Babel a Munic

Els que vivim ací sabem que Munic és una ciutat molt més preparada que Berlín a l’hora de generar negoci. Ara bé, si li donem la volta a la truita i ens centrem en la capacitat artística de totes dues ciutats, tampoc hi ha dubte, Munic no té res a fer. Bé, tampoc es tracta de competir. En qualsevol cas, hi ha vida més enllà del mercat del art, entès com a negoci rendible, i sempre hi ha la possibilitat de sorprendre’s amb algun concert de jazz, representacions escèniques alternatives i petites històries similars. Divendres passat passat, per exemple, vaig tindre l’oportunitat de conèixer el projecte de nou artistes de tot arreu, entre elles tres catalanes, que celebren estos dies una exposició multicultural a l’espai Halle50 de Domagkateliers. Estan allà fins el proper 21 de març i el nom de la seua exposició és certament esclaridor: Babel. I és que, darrere d’històries convencionals de Trachten i cerveseria, Munic acull quasi un 25% de població estrangera que aporta el seu granet de sorra per a construir dia a dia una metròpoli diversa, dins d’aquest espai global i interconnectat en el que ens movem. Vos deixe unes imatges:

BaBel a al 50Halle, Munic

BaBel a al 50Halle, Munic

Fotografies a BaBel

Fotografies a BaBel

Obra de Montse Vives a BaBel Kunstprojekt

Obra de Montse Vives a BaBel Kunstprojekt

Per cert, les tres catalanes que participen al projecte de Babel a Munic són Laia Martí PuigMontse Vives i Raquel Rodríguez.

‘Alemanades’: ‘*duzen’ i ‘*siezen’

Herr Müller i Frau Schneider havien treballat junts durant sis mesos. Havien compartit 125 jornades de faena completes, tantes com jornades laborals en les que havien passat moltes hores del dia junts. Cada matí, Frau Schneider, que era una dona jove i sense complexos, saludava al senyor Müller a les nou del matí, en punt, amb un correcte i curt “bon dia”. Suficient. Herr Müller, que en realitat era el seu cap i l’havia contractada com secretària per a que li portara els papers de l’oficina i l’agenda, li responia: “Bon dia Frau Schneider”. Eren dos bones persones, directes en la parla i cordials amb el tracte amb el desconegut. Per això, precisament per això, es tractaven correctament l’un a l’altre. Tot va canviar sobtadament aquell matí. El despatx s’anava fent gran i ja n’hi havia sis persones treballant allà dins. Van acordar de fer una reunió. Sense cap motiu aparent a meitat d’aquell encontre, el senyor Müller es va alçar del seu seient i es va adreçar directament a la seua treballadora. Li va dir: “Han passat sis mesos des que treballem junts i des d’aleshores jo sempre li he parlat de vostè i vostè sempre ha fet el mateix amb mi. Això és el correcte. Però crec que és hora de que ens presentem i ens pensem si no paga la pena tutejarnos. Vostè què en pensa?”. No va deixar respondre a la seua treballadora, era retòrica de jefe, simplement es va dirigir cap a ella, li va estretir la mà i va afegir: “Bon dia, jo sóc Otto”. Frau Schneider, prement-li la mà al seu interlocutor, va contestar: “Bon dia, jo sóc Ursula”. Han transcorregut sis mesos i uns dies. Des d’aquell matí ja no s’ha tornat a saber res més de Herr Müller i Frau Schneider. Ara, tant de temps després des del primer dia, només són Otto i Ursula. No són amics, però tampoc desconeguts. Hui ja són companys de treball.

Aquesta és una història, la que volia contar-vos hui sobre els formalismes increïbles que un arriba a viure a Alemanya. És un breu encontre a Munic. Hi haurà qui pensarà que aquesta vegada me l’he inventada o que sóc un exagerat. Creieu-me si vos dic que és una veritat com una casa de gran. Jo no sóc cap mentider. Què se sàpiga.

*Duzen. En alemany, parlar-se de tu
*Siezen. En alemany, parlar-se de vostè

¿Y tú, qué quieres ser de mayor?

Hace algún tiempo que conocí a Cristina Rico en Múnich, la vívida imagen del talento que se traslada desde España a Alemania. Ella llegó mucho antes de que la fuga de talentos se convirtiera directamente en una sangría, aunque su experiencia, en lo laboral, me pareció casi de obligado conocimiento. Cuando supe que se había embarcado en una empresa para ayudar a planificar la carrera laboral -y a encontrar el trabajo ideal- a jóvenes talentos de España y Europa lo vi claro: eso da para una entrevista.

Cristina Rico

Cristina Rico

Cristina Rico García, un poco de aquí y un poco de allí. Puro talento. 30 años, nacida en el País Vasco. Nueve años viviendo en Alemania, tras llegar procedente de Málaga para completar sus estudios universitarios en la Universität Ulm. Es Ingeniera en Telecomunicaciones, recientemente doctorada. Trabaja en la Agencia Aeroespacial Alemana (DLR), aunque acaba de reducir su jornada a dos días semanales para poder dedicarse a su proyecto personal: Goelite.org, o una plataforma online que ayude a jóvenes ingenieros y licenciados de toda Europa a la hora de planificar su carrera profesional incluso a encontrar trabajo. Cuando publico esta entrevista, diría que anda por California tratando de averiguar a qué huele Silicon Valley.

¿Cómo surgió la idea de Goelite.org?
Cuando llegué a Alemania en una reunión en el DLR me di cuenta de lo complicado que es conseguir estudiantes brillantes para trabajar en las investigaciones. Aquel día intervine y propuse buscar a los mejores universitarios de mi universidad en España para traerlos aquí. La cosa funcionó, desde 2008 han venido unos 25 estudiantes de ingeniería con aquella iniciativa, para realizar el Proyecto de Final de Carrera en el DLR. Algunos de ellos se han quedado trabajando y muchos de los que no lo han hecho lo han decidido por voluntad propia. Todos están maravillosamente colocados.

Al ver las posibilidades, hablé con compañeros de otras universidades españolas y ahora se ha sumado la Universidad de Oviedo, mientras que otras escuelas podrían hacerlo en breve.

Con todo esto, empecé a pensar que esta idea se podría trasladar a otras empresas e institutos de investigación, que andan buscando a estudiantes y recién licenciados con un expediente brillante. Durante tres años todo esto lo hemos estado comentando casi a diario los que ahora somos los tres socios de la empresa hasta llegar a la idea de Goelite.org, que ha evolucionado.

¿Cómo?
En realidad, nuestros objetivos actuales van más allá de la idea inicial. Por un lado queremos ayudar a los estudiantes de último curso y jóvenes licenciados a planificar su carrera profesional. Para eso estamos implementando un planificador de carrera. Por otro lado, queremos ayudar a estos mismos a encontrar el trabajo que buscan, mientras que a las empresas les facilitamos a su vez a las personas que andan buscando. Esto es lo que hemos empezado a hacer ya en la fase inicial del proyecto en que nos encontramos.

¿Se necesita un expediente académico sobresaliente para entrar en vuestra red?
Al principio yo me di cuenta de que los estudiantes brillantes en España se pueden sentir desmotivados, ya que a veces da la sensación de que allí no se valora la excelencia académica en el mundo de la empresa. Lo importante es aprobar y punto. En Alemania es totalmente diferente, las empresas salen a la caza de los mejores alumnos y les ofrecen becas para mejorar su formación y luego quedárselos. Hasta los partidos políticos o las iglesias ofrecen becas a los mejores estudiantes y oradores.

La idea inicial era recompensar a esos talentos, en clave española, pero el proyecto ha ido creciendo. De entrada, el idioma oficial ha pasado a ser el inglés, ya que queremos que sea una herramienta a nivel europeo (la web está traducida al alemán y al español solo en la portada). Además, queremos ayudar a todo tipo de profesionales, aunque hemos empezado por ingenieros y licenciados en el campo de las ciencias.

Entonces, ¿cómo definirías Goelite.org en este momento?
Concretamente, como una plataforma de identificación de excelencia y de búsqueda de empleo a nivel internacional. También como un planeador de carrera profesional. O dicho de otra forma, queremos ser como un coach online, una figura que identifica lo que quieres ser en la vida y te ayuda a conseguirlo. Te dice lo que has de hacer para conseguir lo que quieres.

¿Qué significa lo de planificador de carrera?
Es una herramienta en la que trabajamos y que está pensada para detectar los intereses, aptitudes y carencias de la persona que quiere optar a un trabajo. Una vez detectadas, propondremos un camino a seguir (en formación) para conseguir el objetivo final que no es otro que el puesto de trabajo deseado. Hay quien querrá ganar mucho dinero y hay quien buscará otros aspectos como la motivación, nosotros simplemente queremos ayudar a conseguir la meta laboral de cada uno. Unos estarán más preparados para conseguirla, otros tendrán que empezar desde la base, en función del trabajo deseado, preparación, experiencia propia, etc.

Comentas que empezáis con estudiantes de ciencias.
Sí. A medio plazo veo a Goelite.org trabajando con enfermeras, médicos o licenciados en Administración de Empresas, pero hemos empezado por lo que conocemos mejor. Sabemos que Alemania necesita mano de obra cualificada en sectores relacionados con las ciencias, desde matemáticos a informáticos, ingenieros biólogos o químicos.

¿Cuál es vuestro punto de partida?
Para empezar (después de un par de meses en fase beta) tenemos más de 1.000 jóvenes europeos registrados, la mayoría españoles pero también griegos, alemanes, etcétera. En cuanto a las empresas, empezamos con una decena de empresas alemanas, entre ellas el DLR y varias firmas punteras relacionadas con el sector automovilístico (ya han firmado varios convenios para colocación). Tenemos unas decenas de ofertas laborales en este momento, que entran y salen según se cubren. Pero esto es solo el comienzo, casi en fase de pruebas. La idea es sumar a corto plazo varias empresas y al menos diez usuarios nuevos cada día.

¿Es fácil encontrar el trabajo deseado en Alemania?
A veces tendemos a pensar que la demanda de trabajadores cualificados significa que aquí son bienvenidos todos los ingenieros europeos, sea cual sea su perfil. Muchas veces están las vacantes, pero las empresas alemanas no van a cubrir el puesto si no dan con el perfil adecuado. Eso significa, por ejemplo, conocer el idioma o tener experiencia previa. No basta con la formación académica básica.

Por otro lado, a nosotros nos gustaría trabajar con empresas españolas. Quizá peque de utópica, pero mi ilusión sería fomentar la movilidad de trabajadores europeos cualificados a nivel internacional.

¿Es esa la meta final de Goelite.org?
Hace unos años, moverse de una ciudad a otra en España era una tragedia. Ahora está a la orden del día y la movilidad laboral es un hecho en todo el mundo. Yo estoy aquí en Alemania, tratando de decirle a la gente que no soy una emigrante, sino una trabajadora europea trabajando en Europa. Creo que nuestro futuro pasa por una mayor integración, también en lo laboral. Por eso empezamos con Alemania y España, que es lo que conocemos y tenemos más cerca, pero nos gustaría hacer algo más global. El tiempo lo dirá, tenemos mucho terreno por delante y por ahora nuestros recursos son más bien limitados.

Desfasament interpretatiu (o que em perdonen els gais, les lesbianes i la senyora X)

Collons, de mico! Ja no me’n recordava de l’entretingudet que pot arribar a ser açò d’anar acompanyant al personal. Sí, lo de guia, que vinc ara a llevar-li la pols a la categoria del blog Breves encuentros, després de dos mesos de fer el gos i rodolar per ací i per allà. Això mateix, que hui he tingut un dia d’eixos, de-ca-te-go-ria. A vore com ho compte jo, que vinc atarantat i amb el temps just per a descarregar en el Quadern, i damunt em toca apuntar de temes sensibles dels que un no entén massa i poden acabar ferint al personal. Bé, ho farem lleuger però directe, a qui no voldria jo molestar són als gais, a les lesbianes i a la senyora X, per no posar-li pels i senyals a la clientela. A les H del matí em tenia que trobar jo amb el senyor i la senyora X a l’hotel W de la ciutat Z, que amb tota seguretat serà Munic no ?(quantes xorrades). Allà, a les H i quart he arribat per fi a l’hotel, suat, clavant la pota ja abans de començar. “Bon dia”, li dic. “Bon dia, Jordi?”, em respon la senyora X. “La meua parella està enfeinada, però igualment farem el tour els tres”, em diu. I jo pense, “clar el seu marit -amb qui jo havia contactat i que tenia un nom estrany- em va dir ahir que farien el tour ell, la seua senyora i el seu nano. O siga, tres. Ara vindrà”. I allà que sec jo al hall, amb la senyora X i el nano, i anem esperant i xerrant. Jo seguisc pensant, “som dos, falta un, el senyor X”. Encara no havia acabat jo de cavil·lar i entra en escena, directament de l’ascensor, el senyor X. “Ai, no! Si és la senyora XX”, em sorprenc a mi mateix. Què voleu que vos diga, dins d’eixa personeta que vol fer-se la moderna hi ha tot un clàssic (és el que té l’educació de la mà de les monges) que s’esforça per entendre un món contemporani, normal, però diferent al que li van vendre en l’escola. Per a començar, em pose colorat i no deixe de pegar-li voltes al nano. “Em presente, no em presente…; la salude, no la salude…; serà, no serà…”, ostràs tu!, quins 30 segons més llargs. Jo diria que la senyora X m’ha vist bloquejat, o potser acalorat, el cas és que al principi tots tres hem fet com si res, ens hem saludat i hem començat a preparar la marxa, que ja tocava. Però jo no parava de portes endins… “seré idiota, tota la vida sense prestar-li cap atenció al capítol de la Lonley de què visitar per a gais i lesbianes”. De veres que m’he sentit incapacitat i amb una mancança enorme de respecte per a les parelles del mateix sexe, per a les que jo, tan tolerant que em pense, resulta que no estic preparat per a conduir un tour com toca. Això, mateix: “idiota!”, em repetia. Vos done la meua paraula de que totes estes coses han rondat de veritat pel meu cap, i també altres com “i quina parella més bonica, amb una diferència d’edat de 20 anys; i quines dones més ben plantades; seran matrimoni o parella de fet?”. Supose que a l’exterior ha degut ocórrer alguna cosa en la meua absència, perquè que la senyora X, als cinc minuts de ruta, ha fet una introducció gratuïta en la conversa introductòria: “Bé, et presente a la meua sogra; el meu marit i el d’ella estan tots dos treballant, doncs hem vingut en un viatge a cavall entre la feina i el plaer”. I que creieu que he fet jo, a banda de passar del roig de cara al blanc de rostre? Pegar-me una puntada als ous dissimulada, si és que era possible. Ja ho veieu, no tinc perdó de Déu, ni dels gais, de les lesbianes, ni de la família X. Però l’encontre de hui m’ha fet reflexionar una cosa: em toca preparar ja mateix una selecció de les millors coses d’esta fantàstica ciutat i de Baviera en general per als interessos de parelles del mateix sexe. El dia que en reba una de veritat ho faré amb els braços ben oberts, faltaria. Però, bé, la història no acaba ací, estic d’un atabalat i d’un miop hui… Escolteu i voreu: tornant al tren en acabar el treball, entra al compartiment una revisora tota recta, rígida i torpona, amb ulleres de sol negres com el carbó i fa sonar una campana. “Els tiquets!”, ens escridassa a tots en veu alta sense fixar la mirada en ningú, com perduda. Vosaltres què penseu? Jo ho he vist clar, “òstia que m’ha tocat la revisora cega!”. Sí, cega de les que no s’hi veuen, que vos ho tinc que dir tot. I comence a pensar una altra vegada, “com nassos vorà si els bitllets del tren són bons o no”. I trec el meu i comence a buscar-li marques per a revisors cecs. Res, que no les trobe. I la vaig mirant de reüll, “què sí, que és cega”. En això arriba la senyora al meu seient, em veu al·lucinat i em mira amb cara de però que fas rodant el paperet tros de pardal. Alce el cap i me la trobe en primeríssim plànol, una alemanota en la quarantena, grandota però moderna. De les que gasten ulleres de sol de pasta dins del tren i porten campaneta per a fer una mica de soroll, què passa? Això sí, de la vista, sense problemes. “Fotre com estem hui, encertadets”, em dic. I li ensenye el bitllet, em baixe del tren, me’n vinc a casa i vos escric quatre ratlles dels meus re-encontres breus sense parar de riure davant del teclat.

Viaje al sudeste asiático (anexo II): una ruta posible

Nuestra ruta final por el sudeste asiático

Nuestra ruta final por el sudeste asiático

Hace justo dos meses escribía en el Quadern ilusionado sobre la ruta que habíamos imaginado para nuestro viaje por el sudeste asiático. A nuestro regreso, compruebo que nos hemos ceñido en gran medida a lo que habíamos previsto, aunque por suerte tuvimos la capacidad de reacción suficiente para improvisar sobre la marcha en algunos momentos. De una posible ruta a una ruta posible, así como algunos comentarios:

A toro pasado, me doy con un canto en los dientes por haber preparado mínimamente nuestro itinerario. Sinceramente, empezar de norte a sur fue una buena idea y los dos días que le dedicamos a Chiang Mai me parecen hoy tiempo más que suficiente para ver la segunda ciudad de Tailandia. Si tuviera que cambiar algo de los primeros días, tengo la sensación que haber parado, aunque fuera un día, en el parque histórico de Sukhothai no hubiera sido una mala idea.

En cuanto a la segunda parada, en Chiang Rai, y el descenso en una barcaza por el río Mekong hasta Luang Prabang, seguramente lo almacene en la memoria como una de las mejores experiencias. Los dos días por el río para recorrer unos cientos de kilómetros fueron tan interminables como inolvidables. Volvería a hacerlo, sin duda.

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El Mekong en Laos

Luang Prabang

Luang Prabang

Dos días y una sola noche le dedicamos a Luang Prabang, antigua capital de Laos y para mi una de las sorpresas del viaje. Un día más le debemos a esta pequeña ciudad, que abandonamos por la noche para visitar Vientián por unas horas. Con el tiempo justo como íbamos, no hubiésemos hecho mal en saltarnos esta parada y volar a Hanói directamente desde Luang Prabang.

A Hanói, capital de Vietnam, le dimos tres noches que, en un viaje como el nuestro, es una más de lo necesario. Nos quedamos con las ganas de ir al valle de Sapa, aunque la inmensa mayoría de viajeros que cruzamos en el camino nos garantizaron que enero no es buen momento para visitarlo. Le sobra frío y niebla y los arrozales todavía no exhiben el color verde que todos imaginamos al pensar en este lugar.

Hanói, qué locura

Hanói, qué locura

Si Sapa cayó de la ruta prevista, no lo hizo Halong Bay, uno de los dos iconos del viaje antes de nuestra partida. Con perspectiva, fuimos a Halong porque había que ir, y valió la pena, pero es verdad que el lugar está sobreexplotado, contaminado y un montón de cosas más que acaban en ado y no son bonitas.

A cambio de los días que nos perdimos en Sapa tuvimos la suerte de hacer un par de paradas imprevistas en el centro de Vietnam: Hué y Hoi an. Qué suerte, habernos desviado de la ruta para incluirlas.

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Hué (y Mariola)

Hoi an

Hoi an

La última parada en Vietnam fue la ciudad de Saigón y el delta del Mekong. La primera nos ofreció una versión diferente y contemporánea del país, el segundo me parece un lugar inexpugnable cuando no se dispone de tiempo suficiente. Me explico: al tener solamente de un día participamos de un day trip que, sinceramente, fue muy pero que muy flojo. Y me da que así son la mayoría, con paradas incesantes en comercios, un paseo por los canales del delta colapsado y muy poca cosa más.

Finiquitado Vietnam, la siguiente parada fue Camboya, en formato exprés. Un acierto haber parado unas horas en Phnom Penh, casi le hubiera dado algo más de tiempo, y una locura haber tenido la fortuna de visitar Siem Reap y las ruinas de Angkor. Dos días allí (nosotros tuvimos tres noches) son suficientes, pero pasar tres no es una mala idea.

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Angkor

A partir de ahí, nos fuimos a las playas perdiendo un día entero en tránsito entre Siem Reap y Phuket, donde llegamos con un vuelo desde Bangkok. Si hoy tuviera que repetir y me fuera posible, me pagaría uno de los vuelos (bastante caros) directos entre Camboya y las playas de Tailandia. Qué infierno de día y qué pérdida de tiempo pasarse una jornada entera sobre 36 disponibles de transporte en transporte.

Sobre las playas de Tailandia, las dejamos al final para darle un aire radicalmente diferente al viaje: aparcar el estrés de las mochilas y disfrutar del sol y la buena vida. Diez días y cuatro islas, fue nuestra elección, con tres noches en Phuket, dos en Ko Lanta, dos en Ko Samui y otras dos en Ko Tao. Es fácil hablar a posteriori y complicado saber que hubiera pasado de cambiar la ruta, pero intuyo que hubiese sido una buena idea ir a Ko Phangan, de donde huimos espantados por la locura de la Full Moon Party. Resulta que es la isla más tranquila siempre que no haya fiesta de la luna llena. Phuket, del que me esperaba muy poco, resultó ser lo mejor de la selección, mientras Ko Tao es una joya en peligro de extinción. Sabíamos a lo que íbamos, sol en pleno mes de febrero, pero diría que las playas de Tailandia quedaron ligeramente por debajo de mis expectativas.

Playa en Phuket

Playa en Phuket

Para acabar, Bangkok. Había oído tantas historias negativas de la capital, que puse el listón muy bajo. Seguramente por eso disfrutamos allí de tres días magníficos, atraídos por el bullicio comercial y la mezcla entre modernidad y tradición. Entre medio, una mañana fuera de ruta en Ayutthaya. Tiempo más que suficiente para ver sus ruinas una vez se ha tenido la oportunidad de conocer Angkor.

Mi imagen favorita de Bangkok, en China Town

Mi imagen favorita de Bangkok, en China Town

De esa guisa, con escala en Abu Dhabi –qué horror-, terminó nuestra ruta posible de 36 días por el sudeste de Asia.

Los especuladores contra el Muro de Berlín

No hace falta vivir en Berlín para saber que esta fantástica capital que tenemos hace bastante tiempo que ha entrado en una vorágine de especulación inmobiliaria que, pasando por encima de la crisis, pinta peor que mal. En fin, el tema de los precios se está poniendo feo en toda Alemania, aunque lo que hoy me ha tocado la moral haya sido leer en la prensa que a una parte de la East Side Gallery le podrían quedar las horas contadas. Para los que no habéis estado en Berlín o para los que tenéis la memoria floja: pedazo de monumento y de historia viva, más bien agonizante a la vista de los acontecimientos, de la Europa del siglo XX. 1,3 kilómetros de grafitis que simplemente serían algo bonito si no fuera porque están estampados sobre la piel de hormigón misma que partió la ciudad de Berlín durante casi 30 ominosos años. Tan ruines como la avaricia inmobiliaria, que no entiende de historias ni de sentimientos. Si no, de que se les iba a ocurrir a los de siempre ahora lo de tirar una parte de este Muro de Berlín que nunca debió ser construido y que hoy, convertido en museo viviente al aire libre, debería de ser un intocable. Y por un pedazo de habichuelas, pellizco suculento en forma de 36 apartamentos de lujo que no es más que pan para hoy y hambre para mañana. Directamente, ojala este lunes escuche en el Tagesschau que los de la inmobiliaria se han quedado con las ganas de hincarle el diente el muro -gracias como siempre al activismo de unos cuantos-. Para eso, y no para lo otro, me vine yo a este país.

Grafiti en la East Side Gallery de Berlín

Grafiti en la East Side Gallery de Berlín

Un trozo de la East Side Gallery en Berlín

Un trozo de la East Side Gallery en Berlín

Viatge al sud-est d’Àsia (annex I): esvàstiques

Abans de passar definitivament de pàgina amb açò del viatge al sud-est asiàtic hi ha algunes coses, poques, que voldria comentar al Quadern. Com allò de les esvàstiques. I tant que havia llegit que l’origen de la creu gamada està darrere de l’hinduisme o que encara hui és un símbol important per a determinades comunitats religioses a Àsia, especialment en l’univers budista on té diferents significats -tots bons-. I altres coses, com que a Canadà hi ha una comunitat des de fa més d’un segle que porta per nom Swastika, que a més etimològicament significa alguna cosa així com Gemütlichkeit o benestar. Però de la teoria a la pràctica sempre hi ha certa distància i, com que a Europa hi ha un tabú enorme des que els nazis van fer seu aquest símbol, no vaig poder evitar l’impacte de veure esvàstiques pràcticament per tot arreu. I les vaig començar a fotografiar. Diria que on més en vàrem trobar va ser a Laos, especialment a Luang Prabang on gairebé hi havia un temple budista a cada cantonada. Desconec les dades, però ens va quedar la sensació que la religió segueix sent important al país. Va ser un dels llocs on més monjos ens vàrem creuar pel camí i fins i tot recorde aquell nano que em vaig trobar a l’aeroport de Vientiane amb els seus pares. Vestia una samarreta cridanera amb una esvàstica enorme al pit, impensable a Alemanya on fer una cosa així estaria considerat un delicte. El vaig fotografiar, clar, i li vaig preguntar per allò. No parlaven massa anglés, suficient per a respondre’m que era una cosa especial per a ells i que si els interpel·lava perquè no m’agradava el que veia. “Què va! És molt maca”, els vaig dir. Quasi tantes esvàstiques com a Laos ens vàrem trobar a Vietnam, la majoria ornamentant pagodes budistes. Curiosament, molts d’aquestos símbols han evolucionat en les últimes dècades en esvàstiques levogires, que són creus gamades idèntiques però girades del revés. Ho fan per a no ferir cap sensibilitat, coneixedors de les “noves” implicacions d’una simbologia malgrat tot mil·lenària. No recorde quan, però sí que un dia vaig acabar fart de tantes esvàstiques. Vaig deixar de fotografiar-les.

Esvàstica a un temple budista de Luang Prabang

Esvàstica a un temple budista de Luang Prabang

Este xaval portava a sobre una esvàstica girada enorme. A Vientiane

Este xaval portava a sobre una esvàstica girada enorme. A Vientiane

Esvàstica a una pagoda budista a Hué, Vietnam

Esvàstica a una pagoda budista a Hué, Vietnam

Decoració al carrer amb esvàstiques, Vietnam

Decoració al carrer amb esvàstiques, Vietnam

Múnich. 36 días después, vacíos

Lo primero que vimos al aterrizar

Lo primero que vimos al aterrizar

Ayer, cinco semanas y pico después de salir emocionados hacia Bangkok, regresamos por fin a casa. Tras 30 horas de ruta final con una escala de doce horas en Abu Dhabi y un cambio en las agujas del reloj que nos descolocó por completo, aterrizamos en el Franz Josef Strauss a las seis de la mañana. Todavía era de noche, teníamos un sueño bárbaro y ni siquiera una miserable cazadora o prenda seria de abrigo que ponernos. De ahí que tardáramos nada más que unos segundos en quedarnos literalmente de piedra, dada la nevada y los ocho grados bajos cero, cuarenta menos de los que nos despidieron en Tailandia, que nos estaban esperando. Ya lo habéis visto, los últimos días de este tremendo viaje nos han dejado secos, vacíos. En clave de blog, podría decir, sin texto. No ha sido nada grave, lógico cansancio que, 24 horas después, está completamente curado. O eso creo yo. El viaje ha sido increíble, casi diría por encima de unas expectativas ya de por sí altísimas. Hoy toca empezar la digestión, quizás paseando entre la nieve; mañana será hora de volver a la rutina. Aquí cierro pues el cuaderno de Viaje al sudeste asiático –me quedan un par de detalles, nada gordo-.

Bangkoks

Amb tot el que portem a les esquenes en només unes setmanes, és complicat que un temple o un palau, per molt Palau reial que siga, em desperte un interès especial. A Bangkok, en dos dies hem visitat desenes de temples budistes, palaus, monuments, mega centres comercials, barris… Tot allò que, diuen, qualsevol que vinga a la ciutat hauria de veure. Segurament seré una mica raret, però si realment he connectat fugaçment amb Bangkok ha estat per altres vies. Pels taxis de colors, per exemple. O pels timadors, que són uns cabrons però fan molta rissa -si els veus vindre-. I per les persones honestes, que també les hem trobat. Per les autopistes elevades o per l’Sky Train. Pels mercats, els gratacels… Per eixes coses, i algunes altres, paga la pena passar uns dies a la ciutat. Demà, tercera jornada, hem decidit fugir de l’atossigament i fer una última excursió, a Ayuthaya, antiga capital de Siam.

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De regreso a Bangkok. Última parada

Ahora sí que sí, encaramos la última etapa de este viaje: Bangkok, donde pasaremos los próximos cuatro días antes de volver el frío de Múnich. Llegamos ayer por la tarde y lo hicimos cambiando el plan inicial, pues el cansancio empieza a hacer cierta mella. Por esa misma razón decidimos dejarnos del trayecto combinado barco y autobús que hubiera supuesto más de doce o más horas de viaje, insoportables a estas alturas, y venir hasta aquí tomando un vuelo. De esa forma, salimos de Ko Tao a las diez de la mañana y llegamos a Bangkok pasadas las cuatro, en una tambaleante avioneta de hélices. Por cierto, era nuestro debut en un avión de este tipo, un servicio que ofrece la compañía Solar Air entre el aeródromo de Chumphon y la capital. Aunque era un vuelo casi privado, con dieciocho personas apretujadas en el compartimento, no nos salió demasiado caro: unos 75 euros por persona incluyendo ferry rápido entre Ko Tao y la península, así como transfer al aeropuerto. Pero no todo es dinero, a nosotros nos pareció un viaje placentero, estoy seguro que más de uno en la familia se hubiese resistido a viajar allí dentro. No hay para tanto. El caso es que ya estamos aquí, preparando un asalto final que esperamos sea la guinda del pastel.

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