¿Y tú, qué día lloraste?

Fidel Castro, en la sierra cubana en 1959. /WEB

Fidel Castro, en la sierra cubana en 1959. /WEB

Ayer estuve hablando con Raúl. De cigarros y otras cosas. Tres encuentros y medio tuvo con Fidel, mucho tiempo atrás. La primera vez no se trató sino de una aproximación. Raúl, un adolescente cuyo reloj biológico funcionaba con asombroso adelanto, había sido enviado a Louisiana por su padre a finales de 1956, con el único propósito de tratar de evitar lo inevitable: que se sumara activamente a una Revolución en ciernes que pedía a gritos el derrocamiento del tirano Batista. Como excusa casi perfecta, Raúl tomaba clases de inglés en los Estados Unidos de América y fue allí donde se convirtió en un lector empedernido, conectado a la realidad a través de su periódico favorito, el New York Times. Cada día lo releía varias veces mientras apuraba los últimos sorbos de su café aguado. No fue diferente aquel 17 de febrero del 57, que hubiese sido un día más en su vida si no hubiera aparecido en la portada del diario el joven guerrillero de poblada barba. Fidel Castro, al que se daba interesadamente por muerto, se había entrevistado con el periodista Herbert Matthews en algún punto escondido de la sierra Maestra para dejar su rúbrica en el rotativo más influyente del planeta y decirle así al mundo entero que había desembarcado en Cuba para quedarse. Raúl, me contó, no pudo evitar que el espíritu rebelde prendiera entonces un poco más en su consciencia, hasta el punto que decidió regresar a casa y pasar a la acción. De ahí al segundo encuentro con Fidel, esta vez en carne y hueso. Un mes entero esperó Raúl a lavar la camisa, después de que una tarde de verano se cruzara por azar con el guerrillero en medio de la selva tropical. “Hagan posible lo que parece imposible”, le espetó Castro antes de pasarle la mano por el hombro y reclamarle su ayuda directa para tratar de hacer realidad los sueños compartidos por tanta gente. Solamente de esa forma se explica la gran implicación de Raúl, que ingresó ilusionado en la Universidad de la Habana unos meses más tarde. Poco después y casi como una premonición, Fulgencio Batista decidiría abandonar a medias una partida de póker en la Nochevieja de 1958 para huir a toda prisa de Cuba en dirección a Santo Domingo, dejando paso libre a una Revolución que por entonces hacia dudar a muy pocos e ilusionaba a muchos más. Raúl, estudiante de derecho, mantendría todavía durante un tiempo los anhelos intactos, incluso tras el segundo encuentro con el líder, esta vez en una humilde sala de la misma Facultad de Derecho. Incauto, en esa ocasión tuvo la osadía de preguntarle a Fidel por las necesidades revolucionarias en la materia que le ocupaba: “¿Y no han pensado ustedes en dedicarse a la Agricultura?”, obtuvo por extraña respuesta. El tercer y último cruce directo entre ambos personajes tuvo lugar a mediados de 1959, en una tribuna instalada en la misma plaza de la Revolución con motivo de un multitudinario desfile conmemorativo. Increíblemente, Raúl fue requerido esa tarde por el comandante para hacer valer su conocimiento de la lengua del imperio y trabajar así espontáneamente al servicio de la patria, como intérprete para un grupo de pintorescas autoridades extranjeras. ¿Por qué no hubo mas entrevistas entre Raúl y Fidel? Mi amigo no me lo contó, aunque el devenir de su historia no pide aclaraciones. Según pude saber, Raúl no era un comunista al uso. Indudablemente progresista, él era en realidad un rojo con la cruz colgada al cuello. Es decir, una persona cuya fe era equivalente a su esperanza de vivir en un mundo más justo, cuyo pensamiento, sin embargo, estaba tan lejos de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas como lo estaba, en lo geográfico, su pedazo de tierra. Ese fue seguramente su gran error, pensar que la distancia entre Cuba y la URSS era mucho más grande de lo que en realidad era, o iba a serlo. Para cuando se dio cuenta de que lo suyo en la Revolución cubana no había sido sino una derrota, Estados Unidos había desembarcado en Bahía de Cochinos y su nombre apareció en una lista negra sin que ambas cosas guardaran una lógica relación. Engullido por una áspera realidad, Raúl, quien había estado en Nueva York por primera vez el 8 de noviembre de 1960 en un viaje que lo alineó con la Historia de forma fortuita –ese día resultó elegido John F. Kennedy como presidente norteamericano–, decidió que su hora de partir había llegado. Como si su destino estuviera escrito, nadie preguntó por él al colarse en aquel avión rumbo al norte. Ya en el aire, convertido prácticamente en un apátrida, Raúl lloró aquella mañana de mayo de 1961 como hacía mucho tiempo que no recordaba. No me lo aclaró, pero puede que no haya sollozado tanto en su vida como aquella vez. Ayer hablé con él de todo esto, y de cigarros. A sus setenta y pocos, aguarda ansioso el momento de fumarse uno frente al malecón, con suerte, antes del próximo verano. Cinco décadas después, por fin, pues los puros en Manhattan no saben igual de bien para un caribeño. Ya vacío, antes de despedirnos, Raúl me miró anoche a los ojos y me dijo: “Ya conoces mi verdad, pero tú, ¿qué día lloraste?”. Últimamente ando melancólico; no supe qué contestarle.

“Baviera es fantástica para que los niños disfruten del viaje a su ritmo”

Hace algún tiempo que contacté con Fátima Casaseca (Madrid, 1981) o, como muchos expatriados la conocemos por aquí, Una mamá española en Alemania. Preparaba, y aún sigo en ello –ya queda menos–, mi pequeña versión impresa de Muniqueando, por lo que pensé que comentar en el libro a través de ella la posibilidad de pasar un día en familia en Baviera sería interesante para los lectores. ¿Qué mejor que una madre de tres hijos –que además es española, joven, formada…– acostumbrada a la vida en la Baviera rural que tanto atrae al viajero?

Entonces llegó, el libro, pero no el mío sino el suyo –yo soy mucho más lento–, y tengo que decir que, como muchos, me quedé boquiabierto. Por si fuera poco –su blog es muy interesante de por si, con lo cual auguro que el libro no le andará a la zaga–, venía avalado por un pez gordo como es la editorial Planeta.

De eso, según me comenta la misma Fátima, ha pasado ya un mes, aunque parece que lo mejor está por venir, pues sus aventuras en mierdapueblo están arrasando en las estanterías.

Portada del libro de Fátima Casaseca 'Una mamá española en Alemania' . /ED. PLANETA

Portada del libro de Fátima Casaseca ‘Una mamá española en Alemania’ . /ED. PLANETA

El caso es que en un primer momento estuve tentado de desistir a la hora de pedirle a Fátima que me echara esa mano participando con una entrevista para la guía, más que nada pensando en que su agenda ahora estará más apretada que nunca. Tres hijos y un libro –que se vende– no son fáciles de llevar.

Al final, me decidí a escribirle y volví a sorprenderme con ella –no me extraña que a esta chica le vaya bien­–. La respuesta fue inmediata y la predisposición a colaborar conmigo pese a que no nos conocemos personalmente también. Por mucho menos he visto yo a más de uno subírsele los humos a la cabeza.

Lo mejor hubiese sido poder entrevistarla en persona, pero mierdapueblo no me coge de paso y es verdad que vamos todos cortos de tiempo, así es que me conformo con los avances de la tecnología. En la entrevista, un extracto de la cual se convertirá en el texto para el libro –el mío, que jaleo–, hablamos sobre la vida en familia en Alemania y de cómo disfrutar del tiempo libre en familia en Baviera –la idea es orientar a los viajeros que vienen con niños–. Ya que estábamos teníamos que haber comentado algo sobre el libro, el suyo, pero no lo hicimos. Mea culpa. A cambio os paso unos enlaces para que conozcáis un poco más su blog y su libro –a través de estas otras entrevistas y participaciones en, nada más y nada menos, rtve.es, Hoy por hoy de la Cadena SER, ELPAÍS.com, Onda Cero…; podríamos estar hasta mañana– y transcribo íntegra nuestra humilde conversación sobre vivir Baviera con niños:

Fátima. /CEDIDA

Fátima. /CEDIDA

¿Dirías que es más fácil o más complicado que en España, ser madre en Baviera?
Personalmente creo que es mucho más fácil ser madre aquí, por muchos motivos. En Alemania y especialmente en Baviera, lo que se fomenta es que la madre no trabaje y se quede al cuidado de su familia, por lo que las ayudas y bonificaciones estatales se orientan en este sentido. Incluso el sistema fiscal, con su división por clases, beneficia a las familias en las que sólo uno de los padres trabaja a jornada completa y el otro se queda a cargo del resto. Lo difícil, por ejemplo, es ser algo además de madre. La falta de guarderías tanto públicas como privadas, sus horarios y los horarios de los colegios, hacen casi imposible tener un trabajo que merezca la pena, tanto a nivel personal como económico, así que muchísimas mujeres acaban optando por quedarse en casa y concentrarse en la familia.

Tampoco se estila la ayuda doméstica, ni siquiera para limpiar la casa. Esto a mí me parece un poco exagerado, pero es verdad que esta mentalidad de autoresponsabilidad extrema, hace que aquí las madres estén un poco más relajadas, incluso sean más dejadas. Parece una tontería, pero viniendo de una cultura como la española, en la que las apariencias son importantísimas, que aquí no importe que los niños vayan conjuntados o lleven la ropa planchada, y que sea normal que se revuelquen por el barro, te hace dejar de preocuparte por el qué diran y te deja un poco más de espacio para disfrutar. La sensación que tengo es que, a pesar de las dificultades para mantener un buen trabajo o para ascender profesionalmente, aquí la maternidad se vive más tranquila.

La rutina laboral y las obligaciones, ¿dejan suficiente tiempo libre para disfrutar en familia?
Sí, totalmente. Aquí son muy puntillosos con los horarios de trabajo y, ni está bien visto, ni suele ser normal echar horas en la oficina, a no ser que haya algo urgente, claro. La gente se va a casa a su hora, aunque aquí el sentido del tiempo libre no es el mismo que en España. Como he comentado antes, la autoresponsabilidad alemana hace que, cuando terminan su trabajo remunerado, se dediquen en cuerpo y alma a su otro trabajo: la casa y la familia. Para ellos es sagrado.

¿Cómo definirías tu día en familia ideal en Baviera?
Como tengo niños pequeños, lo más práctico suele ser salir al aire libre. Pasear, montar en trineo, ir a bañarnos a algún lago, excursiones… Y, de vez en cuando, alguna ciudad pequeña y tranquila. Los alemanes tienen un curioso sentido de las distancias y hacerse una hora de coche para pasar el día en la montaña o ir a comer a un restaurante en particular, es bastante frecuente. Mi día ideal es salir por la mañana temprano con el coche, dar un buen paseo, comer fuera y volver agotados.

¿Qué actividades soléis hacer juntos en vuestro tiempo de ocio?
En invierno solemos hacer excursiones en trineo y en verano nos gusta ir a pasar el día a algún lago. También pasear o ir a alguna exposición, o incluso dedicarnos a arreglar el jardín o cortar leña. Aquí las actividades se mantienen muy low cost, y poco estresantes para los más pequeños.

¿Qué lugares son vuestros favoritos en este sentido?
Personalmente me encanta toda la zona de Allgäu, que es en la que vivimos. Nos encanta ir a las diferentes jornadas que se organizan en Wolfegg, un próspero pueblecito con una granja histórica. Su mercado de navidad es espectacular, y también organizan mercados temáticos de burros, cabras, hierbas… El sitio es precioso y reúnen un gran número de artesanos, que aquí en Baviera siguen siendo profesiones cuidadas y respetadas.

También nos encanta ir a Lindau, a la orilla del lago Constanza. Es una ciudad pequeña, con un centro histórico precioso para pasear y un puerto estupendo, con unas vistas espectaculares.

Ulm también es preciosa, con un barrio de pescadores (Fischer Viertel) encantador. Además tienen un museo específico para niños, con exposiciones estupendas y muy interesantes, el Edwin Scharff Museum.

Otra cosa que hemos hecho varias veces es ir a Nesselwang. Allí puedes subir en teleférico (o andando) y desde arriba las vistas de los Alpes son espectaculares. Al bajar tienen una cosa genial para lo más pequeños: Rodelbahn. Es como un tobogán gigante, cavado en la tierra y que empieza a mitad de montaña. Te dejan una especie de plataforma con ruedas, con un freno, y bajas ahí dentro, más rápido o más despacio según los gustos.

Siempre pensando en clave familiar y en los niños, ¿ciudad o naturaleza?
Yo creo que hay que combinar las dos cosas. En Múnich hay cosas interesantísimas que, aunque no sean siempre específicas para los más pequeños, pienso que conviene enseñarles desde el principio. La naturaleza lo que te da es muchísima tranquilidad: no hay coches ni calles que cruzar, los niños se pueden desfogar…

¿Cuáles son vuestros lugares preferidos en Múnich?
El zoo nos encanta, es un plan estupendo para niños cuando vives en la ciudad. En Múnich también conocemos el museo de los bomberos, el Kinder-und Jugendmuseum, una buena alternativa al parque en el frío invierno o en una tarde de lluvia. O bien el jardín botánico.

¿Qué recomendarías al viajero que llega a Baviera en familia?
Que se relajen y disfruten. En general, una cosa que he aprendido de los alemanes, es a adaptarme a los ritmos de los niños en los viajes, sobre todo cuando son pequeños. Baviera es fantástica para esto porque ofrece muchísimas alternativas, tanto al aire libre como en espacios cerrados, para que los niños disfruten del viaje, a su ritmo y sin pegarse palizas de turismo que, para qué nos vamos a engañar, les suelen interesar poco y aburrir bastante. La ventaja de Baviera es, sobre todo, que se trata mayormente de cuidades relativamente pequeñas, fusionadas con mucha naturaleza.

Inauguración

He venido reseñándolo durante varios días y sí, este fin de semana hemos tenido la oportunidad de acudir a la inauguración de la nueva Lenbachhaus. En realidad, solamente me apetece comentar ahora una imagen, la de abajo. Los alemanes son como son, con sus cosas buenas, regulares, malas y pésimas. Como todos. Con esto de la inauguración tengo que reconocerles, en todo caso, un detalle: lo importante de la reapertura del museo, en el que los contribuyentes se han dejado una pasta –como viene siendo habitual–, no fueron los discursos de los políticos ni siquiera la presencia del arquitecto encargado de la obra, Norman Foster. El enfoque ha sido totalmente diferente, básicamente con cuatro días de entrada libre en el que gordos, flacos, guapas, feas, ricos, pobres, alemanes, extranjeras, altas, bajos… hemos podido conocer las instalaciones y los cuadros de Wassily Kandinsky y Der Blaue Reiter gratis. Esto es, los protagonistas han sido la cultura y las personas. En la fotografía una señora con la piel endurecida por la miseria, moviéndose de sala en sala del museo con su vieja silla de ruedas empujada a duras penas por unas piernas hinchadas. En sus bolsas de todo menos la compra. Calle pura y dura. Dentro de la Lenbachhaus, por un rato, ella fue una más. Sé que no es gran cosa, pero lo contrario hubiese sido peor. Pienso en cómo funcionan (funcionaban) estas cosas en España y el detalle se agiganta hasta convertirse casi en algo extraordinario.

senyora_lenbachhaus

Lenbachhaus

Reblogged from Muniqueando - Guía de Múnich en español - Guía de viajes - Múnich - Munich - München:

Click to visit the original post
  • Click to visit the original post
  • Click to visit the original post
  • Click to visit the original post

Tras una aparatosa reforma, la Lenbachhaus exhibe nuevamente su gran colección de obras del denominado Jinete Azul, el movimiento expresionista fundado en 1911 por Wassily Kandisnky y Franz Marc. Está llamado a convertirse en uno de los museos estrella muniqueses.

Después de una profunda rehabilitación de la antigua Villa Lenbach que ha durado cuatro años, ampliación de las instalaciones incluida, …

Llegir més… 731 more words

Després de visitar la nova Lenbachhaus, el post per a Muniqueando. El 'rebloguege' ací, és una parada molt interessant a Munic ;)

Reobertura de la Lenbachhaus

Després de mesos de seguir l’evolució de les obres de la Lenbachhaus, aquest dimecres han reobert per fi el museu. Encara m’he d’acostumar a la cobertura daurada del nou edifici, que ha estat dissenyat per l’estudi de Norman Foster -és a dir, per una legió de becaris-. Supose que saber que l’ampliació ha costat 60 milions d’euros no ajuda massa a fer-se a l’obra, a poc a poc. De moment he pres unes imatges per a un escriure un post detallat a Muniqueando i segurament esta vesprada aprofitarem que l’entrada és lliure per a veure els quadres de Kandinsky i el grup expressionista Der Blauer Reiter a Munic. Sobre això mateix, entrar al museu seguirà sent de bades fins el proper 12 de maig.

Vista de la Lenbachhaus, este dimecres

Vista de la Lenbachhaus, este dimecres

Edifici original de la Lenbachhaus, restaurat

Edifici original de la Lenbachhaus, restaurat

7 días consecutivos (del guía)

Algunas veces tengo la suerte de poder encadenar siete y hasta ocho días consecutivos de tours y excursiones de día completo. Esto, claro está, es fantástico para la economía familiar. Por otro lado, tengo constatado que puede desgastar mi salud hasta límites insospechables. Solo si resumo mi última cadena de visitas podréis entender cómo me despierto en días como hoy:

Primer día. Incorporación progresiva
Es lunes y me levanto todavía con dolor de la última excursión del fin de semana. Fue una salida de las que te dejan mella en las piernas pero la cabeza fresca y el ánimo por las nubes. Es decir, con Mariola. Pero eso fue domingo. Hoy es lunes, toca escribir y ya por la tarde acompañar a un pequeño grupo y heterogéneo en un tour especializado sobre el Tercer Reich. Hay suerte, gente encantadora, todo pasa rápido. A casa, a cenar y a dormir, que mañana será más duro.

Segundo día. Dos porteños muy porteños o mucha caña
¿Dije duro? Me quedé corto. Somos cuatro –dos de ellos porteños o bonaerenses–, en una excursión privada en tren. Pero que excursión.

–Hola buenos días me llamo Jordi…
–¿Shordi?
– Sí, me llamo Jordi y…
–Catalán, supongo…
–No valenciano, aunque el catalán es mi leng…
–¿Valenciano? ¿pero de dónde?
–De una ciudad muy pequeña –todo dicho muy rápido o será imposible acabar la frase–… y voy a ser vuestro guía durante el día de hoy.
–Mirá vos! Fantástico. Nosotros somos de Buenos Aires y hemos venido a Múnich por trabajo. La verdad es que esta es una ciudad maravillosa; pero yo no la visité casi porque ando siempre ocupado. Cuando termino a la noche estoy muerto. Es lo que tienen estos viajes, la plata es la plata, la guita, vos me entendés. Y en el tiempo libre hay que andar a conocer. Hoy estamos aquí y mañana nos vamos a Roma… –habría que cortar en algún momento pero por suerte, o no, ahí está la mujer.
–¿Por cierto Shordi vos no sabés de una peluquería donde una pueda ir a la tarde?
–Señora, a la tarde regresamos casi a las ocho y estará prácticamente todo el comercio cerrado.
–Mira, acá mismo hay una, ¿vos no podés preguntar ahora?
–Señora, que nos vamos de tour y nuestro tren sale en unos minutos y hay que ir a la Estación de Trenes.
–Shordi tiene razón cariño, dale. Hay que andar a buscar el colectivo. Se hace tarde.
–¿Y mañana?
–Mañana es 1 de mayo señora, Día del Trabajo y festivo en toda Europa. Estará todo cerrado.
–¡Y yo con estos pelos! ¡Y enferma! Y nos vamos a Roma!
–Sí mi amor pero dale.
–Si os parece vamos yendo. Como os decía mi nombre…

Esto, esto de aquí arriba, son menos de dos minutos, es una pizca de la pizca, eso no es nada. Y si no me creéis, preguntadle a un chileno de la calle a ver qué os cuenta.

Añadidle diez horas a la conversación interrupta: la batería se agota. Uno llega a casa sin saliva, desfondado por lo hablado, por lo andado, por lo escuchado, por lo sufrido… Por suerte, Mariola es fantástica y es capaz de reconstituirme antes de que caiga molido en el sofá. Mañana será otro día.

Tercer día. Más madera
Todavía medio renqueante, no estoy dispuesto a desaprovechar medio festivo con Mariola. Hace un día estupendo, sol de mayo y una temperatura envidiable. Como para comer en biergarten. Termino el pollo asado a toda prisa para llegar a tiempo de mi tour vespertino. Es otra visita abierta con un grupo mediano, variado, que se ha apuntado a la salida de tarde para andar tras las huellas del Tercer Reich en Múnich. Gente correcta en visita corta en la que no es preciso intimar. Diría que me recupero.

Cuarto día. Llueve sobre Múnich
Estaba claro, como el agua. El agua tenía que venir más pronto que tarde y ya la tenemos aquí. Por sorpresa, rompiendo pronóstico y en cantidad abundante. Y precisamente hoy, que tenía contratado un tour privado en bicicleta. Llego al hotel pedaleando, casi empapado, y con la intención de anular la visita en bici. O de cambiarla por una a pie, bajo el paraguas. Pese a todo, hoy es un día de suerte. La fortuna este cuarto día significa que me he topado con un grupo fantástico, fácil. Los acompaño en un agradable paseo de cuatro horas por la ciudad de Múnich que pasa volando. Incluso ha dejado de llover. Más aún, mañana repetimos en un grupo mixto al castillo de Neuschwanstein con esta familia y otra que está al caer.

Quinto día. Placentera excursión al castillo
Es un buen día. Por delante una excursión con un grupo de quince personas que resulta ser de lo mejor que he recibido en bastante tiempo. Buena gente, de la que ayuda a que todo salga perfecto. Y así es, con alguna incidencia menor como que el castillo de Neuschwanstein está a rebosar; que los hago caminar y atajar por un sendero empinadísimo a pesar de que tenían el transporte hasta el castillo pagado; que el puente de María está literalmente colapsado por una marabunta de chinos; que nos sorprende y nos empapa una tormenta terrible –granizo incluido– en la cola para entrar al palacio; que no nos queda casi tiempo para comer; que tenemos que hacer transbordo en el tren de regreso… Pero no es ironía, todo son incidentes menores, porqué así los percibe mi gente, la que hoy viene conmigo. Al final llego a casa una vez más derrotado, pero hoy con una sonrisa. Mañana más.

Sexto día. Siete niñas; aflora el cansancio
Aunque el día de ayer pareció redondo, subyace cierto cansancio lógico después de varios días de recibir a grupos relativamente numerosos, variopintos, y de pasar con ellos la mayor parte del día. Hoy aguarda la tercera visita al palacio de Neuschwanstein en una semana, con sus seis o siete kilómetros de caminata asociados, y sus idénticas explicaciones. Queda lo mejor por desvelar: regresamos al tren regional, en pleno pico de temporada por el puente y con un grupo de doce personas en el que siete son niñas de entre dos y nueve años. Son una gracia, todas primas, pero una gracia insaciable que bebe constantemente energía desde el minuto cero. No es plan de dar pelos y señales pero añado dos datos: recuerdo perfectamente sus nombres y dudo que los olvide en mucho tiempo; a pesar de cargarlo la noche anterior, mi iPad llega a casa con un 2% de batería. Como yo.

Séptimo día. El remate final
Doy gracias y lloro todo al mismo tiempo porque hoy me espera un último tour privado, de día completo, con dos personas de la edad de mis padres, por encima de los setenta años. Doy gracias porque auguro una excursión placentera, sin sobresaltos, sin prisas… Lloro porque un grupo privado de dos personas a estas alturas exige una conversación de diez horas de duración, sin pausa. Al final del día se cumplen mis pronósticos, ha sido un viaje plácido de trabajo interrumpido. Por suerte, la familia era educada, distinguida, elegante, conversadora, con un nivel cultural muy por encima de la media. De no ser así, no sé si lo hubiera podido resistir. Pero encadenar siete días de trabajo no puede terminar sin sabor amargo, así es que todo parece diluirse a última hora con un follón que ahora no viene a cuento pero que a mi me deja literalmente agotado.

Así me he despertado hoy, lunes 6 de mayo y después de todo. Solo. Sin voz, sin fuerza en las piernas. No sé qué hubiese sido de mi si esta sucesión de excursiones hubiese seguido un día más. Mientras escribo descubro incluso que he contraído un interesante catarro. Y recuerdos fugaces e historias de personas a las que conocí recorren sin parar mi cabeza: pienso en si al colectivo se le agarra o se le coge o ninguna de las dos cosas; en Tavernes de la Valldigna, que es un pueblo muy pequeño; en cómo es posible tener nueve nietos y que sean todo niñas; en Cayetana, que no existe; en Almansa y en su castillo; en aquellos que, como yo, viven lejos de su casa; en viajes de amigas, divertidos; en taxistas; en los enemigos de Chavez después de muerto… Es una resaca terrible, una traca. Como si me hubiera bebido una botella de café licor de mi pueblo, con cola. Por suerte, no hay mal que dure cien años. Mañana seguramente habré olvidado, o asimilado, muchos de los recuerdos que imprimieron en mi memoria la cadena de desconocidos. Entonces estaré listo para volver a la carretera.

Andechs: cultura, natura i cervesa (de la bona)

Diumenge passat vam tindre l’oportunitat finalment d’escapar-nos al monestir d’Andechs, una excursió que teníem pendent des que vam vindre a viure a Munic. Aquesta abadia rococó situada en un promontori sobre el llac Ammer és preciosa als ulls de qualsevol, creient o no creient, ara bé, jo tinc que confessar que el que a mi més m’atreia era tastar la seua cervesa artesanal. Fantàstica. I a la taverna hi havia un ambient saníssim i genuïnament bavarés. El que no m’esperava era l’excursió entre el bosc per a pujar a Andechs des del poble de Herrsching, on ens va deixar el tren. Ho he detallat tot a Muniqueando.

Pujada a Andechs

Pujada a Andechs

Diari de la Festa: la polémica del nicab y el PAÍS.com

La indumentaria del séquito del capitán moro, tremendo error

La indumentaria del séquito del capitán moro, tremendo error

Esto de la Festa llega a su fin, y todo a la normalidad. Antes de cerrar en el Quadern el breve diario de la trilogía festera alcoyana de 2013, me apetece dejar un último apunte. Tenía pensado yo comentar la pésima elección de la estética de su séquito, por parte del capitán moro en los desfiles festeros del pasado domingo. Al buen hombre de Jorge Pascual, un joven empresario de éxito en la ciudad familiarizado con diversas culturas asiáticas y musulmanas tras varios años de relación comercial estable, no se le ocurrió otra cosa que hacerse acompañar en su interpretación del capitán moro benimerín por un nutrido grupo de hombres y mujeres, ataviados todos con nicabs blancos o negros, indistintamente. Al hablar de pésima elección estética no me refería a que no fuese un grupo conjuntado o atractivo visualmente, la verdad es que el resultado fue de una plasticidad interesante; me refería al hecho de que Pascual recurrió a un recurso el cual, dejando de lado consideraciones historicistas, conlleva una serie de connotaciones en relación a los derechos de la mujer, todas ellas negativas en las sociedades occidentales contemporáneas como la española.

Aunque hablemos de cosas totalmente diferentes, es difícil evitar extrapolaciones entre, por un lado, la falta de libertades para la mujer que implica la imposición del nicab en algunos regímenes islámicos; por otro, la falta de derechos de las mujeres en las fiestas alcoyanas, unas preciosas celebraciones centenarias en las que se rememora la reconquista del territorio por parte de los cristianos –a los musulmanes, en el siglo XIII–. En la Festa, lamentablemente, si bien cada vez participan más mujeres en los desfiles conmemorativos, todavía es imposible una equiparación de derechos, pues las agrupaciones festeras o filaes siguen ejerciendo a la práctica como cotos cerrados a hombres en los que las mujeres raramente pueden integrarse como miembros de pleno derecho. Vetadas por los hombres, claro.

Hasta aquí, todos los errores y penas de las fiestas de mi pueblo están claros. Y de hecho, en ese sentido quería yo canalizar mi malestar tras ver las Entradas del otro domingo. No obstante, el asunto cambió radicalmente ayer lunes cuando, todavía desde la cocina, leí la crónica festera publicada en la portada global de ELPAÍS.com, ni más ni menos que la cabecera más leída de España y una de las que gozan de mayor prestigio profesional y social a nivel estatal, sino la que más. Informalmente, el “mejor periódico de mi país”, o “el menos malo”, visto lo visto. El PAÍS.com, en un artículo firmado por un periodista alcoyano y que conoce perfectamente lo que se estaba representando en la Entrada –la Reconquista en el siglo XIII– y lo que significaban aquellos nicabs –en el día a día de la ciudad, absolutamente nada–, titulaba de la siguiente forma: “¿Irán? No, Alcoi”. A decir verdad, sospecho que el periodista Ezequiel Moltó, al que respeto profundamente, no fue el autor de aquel titular, quizás manipulado en algún lugar entre Alicante y Madrid en busca de morbo. Esa es la única explicación que se me ocurre, ya que no sé a qué viene comparar las fiestas de un pueblo, con toda la problemática y conflictividad que uno pueda encontrar en ellas, con un régimen integrista en el que no solo las libertades individuales, sino a menudo también los derechos humanos más básicos, están claramente restringidos por motivos religiosos. Lo que más pena me da, que al final consiguieron su objetivo: situar a la crónica durante todo el día como el tercer artículo más leído en su web –la que, según el EGM, cuenta con dos millones de lectores diarios–. Y peor aún, el texto estaba escrito en clave regional, por lo que no resultaba fácil de entender para lectores de la meseta y más allá, que podían quedar claramente confundidos y escandalizados con este tema en el que la idea fuerza impuesta por el titular era la comparación abierta entre Alcoi y el Irán más integrista.

Me gustaría enviarles este artículo a los señores de ELPAÍS.com, y explicarles que en Alcoi nunca nadie pensó en Irán hasta que ellos tuvieron la ocurrencia, de la misma manera que el capitán moro de 2013 tuvo una penosa idea, insisto. Esa equivocación del cargo festero, sin duda interesante para el lector, se podría haber explicado periodística y responsablemente con un titular del estilo “La Fiesta de Alcoi se apoya en el uso del nicab para representar la Reconquista cristiana en el siglo XIII”. Pero claro, de esa forma, lo entiendo como profesional del periodismo que soy, el periódico menos sensacionalista de España, hubiese perdido un buen puñado de lectores –cada vez más indiferentes ante el titular boscoso–, algo que hoy en día parece no poder permitirse. Lo dicho, me gustaría enviarles este mismo artículo para su publicación en su misma web –a la que hoy admiro un poco menos– pero lo mejor será que no lo haga, vista la complejidad interpretativa de mi mismo texto y el titular escogido. Una lástima.

Diari de la Festa des de la cuina: l’esquadra de negres

Cinc hores de son i dotze a la cuina. Són les set de la vesprada i és hora d’anar a la filà. On? A la cuina. Però abans he pogut acompanyar a l’esquadra de negres del Capità moro de 2013, la Filà Benimerins. En realitat no seria del tot mentira si afirmara que si estic ací és per eixa filera de dotze personetes, crescudes, guiades per una música impresionant, aclamades per un públic digne d’admirar, vestides de guerrers. Dos fotos, una del capità i l’altra de l’esquadra de Tonet. Dic, de negres.

20130421-193039.jpg

20130421-193100.jpg