El senyor corrector

Hui he conegut un senyor corrector. Un senyor gran, que no vell, perquè un no és vell mentre no vulga ser-ho i el corrector, tinc la sensació, encara no ho ha decidit. El corrector vesteix com un senyor, perquè és un senyor. Jaqueta, camisa, corbata, abric, barret. Unes ulleres l’ajuden a arribar allà on la seua pròpia vista no aplega. Com si no? M’he quedat amb ganes de preguntar-li coses i escoltar-lo, però la distància del primer dia ens ho ha impedit. N’hi haurà més, de dies. De moment, però, l’he observat corregir. I quin plaer. Full imprès, tinta, bolígraf i paciència. Sense pantalla, qui necessita una pantalla. El corrector, no, segur. I ens corregeix a la resta, als de l’ordinador i el teclat. Nosaltres no sabem escriure, nosaltres només sabem colpejar un tros de plàstic farcit de xips, de nom teclat. I cercar per internet durant tota la jornada en busca de coneixement i material per a seguir teclejant, que no escrivint. El corrector sí que sap escriure, i fer creus en vermell, si toca. Corregir. No necessita prémer la tecla supr. No la coneix, em pense. No li fa falta. La saviesa no li la atorga el corrector automàtic del processador de textos, ni la Viquipèdia, ni tan sols ha de consultar els diccionaris, i menys encara en versió online. El corrector, el de veritat, no usa la Times ni l’Helvetica, el corrector utilitza tinta, paper i un bolígraf. Coneixement, ortografia, cal·ligrafia. Quina enveja, el corrector.

#rutaBayern: la pista de trineo del Wallberg

Al final, como todo, al invierno de Baviera es cogerle el hilo. Que sí, que hace frío, pero si te quedas en casa te mueres del asco. Y cosas que hacer, siempre hay.

Más barato que ir a esquiar es cogerse un trineo y dejarse caer por cualquier cuesta que tenga algo de nieve. Este año no falta, nieve. En todo caso, siempre hay pistas y pistas, para dejarse caer con un schlitten, que es como esta gente llama al trineo.

Rebuscando sitios buenos el otro día conocimos la pista de trineo, o rodelbahn, del Tegernsee. Son casi siete kilómetros de bajada, con 800 metros de desnivel desde una cota 1.600 en lo alto del Wallberg hasta casi los pies del lago.

Empezando a bajar

Empezando a bajar

No sé cómo será la cosa cuando haya poca nieve, pero la verdad es que este invierno la capa es suficientemente buena como para que la bajada sea un cachondeo, a ratos incluso algo desmadrado, si no peligroso. Media hora bajando, por cierto, algo más si se van haciendo paradas. No cogimos el casco, pero no pienso olvidarlo la próxima vez.

El trineo, por cierto, lo alquilamos en la misma estación al precio más que razonable de 5 euros para todo el día. Eso sí, como no somos muy previsores, llegamos a mediodía y los trineos, en sábado, estaban agotados, por lo que nos tocó esperar casi una hora hasta que se fueran retornando equipos.

Así es que sacamos el billete para una sola subida con el telecabina, suficiente para una sola bajada. Es posible comprar tique para dos o más subidas, aunque los descuentos no son muy fuertes. Una subida cuesta 10 €, un pase de tres vale 26.

Las vistas, desde arriba, por cierto, impresionantes.

El panorama desde arriba

El panorama desde arriba

La capilla, arriba del todo

La capilla, arriba del todo

*Nota para el viajero
Todos los detalles sobre el rodelbahn del Wallberg, en su web.

Más posts de viajes sobre Baviera en:

rutaBayern

Febrer; anhels

Febrer avança i tinc la sensació que tot se’m queda curt. La llum, per molt que cada dia en tenim una mica més, se’m queda curta; els dies, volen; les hores, me’n falten. No trobe el moment d’alçar-me al matí i, una estona després, quan he aconseguit deixar per fi de badallar, resulta que ja és migdia i, pitjor encara, en un tres i no res, de vesprada o de nit, que al cap i a la fi en febrer és el mateix. No arriba el moment d’escriure-hi, al Quadern, tot i que van arribant noves de tots els colors, també de bones i de molt bones. El que no tenim enguany, per primera vegada des que estem a Munic, són vacances d’hivern. Quin nyap. A canvi, faena i més faena. Pufff. I fred, perquè enguany, sí que n’hem tingut i en tenim, d’hivern. Fa més d’una setmana que ha deixat de nevar, però les teulades del carrer encara estan plenes de neu. Al terra, però, ja no en queda. Només gel, muntanyes de neu convertida en glaç que no paren d’ennegrir-se a cada dia que passa. Pol·lució. Polseguera. Ronya. Prompte arribarà març i, espere, la primavera. L’aigua, que vindrà, acabarà per netejar els muntons de merda del carrer, els de neu, i amb això, tan de bo, tornarà la il·lusió. D’eixir al carrer. De passejar. De la màniga curta, per començar, ni que siga baix de l’abric. De les ulleres de sol, tot i que això, reconec, potser és massa demanar. Com que no? Per demanar, que no quede.

Escolta

logo_audi

Antònia, la pacient mestra d’alemany que em mantè en forma a estes alçades del partit, ens explicà ahir una història curiosa d’aquestes que em fan pensar que hi ha moments en els que ni als mateixos alemanys els agrada el so de la seua pròpia llengua. Ara fa més de cent anys, un bon dia, August Horch, enginyer alemany nascut a finals de segle XIX, va fundar la seua pròpia marca d’automòbils, de nom A.Horch & Cia. Després d’una disputa interna va acabar eixint de l’empresa per a fundar-ne una altra. Va decidir però buscar-hi un nom més eufònic, per al que va buscar-se la vida amb una llengua morta i estrangera: el llatí. I va trobar el que cercava: quelcom que sonara més simàtic, net, sencill, agradós, Audi. Sona bé i tant, però, per què Audi? Perque el cognom Horch equival a l’imperatiu de horchen, un sinònim, a cavall entre allò informal i allò pejoratiu, de hören, o escoltar. I com s’escoltava a l’antiga Roma? audint (oient), si de cas usant la forma audi per a l’imperatiu. Massa bé i tot els degué sonar el nom Audi als successors del senyor Horch i als seus socis, doncs després d’una fusió posterior de quatre marques de cotxes germanes, la coneguda com Auto Union, van preferir mantindre Audi per damunt de la resta de denominacions dels grup i com insígnia de la marca de les quatre anelles, hui de sobres coneguda. Curiós.

Cuestión de voluntad

Buenos días. Seré breve y apresurado: ya sabéis, ahí vamos tramitando que te pego. A veces despachar con la Administración no es sencillo. ¿A veces? Y entonces, cuando tienes la moral por los suelos, pasan cosas. Pues eso, esta mañana he tenido un feliz encuentro con una funcionaria del Finanzamt (la Hacienda alemana). En 10 minutos me ha resuelto más asuntos que tres de sus compañeros en un mes y pico. A uno de ellos hasta le ha metido un paquetazo por teléfono. Ale pues, a fumar caliqueño. Se lo merecía. El caso es que estoy más cerca de la meta. Lanzado. Por cierto, ¿sabéis como se llamaba la señora resolutiva? Frau Will. Lo que habláis alemán podéis dejar de leer, está alles Klar. Los que no: Frau Will significa literalmente Señora Quiere. Esta historia es verídica. El nombre también. Lo ponía en el letrero de su mesa. Palabra. Dichoso encuentro.

Exasperante burocracia

Menudo cabreo traigo. Tres años después de haber puesto en marcha esta fantástica iniciativa de nombre Bayern a medida, todavía a estas alturas es posible descubrir trabas increíbles por parte de la Administración pública. So ist, la vieja Europa, para lo bueno y, cada vez más, para lo malo. Hoy, lunes, de buena mañana, una niñata me ha dicho sin torcer el gesto que la solicitud de nuestra empresa no está en condiciones de ser aprobada por su departamento. La razón: me dice que tenemos todos los papeles en regla, hablo de unos veinte certificados oficiales que hemos recolectado pacientemente durante casi un trimestre mediante trámites con diferentes entidades de toda Alemania, y que hemos hecho un gran trabajo en su conjunto –esto viene de más largo aún, unos dos años de papelotes en concreto–, pero que incumplimos un pequeño aspecto legal, sin embargo vinculante. Resulta que la ley alemana exige una distancia máxima de cinco minutos caminando entre la sede de nuestra empresa y la sede del parking de nuestro automóvil profesional. Y Google maps le ha indicado a la nena que en nuestro caso se tardan 15 minutos caminando. Google maps! ¿Pero qué mierda es esta? Si al menos se lo hubiera dicho un perito, un funcionario o hasta un repartidor de periódicos… Pero no, a Frau Culoapoltronado se lo ha dicho Herr Google y eso es lo que cuenta. Esto sin entrar a valorar la gravedad del asunto, que por cierto no interfiere para nada en el normal funcionamiento de la empresa. Y ahora retroceda otras 20 casillas y vuelva a lanzar los dados. Pues eso rubiales, tal y como tenéis el patio también en Alemania el Duden haría bien en ampliar la definición de burocracia, tal y como ya hizo el diccionario de la Real Academia Española en su día (al menos en esto os vamos por delante). Burocracia, pues: Administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas. Aunque la RAE la clava yo quiero añadir algo más en caliente: la burocracia y los burócratas son capaces de desincentivar y desmotivar a los ciudadanos de toda naturaleza, también a los emprendedores. Convierten los trámites administrativos de toda clase en algo más que farragoso, en algo soporífero, exasperante, irritante, asqueroso, insoportable. Apéndice: los burócratas germanos más traicioneros se reconocen fácilmente, pues a menudo calzan unas confortables Birkenstock. También en enero y aunque en la calle haya nieve a cascoporro, por lo que si te cruzas uno o una por los pasillos de la Administración pública, sal corriendo. Por si las moscas.

Como no quiero empezar la semana con depre, ahora os cuento nuestra historia con la ayuda de Forges, todo un referente en ironizar sobre la materia:

Así estábamos hace tres años

Así estábamos hace tres años

Así estuvimos hace un año largo

Así estuvimos hace un año largo

Así estamos ahora

Así estamos ahora

Dieter ja és alcalde

EL 'Oberbürgermeister' Reiter en una protesta contra BAGIDA-PEGIDA. /SZ

EL ‘Oberbürgermeister’ Reiter en una protesta contra BAGIDA-PEGIDA. /SZ

Llegisc al diari que un miler de persones van eixir anit al carrer a Munic amb una pancarta que diu Baviera contra la islamització d’Occident (i després diran que no són uns sucursalistes, eixos bavaresos). Ja cansa la cançoneta (la música potser no sona malament del tot en els dies del kalàixnikov al cor d’Europa, però la lletra petita d’aquesta gent fa molta por), tot i que per sort a cada dia que als de Bagida els dóna per intentar fer una mica de soroll al carrer són 10 o 20 vegades més les persones que estan saltant a tapar-los la boca. M’hi hauré d’apuntar un dia, o serà una vergonya. Este mateix dilluns, de fet, 12.000 münchner es van encarregar de minimitzar la mani de Bagida en protestar contra aquestos al mateix lloc i hora que ells. Munic intolerant: 1.000 pallassos; Munic de colors: 12.000 Pallassos. Sendlinger Tor dicta sentència. Zum Glück. A tot açò, el que em fa somriure és que els jutjats li han dit als de Bagida que no, que amb Dieter Reiter no tenen res a fer per aquest camí. Jo no vaig votar el Dieter, i dubte que li donara el meu suport si les eleccions municipals tornaren a celebrar-se demà. Em sembla espedé pur, o psoe pur, tan se val. Són cartró-pedra. Però les coses són com són, i haig de reconèixer que amb aquest tema dels refugiats, i per tant del pluriculturalisme de Munic, Dieter Reiter s’ha guanyat el meu respecte i, si més no, la meua admiració. Quan el 10 d’octubre el vaig veure visitant envoltat de càmeres el centre d’internament de refugiats polítics a Freimann (on aleshores hi havia 2.500 persones en unes casernes amb espai per a la meitat) vaig pensar: desconfia, este està cridant al cel en busca de vots. Amb el temps, veig que, si de cas, només a mitges. D’una banda, no estava fent la seua feina, sinó que es va presentar al mig de l’era sense que ningú no l’haguera cridat: la gestió dels refugiats a Baviera era i és cosa del govern regional i no del municipal ni del batlle. D’altra banda i ben mirat: no tenia massa a guanyar en aquesta batalla, doncs ni els refugiats voten, ni votaran, ni res fa pensar que Munic, ciutat de nòmines carregades de zeros, siga tan progressista i oberta al món com per a que fer-li costat al més dèbil puga donar vots directament a un alcalde. Amb la perspectiva que atorguen els quatre mesos transcorreguts des d’aquella primera visita, sembla que Reiter s’ha implicat veritablement en la busca d’una solució per a la situació dels milers de refugiats polítics que han arribat a la ciutat. Segurament haja fet alguna cagada en aquesta missió que encara no he endevinat a descobrir, però, pel que a mi respecta, amb el seu procedir en aquest tema no només he après a pronunciar el seu nom correctament sinó que aquest home ha deixat de ser l’ombra d’Ude per a passar a ser el veritable alcalde de Munic, esta mena de poble gran que habite i que mentre es resistisca a ser una ciutat global però actue amb l’obertura de mires que ho ha fet el senyor Reiter em farà sentir ben a gust. Per a disgust dels racistes.

La ‘helles’ que emanó del garaje

Que Múnich ciudad (tiene) tenía seis cervecerías –entendido el concepto como fábricas de cerveza y dejando por el camino unas cuantas microcervecerías– es un mantra que todo buen vecino de este municipio tiene grabado a fuego en el subconsciente.

Estas seis gordas se han venido repartiendo el enorme pastel que es el mercado local desde hace décadas y especialmente en lo que respecta a la cerveza de barril que se tira en los grifos de los restaurantes, bares y tabernas del lugar, desde Forstenried hasta Freimann, de Pasing a Trudering.

Resulta prácticamente imposible encontrar un garito en este pueblo de casi dos millones de habitantes en el que a la puerta no haya una chapa que anuncie claramente que nos hallamos en territorio Augustiner, Paulaner, Löwenbräu, Hacker-Pschorr o, como mucho, Spaten –el radio de acción de la Hofbräu München es más bien limitado a unos cuantos locales, quizás por eso de que es una empresa de carácter estatal–.

Es como si el niño muniqués, la figura que representa a la asociación Münchener Bier o Cerveza de Múnich –ojo al dato porque hablamos de un menor de edad con una jarra de litro entre sus tiernas manos– y que acostumbra a figurar en las etiquetas de los botellines del club de las seis, fuese en realidad un personaje bastante menos inocente de lo que se pretende, más bien una especie de can Cerbero cerrando las puertas del inframundo del tráfico de zumo de cebada a todo aquel que se proponga asomar la nariz.

El Münchener Kindl en una imagen antigua

El Münchener Kindl en una imagen antigua

Con estos mimbres, no es de extrañar que la historia de la pequeña Giesinger Bräu se haya disparado hasta las páginas de las principales cabeceras de la ciudad, granjeándose empatías y simpatías entre propios y ajenos –me puedo figurar que las envidias y las antipatías no deben de andar muy lejos–.

giesinger_mosaico

Enorme mosaico con el logo de la Giesinger a las puertas de su sede

 

De entre lo contado en las crónicas escritas en las últimas semanas, me llaman la atención las declaraciones del responsable del Museo de la Cerveza y el Oktoberfest de Múnich –por cierto, un espacio propiedad por cierto de Münchner Bier– en la biblia del periodismo local de nombre Süddeutsche y de apellido Zeitung.

Hace un par de semanas, Lukas Bulka reconocía que lo de la Giesinger Bräu es lo más novedoso que ha acontecido en el mercado de la cerveza de Múnich en los últimos 125 años. Un sector que lleva décadas asistiendo a los funerales de los peces chicos mientras los tiburones se ponen morados a birra, pero que se había olvidado de cuándo se celebró el último nacimiento en la casa.

En concreto, fue en 1889 cuando se fundó la última cervecería privada en Múnich hasta lo de la Giesinger, la conocida como Thomasbräu de la Kapuzinerplatz. Puede que el nombre de la marca no nos suene de nada, normal, pero los aficionados a la cerveza de por aquí rápidamente asociamos el lugar a uno de los biergarten y restaurantes tradicionales más apetitosos de la zona centro. Absorbida ya en 1929, hace algunas décadas que el nombre Thomasbräu pasó a mejor vida en beneficio de otro mucho más fácil de reconocer: Paulaner Bräuhaus o la Paulaner de la Kapuziner.

Un posavasos de la vieja Thomasbräu

Un posavasos de la vieja Thomasbräu

La Giesinger
Volviendo a la Giesinger Bräu, lo de ahora es más un bautizo que un alumbramiento, pues esta cervecería se fundó hace más de un lustro en un garaje del peleón barrio de Untergiesing. Así parieron a la criatura, al más puro estilo Silicon Valley, aunque hablando de cerveza y de Baviera más bien lo definiría como un acontecimiento de corte Jesús-María-y-José.

Tras unos cuantos años en su cochera de Giesing, han logrado asentar su marca en el barrio del mismo nombre y ponerla a la venta en un centenar de establecimientos, mayormente bares, colmados, supermercados y gasolineras de Múnich y suburbios.

Cata de giesingers en su barra de bar

Cata de giesingers en su barra de bar

Y no les debe de haber ido mal del todo, pues finalmente han conseguido un puñado razonable de billetes –unos 4 millones de euros– para celebrar el mencionado bautizo, en forma de mudanza a un pequeño edificio en su mismo distrito que les abre un poco más al mundo y les ha de permitir trpocientosplicar su producción.

Concretamente y según ha dicho su gerente Steffen Marx, 15.000 hectolitros de cerveza quieren elaborar al año, que son casi diez veces más de lo que han venido produciendo hasta la fecha, pero 1.285.000 hectolitros menos de lo que fabrica Augustiner –la otra cervecería privada de Múnich– y 3.485.000 hectolitros menos de los que salen por la puerta de la fábrica de Paulaner. Quieren crecer, pero solo un poquito.

Por lo demás, la nueva sede de Giesinger Bräu tiene una virtud que no debería de ser obviada por los amantes de esta bebida: dispone de un pequeño restaurante tradicional y una terraza que esperan convertir en mini jardín de cerveza en la temporada de verano. 70 plazas dentro y 70 plazas al aire libre, más que suficiente para entrar en contacto con esta nueva marca que ya ha sido bautizada como la séptima.

Para acabar, de vuelta a las simpatías granjeadas. Aunque solo sea por el respeto que me merecen las cosas pequeñas hechas (por lo general contracorriente) desde el convencimiento y el empeño personal, tengo que reconocer, por si alguno no lo había notado todavía, que desde que pisé su casa el otro día cuentan con la mía. No lo niego, me atraen este tipo de cosas. Mi padre lo llamaría artesanía; algún posmoderno hubiese etiquetado el asunto en la categoría de microcervecerías; su publicista los ha bautizado del palo Think global, drink local. Asiento, esbozo sonrisa y añado un asuntillo que no debería ser menor: sus birras además están de puta madre. (Amén) Prost, pues.

Tornar a començar

Els primers dies de l’any, especialment en passar Reis i intentar tornar a la marxa, són ben complicats a Munic. Fa fred, el dia és curt, la panxa bé plena, el record de la família i la pròpia gent és fresc. Rovell. I després està la gossera. És com si la mandra s’hagués fet amb mi durant els Nadals i ara fou impossible treure-me-la de damunt. És ben difícil fins i tot alçar-se del llit a primera hora del matí; el despertador sona una i dues vegades i tots dos romanem allà parats; mai s’acaba de fer de dia. Una vegada dempeus, no sé per on començar. I no és que no tinga faena, tot i que la d’ara és del tot diferent, és que en tinc tanta, d’acumulada, que no sé per on moure. Al migdia tot són preses i correres. I quan sembla que encara trauré alguna cosa en clar de la jornada, tot el contrari: de sobte es fa fosc, fosquíssim. La sensació que tinc sovint és com si rodolara pel gener a trompades, amb l’aire de cara en tot moment. Només demane que arribe febrer aviat. O, per demanar, que torne a caure una bona nevada de les de dos i tres pams de neu, tot i que en sóc conscient que d’això darrer potser, en uns dies, me’n penediré.

Alcoi: les orenetes

Acaba l’any i al Nostre fan públiques les dades demogràfiques de la ciutat d’Alcoi. Per primera vegada en 45 anys al meu poble viuen menys de 60.000 persones (59.675 ànimes de les quals, com a poc, 7.500 no troben faena), que són 6.000 menys que el dia en què jo vaig nàixer. Poca broma. D’un temps ençà n’hi ha qui ens coneix com els caragols, als alcoians, però de seguir així acabarem per ser millor coneguts com els crancs o, pitjor encara, les orenetes, per això que cada dia som més els que passem les vacances al poble i la resta de l’any a l’altra banda de la Carrasqueta. En la meua condició d’au migratòria no sé si tinc dret a obrir la boca, però tan se val: piu (dol).