

El proyecto, financiado exitosamente a través de Verkami –consiguió más de 14.000 euros para la edición–, está ilustrado por Del Río que ha contado no obstante con la colaboración de 30 mujeres, las cuales han escrito cada uno de los relatos en poco menos de 1.000 palabras. Como particularidad, las autoras de los textos son personas cercanas al impulsor del proyecto, “y cada una de ellas tiene una vinculación profesional o emotiva con el personaje histórico femenino asignado”.

Y ahí reside la principal relación de Múnich con la iniciativa, que cuenta con la Librería Española entre sus colaboradores y la muniquesa María Piulestán entre las autoras. Madre por partida doble y afincada en la ciudad desde hace años, María Piulestán (Cádiz) es licenciada en Filología Alemana por la Universidad de Sevilla. Trabaja en la traducción y edición de textos, así como en la creación de material didáctico.

A María pertenece el relato de Sacajawea, la mujer indígena que guió a la mítica expedición de Lewis y Clark hacia el salvaje oeste de los Estados Unidos de América. El viaje se prolongó entre 1804 y 1806, partiendo de Dakota del Norte hasta la costa de Oregón.

Aunque su dedicación principal no sea la de guía, lo cierto es que María Piulestán lleva años haciéndolo de forma desinteresada. Especialmente orientando a través de internet a familias con niños que visitan Múnich, pues es la autora del blog Ser una mamá española en Múnich. En este espacio ha venido recomendado durante años todo tipo de actividades a realizar en familia en la ciudad. También restaurantes, espacios de ocio o escuelas, en este caso para las familias españolas que han ido llegando en los últimos tiempos.

María Piulestán será la responsable de la presentación del libro, este sábado 13 de diciembre a las 16:30 horas, en un acto abierto en el que se podrán adquirir ejemplares.

Más información:

Espacio en Verkami del proyecto

eldiario.es (06/08/2014): La historia que escribieron ellas

Salzburgo: tres miradores

Estos días de mercadillos navideños he tenido la oportunidad de volver a recorrer los dos montículos que envuelven Salzburgo, con sus tres miradores. No me han descubierto nada nuevo, pero me han recordado que unos son mejor que otros (según qué busquemos).

Fortaleza de Hohensalzburg

Vista desde la fortaleza. /SALZBURG FESTUNG

Vista desde la fortaleza. /SALZBURG FESTUNG

La mayoría de viajeros que persiguen una panorámica de Salzburgo desde las alturas suben aquí. Bajo mi punto de vista, si lo que queremos es inmortalizar la ciudad de la sal en toda su dimensión, es un gran error. Subir a la fortaleza a hacer fotos desde las alturas nos excluye del campo de visión uno de los elementos más singulares de Salzburgo: el mismo castillo, pues fotografiando desde este nunca lo vamos a poder tomar.

Además, es el único de los tres miradores al que no se puede subir si no se paga. Algo más de once euros si ascendemos en el cremallera y ocho si lo hacemos a pie. Eso sí, el precio incluye la entrada a las dependencias de la fortificación medieval, que con sus casi mil años de historia bien merece un paseo.

Si lo que se pretende es visitar el fortín por dentro o disfrutar de los Alpes, al otro lado de la ciudad, entonces sí merece la pena y mucho pasar por caja.

Para usar el ferrocarril hay que tomar el camino que sube al Mönchberg desde Kapitelplatz. A los pocos metros aparece la estación. Los que suban caminando han de seguir por la misma vía hacia arriba hasta la puerta del bastión.

www.salzburg-burgen.at/en

Museo de Arte Contemporáneo

Vista desde el museo

Vista desde el museo

Lo de este mirador próximo al de la fortaleza, en el mismo Mönchberg, es una solución intermedia. Los más perezosos pueden alcanzarlo sin esfuerzo, previo pago de 3,4 euros por un ticket de subida y bajada en ascensor, mientras que los que gustan del esfuerzo pueden encaramarse libremente a pie.

Las vistas son fantásticas, con la ciudad histórica de Salzburgo a nuestros pies y Hohensalzburg al fondo, flanqueándola. De fondo el río Salzach y el Kapuzinerberg.

Si nos quedamos con ganas y disponemos de mucho tiempo, se puede visitar el museo local de arte contemporáneo –Museum der Moderne–, pues esta azotea es en realidad su terraza. Si tenemos solamente algo de tiempo, se puede descender caminando a través de la montaña y la antigua muralla.

Para llegar hasta el ascensor desde el centro hay que cruzar toda la Getreidegasse, calle principal del Altstadt, e ir en busca luego de la Gstättengasse. Una gran puerta en la roca nos avisa del acceso al museo y con ello al balcón panorámico. A pie, se llega por la abadía de los agustinos en el oeste o bien, más rápido, subiendo las escaleras que parten desde las casas de los festivales.

www.salzburg.info/de/anreise_verkehr/oeffentlicher_verkehr/moenchsberg_aufzug

Kapuzinerberg

Vista desde la montaña de los capuchinos

Vista desde la montaña de los capuchinos

En realidad Salzburgo estuvo dotada de dos fortificaciones, una a cada lado del río. En el extremo norte se halla la segunda de las mismas, abadía a su vez de los capuchinos.

Para alcanzarla, y las magníficas vistas que regala, hay que salir del centro, cruzar el río y seguir por la Linzer Gasse. A las primeras de cambio nos aborda un arco y una empinadísima cuesta, la que nos conduce a nuestro destino. No hay otra vía.

Una vez arriba, bajo mi punto de vista, la vista panorámica más completa de Salzburgo, con el centro histórico íntegro, tras el sinuoso Salzach y con la fortaleza y el Mönchsberg en segundo plano. Al fondo, los Alpes. Es decir, todo.

Como contra, el sol de cara nos dificulta tomar la foto desde aquí durante las horas de más luz.

www.salzburg.info/en/sights/nature_in_the_city_of_salzburg/mountains_in_the_city_of_salzburg/kapuzinerberg

Gorizia (II)

Gorizia, 1971: uns 45.000 habitants; Gorizia, ara: 35.000 habitants. Alcoi, 1981: vora 70.000 habitants; Alcoi, hui: 60.000 habitants. I gràcies. Potser per això l’altre dia per moments tenia la sensació d’estar passejant pels carrers del centre històric del meu poble.

Tot barat

Tot barat

Cartellera

Cartellera

Comerç mort

Comerç mort

Casa

Casa

Barri del castell

Barri del castell

Castell de Gorizia

Castell

Comerç viu (?)

Comerç viu (?)